miércoles 28/7/21

Lo que mata es la desigualdad

pobreza

Las cifras oficiales de la desigualdad extrema a nivel global bien podrían ameritar grandes titulares que informasen respecto del fracaso del capitalismo. Los índices de pobreza, hambre y miseria se han multiplicado exponencialmente, al mismo ritmo que han crecido las fortunas de las elites. La riqueza de los millonarios ha alcanzado un récord histórico, mientras que las personas sumidas en la miseria se han empobrecido aún más.

Hemos visto en los últimos años la pauperización de los pobres y la multiplicación de las fortunas del 1 por ciento que acapara toda la riqueza. Y en este desbalance el descaro de los gobiernos de corte neoliberal ha sido pornográfico, pues han forjado la desigualdad con medidas que le han reportado enormes beneficios a las grandes empresas -y a los millonarios en general- a través de ventajas fiscales; mientras desfinanciaban los servicios públicos básicos como son la salud y la educación.

El 1 por ciento de los ricos del mundo acumula el 82 por ciento de toda la riqueza. Y la desigualdad continuará en aumento mientras se estimule la evasión de impuestos a través de la influencia que las grandes empresas tienen en la política. Son ellas, las élites, quienes marcan la agenda económica de los gobiernos neoliberales que no dudan en erosionar los derechos de los trabajadores y recortar gastos en lo público, en pos de engordar los bolsillos de la casta dominante.

La mitad de la población mundial vive con menos de 5 dólares al día. Y esta realidad es la que no se plasma en las pantallas de los medios hegemónicos. ¿Por qué? Porque la conciencia de que la miseria es programada y ejecutada desde los gobiernos podría provocar una auténtica y justificada revolución popular. Algo que viene sucediendo cada vez más esporádicamente en los países en los cuales la riqueza de unos pocos crece a costa del hambre de millones.

El ejemplo más cercano es Sudáfrica. “¿Qué pasa en Sudáfrica?”, preguntan desde las pantallas los encargados de parcializar la respuesta. Porque lo que verdaderamente pasa en Sudáfrica es la desigualdad programada y articulada con la complicidad de los estados Europeos responsables de un saqueo histórico.

Sudáfrica es uno de los países más ricos del Continente Africano. Sin embargo esa riqueza no se distribuye por igual entre la población. La mayoría de las empresas allí afincadas son propiedad de descendientes europeos, de modo que la riqueza que obtienen no se redistribuye en el país. Es una práctica de expolio que comenzó con la llegada de los primeros colonos de Europa en el Siglo XVII. Primero fue la desigualdad racial; la impostura de Europa sobre un continente que poseía la riqueza en sus recursos naturales. Los europeos se impusieron a la población autóctona a través de las armas. Fue el modo en que ocuparon el poder durante siglos; fue el inicio de todos los males que aquejan a Sudáfrica en la actualidad. Esa imposición, esa legalización del expolio de recursos ha producido que hoy la mitad de la población sudafricana viva en la extrema pobreza. Décadas después del fin del apartheidel 90 por ciento de las empresas sigue en manos de los blancos. La mayoría de estas empresas son europeas. La mayoría de los pobres, son negros.

Lo que mata es la desigualdad