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viernes 27/5/22
CARLOS CARNERO

"En el mantenimiento de la zona euro nos jugamos buena parte de nuestro bienestar económico y social"

Carlos Carnero González [Madrid, 1961] es un profundo europeista y defiende con ardor la idea de que “un progresista tiene hoy más que nunca que ser europeísta, federalista incluso. Necesitamos más Unión Europa, no menos”.

19.12.2010  |  Fue miembro activo de la Convención Europea que redactó el texto de Constitución y ha sido diputado ante el Parlamento Europeo en el periodo 1994-2009. Primero, por Izquierda Unida, y desde 2001 a 2009 por el Partido Socialista Obrero Español. Por medio, Secretario de Política Europea de Nueva Izquierda (1998-2000) y, siempre, como se encarga de recordar en sus presencias públicas, afiliado a Comisiones Obreras. Durante tres años ha sido Vicepresidente del Partido Socialista Europeo y, en la actualidad, es Embajador para Proyectos en el Marco de la Integración Europea del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación de España.

Estamos ante un segundo rapto de Europa, está vez menos mitológico… por cierto, los mercados ¿quiénes son? ¿dónde están?

Mercado ha existido siempre. Por eso conviene adjetivar el mercado al que nos estamos enfrentando en estos momentos: un mercado financiero gobernado por importantes agentes especulativos que buscan obtener el máximo beneficio a costa del bienestar de la mayoría ciudadana y de la estabilidad de las economías nacionales. Sabemos bien que en el capitalismo el mercado no solo es injusto, sino ineficaz. Pero los especuladores financieros han dado varios pasos más allá: primero, generar la crisis a través de productos irresponsables; segundo, aprovecharse de ella para continuar enriqueciéndose. Aún así, siendo execrable, el problema no es solo que quienes alientan todo tipo de inestabilidades ganen dinero fácil y abundante con ello, sino que a lomos de sus actividades está retornando al galope una ideología neoliberal contraria a la economía social de mercado que caracteriza a la Unión Europea. Por eso es imprescindible contestar a los especuladores con una respuesta doble: afirmar que solo una creciente intervención pública en la economía será capaz de devolvernos la estabilidad y que esa intervención debe tener escala europea, porque las fronteras nacionales no son suficientes en la época de la globalización. 2010 demuestra que la UE ha entendido el mensaje: de ahí que se hayan puesto en marcha decisiones que parecían imposibles hace todavía poco tiempo, como el mecanismo de estabilidad financiera, que será permanente gracias a la reforma del Tratado de Lisboa acordada estos días por el Consejo Europeo, o la compra de deuda pública por parte del Banco Central Europeo que acaba de doblar su capital.

El Tratado de Lisboa tiene entre sus objetivos que Europa sea un auténtico actor global. No parece que sea así, en el G-20 se visualiza el protagonismo de Estados miembros como Francia o Alemania, y en otras cumbres como la reciente de Cancún sobre cambio climático tampoco la Unión como tal ha tenido un protagonismo claro.

El Tratado de Lisboa-Constitución Europea, pues recoge el 95 % de la que elaboramos en la Convención de 2002-2003, está llamado a ser el instrumento con el que la UE sea de una vez una unión política que actúe internacionalmente como un verdadero actor global. De hecho, ya lo hace en muchos temas. El último ejemplo ha sido Cancún, donde el acuerdo conseguido, un paso adelante, aunque hubiéramos querido más, sobre todo en comparación con el fracaso de Copenhague, ha sido posible gracias a la determinación y buen hacer , a veces callado, de la Unión. Este mundo globalizado no nos gusta, pero nos gustaría todavía menos si no fuera por la acción de la UE, que está a la cabeza de respetar el derecho internacional, solucionar pacíficamente los conflictos, impulsar la democracia y proteger los derechos humanos, la cooperación al desarrollo o la ayuda humanitaria y de emergencia. Pensemos por un momento en el coste que tendría para el Planeta la no-Europa y seremos conscientes de que la Unión tiene un largo camino por recorrer, pero que ya ha empezado a hacerlo.

La vigente crisis económica está dejando en evidencia los límites de una unión monetaria con una escasa unión económica y una todavía menor unión política.

