lunes 01.06.2020

Los verdes quieren más presión europea a Israel para lograr un paz justa con Palestina

Jerusalén | David Perejil | “Para lograr una paz justa, con respeto a la ley internacional, la Unión Europea debe presionar a Israel”, dice Florent Marcellesi, de Equo.

Los verdes quieren más presión europea a Israel para lograr un paz justa con Palestina

palestinaFlorent Marcellesi, representante de Equo en el parlamento europeo, junto a Abu Sakr. (Foto: David Peregil)


Una delegación de siete eurodiputados del partido Verde ha recorrido Hebrón, valle del Jordán y Jerusalén durante cuatro días. Florent Marcellesi, portavoz de Equo en el parlamento europeo, cree que la Unión Europea debe presionar con medidas a económicas para Israel cumpla con los derechos humanos: etiquetar los productos para saber cuáles se han producido en las colonias, un reparto justo del agua y para las demoliciones, como la recién anunciada del pueblo entero de Susya.


“Para lograr una paz justa, con respeto a la ley internacional, la Unión Europea debe presionar a Israel”, dice Florent Marcellesi. “La UE puede hacerlo con más que fuerza que Estados Unidos porque es el primer socio comercial de Israel y sus países cuentan con muchas relaciones culturales y deportivas. Nuestro objetivo es decirle a Israel que reconocemos su derecho a existir si cumple con las resoluciones de la ONU”. En esta línea, el portavoz ecologista recuerda que el acuerdo de asociación con el país hebreo se puede suspender si no se cumple la legislación internacional y se debe revisar si hay violaciones de derechos humanos.

Como medidas concretas, la delegación quiere asegurar que Israel etiqueta correctamente el lugar de fabricación de sus productos. El objetivo es no consumir bienes fabricados en las colonias israelíes. De hecho, en sus debates,  incluso consideran elevar la sanción a todas sus referencias si se continúa sin especificar su lugar de origen. “Los Verdes creemos que si Israel no distingue donde están fabricados sus productos, no puede entrar ninguno a Europa”, explica Marcellesi. El portavoz de Equo opina que la única manera de desbloquear la situación actual es elevar la presión económica hasta que Israel cambie de postura.

El reparto del agua: una “injusticia medioambiental”

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Camión de agua para al-Hadidiya, financiado por la cooperación europea. (Foto: David Peregil) 

Además, la delegación ecologista dedicó un tiempo especial a la situación del agua en la zona.  Ska Kelller, Florent Marcellesi, Margrete Auken, Klaus Buchner, Pascal Durant, Judith Sargentini y Bodil Valero visitaron al-Hadidiya. En este pueblo del valle del Jordán, Abu Sakr les cuenta las dificultades y el acoso diario que sufren los  apenas 70 habitantes que han decidido continuar viviendo allí. Desplazados de su primera localización tras ser declarada zona militar, cambiaron sus edificaciones de piedra por estructuras metálicas y tiendas. Además sus habitantes pueden consumir sólo 20 litros diarios de agua, frente a los 460 de los que disfrutan los colonos de los cercanos asentamientos de Ro’i y Beqa’ot, visibles desde al-Hadidiya con sus jardines, vallas y casas.

Continua el relato a la delegación, Rashid Kudairi. El miembro de la campaña Jordan Valley Solidarity desgrana la constante pérdida de población en el valle del Jordán, debido a las duras condiciones de falta de acceso a agua y tierras y por tanto, trabajo adecuado. “Israel controla el 95% del valle con zonas militares y colonias agrícolas que venden el 60% de sus productos a Europa”. Añade que si la UE continúa comprando esos productos, en el futuro no quedará ningún palestino en la zona. Kudairi cree que para pararlo el boicot debería ampliarse a cualquier israelí.

Por su parte, Francesco Micheli, miembro del Grupo Volontari Cristiani (GVC) integrado en la coalición de ONGs EWASH, cree que si los organismos de la Comunidad Internacional no cambian su manera de actuación, se continuará afianzando la ocupación. “Aquí, la situación es consecuencia de la división administrativa de Oslo, que declaró esta zona de control total israelí”.

Se han invertido millones, cuenta, pero casi todo se pierde. Los palestinos no pueden cavar pozos y las ONGs sólo pueden actuar con mandato de ayuda humanitaria, con ayudas como la instalación de letrinas móviles o abastecimiento de agua en camiones. Pero no pueden actuar para crear escuelas en el valle o para cavar pozos para los palestinos. “Sin un enfoque de desarrollo y ayuda humanitaria, la mayoría se van a otras zonas y sólo quedan en la zona aquellos que deciden quedarse como una forma de resistencia”.

