martes 20/10/20

El avance de tropas sirias sobre los rebeldes en Idlib dispara la tensión con Turquía y desata una gran crisis humanitaria

La ONU ha avisado de que se podría producir un “baño de sangre” si no se toman medidas para proteger a los millones de desplazados atrapados en la región.

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Foto oficial después de la cumbre de Teherán entre Irán, Rusia y Turquía. (Wikipedia)

El ejército sirio efectúa desde el pasado enero, con el apoyo logístico y aéreo ruso, una gran ofensiva sobre Idlib, el más importante reducto opositor que queda en el país. Esta ofensiva está disparando en los últimos días la tensión con el gobierno turco, el mayor apoyo de los grupos rebeldes y yihadistas que controlan la región, mayormente dominada por Hayat Tahrir al-Sham (Al Qaeda). La tensión ha escalado exponencialmente desde la muerte de varios soldados turcos en bombardeos de la aviación siria, a lo que Turquía ha respondido bombardeando posiciones del ejército de Al Assad. Erdogan ha amenazado con una inminente contraofensiva en respuesta, pero se mueve en un complejo entramado geopolítico y quiere evitar la confrontación con Rusia. Este es el punto de tensión más álgido entre los gobiernos sirio y turco desde que estallara la guerra civil.

La ofensiva está dando lugar a una gran crisis humanitaria y migratoria, y podría desembocar en una catástrofe de dimensiones difíciles de imaginar. Según la ONU en el noroeste de Siria se concentran en torno a 4 millones de civiles, muchos desplazados internos de otras partes del país que han huido progresivamente de la guerra. Tan solo desde el comienzo de la incursión militar en Idlib al menos 900.000 refugiados, más de la mitad niños, han sido desplazados huyendo de los combates, y muchos tratan de alcanzar la frontera turca. El gobierno de Erdogan sin embargo hace tiempo que se muestra saturado por la presión migratoria de los 3,5 millones de refugiados que alberga, y ha cerrado la frontera. 

El ejército turco concentra desde hace semanas tropas y material militar en el noroeste sirio, y el ultimátum que Erdogan dio al régimen de Al Assad para alejar sus tropas de los puestos de observación turcos en Idlib acaba en febrero

El invierno y las bajas temperaturas están además complicando enormemente la terrible situación de los cientos de miles de personas atrapadas en el noroeste sirio, pero también de los miles que viven en campos de refugiados en todo el país. Según Save The Children al menos 7 niños han muerto a causa del frío recientemente, y diversas organizaciones de ayuda humanitaria han pedido un alto el fuego para poder atender a los miles de personas que huyen de los combates. La ONU se ha pronunciado pidiendo el cese de estos y ha asegurado que se podría desencadenar un “baño de sangre”. La aviaciones siria y rusa han sido acusadas además de bombardear indiscriminadamente infraestructuras civiles como escuelas y hospitales, provocando la muerte de decenas de civiles, actos que podrían constituir crímenes de guerra.

El ejército turco concentra desde hace semanas tropas y material militar en el noroeste sirio, y el ultimátum que Erdogan dio al régimen de Al Assad para alejar sus tropas de los puestos de observación turcos en Idlib acaba con el mes de febrero, por lo que podría lanzar la contraofensiva anunciada en los próximos días. Sin embargo, es probable que Erdogan espere a buscar una salida negociada pues el próximo día 5 planea reunirse con sus homólogos ruso, francés y alemán. Pese a encontrarse en posiciones enfrentadas tanto en Siria como en Libia, Rusia mantiene buenas relaciones con Turquía debido a los intereses comerciales que comparten.

El mandatario turco ha reiterado su interés por volver a los términos del acuerdo de Sochi firmado en 2018, por el que acordó con Rusia un alto el fuego en Idlib supervisado por puestos de observación turcos

El mandatario turco ha reiterado su interés por volver a los términos del acuerdo de Sochi firmado en 2018, por el que acordó con Rusia un alto el fuego en Idlib supervisado por puestos de observación turcos. El eje ruso-sirio, sin embargo, está ganando la guerra y no está interesado en mantener los términos de un acuerdo que ambos se acusan mutuamente de romper. El ejército sirio ya ha logrado importantes victorias militares acercándose a la capital de Idlib, tomando el control del oeste de la ciudad de Alepo, y controlando la estratégica carretera M5 que conecta alguna de las ciudades más importantes del país. Al Assad y Rusia justifican su operación en el marco de la lucha contra el yihadismo, y acusan a Turquía de proteger y armar a los fundamentalistas para aumentar su influencia en Siria. El gobierno turco por su parte asegura querer proteger a los civiles, y teme sobre todo la intensificación de los flujos migratorios en su frontera.

El frente de Idlib, pese a ser el más decisivo, no es el único frente activo que queda en el conflicto, otras regiones del norte sirio están bajo el control de rebeldes islamistas pro turcos, como la región mayoritariamente kurda de Afrin invadida en 2018. Además, el pasado octubre el ejército turco y los rebeldes lanzaron una incursión de grandes dimensiones sobre los territorios del noreste sirio controlados por las FDS (milicias kurdas y aliados), conquistando una extensa franja limítrofe a la frontera turca de 30 km de profundidad. Organizaciones como Amnistía Internacional denunciaron crímenes de guerra como ejecuciones sumarias de civiles, expolio de propiedades y bombardeo de infraestructuras civiles, cerca de 180.000 personas fueron desplazadas por la ofensiva según la ONU. Aunque los combates se redujeron tras un alto el fuego, este frente sigue abierto, y se podría reavivar en cualquier momento. Es destacable que la cooperación militar se ha incrementado desde entonces entre el ejército de Al Assad y las FDS, frente a Turquía, yihadistas y rebeldes.

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