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Los comienzos del football, a pesar de las apariencias actuales, no fueron fáciles. No lo fueron ni para los hombres, así que imaginemos el infierno creado por el sexo fuerte contra las primeras mujeres españolas de la historia que decidieron emular las hazañas del macho, gracias a la iniciativa de un hombre, el madrileño Francisco “Paco” Bru Sanz (1885-1962), uno de los personajes más importantes que tuvo el balompié español (F. Arrechea y E, Scheimer, Cuadernos de fútbol, 2015).
Contra el football
Desde sus inicios, el football no fue bien recibido por la sociedad bien o mal pensante. Hubo manifestaciones adversas que adquirieron unos tonos tan variopintos como violentos. Dar patadas a una cosa redonda y ser perseguida esta cosa por veintidós hombres hechos y derechos no parecía ser una muestra muy preclara de la inteligencia del homo sapiens.
También, tuvo muchos defensores desde su inicio. Menos que detractores. Y aquí no cabe utilizar como pretexto la ideología o el pensamiento político, porque no serviría para explicar dicho fenómeno. Ante el football doblegaron su masa craneal todas las tendencias del pensamiento y de la ideología habidas y por haber. Tanto los conservadores como reaccionarios, los monárquicos como los republicanos, creyentes como ateos, vegetarianos como carnívoros, sucumbieron a su encanto viril y machista. El fútbol, en su origen, fue el reducto inexpugnable de los machos. La mujer, aunque intentó meter baza en él, sería rechazada con modos nada educados ni respetuosos. Más bien lo fue con violencia desatada y con argumentos dignos del hombre de las cavernas.
Pero comencemos con lo más sorprendente. Con el abierto rechazo por parte de los hombres del juego que popularizó Inglaterra a finales del XIX.
La Correspondencia Militar
En España, una de las advertencias más tempranas contra el fútbol data de 1897. La suscribió el periódico La Correspondencia Militar, lo que tiene su retranca irónica. Los militares condenando el football apelando a su violencia. Ahí es nada.
En sus páginas, en el epígrafe Mirada mundo, se lee la siguiente noticia con su correspondiente hecho: “La cámaras de Georgia acaban de votar una ley prohibiendo bajo pena de fuertes multas el juego del football. El Consejo municipal de Chicago y diversas autoridades de los Estados Unidos, estudian también medidas contra ese juego peligroso. Este año, tres campeones han resultado muertos en la pista, trece han quedado inutilizados para toda su vida y más de cientos de heridos graves”.
Y una conclusión sin desperdicio irónico: “En una palabra, que el football, juego inglés, es la más brutal y la más expuesta de todas las públicas diversiones, más que nuestras famosas corridas de toros, y más aún que los salvajes combates de boxeo , no obstante, uno y otro juego, invención de esa tan culta Inglaterra que no encuentra brutalidad que no eleve a la categoría de sport, con tal que pueda servir para vigorizar los músculos ” (13.11.1897).
Pero ni siquiera las primeras catástrofes del football en los estadios generaron un discurso contra su práctica como la manifestada por La Correspondencia. En 1900, en “san Francisco de California se hundió una grada en un match de football, resultando 12 muertos y 40 heridos” (Heraldo de Madrid, 3.12.1900).
Dos años después, le siguió la acaecida en el parque de Ibrox, próximo a Glaswov ocurrida el día 5 abril de 1902, en un partido que enfrentó a las selecciones de Escocia e Inglaterra. Parte de una tribuna se desplomó encima de los cientos de hinchas que apoyaban como locos a sus respectivas selecciones. Murieron 22 personas y 413 quedaron heridos de gravedad, a los cuales el parte médico no les daba un día más de vida. Paradójicamente, el partido continuó hasta que sonó el pitido final. (El Imparcial, 7 y 8.4.1902; Caras y caretas, 10.5.1902).
Las noticias de las catástrofes fueron continuas, pero no hubo voz autorizada que pidiera la desaparición del football. Ni siquiera la exigieron quienes padecieron tales consecuencias y que habían sobrevivido a la hecatombe.
Opinión de los galenos
Llamaron la atención sobre los peligros físicos y mentales que acarreaba. Junto con ellos, citaban aquellos frutos negativos de un deporte que no conocían bien y que, lejos de contener valores y vitaminas espirituales como los juegos tradicionales podían deparar actuar en quienes los practicasen serios contratiempos. Situación que generó la habitual dialéctica habitual entre contrarios, la clásica discusión entre antiguos y modernos.
La revista argentina Caras y caretas afirmaba que “hay también algunos, más o menos ingleses, que tratan de divertirse y refrigerarse en esta época, entregándose a una partida de football, en pleno campo, bajo los rayos y centellas del sol, sin que dejen de tener su público, pequeño o numeroso, que sigue ávido las peripecias del match, hasta no ver descalabrados algunos de los jugadores” (8.12.1902). Vamos, que era como decir que “un partido de football sin jugadores descalabrados no tenía gran interés”.
