viernes 20.09.2019

¿Hacia una nueva fase de la guerra en Siria?

Algunas claves sobre el complejo entramado geopolítico que puede llevar a Turquía a invadir el norte del país.

¿Hacia una nueva fase de la guerra en Siria?

Hace unas semanas Donald Trump anunció que Estados Unidos retiraría sus tropas de Siria, y aunque la noticia no trascendió demasiado en la prensa internacional contenía un trasfondo que auguraba un importante giro en el desarrollo del conflicto y graves consecuencias a nivel humanitario, pues apuntaba a una invasión turca en áreas pacificadas y con un gran número de refugiados de guerra. El anuncio de la retirada de las tropas americanas se produjo días después de que Turquía anunciara incursiones en territorio de la federación kurda, al este del río Éufrates, y el mismo día que se cerraba una importante venta de armas entre EEUU y el estado turco, por lo que no era difícil augurar un pacto tácito entre Trump y el gobierno de Tayyip Erdogan. Desde entonces, la administración Trump, aparentemente presionada, tanto interna como externamente por la pérdida de influencia frente a Irán que esta decisión supone, y por el abandono del pueblo kurdo, el mayor garante de la lucha contra ISIS hasta ahora, ha tratado de renegociar los términos, lo que ha llevado a una escalada de tensión entre ambos gobiernos.

De producirse la invasión desencadenará sin duda un considerable aumento de nuevas víctimas civiles y de desplazados en zonas que ya habían dejado atrás el conflicto, podría provocar un conflicto internacional entre Siria y Turquía, nuevas oleadas migratorias, e incluso en el peor de los casos dar lugar a una limpieza étnica sobre el pueblo kurdo, pues el gobierno turco ha manifestado reiteradamente su interés en expulsar a los kurdos de una amplia franja fronteriza en el borde con Turquía, algo que ya hizo el pasado enero en la región de Afrîn. El gobierno turco desea, desde que los kurdos alcanzaron la autonomía efectiva en 2012, acabar con el proyecto confederalista en Siria por completo, pues este está ideológicamente inspirado en las tesis del confederalismo democrático de Abdullah Öcalan, el líder del PKK y de la guerrilla kurda en Turquía. Este partido mantiene desde los 80 un conflicto abierto con el estado y es considerado por este un grupo terrorista. Si este objetivo se cumple por completo o parcialmente dependerá de la naturaleza de este pacto, de las negociaciones en curso, y del complejo entramado de intereses geopolíticos que diversas potencias mundiales protagonizan en el área, a expensas del sufrimiento del pueblo sirio.

DESTRUIR EL CONFEDERALISMO EN SIRIA

Además de kurdos y árabes, en el proyecto confederalista viven asirios, caldeos, armenios, turcomanos, chechenos, y circasianos, entre los que hay musulmanes, cristianos y yezidis

Erdogan teme que una frontera kurdo-Siria con Turquía pueda reforzar el movimiento confederalista en sus propias fronteras (15 millones de kurdos viven en Turquía), por lo que desea en primer lugar arabizar y asegurar las áreas cercanas a su frontera, y en segundo destruir el confederalismo en Siria. Estas intenciones han sido abiertamente manifestadas en constantes declaraciones del gobierno, que por su dureza apuntan más al fortalecimiento interno. El ministro de defensa llegó a decir que “los terroristas serán enterrados en sus propias trincheras” y el mismo Erdogan decía que “despejamos esta tierra de los terroristas y la devolveremos a sus legítimos dueños” refiriéndose a la región de Afrîn, que tras la invasión fue repoblada con refugiados árabes de otras partes de Siria (y que por cierto está vendiendo el aceite de oliva expoliado en Europa y posiblemente en España como aseguran medios como Público). Lo que Erdogan deliberadamente obvia es que tribus árabes luchan en el proyecto confederalista con los kurdos (podrían llegar hasta un 40% de sus fuerzas), pues este es un proyecto sostenido sobre la pluralidad étnica y religiosa. Erdogan pretende en sus discursos hacer una diferenciación entre kurdos y “terroristas” del YPG y el PYD (milicia armada y partido político), para que sus intenciones no sean vistas como un intento de limpieza étnica, incluso ha llegado a asegurar que pretende “proteger” a los kurdos. Esto sin embargo, no es más que un juego discursivo pues lo cierto es que la población civil, que es la que más está sufriendo el conflicto, lo único que quiere es paz y rechaza de plano la invasión, pues esta tendría terribles consecuencias. El federalismo pese a afrontar las contradicciones de la militarización y un conflicto tan largo y costoso ha protegido a los civiles de los ataques del EI (Estado Islámico), ha construido estructuras políticas democráticas, impulsado la igualdad de género, y garantizado las mismas libertades políticas, civiles y religiosas a todos los grupos étnicos, algo que nunca fue una realidad durante el régimen de Al Asad pues muchos kurdos ni siquiera eran considerados ciudadanos de Siria.

