viernes 15/10/21

Honrar al soldado Khan (sin repudiar al candidato Trump)

El monumental resbalón del candidato republicano estadounidense con la familia del soldado musulmán caído en Iraq ha sido el primer asunto de la campaña electoral nacional.

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Khizr Khan y su esposa Ghazala ante la Convención Nacional Demócrata

Obama sintetizó el dilema con brillantez: si cada día tienen que salir a criticar (algunos a justificar) a su candidato, por qué razón los líderes republicanos siguen respaldándolo, cuando no sólo lo ético, sino también lo inteligente sería repudiarlo

El monumental resbalón del candidato republicano estadounidense con la familia del soldado musulmán caído en Iraq ha sido el primer asunto de la campaña electoral nacional, que comienza oficiosamente al finalizar las Convenciones partidarias.

El episodio ha puesto en evidencia los riesgos de llevar al límite la manipulación racista, la exaltación nacionalista y la falsa identificación de la amenaza terrorista con la adscripción étnica. Por suficientemente conocidos, no hace falta recordar la sarta de prejuicios aventados por el anti-candidato republicano. No obstante, existía la falsa percepción de que Trump no se atrevería a sobrepasar líneas rojas en su irresponsable audacia contra todo lo aparentemente correcto. Al arremeter/ridiculizar/ningunear a la familia de un soldado caído en misión, se han desvanecido las últimas expectativas de racionalización de Trump.

Obama sintetizó el dilema con brillantez: si cada día tienen que salir a criticar (algunos a justificar) a su candidato, por qué razón los líderes republicanos siguen respaldándolo, cuando no sólo lo ético, sino también lo inteligente sería repudiarlo.

No hay respuesta saludable en el G.O.P. El túnel que puede concluir a la oscura noche del 8 de noviembre es muy prolongado. Los republicanos llevan en el pecado la penitencia. Han jugado muchos años a aprendiz de brujo, creando escenarios de catástrofe (cierre del gobierno por asfixia financiera, bloqueo institucional, sabotaje del programa presidencial) y ahora han alumbrado un espantajo que se resiste a someterse a ciertas normas de conducta.

Para nadie puede ser una sorpresa que Trump se cisque en todo aquel que osa no reírle las gracias. No es de recibo que los ahora indignados hayan tardado tanto en alejarse del candidato. Y es mucho más inconsecuente que no agoten el recorrido de su indignación y hagan lo que Obama les exige.

No resolver esta contradicción señalada por el presidente, en una iniciativa que tiene muy pocos precedentes, no sólo refleja la incapacidad política de los republicanos para gestionar sus errores acumulados durante años. Es también un ejercicio de hipocresía.

El establishment republicano se ha apresurado a defender a un caído en combate, sin atreverse a anticipar públicamente su voto contrario a Trump en las elecciones de noviembre. Muchos creen que los más recalcitrantes les reprocharían que tal iniciativa contribuiría a entregar la victoria a la odiada Hillary Clinton, y la repulsión que eso les produce a mucho es mayor que el malestar que les empieza a generar su propio candidato.

Sin embargo, algunos representantes del sector más moderado del partido (no es una sorpresa que pertenezcan a Nueva York y California) ya han dicho con rotundidad que no votarán al candidato oficial. Lo que equivale a recomendar a sus votantes en esos territorios que sigan su ejemplo.

Estos días, académicos y analistas se preguntan si aún es posible revertir la decisión de Cleveland y forzar la renuncia de Trump, aunque se trate simplemente de una hipótesis de trabajo. No es fácil. Una de las principales expertas en el funcionamiento de los partidos políticos norteamericanos, Ellen Kamarck, de la Brookings Institution, reflexiona sobre esta y otras contingencias.

La conclusión no es muy venturosa. Aparte de las distintas cuestiones técnicas que hacen complejo el golpe de timón, hay un elemento constitucional arcaico en el sistema electoral norteamericano (uno de tantos): es el que atribuye al colegio de electores y a no los ciudadanos ordinarios la última palabra sobre la elección de presidente. Como se sabe, los votantes eligen en cada estado a un número de compromisarios, republicanos o demócratas, que tienen el mandato de votar por el candidato seleccionar por su respectiva Convención, el principal órgano inter-electoral de los partidos.

Por tanto, aunque supongamos que el Comité Nacional Republicano arguyera razones de fuerza mayor para repudiar a su candidato, no está claro que los electores designados por los votantes en noviembre se atuvieran a una orden contraria de la jerarquía del partido, cuando se reunieran en diciembre para atribuir los votos definitivos a los dos candidatos, republicano y demócrata.

En definitiva, seguirá especulándose con un descarrilamiento de la candidatura de Trump, a medida que sus meteduras de pata, excesos y demostraciones de ignorancia palmaria sigan acaparando portadas y cabeceras. Pero no será fácil que se traspase la frontera de las condenas, para incidir directamente en propuestas de una especie de impeachment interno, o destitución de la candidatura. Podemos asistir al espantajo político de discursos divergentes e incluso contrarios en el bando republicano, sin plantear abiertamente la cuestión del liderazgo. Eso es lo que está ocurriendo ahora, cuando muchos dirigentes han creído necesario o se han visto obligados a honrar al soldado Khan... pero sin repudiar al candidato Trump.

Honrar al soldado Khan (sin repudiar al candidato Trump)
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