Ciertos médicos recalcaron los efectos dañinos del football. Y la verdad, no se sabía muy bien por qué razón lo hacían, toda vez que la mayoría de las lesiones que sufrían los futbolistas eran una fuente de ingresos. Gracias a estas lesiones avanzaron sus conocimientos quirúrgicos, muchas de ellas inéditas en sus anales, no sólo del sufrimiento humano, sino en la historia clínica de muchos de esos médicos. Hasta ahora, las guerras y las pestes habían sido las únicas fuentes en proporcionar a la clase médica lesiones hasta la fecha desconocidas. No parece una afirmación exagerada si se afirma que, en los albores del siglo XX, el football se convirtió en un gran suministro de lesiones para el vademécum del medico. De ahí se derivó el apotegma, nunca desmentido, de que los grandes conocimientos del cuerpo humano sangran.
Clavículas, costillas y tibias
Un documento que reflejó ese interés médico por las lesiones futbolísticas se publicó en 1905 donde se afirmaba que “en relación con los accidentes y traumatismos observados por los doctores Nichols y Smith, con referencia al curso de 1905 en la universidad de Harvard, figuran 145 jugadores de football que han sufrido lesiones tan graves como fracturas de las clavículas, de las costillas, de la tibia, de las muñecas, huesos de los pies y manos y de la columna vertebral; luxaciones de la espalda, del codo, de la clavícula y de las vértebras. Además otros muchos sufrieron torceduras o rupturas de músculos o de ligamentos, heridas en la nariz y orejas, conmociones cerebrales, etc.”
Se llegó a sostener que “en los colegios y gimnasios, los triunfos del provecho corporal no compensaban el número de cansados y lisiados, siendo de temer que esta manía gimnástica no tendría otros resultados finales que la de sustituir con la fatiga física el exceso de trabajo intelectual”.
Tampoco vieron con buenos ojos que el football se practicase en la adolescencia, pues se afirmaba que “en período de crecimiento, el abuso de ejercicios violentos nunca deja de provocar perturbaciones generales y locales que puedan, al repetirse, ser causa de lesiones permanente. El corazón, sobre todo, en esta edad no soporta bien los efectos de un trabajo excesivo. En las carreras de a pie o después de un match de football se ha visto que niño de 12 a 15 años caían desfallecidos, sin aliento y sin voz, presentando durante muchas horas todos los síntomas de la dilatación aguda del corazón”.
Finalmente, se hablará de “patología deportiva”. Y para corroborarlo añadían el dato siguiente: “la estadística ha reunido 128 casos de muerte sobrevenida en el curso de un año como consecuencia de los sports atléticos entre ellos el del football” (Diario de Navarra, Crónica científica. Dr. Ox. 2.1.1907).
En fin, si no se dijo que la práctica del football traería la ruina de un país y sus colonias, faltó poco. Pronto, sin embargo, se contemplaría como una de las causas más importantes en el enfrentamiento entre naciones, ciudades y pueblos. Unamuno, que tuvo un hijo futbolista en los albores del fútbol salmantino, fue uno de los profetas en vaticinar esta hecatombe universal en varios de sus artículos sobre el tema. El futbol solo servía para fomentar las rivalidades entre los pueblos, afirmación que los de la revista Stadium, intentaron rebatir diciendo que eran menos que las existentes merced a los manejos políticos. Cada burro con su alforja.
En España, también los hubo que vieron en el football la destrucción de los juegos tradicionales que venían practicándose en el país. La protesta fue temprana. En 1907, la publicación titulada Gaceta de Instrucción, en su sección “Revista de Revistas”, reproducía un fragmento del Boletín del Magisterio de Orense, en el que se hacía una defensa “de los juegos tradicionales como del salto, del marro, justicias y ladrones, del toro (sin animal), los cuales desarrollan una agilidad, soltura y bien proporcionada masa muscular con un coeficiente de lesiones y responsabilidad morbosa menor que el criquet, el Lawn Tenis y el football” (2.10.1907).
El periódico El Imparcial, en 1901 no se anduvo con circunloquios y sentenciaría: “Los ingleses con su grosero y peligroso football y con su estúpido cricket no dan tampoco grandes señales de elevación intelectual.” ¡Ah, la elevación intelectual!
Por su parte, la revista Caras y Caretas, con su habitual tono sarcástico dirá: “Hay también, más o menos ingleses, que tratan de divertirse y refrigerarse en esta época, entregándose a una partida de football, en pleno campo, bajo los rayos y centellas del sol, sin que dejen de tener su público, pequeño o numeroso, que sigue ávido las peripecias del match, hasta no ver descalabrados a algunos de los jugadores” (18.12.1902).
Polémica nunca superada
En ocasiones, los periódicos con buen criterio daban una de cal y otra de arena. Eso sucedió en La Voz de Navarra, periódico en la órbita del Partido Nacionalista Vasco. El psiquiatra César Juarros, del que ignoramos si en alguna ocasión dio patadas al esférico, se despacharía a gusto defendiendo unas tesis que, sin desarrollarlas ni ejemplificarlas con casos concretos, dejaban al lector tambaleando con el rigor mortis caso de dedicarse al football, entendido este como actividad profesional y no como mera distracción o diversión ocasional.