Sí, sin duda. Por eso es imprescindible que la UE continúe su ejercicio de planificación democrática de la economía, del que son ejemplos de éxito el mercado único y la unión monetaria, convirtiéndose en una unión económica con política económica común, presupuesto suficiente, Tesoro europeo basado en recursos directos y progresivos, armonización fiscal y Europa social. Contar con un auténtico gobierno económico de la UE nos habría permitido responder a la crisis actual, y a sus causantes y beneficiarios, con mucha mayor eficacia, velocidad y solidez. Tal gobierno económico es lo que nos separa hoy de ser una unión política plena. Para conseguirlo debe trabajar con determinación la izquierda europea.

La Estrategia UE 2020 nace con la voluntad de regir el crecimiento económico y la creación de empleo en la próxima década ¿la crisis no la ha dejado obsoleta antes de comenzar su efectiva puesta en práctica?

Al contrario. La Estrategia 2020 es un buen ejemplo de que, a pesar de las contradicciones, la respuesta de la UE a la crisis no ha aceptado el paradigma neoliberal que cabalga a lomos de los especuladores. Los objetivos de crecimiento, empleo, educación, investigación e innovación y sostenibilidad ambiental que incluye la Estrategia 2020 aprobada, por cierto, en y gracias a la Presidencia Española de la Unión, certifican que la economía social de mercado sigue siendo el modelo por el que se decanta la Europa unida.

Si nos atenemos a la visibilidad, el timón de la Unión parece estar en manos del ECOFIN. Una gran parte de las principales decisiones políticas se justifican como instrumentos para tranquilizar a los mercados. ¿No estamos asistiendo a una degradación de la calidad de la democracia?

“Tranquilizar a los mercados…” Sí, esa es la frase recurrente. Vivimos en un modo de producción con un mercado injusto e ineficiente, lo decía antes. Y, parece mentira que nos olvidemos tan fácilmente, en el que el mismo dinero se convierte en una mercancía. En ese marco nos movemos, tratando de introducir cambios que nos permitan controlar cada vez más la situación. Como reformista, estoy convencido de que cada paso hacia adelante puede transformar cuantitativa y cualitativamente la propia base del problema. Por ejemplo, se afirmaba la imposibilidad constitucional [Tratado] de que el BCE adquiriera deuda nacional de los estados miembros, pero ya lo está haciendo y de forma creciente, yendo más allá de la ortodoxia que clamaba por que se quedara anclado en el mero control de precios. También se decía –hasta hace solo algunos meses- que era inconcebible un rescate: pues bien, se ha hecho con Grecia e Irlanda. Ahora vamos a convertir en permanente el mecanismo de gestión de crisis que hoy es transitorio hasta 2013. Estoy seguro de que también alcanzaremos el objetivo de que se emitan eurobonos y se cree una Agencia Europea de Deuda a tal efecto.

Cada vez con mayor frecuencia se propone la emisión de deuda europea por parte del BCE como una forma eficaz de proteger al Euro y a las economías periféricas de los ataques especulativos. Jüncker recientemente se ha decantado por esta opción que sin embargo cuenta, en la actualidad, con la firme oposición de Angela Merkel y Nicolas Sarkozy ¿cuál es su opinión al respecto?

En el mantenimiento de la zona euro nos jugamos buena parte de nuestro bienestar económico y social. ¡Hay que ser ciego para no ver que el objetivo de fondo de los especuladores es debilitar o incluso desmembrar la eurozona! La pieza a cazar no es tal o cual país individualmente considerado, sino la moneda única como tal. Porque, si consiguieran, que no lo conseguirán, abatir el euro o debilitarlo en profundidad, el siguiente paso sería la UE como tal. Constituiría el mayor triunfo de los adalides de la desregulación, la mayor victoria de la globalización neoliberal: tumbar los enormes logros de la primera democracia supranacional existente en la historia. Vuelvo a la prueba de la lógica: ¿podemos imaginarnos el desarme político y económico en el que quedarían los países europeos y sus ciudadanos frente a la mundialización con una UE debilitada y fracasada? El Partido Socialista Europeo, Jüncker y otros muchos nos hemos posicionado a favor de los eurobonos y, en todo caso, de la compra masiva por el BCE de la deuda de los estados miembros, lo que desarmaría en buena medida los ataques especulativos. Estoy seguro de que más temprano que tarde los eurobonos serán una realidad, como también una Agencia Europea de Calificación de Deuda que nos libre de las maniobras de quienes, de forma oscurantista y no argumentada, se dedican uno y otro día a desestabilizarnos: el último ejemplo, el de Moody’s contra España.

