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lunes. 05.12.2022
BRASIL | ELECCIONES 2 OCTUBRE

Brasil enfrenta la elección más tensa de los últimos años

Lula puede ganar en el primer turno y Bolsonaro no se compromete en aceptar el resultado

Crónicas de Javier M. González y Gabriela Máximo, desde Río de Janeiro

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Luiz Inácio Lula da Silva
@jgonzalezok y @gab2301 | Las elecciones de este domingo pueden ser las más importante de Brasil desde la vuelta de la democracia, en 1985. Algo más de 156 millones de ciudadanos tienen en sus manos la decisión de quién será su presidente por los próximos cuatro años: el actual, el ultraderechista Jair Bolsonaro, o el ex mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, de izquierda. Pero lo que está en juego no son dos opciones ideológicas, sino el futuro de la democracia en Brasil. Los cuatro años que están terminando ahora, con Bolsonaro en la presidencia, fueron los más turbulentos desde el fin del régimen militar. Años en los que Bolsonaro intentó intimidar las instituciones con amenazas de golpe y que llegan al fin con el presidente amenazando no reconocer el resultado electoral en caso de derrota.

 

Todas las encuestas de los últimos meses indican que Bolsonaro perderá con una diferencia importante a favor de Lula. Bolsonaro viene cosechando una intención de voto que oscila entre el 32 % y el 34 %, y Lula entre 50% y 52%. La gran duda de este domingo es si Lula conseguirá el 50 % más uno de los votos para resolver la elección en la primera vuelta. La última encuesta Datafolha, del jueves, le da justamente un 50 % de votos válidos (sin blancos y nulos), pero con un margen de error de dos puntos.

La posibilidad de que Bolsonaro no reconozca una eventual derrota hace temer un escenario de violencia en el país. Según una reciente encuesta, el 40 % de los electores (45 % en el caso de las mujeres) temen que haya violencia este domingo. Y hay un 9 % que admite que puede no ir a votar -aunque el voto es obligatorio- por temor. Se estima que la abstención favorecería a Bolsonaro y, por tanto, el miedo puede influir para que el país tenga que volver a las urnas dentro de tres semanas, el próximo día 30.

lo que está en juego no son dos opciones ideológicas, sino el futuro de la democracia en Brasil

En los últimos días, una señal de alerta se encendió en la campaña de Lula. Además de temer la abstención, creen que puede haber bolsonaristas que se inscribieron como integrantes de mesas electorales para intentar coaccionar a los electores a la hora de la votación, según el diario Folha d S.Paulo. “Cuanto más se desespera Bolsonaro con la situación electoral, más alienta la violencia para desestimular el voto. No nos intimidarán”, dijo el secretario general del PT, el diputado Paulo Teixeira.

El clima de violencia y las amenazas prevalecieron durante los últimos cuatro años. El propio presidente alentó un ambiente de desconsideración a las instituciones y a toda oposición, alimentando con eso su base radical. Amenazó en varias ocasiones con cerrar el Supremo Tribunal Federal, su principal objetivo. El órgano, que es un freno importante para los delirios autoritarios del presidente, necesitó reforzar la seguridad de su sede durante protestas violentas de aliados del mandatario.

“En esta elección presidencial, que en la práctica ya se redujo a dos candidatos, la pregunta central es ¿de quién la democracia tiene seguridad de no sufrir el menor atentado? Respuesta: de quien jamás colocó la sospecha de fraude en la urna electrónica. En este caso, Lula, que tendrá mi voto”, escribió el ex presidente del Supremo Tribunal Federal Ayres Britto en su cuenta de Twitter. Además de Britto, otros cuatro ex presidentes de la corte declararon su voto a Lula, sumándose a un frente democrático que ganó fuerza en las últimas semanas en torno al candidato del PT.

Cuanto más se desespera Bolsonaro con la situación electoral, más alienta la violencia para desestimular el voto

En diversas ocasiones, Bolsonaro insinuó que contaría con las Fuerzas Armadas para un eventual golpe. Sus bravatas tienen el apoyo de generales radicales que ocupan cargos de ministros y en oficiales de menor rango que consiguieron empleos en el Estado. El presidente ya evocó la posibilidad de que en Brasil se repita algo parecido a la toma del Capitolio en Washington, cuando el presidente Donald Trump alentó a sus seguidores, alegando fraude electoral. Pero numerosos analistas han coincidido en señalar en los últimos meses en que no hay un ambiente para un golpe en Brasil.

Aún así, la confusión se ha mantenido hasta último momento. A 48 horas de las elecciones, el diario O Estado de S.Paulo publicó que el Alto Comando del Ejército garantizaba su respaldo al resultado de las elecciones. Añadía que los generales también dijeron que la auditoría paralela que harán los militares no tenía como objetivo aprobar o rechazar el resultado. Bolsonaro provocó una gran confusión en los últimos meses al poner en duda la seguridad de las urnas electrónicas, afirmando que los militares harán un recuento paralelo. Horas después, el comando de la fuerza negó y repudió el contenido del reportaje, calificándolo de fake news. Al mismo tiempo, el presidente Bolsonaro habló en redes sociales afirmando que las Fuerzas Armadas le deben lealtad: “El artículo afirma que el alto comando dice que quien gana asume la presidencia y se aparta de la auditoría de votos. ¡Mentira!”.

La desventaja en las encuestas de Bolsonaro está provocando el desaliento en la propia base del presidente y ya hay señales de que están dispuestos a migrar y acordar con un futuro gobierno de Lula. La base gubernamental es el grupo de partidos conocidos como el Centrão, reputado por dar apoyo político a cambio de presupuestos y cargos. Algunos férreos bolsonaristas de hoy ya fueron aliados de los gobiernos del PT, y, como se dice en Brasil, cambiar nuevamente es solo cuestión de precio. Una conocida frase que se usa también en la política brasileña es más que oportuna en estos momentos: “El café ya está siendo servido frío en el Palacio de Planalto” (sede del Poder Ejecutivo), señalando que a nadie le importa ya el actual inquilino.


Crónicas de Javier M. González y Gabriela Máximo, desde Río de Janeiro


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