Aseguraba, por ejemplo, que “el deporte es causa de deserción del verdadero trabajo”; “infinidad de jóvenes abandonan el taller o la oficina para intentar la aventura de vivir del deporte”: “el deporte rebaja el valor del trabajo manual intelectual, trasportándonos a una época semibárbara”; “el deporte va formando periódicamente a una raza de inactivos los que se entusiasman mirando”. Concluía que “los deportistas necesitan del público como el morfinómano de la morfina”.
El doctor Juarros aseguraba que “el deporte desnivela, hipertrofia desigualmente, especializa muscularmente el cuerpo. El daño esencial nace de esta especialización, lo que permite que practiquen deportes, sujetos violentos, enfermos y predispuestos” (3.1.1926).
La contestación se dio en el mismo periódico, bajo la firma de Fernando López Martin. El título de su artículo era muy expresivo: “Defendamos al deporte de los ataques más o menos encubiertos de sus mortales enemigos”.
Recordaba que en épocas pasadas los “sabios del lugar” se quejaban de que “ la juventud se encerraba en garitos, tabernas, billares, cafés, prostíbulos y gimnasios con locales antihigiénicos”, y ahora que buscaban “la salud física bajo la bóveda del cielo, al aire libre”, aparecían “los mismos médicos y pedagogos poniendo el grito en las nubes clamando por la implantación de una severa disciplina que coarte los anhelos regeneradores de tantos jóvenes deseosos de vivir libérrimamente sin férulas inoportunas y atrabiliarias”. El articulista no dudaba que tal prohibición era “matar y prohibir el libre albedrío de nuestra juventud. De convertirla en grey estabularia. El deporte camina a pasos agigantados hacia una democracia de libres voluntarios”.
En tono irónico sostenía que los médicos constituía una clase a la que había que dar de comer aparte. Una ambulante contradicción y un incordio, pues estaban todo el santo día metiendo miedo, con “que si el corazón, que si el hígado, que si los riñones, que si escupo torcido, que si fuma en pipa, que si le produce bilis la mantequilla de Soria, que si se llamara Remigio, que…” En definitiva, tenían que desengañarse y ser más realistas, porque “la juventud se ha regenerado por si sola sin necesidad de fichas sanitarias, ni pedagogismos antipáticos y enervadores. El deporte es bello porque es libre. Si no lo fuera, dejaría de serlo. El colmo es que haya gente que dice que no se lee porque el deporte es enemigo de la cultura intelectual” (9.1.1926). Y bello era, también, el fútbol, que era, en realidad, el deporte contra el que realmente bramaban ciertos médicos, entre ellos el doctor Juarros.
La polémica no cesó, En 1930, el periódico La República arremetería contra el futbol entendiendo este como actividad profesional. Generalizaba diciendo que “la juventud está embebida en los toros.” y ser preguntaba si “era conveniente que los jóvenes jugaran al fútbol”. Respondía que “como ejercicio gimnástico, sí, pero como profesional, no. Al serlo, nuestro jóvenes no se preocupan de las ciencias, ni de las artes, ni de la política. Es el deporte que más divide a los pueblos, pues de todos es sabido que desde que está en auge este deporte, pueblos que, antes se apreciaban, hoy se odian; y a nadie se le oculta los desagradables incidentes que se desarrollan en los partidos. El deporte como diversión es conveniente; como profesional, pernicioso”. (12.7.1930).
Un dualismo maniqueo que no parece que se haya superado hoy día.
El football femenino en entredicho
Si el football masculino despertó críticas en distintos sectores de la población, la polvareda levantada contra la práctica del football femenino sería el apocalipsis final. La naturaleza de estas críticas no dejaron de lado ningún aspecto que pudiera dejar en ridículo, no sólo la práctica del fútbol femenino, sino la imagen de la mujer, reducida a objeto decorativo o, sencillamente, recordándole sus obligaciones sacrosantas que la tradición del patriarcado le tenía asignadas desde el Diluvio Universal. Y, por supuesto, no se puede dejar de pensar en el ridículo de quienes maldijeron el football femenino y vaticinaron que nunca triunfaría. No eran, desde luego, hijos ni nietos de Nostradamus. Porque no acertaron ni una.
Abramos el apetito con la reflexión debida a un sesudo periodista que en 1907, donde, además de sostener un alegato contra el fútbol femenino inglés, arremetía contra la mujer inglesa, concluyendo que, como la personificación del feminismo por las antiguas abadesas de los conventos, ninguno.
“Moralmente este movimiento feminista no es muy satisfactorio: dado el carácter esencialmente práctico de los ingleses, les parecería un crimen que la mujer, dotada como el hombre de brazos y de fuerzas para jugar al football no contribuye directamente y con su salario al levantamiento de las cargas familiares. Y claro es que quien necesita hacer vida de fábrica raras veces ofrece además la cualidad de una buena madre. La mujer anglosajona tiene poca imaginación y cree justo adquirirla con la lectura de novelas y hasta procurándose si es preciso la excitación alcohólica. Tales mujeres son una sombra cómica de aquellas tradicionales abadesas que personificaron el feminismo” (Diario de Navarra, 27.8.1907).