El elemento étnico es importante para entender el complejo contexto de la región, pues la mayoría de sus estados-nación se definen en términos étnicos y generalmente religiosos, Turquía por ejemplo se proclama como una nación otomana e islámica, mientras Siria se considera una nación árabe, por lo que los intentos de asimilación cultural son frecuentes y la tensión entre kurdos, otras minorías y árabes ha sido siempre considerable, (esta es la razón de que los kurdos apenas tuvieran derechos civiles en ambos países). El proyecto político federal ha conseguido, en consecuencia, algo extremadamente particular que debería ser reconocido a la hora de plantear una agenda sincera para la paz en Siria, e interesante para estudiar como modelo de integración étnica y democratización, aunque inevitablemente también han aparecido algunas fricciones. Además de kurdos y árabes, en el proyecto confederalista viven asirios, caldeos, armenios, turcomanos, chechenos, y circasianos, entre los que hay musulmanes, cristianos y yezidis.

Uno de los elementos importantes para comprender el éxito del proyecto confederalista fue la aparición de Estado Islámico y el Frente Al-Nusra (Al-Qaeda) en Siria en 2013. El confederalismo democrático kurdo y sus milicias de autodefensa, las YPG, y las YPJ (milicias femeninas) se convirtieron en la fuerza más efectiva para combatirles en el norte de Siria y muchos pueblos que se veían amenazados, encontraron refugio en el proyecto. Los principios ideológicos en los que está basado el movimiento se sostienen en ideas feministas, ecológicas, y libertarias, y mantienen que el federalismo, el pluralismo étnico y la democracia de base son la forma de superar el estado-nación. Este modelo es considerado por ellos “tiránico, y responsable de graves crisis y sufrimiento para sus pueblos”, así como “responsable de haber convertido a Kurdistán, Mesopotamia y Siria en el lugar central del caos que impera en Oriente Medio”, así lo expresan en el Contrato Social de la Federación Democrática del Norte de Siria. A raíz de estas posturas se definen como parte del estado Sirio y aseguran no perseguir la búsqueda de un estado kurdo.

siria

Por otra parte, los intereses de EEUU en Siria han ido dirigidos a debilitar al régimen de Al Asad como parte de los intereses geopolíticos y económicos de la OTAN que buscaba reducir la influencia Ruso-Iraní en la región, además de acceso a sus enormes recursos de gas y petróleo, muchos de ellos en territorio kurdo. Siguiendo esta lógica, EEUU apoyó a los rebeldes en un primer momento, persiguiendo la derrota de Al Asad, no obstante, cuando se dieron cuenta de que la oposición Siria se estaba radicalizando, introduciéndose grupos yihadistas en ella, y que era difícil que Al-Asad cayera, EEUU dejó de apoyarles y redirigió sus esfuerzos, a frenar al Frente Al Nusra, y al Estado Islámico que había entrado desde Irak en 2013. Para ello apoyaron a los kurdos, pues estos veían su supervivencia ligada a esta lucha y centraron todos sus esfuerzos en combatirles. En este punto empezaron a hacerse conocidas las imágenes de las guerrilleras del YPJ y los guerrilleros del YPG organizando la defensa de la ciudad de Kobane, que resistieron contra todo pronóstico a los grupos del Estado Islámico (hasta EEUU había dado la ciudad por perdida), esto les dio gran prestigio por parte de la comunidad internacional y un importante apoyo de algunos miembros de la OTAN. Sin embargo, era presumible que este apoyo no iba a durar y que EEUU ayudaba a los kurdos tan solo en la medida que servían para combatir al yihadismo, pues el movimiento está inspirado en raíces libertarias y anti imperialistas y por tanto estaba en las antípodas ideológicas de Donald Trump.