Como partidos políticos ecologistas, los eurodiputados quisieron también mandar un claro mensaje sobre el uso y reparto del agua en la zona. “Aquí se vive una situación de injusticia ambiental que reflejan los consumos tan dispares de agua por parte de colonos y palestinos. En esta zona de graves carencias de agua, los colonos consumen más agua por persona que en Europa. Esto provoca un conflicto socio-ecológico muy grave”, explica Florent Marcellesi.

Según los datos de la coalición EWASH, en 2020 se habrá inutilizado el acuífero de la costa que abastece a los gazatíes debido a su  sobreexplotación y mezcla con residuos fecales el agua. Esta situación se agrava por el desigual reparto del agua. En la Franja, bloqueada por el ejército israelí desde hace ocho años, sus habitantes acceden a apenas el 10% de los 500 millones de m3 del acuífero. En Cisjordania, los acuerdos de Oslo repartieron los recursos hídricos entre Israel (80%) y Palestina (20%) en un tratado que, como el resto se iba a revisar cinco años después pero ha acabado siendo definitivo para más de 20 años. Además, en los últimos años Israel ha reducido la entrega de agua a los palestinos, que ahora consumen el 60% del volumen total al que accedían en 1995.

Sin poder perforar más pozos para extraer agua del Acuífero de la Montaña de Cisjordania debido a la legislación israelí, muchas poblaciones palestinas se ven forzadas a comprar agua a la empresa israelí Mekorot o a camiones que la trasladan a los pueblos. Esto encarece su precio hasta cinco veces más respecto a que obtiene al abrir los grifos de sus casas, que en algunos lugares apenas funcionan algunas horas a la semana.

Frente a la media de 100 litros diarios por persona y día recomendados por la Organización Mundial de la Salud, un israelí consume 300 litros diarios y un palestino,  70. “Es una desigualdad absoluta”, recalca Marcellesi, “e insostenible en términos ecológicos”. Como consecuencia, recuerda que el Mar Muerto ha descendido un metro cada uno de los últimos 30 años, ya que apenas recibe caudal de un río Jordán sobreexplotado en su nacimiento.

Instituciones y ciudadanos frente a las demoliciones de casas

Susya

Poblado de Susya. (Foto: Activestills.org)

Pero la delegación del grupo verde no sólo se ha centrado en asuntos medioambientales. Han combinado reuniones institucionales con otras con ONGs israelíes críticas,  “también nuestros aliados por el cambio pero, por desgracia, son minoritarios en una sociedad que se derechiza cada vez más” comenta Florent. También visitaron localidades palestinas amenazados por la colonización y apropiación de tierras: E1, asentamiento proyectado por el gobierno israelí que dividiría Cisjordania en dos zonas completamente separadas; la ciudad de Hebrón donde fueron hostigados por los colonos al grito de “el parlamento europeo es antisemita” y el pueblo de Susya, cuyos planes de demolición de la mitad de las casas de sus 300 habitantes se han acelerado en las últimas semanas.

De hecho, un portavoz del ejército israelí comunicó a los habitantes de estas colinas al sur de Hebrón que la demolición se podría producir en cualquier momento antes de la audiencia legal prevista para el 3 de agosto. Desde entonces, los activistas lanzaron una campaña, organizaron turnos para estar 24 horas al día en Susya y convocaron una manifestación para pedir que se paralicen las demoliciones con la asistencia de cerca de 200 palestinos, israelíes e internacionales el pasado viernes.

Rodeado por varias colonias, en los últimos 30 años, Susya ha sufrido dos demoliciones de todo el pueblo y el traslado forzado de su ubicación para acabar habitando tiendas y estructuras metálicas. La demolición fue rechazada por John Kirby,  portavoz del departamento de Estado de EEUU, que la calificó de “una provocación y un acto dañino y por los ministros de asuntos exteriores de la UE que exhortaron a Israel a no llevarla a cabo. Además, delegaciones como la del partido verde europeo han visitado la zona para exigir que el pueblo no sea demolido. “Es un ejemplo más de que sólo la presión internacional se puede cambiar la situación en Palestina”, concluye Florent Marcellesi. Es un asunto que también debería preocupar directamente a los ciudadanos europeos “La Unión Europea ha financiado tiendas, estructuras y parque en Susya. Si luego Israel lo destruye, ¿qué sentido tiene nuestra ayuda?”.

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