La abadesa representante paradigmático del feminismo. Toda una estampa.
Por lo habitual, los hombres defendían la educación física de la mujer, considerándola un “valor extraordinario para la raza”. Sin embargo, en la revista Heraldo deportivo, se decía que “la mujer moderna es completamente cerrada a las necesidad de la vida física. Toda sentimientos, cultivada esencialmente desde el punto de vista moral y religioso, siente especialmente entre nosotros, un significativo desdén por cuanto signifique ejercicio corporal. Sería de desear que su espíritu evolucionase en este sentido y ver a nuestras mujeres imitar en esto a las rubias de la rubia Albion” (25.1.1921).
Heraldo lamentaba, que en una época con el avance científico experimentado, que “la educación femenina se mantuviera en el mismo plan o poco más que en la Edad Medida, o sufra modificaciones como en estos últimos años, de una pretendida emancipación que tiende con craso y grave error a separarla de su santo y primer destino de esposa y madre”.
Por si fuera poco, remataba su reflexión, si es que a estas flatulencias se las podría calificar con semejante título, de este modo: “El pretendido temperamento neuropático de la mujer, sus enfermedades, su irritabilidad, sus cóleras, su inestabilidad, todo lo que ha en ella de fantástico e incomprensible no es, en realidad, otra cosa que la expresión de sus desequilibrio. ¿No será todavía tiempo de transformarlas en seres fuertes, sanos y equilibrados?”.
Importante matiz. “De transformarlas,” no de que ellas lo hicieran siguiendo los consejos de madame Motu Proprio.
Primer equipo femenino inglés
Si hacemos caso a las hemerotecas, constatamos que el primer equipo femenino que comenzó su andadura footbalística data de 1881, disputado en Edimburgo. Luego, le siguió el proyecto British Ladie’s Football Club, surgido en Londres en 1895 y que tuvo repercusión internacional. Su impulsora aparecía con el alias de Nettie Honeyball. En una interview defendía que la finalidad de aquella exhibición sportiva era “demostrar al mundo que las mujeres no son las criaturas ornamentales e inútiles que los hombres han imaginado” (Véase Gil, A. El origen: Nettie Honeyballa y el primer partido hace 125 años, 2020).
Tras el final de la I Guerra Mundial en Inglaterra surgieron equipos femeninos formados por grupos de mujeres que trabajaban en las mismas fábricas y pertenecían a los mismos gremios o asociaciones. El más conocido fue el equipo que surgió de la fábrica de municiones AEC en Londres. He aquí una de sus fotos más emblemáticas.
Marañón y el deporte femenino
Tardarían unos cuantos años en que esa iniciativa inglesa calara en el territorio español. Quienes así lo dictaminaron fueron hombres quienes entendían que la violencia consustancial al football no era ni propio, ni apto, para el espíritu femenino.
Años más tarde, hubo quien, echando mano de unos supuestos conocimientos científicos del “hecho biológico de la mujer”, consideró que el football era contraproducente para las féminas y sus funciones de reproducción, y, por tanto, un atentado contra la mejora racial. Antes de que lo dijera el nazi Vallejo Nájera, lo proclamó el doctor Gregorio Marañón, médico de Alfonso XIII, quien sostuvo la idea general de que “el deporte enfermaba la feminidad de las mujeres”. En su estudio de 1926, Sexo, trabajo y deporte, sostenía Marañón: “Esta (la mujer) no sólo no tiene tiempo, si es como debe ser, teóricamente, fecunda y multípara, durante los años mejores de su vida, para otra cosa importante que para gestar y criar hijos; sino que, además, su organismo no tiene, en condiciones habituales, aptitud para la lucha con el medio, que podemos llamar para entendernos brevemente ‘actuación social’.
Esto como anticipo. Luego añadía:
“El deporte es originalmente una actividad masculina, y sólo en épocas muy tardías de la evolución humana la mujer normal, no la de excepción, se hace deportista. Y es que la verdadera feminidad, para qué repetirlo, está en otro lado: La mujer corriente pasa por los deportes como un meteoro, mientras es soltera o mientras no la ocupan demasiado los cuidados de la maternidad. Entonces la feminidad verdadera se impone y la mujer deja sus hábitos deportistas, que son tan varoniles en el sentido de la actividad como en el de la indumentaria. En el deporte, el papel que pudiéramos llamar fisiológico de la mujer es..., el de espectadora; papel, ..., no pasivo y accidental, como pudiera creerse, sino lleno de transcendencia directa.” De transcendencia directa. Ya.
Pero digamos que, aunque parezca asombroso, las voces discordantes de principios de siglo contra el fútbol femenino apenas se hicieron notar. En parte, ya se ha dicho la razón: hasta 1914 ese fútbol no existió. ¿Y qué sucedió cuando esto ocurrió?
Primer partido de las Spanish Girl's Club
Según las hemerotecas de distintos medios, en especial La Publicidad, El Diluvio, El Poble Catalá y Mundo Deportivo, la unanimidad fue total: el primer partido de fútbol femenino que se jugó en la Península ibérica lo fue el 9 de junio de 1914. Y sucedió en Barcelona. Un mes después, el 28 de julio, estalló la Primera Guerra mundial.