EEUU PODRÍA DAR SU BENEPLÁCITO PARA LA INVASIÓN

EEUU ha sabido comprender la utilidad de los kurdos y ha contenido todo lo que le ha sido posible las ambiciones turcas por invadir la federación, al menos hasta que EI fuera finalmente derrotado. Todo parece indicar que ese momento ha llegado y que aunque EI no ha sido aún derrotado del todo EEUU no lo considera ya una amenaza, por lo que podría dar su beneplácito a Erdogan para la invasión. Las consecuencias humanitarias de esta decisión pueden ser muy graves pues en el proyecto confederalista viven entre 3 y 4 millones de personas y un número considerable de refugiados de guerra que ya vivían ajenos al conflicto, así como poblaciones que ya habían comenzado las tareas de reconstrucción. Algunos mandos de las SDF han hablado abiertamente de traición respecto a la decisión de Trump, pues el proyecto confederal después de haber perdido 8000 combatientes expulsando a ISIS de Siria podría verse abocado a un nuevo conflicto de dimensiones mayores, uno al que muy difícilmente pueden sobrevivir solos.

Es de esperar también, que las fuerzas confederalistas, las Fuerzas Democráticas Sirias o SDF con las siglas en inglés (unificación de las YPG con otras milicias) probablemente abandonará la lucha contra el EI tan pronto como Turquía comience el ataque pues necesitan todos sus combatientes, dándoles un margen para reorganizarse cuando ya casi habían desaparecido de Siria. También se ha hablado desde el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos de la posible liberación de prisioneros de EI, de los que las SDF no pueden hacerse cargo si la invasión se produce, aunque desde dentro de la organización esto se ha desmentido. Hay que recordar además que las fuerzas yihadistas están fuertemente enraizadas en el territorio, lo que podría traducirse en nuevos brotes en el futuro. Por otra parte, Trump ha asegurado en Twitter que Turquía es perfectamente capaz de capitanear la lucha contra EI. Esto es para muchos difícil de creer, pues el gobierno turco se ha movido en los últimos tiempos hacia un islamismo más radical y autoritario y es el principal aliado del Ejército Libre Sirio y otras facciones rebeldes, grupos que han sido acusados de contar entre sus filas con militantes yihadistas. Además, para hacer esto tendrían que invadir todo el norte de Siria y alcanzar el borde con Irak, algo que Al Asad nunca permitiría. De hecho, la operación lanzada en la región de Afrîn el pasado enero contra las SDF contó con el apoyo de estos grupos, que en los últimos días están siendo movilizados junto al ejército turco en la frontera para coordinar el inminente ataque. Algunos medios apuntan a que podría haber más de 25.000 soldados desplegados en el borde entre soldados turcos y milicianos rebeldes preparados para lanzar la ofensiva.

