domingo. 14.04.2024
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@jgonzalezok / Tres meses después de haber abandonado Brasil, viajando hacia una especie de autoexilio en las tierras de Disney (Florida, Estados Unidos), volvió al país el ex presidente Jair Bolsonaro. Un regreso sin gloria, pese a que hubo contingentes de personas que fueron hasta el aeropuerto, en un intento de revivir situaciones como las de la campaña electoral del 2018, cuando grupos numerosos lo esperaban en cada una de sus etapas proselitistas.

El ex mandatario se había ido a los Estados Unidos dos días antes de que acabara su mandato, sin aceptar someterse a elementales ritos de la democracia, como hacer el traspaso de mando a su sucesor, Luis Inácio Lula Da Silva, a quien tampoco felicitó por su victoria.

Bolsonaro asistió a la distancia a los gravísimos acontecimientos del 8 de enero, cuando cientos de sus partidarios invadieron la Plaza de los Tres Poderes, en Brasilia, depredando los edificios del Palacio de Planalto (presidencia), la sede del Supremo Tribunal Federal y del Congreso y Senado.

Se especuló mucho con que Bolsonaro pudiera ser detenido al volver a Brasil, por su presunta participación en dichos acontecimientos. Aunque el ministro de Justicia, Flavio Dino, ya había adelantado que el caso está siendo estudiado por los tribunales y que no había en este momento ninguna previsión en este sentido.

Un regreso sin gloria, pese a que hubo contingentes de personas que fueron hasta el aeropuerto

El ex presidente, que estuvo prácticamente ausente del gobierno desde que perdió las elecciones, el 30 de octubre, mantuvo una actitud equívoca frente al intento de golpe de sus partidarios. Tendrá que dar explicaciones también sobre el documento encontrado en el domicilio del que fuera su ministro de Justicia, Anderson Torres -hoy detenido- con planes golpistas. Y le aguardan otras causas, como algunas relacionadas con fake news y sus decisiones durante la pandemia, que se cobró 700.000 muertos.

Pero su primera cita con la justicia será en breve, el miércoles de la próxima semana, cuando fue convocado por la Policía Federal para que explique el destino de las joyas que recibió de regalo del gobierno de Arabia Saudita, que no entregó al acervo del Estado, como establece la ley. Entre estos regalos, hay un reloj Rolex con diamantes, collares, pendientes y otras joyas femeninas. Según reveló el diario O Estado de S.Paulo, el ex mandatario intentó introducir las joyas sin declararlas, sin pagar los impuestos correspondientes y con la clara intención de quedarse con ellas. Estaban en una mochila de uno de sus ministros. Pero se encontró con funcionarios de la Aduana que cumplieron con su deber y las registraron como corresponde. Hasta ocho veces intentó Bolsonaro recuperar estos millonarios regalos de sus amigos sauditas antes de dejar la presidencia.

El gobierno había tomado medidas para mantener a raya a sus seguidores, que esperaban darle un recibimiento triunfal

El regreso de Bolsonaro al país no estuvo exento de algunas polémicas. El gobierno había tomado medidas para mantener a raya a sus seguidores, que esperaban darle un recibimiento triunfal. Como corresponde a un ex presidente, fue recibido al pie del avión, cumplió los trámites aduaneros con prioridad y fue sacado del aeropuerto por una salida especial, evitando la entrada principal, frustrando a las personas que lo fueron a recibir.

El papel político que puede jugar, en el futuro, liderando a la derecha, está en duda. Del aeropuerto Bolsonaro fue directamente a la sede del PL (Partido Liberal, el noveno por el que pasa en su carrera política), donde recibió un homenaje. Antes de salir del aeropuerto de Orlando había dicho que “no va a liderar ninguna oposición”. Pero hizo declaraciones políticas para su público, incluyendo la afirmación de que Lula no duraría en el poder, sin ahondar en su tesis. Se espera que haga algunas giras por el país, con vista en las elecciones municipales de 2024 y las generales del 2026.

Bolsonaro fue nombrado presidente honorario del partido, con un jugoso sueldo, al que sumará sus jubilaciones como ex militar y ex diputado. Como ex presidente tiene a su disposición hasta 8 personas a su servicio y un coche, incluso cuando viaja al extranjero.

La llegada del ex mandatario pasó casi desapercibida, excepto para la burbuja de extrema derecha y sus redes sociales, y los medios afines

La llegada del ex mandatario pasó casi desapercibida, excepto para la burbuja de extrema derecha y sus redes sociales, y los medios afines. En las redes, las menciones negativas sobre el regreso de Bolsonaro superaron a las positivas. Y la noticia del día fue la presentación del proyecto de nueva regla fiscal para equilibrar las cuentas públicas y controlar los gastos. Un proyecto que debe aún ser aprobado por el Congreso, pero que tuvo una buena acogida en los medios económicos, como demuestra la subida del 1,89 de la Bolsa de São Paulo y la caída del dólar en un 0,72 %.

El gobierno decidió minimizar los efectos políticos de la vuelta de Bolsonaro y se le aconsejó al presidente Lula -al que muchas veces le cuesta mantenerse alejado de las polémicas-, que no hiciera ninguna referencia a la noticia. Quedó en manos de Gleisi Hoffmann, la combativa presidente del PT (Partido de los Trabajadores), la tarea de buscarle las cosquillas al ex presidente. En su cuenta de Twitter escribió: “Está volviendo, genocida? Aquí va mi recado para el fugitivo que tiene mucho que explicar y responder. Los tiempos ahora son otros y el pueblo volvió a tener un gobierno serio, responsable y que cuida de las personas”. También afirmó: “Puede volver cuando quiera, lo que no volverá jamás es el tiempo sombrío en el que hizo infeliz a este país”.

Bolsonaro, con la frente marchita