sábado. 20.07.2024

Hasta febrero de este año, 212 niños fueron víctimas de trata de personas en la región selvática de Madre de Dios, en el sudeste peruano, donde se vive la fiebre del oro, denunció el director de la Asociación Huarayo, Oscar Guadalupe.

Guadalupe fue invitado hoy a la presentación del libro "La trata de personas en la región de Madre de Dios", auspiciado por varias organizaciones no gubernamentales, en el que se resalta que la falta de presencia del Estado ha propiciado actividades ilícitas en una región donde se extrae 20 toneladas anuales de oro.

Existe poca información sobre la trata de personas en Madre de Dios y no hay registros consolidados debido a diversos factores, sobre todo a la falta de denuncias y la lejanía de las zonas donde se encuentran los campamentos mineros, donde se producen los abusos y que albergan a su vez "prostibares" de bajas condiciones sanitarias.

Según datos de la Policía de Madre de Dios, citados en el libro, de mayo a diciembre de 2010 se registraron 17 casos de trata, once de los cuales fueron por explotación sexual y seis por esclavitud laboral.

También se indica que en el país, el 59% de los casos de trata de personas tiene fines de explotación sexual, el 30% de explotación laboral, el 10% de mendicidad y un 0,40% con fines de venta, según información de julio de 2011 del Ministerio del Interior, citada por el libro.

Según el congresista Alberto Beingolea, también presente en la cita, el delito de trata "no está lo suficientemente expuesto" en la sociedad, por lo que se debe "buscar la prevención, la aplicación correcta de los tipos penales y el tratamiento a las víctimas".

El año pasado, 111 menores de 18 años se hospedaron en un refugio temporal de la Asociación Huarayo en el pueblo de Mazuko, paso obligado para llegar a los campamentos mineros de la zona, y de ellos se determinó que 59 fueron víctimas de trata de personas.

Guadalupe dijo a Efe que, desde enero de este año a la fecha, 17 menores de edad pasaron por el albergue, de los cuales 15 de ellos ya retornaron a sus lugares de origen.

También subrayó el caso de los hijos de las adolescentes que quedan embarazadas mientras trabajan en prostíbulos de los campamentos mineros, a quienes calificó como "víctimas invisibles" de la explotación aurífera.

Unos 212 niños fueron víctimas de trata de personas en la selva peruana