Se jugó en el campo del R. C. Español. Y lo protagonizó el denominado grupo de las Spanish Girl's Club, formado por las siguientes jugadoras: Esperanza Binode, Dolores Bonfis, Emilia Calvo, Narcisa Colom, Pilar Carratalá, Concha Ferrer, Presentación García, Leocadia Guerra, Emilia González, Rosita Just, Josefa López, Natividad Miquel, María Palermo, Emilia Paños, Juanita Paños, Mercedes Queralt, Clotilde Rodríguez, Paulina Sormejean, María Jesús Almó, Dorotea Alonso, Mercedes Azul.
La iniciativa de la formación de este equipo se debió al madrileño Francisco Bru Sanz, Paco. De él se cuenta que en los previos de la selección de las jugadoras y, ante la presencia de sus padres, madres y maridos de algunas de ellas, dijo: "Si ustedes creen que debajo de ese caparazón que van a usar para jugar voy a permitir que lleven camiseta, camisa, corsé y todas esas cosas están equivocadas... No permitiré que lleven más ropa interior que una prendas muy finas con arreglo a las exigencias de la higiene. ¡Ah! y después de los partidos estarán obligadas a ducharse”.
¡Ducharse! ¡Exigencias de la higiene! Casi nada en una época donde las duchas no se prodigaban en los domicilios particulares.
El primer partido lo jugó este grupo de muchachas, dividido en dos equipos: el primero, se llamó Monserrat y el segundo Giralda; en honor del Monasterio catalán y de la Catedral de Sevilla, respectivamente.
El partido no pasó desapercibido. Las crónicas de los periódicos de este primer partido, a excepción de Mundo Deportivo, exceptuando frases inapropiadas que transpiraban un machismo cavernario, centradas en aspectos superficiales, pero morbosos, de la vestimenta femenina, no serían tan agresivas como las que vinieron años después. Ni marimacho, ni virago, aparecieron en dichas crónicas, como fue lo habitual a la hora de reflejar las crónicas de los partidos de futbol jugados entre inglesas, francesas y alemanas.
Crónica de Mundo deportivo
Su artículo se tituló: “Las niñas futbolísticas”. Y su contenido decía:
“Anteayer, en el campo del “Español”, jugóse el primer partido de futbol entre representantes del sexo débil, que en dicho día se parangonaron con el fuerte.
Este partido, cuyos beneficios se destinaban a favor de la Federación Femenina contra la Tuberculosis, era, por su naturaleza, esperado con cierta espectación (sic), siendo presenciado por un público regular y por el capitán general de la región, que acudió con su bella hija Carmen.
Las jugadoras estuvieron a la altura que les correspondía, notándose en el comienzo del encuentro bastante azoramiento, que fué desapareciendo hacia el final, en el que el bando “Giralda”, que lucía jersey rojo, consiguió apuntarse dos goals por uno que en la primera mitad entró el Montserrat , que lo ostentaba blanco”.
A pesar de este inicio nada afrentoso, el remate final de la crónica dejaría emerger el fondo machista de quien la suscribía, diciendo:
“Esta primera actuación de la mujer en el viril fútbol, no nos satisfizo, no sólo por su poco aspecto sportivo, sino que también porque a las descendientes de la madre Eva les obliga a adoptar tan poco adecuadas como inestéticas posiciones, que eliminan la gracia femenil".
Crónica de El Poble Catalá
Sin título y en catalán sostenía:
“Ahir tingué lloc en el camp del R. C. D. Español un partít de foot-ball entre dos teams de senyoretes amb els nombs de Giralda i Montserrat. Aquestes simpàtiques equipiers practicaren durant 45 dies constants entrenaments en el camp del T. B. H. Després que´l senyor Brú els hi donà liçons duran 11 dies i tres conferencies theòriques. A les 5,15 s´alinearen els equips a les ordres d´en Brú”.
Vienen las alineaciones que dejé constancia en líneas anteriores. Luego prosigue: “En el primer temps els blancs marquen un goal a consecuencia d´un penalti qu´es tirat per el mitg centre d´un magnific shot. En el segón temps els vermells marquen dos goals, quedant per lo tant 2 a 1 a favor d´aquestes.
En resúm un partit bastant bonic sobre tot en la segona part, en qu´es feren per ambdos bàndos algunes jogades magnifiques. En l´equip blanc, es distingiren el migt centre que jogà admirablement, l´extrem dreta i la portera, y i dels vermells l´interior drera y l aportera. El pròxim dijous tindrà lloc el según partit en el mateix lloc y començará a les cinc de la tarde” (El Poble Catalá, 10.6.1914)
Crónica de El Diluvio
El periódico republicano afirmaba:
“En el campo del R. Club Deportivo Español debutaron ayer los equipos de señoritas que bajo el nombre de Spanish Girl's Club ha entrenado el conocido footballista señor Bru durante 40 días en el campo del T. B. H. Las debutantes repartidas en dos once titulares, Monserrat y Giralda, se presentaron correctamente vestidas de pantalón bombacho, blusa y media alta. El problema principal en la indumentaria femenina, el peinado, lo resolvió cada cual a su manera, si bien resulta como más práctico, cortado a la romana.