El papel jugado por la Unión en la crisis está provocando que sectores tradicionalmente europeístas estén basculando hacia actitudes crecientemente críticas ¿no corremos el riesgo de enfrentarnos a un crecimiento del euroescepticismo?

Hoy más que nunca el euroescepticismo no tiene sentido, a no ser para los neoliberales, como acabo de explicar. La UE ha sido útil para convertirnos en la zona más libre y más próspera del Planeta. Obviamente, la UE no escapa a la lógica-ilógica del sistema económico. Pero su existencia y desarrollo son instrumentos básicos para poder gobernarla. Por eso, un progresista tiene hoy más que nunca que ser europeísta, federalista incluso. Necesitamos más UE, no menos. Y en ese camino iremos haciendo mejor UE, no peor. El coste de la no-Europa sería terrible. Cuanta más UE, más intervención política en los procesos económicos globales; e inversamente. Puede que hoy lo que venda, lo que está de moda, es ser escéptico y, así, practicar el pesimismo del Siglo XXI. Y que se considere a quien no comparte esa actitud como un panoli, un ingenuo. Pero lo realmente comprometido y útil para las grandes mayorías, para los trabajadores, es pensar en la izquierda como hacían Gramsci y Berlinguer, del que recuerdo muy bien sus escritos de los años 70 defendiendo introducir elementos de socialismo en cada paso dado.

Portugal, Irlanda, Grecia, Reino Unido, Francia, Italia, numerosos nuevos Estados miembros… España. Nunca desde la conclusión de la II Guerra Mundial se habían producido tantos conflictos sociales de forma simultánea en Europa ¿qué lectura hace de esta situación?

Sería ilógico que tales conflictos no se produjeran. No estoy de acuerdo con que nunca se hayan producido: las últimas décadas lo demuestran. Basta con leer a Hobsbawn o a Judt para comprobarlo. La clase obrera europea tiene que movilizarse para defender sus intereses. Es más, su movilización es imprescindible como elemento de equilibrio, es decir, para que los gobiernos, a la hora de adoptar decisiones, tengan muy en cuenta los límites de su actuación, y para que los especuladores financieros sepan que no es tan sencillo, como pueden llegar a pensar sentados antes su ordenador en la City, derrotar al estado del bienestar y pasar página de la economía social de mercado para volver a la jungla desregulada.

En España se están tomando fuertes iniciativas desreguladoras en materia laboral y social para mandar mensajes de confianza a los mercados. Sin embargo, el país más castigado por los mercados internacionales –Irlanda– es el que tiene un mercado laboral más desregulado ¿no resulta un poco difícil de comprender?

El Gobierno de España ha adoptado un plan de ajuste orientado a garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas. Sostenibilidad para mantener el estado del bienestar, no para acabar con él: conviene no olvidarlo ni confundirse. Los fundamentos de nuestro welfare no han sido puestos nunca en cuestión por las decisiones del Gobierno. No es fácil tener que refinanciar la deuda pública, entre otras cosas, para cumplir con los compromisos del estado del bienestar, todos los meses en las condiciones actuales. Sin embargo, los resultados obtenidos por las decisiones del Gobierno en términos de reducción del déficit y de mejora de muchos indicadores macroeconómicos están siendo positivos. Por ello es lógico que los esfuerzos puestos en marcha hayan recibido elogios del Presidente del Consejo Europeo, del Presidente de la Comisión Europea, de los gobiernos de los otros estados miembros o del Presidente Barack Obama. El Gobierno está tomando las decisiones necesarias casi en solitario. Está convencido de que debe tomarlas: teniendo en cuenta la oposición que han generado y los costes en los sondeos, había que tener coraje para hacerlo. Dicho todo esto, sin embargo, creo que es tiempo de pensar que la financiación de los estados europeos a través de la deuda no puede seguir creciendo exponencialmente. La deuda debe ser sustituida por sistemas impositivos más justos y progresivos: esa es una visión no solo de izquierdas, sino de pura eficacia económica. Podemos imaginar lo que hubiera sido todo lo que estamos viviendo con un Gobierno de la derecha. No todos los planes de ajuste son iguales: no es lo mismo el español que el adoptado por gobiernos europeos conservadores. Aquí la alternativa no es abstracta, sino entre un gobierno socialista y un gobierno del PP. Leer el artículo del Sr. Aznar en el Wall Street Journal de hace unos días, en claro perjuicio de los intereses de España, nos devuelve perfectamente a la elección que tenemos por delante.

