lunes. 15.04.2024
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Vicente I. Sánchez. @Snchez1Godotx

Aunque aún falta un año para celebrar el centenario del nacimiento de Carmen Martín Gaite, ya empiezan a llegar los primeros trabajos que buscan homenajear la vida y obra de quien fuera la creadora de libros tan emblemáticos (y capitales) como "El cuarto de atrás", "Caperucita en Manhattan" o "Entre visillos". Un ejemplo es el encargo que el Centro Dramático Nacional le hizo a la compañía teatral La Tristura para crear una obra que reflexionara sobre esta autora salmantina.

El resultado es "Así hablábamos", una obra muy libre que, aunque gira en torno a la ganadora del Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1988, cuenta una historia mucho más amplia y ambiciosa de lo que podríamos esperar inicialmente. Así, La Tristura, dirigida por Violeta Gil, Itsaso Arana y Celso Giménez, nos narra las peripecias de un grupo de música que, tras la trágica muerte de uno de sus miembros, decide reunirse nuevamente para componer y superar sus heridas del pasado mediante la música. Un recurso narrativo para que esta compañía, que tiene en su haber obras como "Nacimos para ser estrellas" (2008) o "Materia Prima" (2011), reflexione sobre la muerte y el duelo, y busque ser un alegato a la importancia de las conversaciones como elemento catártico y transgresor. Así se explica en el texto que acompaña la obra cuando dice: Carmen Martín Gaite pasó toda su vida buscando a su interlocutor, alguien con quien poder seguir pensando, escribiendo, imaginando. Le obsesionaba el lenguaje de las personas, buscaba incansablemente esa conversación siempre anhelada. Sus personajes buscaban comprensión, buscaban amor, exponían su fragilidad y su fortaleza, trataban de sentirse menos solos.

De esta manera, nos encontramos en escena con un grupo de música que se hace llamar "Nubosidad Variable" (en homenaje a una de las novelas de Carmen Martín Gaite), que triunfó en el pasado gracias a la publicación de un disco con canciones basadas en letras de esta escritora. Tras la muerte de Sofía, la líder del banda, nos encontraremos con este grupo tratando de volver a sacar un álbum y buscando procesos creativos que les permitan crear nuevos temas.

Un punto ya de entrada interesante, pero que la dirección y dramaturgia de Violeta Gil, Itsaso Arana y Celso Giménez buscan llevar un paso más allá, transformando el Teatro Valle Inclán en una especie de estudio de grabación por el que los protagonistas se moverán de forma libre y en el que irán surgiendo distintas conversaciones que buscan reflexionar sobre el sentido de la vida. Para ello, Marcos Morau ha creado un espacio en pasarela que ha obligado al teatro a repensar todo su espacio, recolocando el patio de butacas y situando al espectador de una manera muy original respecto a la acción, con actores que unas veces podrán verse de espaldas y otras de frente, y con una gran urna de cristal que transforma en no pocas veces la obra en un concierto de música.

'Así hablábamos' se presenta como un imprescindible para cualquier amante del teatro y de la escenografía

En este sentido, es importante entender que "Así hablábamos" no es simplemente una obra más. Con un presupuesto cercano a los 240.000 euros, esta producción se define como un evento especial, que más allá de lo logrado o acertado de su contenido, se presenta como un imprescindible para cualquier amante del teatro y de la escenografía.

No obstante, poco importaría la escenografía si esta obra no tuviera un gran reparto, ya que se trata de un drama que juega todas sus cartas a la naturalidad de las actuaciones y al carisma personal. En este sentido, el joven reparto encabezado por Anaïs Doménech, Ede, Teresa Garzón Barla, Gonzalo Herrero, Fernando Jariego, Belén Martí Lluch, Eva Mir y Marcos Úbeda se muestra muy acertado y transmite muy bien esa sensación de juventud en crisis emocional y generacional. Son jóvenes llenos de creatividad y fuerza, pero también de la arrogancia y osadía propias de la juventud. Y aunque es evidente que les quedan muchas tortas por darse en la vida, la sensación que desprende la obra es de autenticidad y honestidad. Como bien se dice durante un momento de la obra, son jóvenes en duelo que están a punto de partirse.

En este sentido, resulta interesante escuchar a estos jóvenes en su proceso de duelo, con conversaciones y momentos llenos de belleza y emotividad. La Tristura nos abre una ventanita (casi somos unos voyeur) por la que podemos espiar a este grupo de amigos y ver cómo se comportan entre ellos y cómo las nuevas generaciones hablan, se expresan y perciben temas tan variados como el sexo, el duelo o la muerte. La obra está pensada para que adentremos en su intimidad y en el día a día de estos amigos, con algunas conversaciones tan sutiles como intrascendentes. Y este es precisamente el punto débil de "Así hablábamos", ya que tiene momentos algo tediosos que no acaban de funcionar y en los que se habla mucho, pero se aburre más.

Donde sí funciona muy bien la obra es en lo musical, con temas llenos de ritmo que transforman la obra en un gran concierto. Es muy acertada la elección entre el reparto de la cantante Ede (Elena Villa) que toma el control del grupo y ofrece momentos muy interesantes con su bonita voz. Es precisamente en estas canciones donde se rinde más homenaje a Carmen Martín Gaite con temas que dan vida a títulos de la escritora como "Lo raro es vivir", "El libro de la fiebre" o "La reina de las nieves".

Sin entrar en detalles, diremos que la obra ha recurrido además a la inteligencia artificial para clonar la voz de Carmen Martín Gaite, incorporándola en la parte final de una manera tan creativa como osada. Finalmente, con sus errores y aciertos, "Así hablábamos" es una obra que no deja indiferente y que se percibe como un regalo para todos aquellos amantes del teatro.

“Así hablábamos” puede verse hasta el 24 de marzo en el Teatro Valle Inclán del Centro Dramático Nacional.

'Así hablábamos': La Tristura rinde homenaje a Carmen Martín Gaite