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Que no te engañen: subir el salario mínimo es (muy) bueno para la mayoría social

Un salario mínimo de 900 euros va a beneficiar de forma directa a más de 2,5 millones de personas mejorando el nivel de vida de las familias de menores ingresos

El Banco de España, el BBVA, la patronal, el PP, Ciudadanos, la prensa de derecha, los economistas neoliberales…, han lanzado una vergonzosa campaña contra la medida más importante del acuerdo logrado por Unidos Podemos con el gobierno: subir el salario mínimo a 900 euros. La línea argumental es que esta subida, sin ninguna duda muy relevante, va a provocar una enorme destrucción de empleo.

En primer lugar, esta afirmación no se sustenta sobre ninguna evidencia contrastable, como después veremos. Pero sobre todo, se olvidan de todos los efectos positivos que tiene la medida, que se pueden sintetizar en una frase: el salario mínimo tiene que servir para asegurar que una persona pueda vivir del salario que gana con su trabajo, porque no puede ser pobre alguien que tiene un empleo.

El salario mínimo es el instrumento más poderoso para combatir tres de los principales problemas que sufre la sociedad española: la desigualdad, la pobreza laboral y el reparto desequilibrado de la renta. La recesión, las políticas de austeridad, las reformas laborales y la devaluación interna agravaron un problema que venía de atrás: el injusto reparto de la riqueza en favor de los beneficios empresariales y en contra de las rentas salariales.

DISTRIBUIR LA RIQUEZA EN FAVOR DE LA MAYORÍA SOCIAL

A partir de 2017 el PIB recuperó el nivel previo a la crisis, pero la remuneración de los asalariados seguía 10.862 millones por debajo de 2008, mientras que el excedente bruto de explotación (los beneficios brutos de las empresas) eran superiores en 33.856 millones de euros.

En 2017 las empresas no financieras ganaron 40.000 millones de euros más que en 2008 y se repartieron 10.000 millones más en dividendos, mientras que los salarios han perdido poder adquisitivo. Por eso necesitamos un salario mínimo de 900 euros, para redistribuir la riqueza en favor de la mayoría social.

El deterioro de los salarios afectó de forma especial a las personas que ya tenían los ingresos más bajos. El 10% de los asalariados con menores ingresos ––el decil 1–– perdió el 20% de poder adquisitivo entre 2008 y 2017. Son 1,6 millones de personas con unos ingresos medios de 642 euros, aunque las que trabajan a tiempo parcial apenas llegan a 464 euros mes. Por culpa de estos salarios tan bajos, el 14% de las personas con empleo en España están en riesgo de exclusión social. Son casi tres millones de personas, a las que hay que calificar como trabajadores pobres, porque teniendo un empleo  no pueden vivir de su salario.

Un salario mínimo de 900 euros va a beneficiar de forma directa a más de 2,5 millones de personas mejorando el nivel de vida de las familias de menores ingresos. Pero también va a servir para impulsar la demanda interna, el crecimiento económico y, por lo tanto, la creación de empleo que se trasladará a un aumento en los ingresos de la Seguridad Social, cuantificado en 1.500 millones de euros.

El nuevo salario mínimo nos aproxima al de países comparables con el nuestro cuando se analiza en valores relativos, esto es, cuando se compara con el salario medio o con el PIB per capita.

En 2017 el salario mínimo de España era apenas el 37% del salario medio, frente al 42% de Alemania, el 46% de Francia o el 52% de Portugal. La importante subida de 2019 lo sitúa en el 47%, en línea con la mayoría de los países de la Unión Europea.

La Carta Social Europea establece que el salario mínimo no debería ser inferior al 60% del salario medio de cada país miembro de la UE

Hay que recordar que la Carta Social Europea establece que el salario mínimo no debería ser inferior al 60% del salario medio de cada país miembro de la UE, lo que equivale, en el caso de España, a más de 1.000 euros en 14 pagas, una cifra que cuantifica el recorrido que aún tenemos por delante en los próximos años.

La última subida es muy importante pero no es ni una ocurrencia ni una irresponsabilidad. En 2017 el gobierno de Rajoy pactó con los sindicatos y los empresarios que el salario mínimo sería de 850 euros en 2020. Por su parte, en marzo de 2018, la patronal y los sindicatos firmaron un acuerdo para que ningún salario negociado en los convenios fuera inferior a 1.000 euros en 2020. En esta senda de crecimiento los 900 euros parecen el paso idóneo.

Por otra parte, ningún informe serio dice que se vaya a destruir empleo, sino que se creará menos empleo, algo completamente diferente. Por ejemplo, el informe de la AIREF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal) estima que en 2019 se crearan 40.000 puestos de trabajo menos de los inicialmente previstos. Para que se entienda bien, en las previsiones del cuadro macroeconómico figura la creación de 380.000 empleos a lo largo del año y ahora ––si se cumplen las estimaciones de la AIREF–– se crearan 340.000. En cifras totales, el coste es un 0,2% del empleo. A cambio, el 15% de las personas asalariadas tendrán un salario mucho mejor. Aún más, mientas que lo primero es una hipótesis, lo segundo es una realidad que disfrutan millones de personas desde el día 1 de enero.

Por último, no es cierto que los datos de la afiliación a la Seguridad Social del mes de enero reflejen pérdida de empleo por el aumento del salario mínimo. Más bien todo el contrario, porque la caída de la afiliación en 2019 fue la misma que la del mes de enero de 2016, año en el que el salario mínimo subió tan sólo el 1%. Ampliando el foco, la caída de la afiliación en enero de 2019 está por debajo de la media de la última década.

En síntesis, aumentar el salario mínimo beneficia la mayoría social, es perfectamente asumible por las empresas, sirve para reequilibrar el reparto de la riqueza, va a impulsar la economía y el empleo, mejora el bienestar, corrige la desigualdad, combate la brecha salarial de género, protege las personas más jóvenes y aumenta los ingresos de la Seguridad Social. Pero lo más importante: las personas que lo cobran podrán vivir con su salario.