Y siguiendo con la crisis, desde Alemania se culpa a la periferia europea de derrochadora e ineficiente, poniendo en peligro al Euro y, subsidiariamente, a la propia Unión. Desde diferentes países europeos se acusa a Alemania de imponer políticas diseñadas sólo en su beneficio ¿puede la crisis poner en riesgo la cohesión política existente hasta el momento?

Creo que los gobiernos europeos están tomando decisiones valientes en el marco del Consejo Europeo desde el 11 de febrero, durante la Presidencia Española de la UE y ahora a lo largo de la belga. El último ejemplo de lo que digo han sido los importantes acuerdos del Consejo Europeo de los días 16 y 17 de diciembre. No es justo descalificar a Alemania, como no lo es descalificar a otros estados. Aprovecho para decir algo: en España hace falta más responsabilidad nacional. No por parte del Gobierno, que la tiene que ejercer todos los días y a todas horas. Pero sí por parte de otros actores políticos y sociales. Es increíble cómo a veces somos capaces de ir contra nosotros mismos. Hay ejemplos llamativos. Uno: a veces hay quien llega a utilizar las expresiones insultantes y vejatorias publicadas y popularizadas en medios anglosajones contra países como España, Grecia, Irlanda y Portugal. ¡Es lamentable tal falta de pundonor y confianza en uno mismo, por favor! Otro: olvidar que nuestra economía, hablando de deuda pública y privada, está mucho mejor que los Estados Unidos, el Reino Unido e incluso Holanda, por poner tres casos. Por mi parte, me siento tan orgulloso de la UE como de mi país, que ha conseguido en los 25 años que llevamos siendo miembros de la Unión alcanzar la renta media comunitaria partiendo de un retraso de decenas de puntos y transformarse en uno de los estados más avanzados política, económica y socialmente del mundo.

En estos días se reúne la Cumbre Europea que culmina la presidencia semestral de Bélgica. ¿cómo valora los resultados de este semestre? ¿qué debemos esperar de este Consejo Europeo?

La Presidencia belga ha culminado con éxito su semestre. Lo mismo que lo hizo la Presidencia española. Ambas lo han conseguido, entre otras razones, porque han compartido un programa común (Trío de Presidencias) entre ellas y con Hungría, que recoge el 1 de enero el testigo. Muchas cosas lanzadas o decididas políticamente en el semestre español, como la aplicación del Tratado de Lisboa, mecanismo de gestión de crisis, Servicio Europeo de Acción Exterior, Iniciativa Ciudadana Europea u Orden de Protección de Víctimas de la Violencia de Género, se han culminado jurídicamente en el belga, además de otras iniciativas lanzadas en sus seis meses.



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Es imprescindible contestar a los especuladores con una respuesta doble: afirmar que solo una creciente intervención pública en la economía será capaz de devolvernos la estabilidad y que esa intervención debe tener escala europea, porque las fronteras nacionales no son suficientes en la época de la globalización.

Este mundo globalizado no nos gusta, pero nos gustaría todavía menos si no fuera por la acción de la UE, que está a la cabeza de respetar el derecho internacional, solucionar pacíficamente los conflictos, impulsar la democracia y proteger los derechos humanos.
Contar con un auténtico gobierno económico de la UE nos habría permitido responder a la crisis actual, y a sus causantes y beneficiarios, con mucha mayor eficacia, velocidad y solidez.
Estoy seguro de que también alcanzaremos el objetivo de que se emitan eurobonos y se cree una Agencia Europea de Deuda a tal efecto.
¡Hay que ser ciego para no ver que el objetivo de fondo de los especuladores es debilitar o incluso desmembrar la eurozona! La pieza a cazar no es tal o cual país individualmente considerado, sino la moneda única como tal.
Un progresista tiene hoy más que nunca que ser europeísta, federalista incluso. Necesitamos más UE, no menos. Y en ese camino iremos haciendo mejor UE, no peor.
Es tiempo de pensar que la financiación de los estados europeos a través de la deuda no puede seguir creciendo exponencialmente. La deuda debe ser sustituida por sistemas impositivos más justos y progresivos.
En España hace falta más responsabilidad nacional. No por parte del Gobierno, que la tiene que ejercer todos los días y a todas horas. Pero sí por parte de otros actores políticos y sociales.

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