Otra cuestión imprescindible para comprender cómo el conflicto podría evolucionar es cuál será la reacción del gobierno Sirio ante la invasión. Por un lado, a estas alturas está claro que Al Asad ha ganado la guerra, y pese a sus brutales ataques contra su propio pueblo y sus constantes violaciones de derechos humanos se mantendrá como líder del gobierno sirio. Sin embargo, aún quedan dos territorios importantes del estado que se escapan a su control y su ambición es recuperar ambos, Idlib, el último resquicio rebelde, y Rojava, el proyecto federal que actualmente controla un 30% del país y cuenta con un importante ejército que podría alcanzar los 70.000 efectivos parcialmente armados por EEUU. Los kurdos, que siempre fueron rechazados por el estado Sirio se han convertido ahora en un problema, pero al mismo tiempo plantean una solución federal dentro del estado, no una ruptura y eso permite un margen para la negociación, especialmente teniendo en cuenta que los dos tienen enemigos comunes. La amenaza de Turquía hace además que Al Asad esté en la mejor posición posible para negociar con ellos.

Al-Asad podría verse tentado a abandonar a los kurdos a su suerte y dejar que Turquía termine con el proyecto confederalista para arabizar parte de la región (el régimen de su padre ya lo hizo en los 60 y 70), sin embargo, no puede confiar en que Turquía no pretenda reclamar estos territorios para sí, por lo que parece probable que busque una solución pactada con los kurdos. Comandantes de las SDF así como representantes del gobierno sirio han anunciado recientemente que ya se están produciendo conversaciones al respecto y fuerzas del ejército Sirio  han entrado recientemente en el enclave estratégico de Manbij dentro del territorio de las SDF, aparentemente para preparar la defensa frente a la ofensiva turca (Este punto incomodaba especialmente a Turquía por su importancia estratégica). No obstante, Rusia que tradicionalmente ha sido la mayor aliada de Al Asad durante el conflicto no parece sentir demasiada cercanía hacia los kurdos, pues estos han trabajado conjuntamente con las fuerzas de EEUU. Además, recientemente ha mostrado buenas relaciones con el gobierno turco y el propósito de buscar una solución pactada con él y con Irán para el final de la guerra, por lo que existe una posibilidad de que apoye la invasión, o de que la utilice como baza para devolver el control de la región a Al Asad.  Es de considerar que el mayor interés de Rusia en el conflicto, aparte de la influencia en el área, son los abundantes recursos de gas que sus compañías explotan en el territorio que Al Asad controla, es entendible de esta manera su alegría ante el anuncio de Trump y su interés en el territorio kurdo, que contiene algunos importantes yacimientos de petróleo.

Un giro significativo que se ha producido recientemente es que algunos de estos grupos afines a Turquía controlaban parte de la región de Idlib, el último bastión rebelde en Siria, y tras protagonizar estos días intensos combates con Tahrir Al-Sham (Frente Al Nusra/Al Qaeda) por el dominio de la región la mayoría han sido expulsados, entregando el control al grupo yihadista. Algunos mandos de SDF han asegurado que podría responder a un pacto entre Rusia y Turquía para entregar el control de la región a Damasco que puede lanzar una ofensiva contra la zona y recuperar el que había sido el último bastión rebelde, de esta manera Turquía también tendría todas sus fuerzas disponibles para la ofensiva en Rojava. Las consecuencias humanitarias de esto podrían ser también desastrosas pues se calcula que unos 3 millones de personas viven en la región de Idlib, muchos refugiados de otras partes de Siria, aunque es difícil predecir si efectivamente responde a un plan organizado o simplemente a una disputa por el territorio.

En términos pragmáticos el pacto con Asad parece la mejor opción para el pueblo kurdo y el proyecto confederalista para sobrevivir, puesto que parece obvio que no pueden confiar en EEUU, y que no pueden ganar solos en un conflicto contra el estado turco, (el mayor y decisivo hándicap en este hipotético enfrentamiento es que no cuentan con una fuerza aérea), por lo que es posible que se alcance algún acuerdo, aunque esto podría suponer perder la autonomía conquistada hasta ahora. En realidad, si Al Asad impone la desmilitarización como condición inapelable nadie podrá asegurar el cumplimiento de este pacto, pero esta opción puede parecer mejor que una guerra contra el ejército turco.

