miércoles 2/12/20

Luto por la paz en Oriente Medio

Saeb Erekat | Secretario General de la Organización para la Liberación de Palestina
Saeb Erekat | Secretario General de la Organización para la Liberación de Palestina

El pasado 10 de noviembre fallecía, víctima del Covid, Saeb Erekat, el Secretario General de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), el mejor y más tenaz negociador palestino, el que durante las últimas tres décadas laboró sin descanso por hacer efectivo el establecimiento del Estado Palestino y de lograr una paz justa con Israel.

Esta trágica noticia se une al recuerdo de que un 4 de noviembre, pero de 1995, hace ahora 25 años, era asesinado Yitzhak Rabin, el que fuera Primer Ministro de Israel, impulsor del Acuerdo de Paz de Oslo, firmado entre él y Yassir Arafat, el dirigente histórico de la OLP, el 13 de septiembre de 1993, una fecha tan histórica como olvidada, pues lejos quedó en la memoria y en su aplicación efectiva, más allá de la creación de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

Ciertamente, estos días de noviembre son de luto para la ansiada paz, tanto desde la perspectiva palestina como desde el lado israelí. En estos últimos años, todo ha cambiado, para peor, con unas negociaciones totalmente estancadas desde 2004, con una política nefasta desarrollada desde entonces por parte del Gobierno derechista de Israel liderado por Binyamin Netanyahu, conocido en su país como “Bibi”, que, a fecha de hoy, se mantiene en el poder pese a las polémicas que salpican su figura y su gestión por hallarse implicado en diversos casos de corrupción.

Ya lo dijo Yitzhak Rabin su discurso en la Plaza de los Reyes de Israel momentos antes de ser asesinado aquel trágico 4 de noviembre de 1995: “La paz lleva intrínseca dolores y dificultades para poder ser conseguida, pero no hay camino sin esos dolores”

No mejor es la situación en el ámbito de la ANP. Tras la muerte en 2004 de Yassir Arafat, el carismático dirigente histórico de la causa palestina, le sucedió el gris liderazgo de Mahmud Abas, la irrupción de Hamas y su control sobre la Franja de Gaza supuso un serio desgarro y una división profunda en el campo palestino, todo ello unido a un adverso contexto político, motivado tanto por un Israel cerrado a toda negociación sincera y profunda mientras que por el contrario el Gobierno hebreo dejó patente su anhelo de anexión del Valle del Jordán para así lograr el completo dominio de los recursos fluviales y el control militar de Cisjordania mediante la creciente expansión de los asentamientos judíos ilegales. No menos adverso era el contexto internacional, en donde la causa palestina ha sido seriamente debilitada, a lo cual ha contribuido de forma determinante los últimos cuatro años de la Administración norteamericana de Donald Trump, ahora felizmente concluida, la cual se ha caracterizado por su firme apoyo a la política reaccionaria israelí auspiciada por Netanyahu: recordemos la decisión de Trump de trasladar la embajada de Estados Unidos de Tel-Aviv a Jerusalem, con lo que ello significaba, o el impulso y respaldo al establecimiento de los asentamientos ilegales de colonos judíos en Cisjordania, sin olvidar, tampoco, su mediación para lograr los acuerdos de normalización diplomática entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos y con Baréin, los cuales han aislado, todavía más, la posición palestina en el ámbito internacional y, sobre todo, entre los países árabes. A todo este panorama se une ahora, la triste noticia del fallecimiento de Saeb Erekat, la voz más internacional y respetada de la OLP.

No están mejor las cosas desde la perspectiva de la paz en un Israel tras el asesinato de Rabin y en el cual con Netanyahu como Primer Ministro, cargo que ocupa desde 2009, y a quien Ramón Lobo no dudó en calificar como “un líder tóxico”, ha hecho que el país se encuentre cada vez más dividido y polarizado. Y es que, como señalaba Ana Alba, Israel se halla ante dos riesgos ciertos: el creciente poder político, social y electoral de la derecha nacional-religiosa judía, así como el hecho de que las fuerzas extremistas hebreas están erosionando las instituciones democráticas del Estado de Israel con sus ataques a los Tribunales de Justicia, a los medios de comunicación, a la sociedad civil secular y laica, y a la muy debilitada izquierda pacifista a la cual no dudan en acusar de “traidora” por sus anhelos de lograr una paz justa con los palestinos. En este contexto surge la modificación de la Ley de Ciudadanía, la cual incorpora un juramento de lealtad a un “Estado judío”, antes que democrático, algo que, como señalaba Dan Meridor, supone “una provocación innecesaria” para los ciudadanos árabe-israelíes, y más aún, Itzjak Herzog, denuncia en ello una “revelación de fascismo”.