Las footballistas demostraron en general haber aprovechado las lecciones del entrenador, teniendo en cuenta los pocos días que han empleado, hicieron mucho más de lo que era de esperar.
La impresión producida por el partido es que el sexo femenino no permite las carreras rápidas que exige el juego: en cambio, si se adiestran en la combinación y el driblaje podrán lograr un juego que no dejará de tener su sello peculiar.
Notóse cierto mayor dominio en la defensa izquierda de ambos equipos y las interiores derechas también demostraron conocer el secreto de hacer goals.
No se marcó ningún offside ni de los que hubo la mar. Deben evitarse en las melees empujarse con los brazos y no tener miedo a la pelota cuando va directa al pecho, pequeños detalles que, indudablemente, dada la inteligencia del señor Bru, se corregirán en lo sucesivos partidos. El propio señor Bru actuó de referée.
Terminó el partido con el resultado de 2 a 1 favorable al Giralda.
Las señoritas han sido contratadas para jugar en Palma, Sabadell, Valencia, Reus, Tarragona y Pamplona en Pamplona durante las fiestas de san Fermín”. Firmaba la crónica TIRO” (El Diluvio, 10.6.1914).
En cuanto al aspecto práctico, es decir, con relación al resultado económico del partido las expectativas no se cumplieron. Así lo atestiguó la crónica el cornista de El Diluvio.
“El director del Spanish Girl's Club ha comunicado a la presidenta de la Federación Femenina contra la Tuberculosis que en el partido de futbol organizado por la primera de dichas sociedades a beneficio de la de la Federación Femenina los gastos han superado a los ingresos resultado un déficit de155, 23 pesetas.” (El Diluvio,10.6.1914).
Segundo partido de las Spanish, 12.6.1914
Tras el primer partido, el conjunto de Paco Bru jugó su segundo match dos días después en el Campo del Espanyol (1-1) y su tercero, en el campo del Atlético Sabadell, que terminó con 4-1 a favor del Monserrat.
Y nuevamente las crónicas volverían a dar noticia del evento.
El Diluvio siguió en sus treces e, incluso, se permitió recomendar al entrenador Bru una serie de tácticas para la próxima contienda: “En el propio campo jugaron por la tarde ante poca concurrencia los teams de señoritas Montserrat y Giralda que empataron a goals. El señor Bru que ejercía de referée prolongó el partido para deshacer el empate no lográndolo. La impresión producida no se aparta de la del primer día. Hay algunas señoritas que revelan disposiciones, de manera que seleccionando y teniendo presente que el juego femenino no puede apartarse del pase y combinación con un buen entrenamiento pueden hacer algo. Me permito recomendar al amigo Bru que evite la melee continua, que enseñe bien la colación, y, sobre todo, saber marcar, pasar y driblar que es todo lo que pueden hacer” (El Diluvio, 12.6.1914).
Mundo Deportivo repitió su frontal oposición al partido con una afirmación contundente: “Por segunda vez las niñas futbolísticas no convencieron a las personas amantes de lo bello, en todos sus aspectos”.
Tercer partido, en Sabadell 16.6.1914
El Diluvio escribió una crónica entusiasta describiendo el ambiente en que fueron recibidas las footballistas. El panorama comenzaba a tomar una nueva y positiva perspectiva, a juzgar por el cronista, que, ufano él, se complacía al comprobar que el entrenador Bru había seguido sus consejos.
“El pasado domingo, a las tres de la tarde, llegaron a Sabadell en donde les esperaba inmenso gentío, los individuos que componía la Junta Directiva y la mayoría de los socios del F. C. Athlétic, haciéndoles un cariñoso recibimiento. En todo el trayecto, desde la estación al campo del Athlétic, el paso de los teams fue presenciado por enorme multitud.
Ante una numerosa concurrencia se celebró el partido de fútbol femenino, tomando parte los dos Teams, Monserrat y Giralda del Spanish Girl's Club de Barcelona. tanto a la salida como en numerosos juegos, fueron ovacionadas las muchachas, resultando un partido interesante por lo entretenido y simpático .Su r, señor Bru ha corregido ya varios defectos que le apuntábamos en estas páginas, y se habrá convencido de la razón que llevábamos al hacerle aquellas advertencias .
El pasado domingo parecían otras jugadoras. Desarrollaron un juego de picardía y de precisión, que resultó muy bonito y como vió este les valió muchos aplausos.
Muy bien las dos porteras, mejor todavía la delantera extremo derecha, el medio centro y la defensa izquierda del Monserrat y muy iguales todas las jugadoras del Giralda
Siguiendo así, dentro de muy poco tiempo, podrían luchar con equipo segundos infantiles, porque si no llegan a tener la fuerza de pies de los hombres, en cambio, combinan muy bien, tienen mucha picardía en todas las jugadas y tienen sobre todo mucha afición y amor propio.
Terminó el partido con el siguiente resultado: Monserrat cuatro y Giralda uno.