En cualquier caso no es de subestimar tampoco la erosión que esta implicaría para el régimen de Erdogan, no hay duda que de producirse las milicias kurdas defenderán su territorio hasta el final y su poder militar no es tampoco despreciable. Aunque no puedan ganar podrían desgastar al presidente si el conflicto se alarga e implica numerosas bajas para el ejército turco. Se sabe que algunos mandos importantes del ejército se han posicionado en contra. Además en los últimas semanas se ha construido una importante campaña internacional por la libertad del líder kurdo Abdullah Öcalan (en prisión desde 1999) protagonizada por Layla Güven y otros activistas. Layla es diputada del HDP un partido pro kurdo con numerosos parlamentarios en prisión, entre los que ha estado ella misma hasta el viernes 25, cuándo se ha sabido que un tribunal turco ha decretado su liberación. Layla está en estado crítico, pues ha estado en huelga de hambre desde el 7 de noviembre, pero su campaña ha conseguido la primera visita a Öcalan en 3 años, del que no se sabía nada y no podía ser visitado por sus abogados, pero además ha conseguido poner en el foco mediático el aislamiento del líder kurdo recibiendo importantes muestras de solidaridad.

Un poderoso aliado de la OTAN como es Turquía es más importante para EEUU que los kurdos por lo que es improbable que Trump consiga convencer a Erdogan para que cambie de planes respecto a la invasión

Por último, es importante ver algunas de las claves por las que Trump parece haber recibido muchas presiones por su decisión y ahora parece matizar sus declaraciones. Tanto los asesores de seguridad de La Casa Blanca, como los mandos desplegados en Siria, y su más importante aliado en Oriente Medio, Israel temen que la decisión sea vista como una carta blanca a Irán para aumentar su influencia en Siria. Irán cuenta con un importante grupo de soldados desplegados en el país, conocidos como La Guardia Revolucionaria islámica Iraní, así como se coordina con diversas milicias chiíes iraquíes y libanesas como Hezbollah. Esto implica un perjuicio a los intereses imperialistas de EEUU que perdería una importante influencia en el área en favor uno de sus más importantes enemigos. En consecuencia, la Casa Blanca sostiene ahora que la retirada será más paulatina para asegurar que EI es destruido del todo, que cuidará de que Irán no ocupe el territorio que ellos dejen, y que buscarán el compromiso de Turquía en no atacar a los kurdos, algo que ha enfadado enormemente a Erdogan que ha asegurado en respuesta que la invasión se producirá. Uno de los mayores síntomas de lo incómoda que es la presencia iraní en Siria para Israel es que en los últimos días han lanzado ataques contra posiciones iraníes (aunque esto también puede leerse en términos de la desesperada situación política que Benjamin Netanyahu atraviesa acorralado por la corrupción). De todas formas está claro que un poderoso aliado de la OTAN como es Turquía es más importante para EEUU que los kurdos por lo que es improbable que Trump consiga convencer a Erdogan para que cambie de planes respecto a la invasión.

En cualquier caso, si la invasión se produce supondría, dependiendo también de lo lejos que pueda llegar, un nuevo recrudecimiento del conflicto, el desplazamiento o la muerte de miles de combatientes, civiles y refugiados de guerra que viven allí, la posibilidad muy cercana de que el proyecto de Rojava termine, un importante respiro para los últimos vestigios del Estado Islámico en Siria y una nueva crisis humanitaria de grandes dimensiones en un conflicto que parecía cercano a finalizar. Es decir, una continuación de la lógica que ha protagonizado la entera guerra civil en Siria, el reparto de poder entre las grandes potencias geopolíticas del orden global y de la región a expensas del sufrimiento del pueblo Sirio. Debemos entender que la de Siria no es una guerra cualquiera, es en cierto modo, la representación de la realidad geopolítica de nuestro tiempo, y tanto ella como la espiral de violencia desatada en Oriente Medio en los últimos años, contienen claves imprescindibles sobre la creciente mutación y descomposición de nuestro moderno orden global.

¿Hacia una nueva fase de la guerra en Siria?
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