Al riesgo que supone el citado auge de la derecha nacional-religiosa, hay que sumar el constante declive, el permanente debilitamiento del llamado “Campo de la Paz israelí”, especialmente por lo que al Partido Laborista (Avodá) se refiere. Recientemente, Ignacio Álvarez-Ossorio constataba esta   realidad ya que el laborismo, desde 1993, año de los Acuerdos de Oslo, no ha dejado de perder posiciones. Los datos son todavía más demoledores si tenemos en cuenta que Avodá, que fue una vez el partido natural de Gobierno, fundamental en la creación y el desarrollo del Estado de Israel, se halla en caída libre como lo demuestra el hecho de que en el año 1969, siendo Primera Ministra Golda Meir, contaba con 56 escaños en el Knesset, el parlamento israelí, cifra que bajó a 44 diputados cuando llegó al poder Rabin en 1992 y que en la actualidad se han reducido, tras las últimas elecciones, celebradas el pasado 2 de marzo, a tan sólo 3 escaños. Esta debacle sin paliativos, según Jorge Jacobson se debe a que la izquierda no ha sabido transmitir su mensaje sobre la cuestión de la paz con nitidez, esto es, a una falta de definición en torno a las negociaciones con los palestinos, factores a los cuales Álvarez-Ossorio añade otros aspectos no menos importantes cuales son el apoyo de Avodá a las políticas derechistas de los sucesivos gobiernos del Likud, así como por su gradual distanciamiento de los postulados socialistas y su abandono de su “agenda social”.

Así las cosas, tras el asesinato de Rabin en 1995 y el fracaso de las negociaciones de Camp David del año 200, con el estallido de las tres Intifadas, sobre todo, las de 2000 y 2017, los laboristas demostrando falta de coraje político, pasaron de defender la política de “territorios a cambio de paz”, a la de “Israel no tiene interlocutor”, con lo cual dieron argumentos a políticos como Ariel Sharon y Ehud Olmert y, sobre todo a Netanyahu, para congelar definitivamente las negociaciones de paz, vaciar de contenido a la ANP e intensificar la construcción de asentamientos ilegales, todo lo cual ha sido letal para que el tímido proceso de paz iniciado a partir de los Acuerdos de Oslo de 1993 llegara a un resultado mínimamente aceptable por parte de palestinos e israelíes. Tal es así que, en 2016, su entonces líder laborista Itzhak Herzog, declaró públicamente que “una solución de dos Estados”, la idea esencial y bandera del llamado “Campo de la Paz israelí”, era “imposible de lograr en el futuro previsible”. Es por ello que esta política errática, su papel de “comparsa” con diversos gobiernos de coalición liderados por la derecha, hizo que Avodá perdiese irremisiblemente apoyo electoral, a lo cual habría además que añadir que, desde el asesinato de Rabin, el laborismo ha evidenciado una innegable crisis de liderazgo.

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Al hundimiento de Avodá, se ha unido, por desgracia, el declive de Meretz, el partido de la izquierda pacifista israelí, firme defensor del establecimiento del Estado Palestino y, por supuesto, contrario a los asentamientos judíos ilegales en Cisjordania. Por su parte, Meir Margalit, prestigioso pacifista israelí, miembro del Center of Advancement of Peace Institute, y militante de Meretz, definía la situación actual señalando que “el pacifismo israelí está desarticulado por el binomio Netanyahu-Trump, la impotencia europea y la falta de liderazgo de la izquierda europea”. Consecuentemente, Margalit no dudaba en reconocer que, “si al efecto destructor del factor Bibi-Trump, agregamos la impotencia europea, la falta de liderazgo alternativo en la llamada “izquierda israelí”, y la debilidad palestina, producto del conflicto interno entre Fatah y el Hamas, podemos entender el motivo por el cual el pacifismo israelí esté tan desarticulado”.

Además de la situación de Avodá y Meretz antes descrita, hay que señalar igualmente que en estos últimos años se ha constatado, igualmente, el debilitamiento, también, del movimiento “Paz Ahora”. En consecuencia, ante semejante panorama existente en el llamado “Campo de la Paz” israelí, el ya citado Álvarez-Ossorio es contundente al afirmar que, “el principal éxito de Netanyahu es haber convencido a la sociedad israelí de que, hoy, por hoy, no se dan las condiciones para alcanzar un acuerdo definitivo con los palestinos”. De hecho, según el Israel Democracy Institute, tan sólo un 7% de los israelíes consideran actualmente como prioritarias las negociaciones de paz, un dato que resulta desolador. Es por ello que Gutwein Daniel, profesor de Historia Económica y Social de la Universidad de Haifa, considera necesaria “una revolución social-democrática de la izquierda” como “condición necesaria” para detener a tiempo lo que califica de “fascismo” de tientes nacionalistas y religiosos que se ha extendido peligrosamente en estos últimos años en el seno de la sociedad israelí.

Mucho tendrán de cambiar las cosas con la nueva Administración norteamericana de Joe Biden, con una decidida implicación de la Unión Europea y con una voluntad sincera de los políticos israelíes y de la ANP para retomar el camino de la paz, para dejar atrás tanto luto y decepción que se han ido generando en tan tortuoso camino. Pues ya lo dijo Yitzhak Rabin su discurso en la Plaza de los Reyes de Israel momentos antes de ser asesinado aquel trágico 4 de noviembre de 1995: “La paz lleva intrínseca dolores y dificultades para poder ser conseguida, pero no hay camino sin esos dolores”. En memoria de Rabin y de Saek Erekat, la búsqueda de la paz justa, asumiendo sus dolores y dificultades, esa “paz de los valientes” de la que hablaba Rabin, así como el pleno reconocimiento de un Estado Palestino con plena soberanía y fronteras reconocidas internacionalmente, por el que se esforzó incansablemente Erekat, siguen siendo el único camino para resolver este histórico conflicto palestino-israelí.

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