Terminado el juego de Sabadell fueron acompañadas hasta el centro del Atleti en donde se obsequio a las jugadoras y comisión con un bien servido lunch. A las nueve regresaban a Barcelona, siendo acompañadas hasta la estación por los individuos de la junta y muchísimos socios, tributándoles una entusiasta despedida Al emprender la marcha el tren los hurra se repetían, siendo contestados por las señoritas que componen los Teams, Monserrat y Giralda; en fin, un día agradable. Cortés” (El Diluvio, 17.6.1914).
Cuarto partido: en Mataró, 21.6.1914
Nuevamente, el periódico El Diluvio volvería a comentar el partido en un tono muy positivo.
El día 21 de junio jugaron en el Campo de Tiro Nacional de Mataró. Esta vez, la crónica de El Diluvio fue breve: «Sumamente satisfechos salieron los que asistieron a presenciar el interesante partido jugado en Mataró el domingo por la tarde». Hablaban de jugadoras de «gran destreza» y «serenidad».
Quinto partido: en Barcelona, 29.6.1914
Del partido disputado el 29 de junio en Barcelona, que ganó 2 a 1 el Montserrat, se ocupó El Poble Català: «Aquest partit ha estat animadissim, puix nostres hermoses fottballistes cada dia se fixen en el jòc de combinaciió que desenrrrollen els nostres primers jogadores, Això fa que en el patit d´ahir estiguessinmés segugurres del sèu joc i més coneixedores del séu comès. EL resultat del partit fou de 2 a 1 goals, a favor del Montserrat que ostentava distintiu blanc” (30.6.1914).
Sexto partido: en Reus, 6.7.1914
El 6 de julio se jugó el primer partido fuera de la provincia. Las Spanish Girl’s Club se desplazaron a Reus, Tarragona.
La Vanguardia se unió a los anteriores cronistas diciendo: “Ayer tuvo efecto, ante numerosa y distinguida concurrencia, el partido de football por los equipos femeninos de Barcelona Giralda y Montserrat, habiendo resultado vencedor el primero por dos goles a cero” (7.7.1914).
La siguiente parada se había fijado en Pamplona. Jugar en los San Fermines era ocasión que ni pintiparada para afianzar el proyecto de las Spanish Girl’s Club y con ello acrecentar el favor del público hacia el fútbol femenino. Ignoro la causa por la que las Spanish no aterrizaron en Pamplona. Una lástima. Hubiera sido el primer partido femenino visto en la ciudad y, además, en sanfermines. Todo un cóctel explosivo. No fue así. El espectáculo se integraba en diversas actividades deportivas para celebrar el nuevo campo de fútbol del Punchinch Club de Pamplona.
Los periódicos, El Pensamiento Navarro, La Tradición Navarra y dieron noticia de la inauguración del campo de fútbol del Punchinch, pero el único partido que se jugó fue entre este y la Gimnástica de Zaragoza (Diario de Navarra, La Tradición Navarra, El Pensamiento Navarro, 6.7.1914).
No me consta que en esta época ninguno de esos periódicos mentara la existencia siquiera de las Spanish Girl's Club, con lo que desconozco qué opinaban los sesudos periodistas navarros del football femenino.
Desgraciadamente todo se vino abajo por culpa de la Guerra Mundial. Con ella, el paso siguiente que tenía en mente su entrenador, jugar en el sur de Francia, se vino al traste. Y no solo.
Las Spanish Girl’s Club suspendieron dicha gira y el club acabó desmantelándose.
Una pena, porque el proyecto de las Spanish había cobrado fuerza. Desde el último partido que fue el 6 de julio de 1914 ante la paupérrima entrada del primer duelo había dado paso a una «numerosa y distinguida concurrencia». Nada más y nada menos que la circunspecta La Vanguardia se rindió ante el evento.
Y ya no se supo más de las Spanish Girl's Club, precursoras del football femenino en península. Una pena que la guerra truncara su gira, porque su plan era recorrer muchos estadios de España.
Año 1920: un anuncio frustrado
Para estas fechas, el fútbol masculino, aunque sus comentaristas seguían enzarzados acerca de los teribles daños que pudiera ocasionar en sus practicantes -tanto a nivel de convivencia cívica como físicos- y, sobre todo, tras los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920, donde la selección española obtuvo la medalla de plata, el panorama estaba, si no despejado, mucho más benévolo hacia su práctica. Curiosamente, el seleccionador del fútbol nacional era Paco Bru. Un hecho significativo, ya que una vez terminada la Gran Guerra, el legendario fundador de las Spanish Girl's Club, no retomó la iniciativa de 1914 volviendo a crear un nuevo equipo de mujeres futbolistas.
Precisamente, por estas fechas, el periodista Antonio Vidal en El Heraldo de Madrid hizo un llamamiento para que las chicas españolas se animaran a formar equipos de football, imitando así a las jóvenes inglesas, francesas, alemanas y norteamericanas. En su artículo titulado “El Foot-Ball femenino en España” (13.12.1920) decía que “su invitación había cuajado y sabemos de buena tinta que el 13 de enero de 1921 se jugará en Irún un partido femenino por dos teams de bellas irunesas que ya están haciendo ejercicios de entrenamiento, preparatorios del encuentro”.
