ACUERDO NEGOCIACIÓN COLECTIVA 2018-2020

¿Por qué es bueno el preacuerdo entre sindicatos y patronal?

Acabar con la devaluación salarial con incrementos salariales por encima del IPC es una necesidad social y económica. (Texto completo del acuerdo)

Foto CCOO
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La mitad de las personas asalariadas ingresaron menos de 14.000 euros en 2016

El preacuerdo entre sindicatos y patronal es un necesario paso adelante para dejar atrás la devaluación salarial y, sobre todo, combatir la pobreza laboral. Al establecer en 14.000 euros anuales el salario más bajo en un convenio colectivo, el acuerdo pone como prioridad aumentar más los ingresos de los que menos cobran, que son precisamente los que más poder adquisitivo perdieron en la crisis, los más precarios.

Una de las consecuencias más perversas de la precariedad generalizada del mercado de trabajo en España ha sido el deterioro de los salarios. En el fondo eso es lo que estaba en el centro de la estrategia: reducir los costes laborales para aumentar el beneficio empresarial. O dicho de otra forma, provocar una redistribución injusta de la riqueza en contra de las rentas del trabajo y a favor de las rentas del capital.

El mercado de trabajo en España dejó de ser una segmentación dual entre fijos y temporales para ser una realidad fragmentada en las múltiples y variadas situaciones de precariedad. Por eso el análisis de la evolución de los salarios con los métodos habituales pierden capacidad de medición que ganan otros informes, como el que elabora cada año la Agencia Tributaria con el nombre de Mercado de trabajo y pensiones en las fuentes tributarias, que permiten aproximarse con mayor precisión la realidad salarial del país.

Este informe de la Agencia Tributaria no es una estadística con encuestas a una muestra reducida de la población, sino que es una investigación censal basada en la Declaración Anual de Retenciones, el modelo 190. En 2016, último año disponible, tiene los datos individuales de 17.888.220 personas que obtuvieron ingresos como asalariadas, la mayoría como fuente única y en otros casos también como pensionistas y/o desempleados en una parte del ejercicio.

Es muy importante señalar que, al ser los ingresos reales, están reflejadas las condiciones laborales de las personas, porque además del salario o la jornada, sus ingresos también están determinados el número de meses o días que realmente han trabajado. Por eso el informe es el resultado tanto del nivel salarial como de la temporalidad y la rotación laboral.

En 2016 en España 8.417.764 personas tuvieron ingresos inferiores a 1.000 euros en 14 pagas, lo que significa que el 47% de las personas asalariadas no llegaron a la categoría de mileurista, situándose muy cerca del umbral de riesgo de pobreza o exclusión social.

Esto significa que más de la mitad de las personas asalariadas ingresaron en 2016 una cifra inferior al nuevo salario mínimo de convenio ahora pactado. Es cierto que una parte se corresponde a personas que trabajan a tiempo parcial pero otra parte significativa de personas con bajos salarios se verán muy beneficiadas por el acuerdo.

La precariedad laboral se traslada a la pobreza laboral, porque se traduce en salarios bajos, en trabajos de corta duración, rotando entre el paro y el empleo precario, con trabajos (y salarios) a tiempo parcial

Bajando un peldaño en la escalera de la precariedad están los que se pueden definir como trabajadores pobres: personas que, a pesar de tener un empleo, no pueden vivir de forma independiente. En 2016 fueron 6.083.517 las personas que ingresaron menos del salario mínimo interprofesional, que en ese año era de 655,20 euros en 14 pagas.

La precariedad laboral se traslada a la pobreza laboral, porque se traduce en salarios bajos, en trabajos de corta duración, rotando entre el paro y el empleo precario, con trabajos (y salarios) a tiempo parcial.

Pobreza laboral que afecta de forma especial a las mujeres, porque el 54% tiene unos ingresos declarados inferiores a 1.000 € frente al 41% de los hombres, trece puntos de diferencia salarial que refleja el conjunto de discriminaciones laborales que sufren las mujeres, empezando por una mayor temporalidad y, sobre todo, por una  parcialidad mucho mayor.

Los salarios son la fuente fundamental de ingresos del 47% de los hogares (las pensiones y las prestaciones por desempleo, que no son más que salario diferido, de otro 40%) y por lo tanto son determinantes en el bienestar de la mayoría social pero también en la evolución de la demanda interna, que es la componente fundamental del crecimiento económico.

Acabar con la devaluación salarial con incrementos salariales por encima del IPC es una necesidad social y económica y por eso el preacuerdo para el AENC 2018/2020 es un paso en el camino adecuado que debe venir acompañado de un cambio profundo en la norma laboral para combatir la precariedad.