Su texto terminaba con estas palabras: “Sabemos también que el pedido de localidades es enorme, porque ha corrido la voz de que las jugadoras lucirán los lujosos y exiguos maillots que hasta ahora venían utilizando para el baño ¡Se está concentrando la Guardia Civil!”.
Pero ahí nos quedamos. Porque no consta en la prensa que ese partido se jugara, ni que en el resto de las provincias españolas se hubiese iniciado un movimiento en pro del football femenino.
El berrinche de Mariano de Cavia
El periodista Mariano de Cavia, que en los albores del football había optado por la defensa numantina del vocablo balompié en lugar del anglicismo, también dio su su punto de vista sobre la “amenaza” del football practicado por mujeres.
En el periódico El Sol escribió un artículo titulado, Un error de Atalanta (11.5.1920) ), luego reproducido por el Heraldo Deportivo (20.5.1920).
El artículo de Cavia era un berrinche contra la práctica del balompié ejecutado por las féminas. Digamos que Atalanta era aquella diosa griega, mujer de armas tomar, indómita y nada satisfecha con el rol asignado a la mujer griega por los hombres. Fue una excelente cazadora, siendo la única mujer que formaría parte de la expedición de Calidón, ciudad de la antigua Grecia.
En su diatriba, Cavia comenzaba denunciando la confusión en que “incurren las mujeres figurándose que el feminismo consiste en la masculinización a ultranza”. Así que en tono imperativo acuciaba al sexo femenino de este modo: “Masculícense cuanto gusten en lo social, en lo moral, y hasta en lo mental, pero que sea siempre en lo que las siente bien. Huyan de todo atentado contra la estética. Afearse es suicidarse”.
Cavia aseguraba, en su ofuscamiento intelectual, que prefería mujeres literatas, sociólogas, toreras, jugadoras de billar, esgrimidoras y pelotaris, pero nunca footballistas. A fin de cuentas, no consta que conociera a ninguna mujer footballista, pues en esta época brillaban por su ausencia en territorio español. Le podían más sus prejuicios que su sistema límbico. En su opinión: “El balompié es solo para hombres. Las toreras representarán mucho mejor la gentileza fémina, incomparablemente mejor que lo harán en el juego del balompié las que no sean unos repulsivos marimachos”.
Advertido de que un equipo de jugadoras francesas habían atravesado el Canal para medir sus fuerzas y sus pies con los equipos femeninos de Preston, Stockport y Manchester, dirá Cavia escandalizado: “No cabe deformación más grosera, brutal y ridícula de la divina línea femenina que la de esa lucha por el balón a puntapié. Tan grotesco al par que siniestro es el lastimoso lance, que solo un Goya podría ponerle el debido estigma para apartar a las mujeres de esta novelería deportista”.
Y, ya puestos, avisará a las hijas y nietas de sus contemporáneas: “Niñas gentiles, mozas fuertes, jugad a todo lo que queráis, incluso a la barra, menos al balompié; pues la gran pateadura no será la que lleve el balón, sino la que padezca la estética, cuya excelsa representación lleváis en la vida, es un don que no debéis profanar en juegos impropios de vuestras gentilísimas personas”.
Haciendo productiva la referencia clásica a la diosa Atalanta, cerrará su artículo diciendo que si esta diosa “hubiera visto a estas modernas partidistas inglesas y francesas de football, las habría colmado de maldiciones envueltas en burlas”. Para completar su cita diría: “Atalanta no perdía sus hechuras compitiendo con sus enamorados y rivales, pero a puntapiés con un balón y a mojicones con otras hembras en revuelto tropel sería una tosca y caricaturesca negación de sí misma una ofensa a la divina euritmia y una invitaciones a los dioses para que la convirtiesen en gañán.”
Mariano Francisco de Cavia y Lac murió el 14 de julio de 1920 y no pudo siquiera sospechar qué modo y manera la modernidad tiraría por tierra todas sus machistas prevenciones contra el fútbol femenino.
1921: Feminismo deportivo
En 1921 se organizaron en Madrid unos festivales deportivos en la Real Sociedad Gimnástica Española, exactamente los días 18 y 25 de septiembre.
Fue la revista Heraldo Deportivo quien, recogiendo los “latidos” del deporte femenino, se hizo eco del evento. Contaba la revista que en 1919, antes del armisticio, se presentó en sus oficinas una señorita, secretaria de un club femenino francés de deportes con residencia en París. Decía el periodista que la demoiselle pidió la lista de los clubs femeninos españoles existentes con objeto de organizar un intercambio deportivo los franceses. La respuesta no pudo ser más desazonadora. No había ningún club. ¿Y clubs masculinos? Lo mismo.
A continuación, describía la actuación de las señoritas deportistas francesas en Madrid. El reportaje del periódico El Sol, debido a Fernando Salvador, abundaba en los siguientes juicios. Mostraba un verdadero entusiasmo ante la cultura física femenina y el temor de que las muchachitas francesas pudieran, aun en casos aislados, dar la sensación de algo “masculino”. Porque, según Salvador, ese “era el sonsonete con que molestan nuestros oídos los infinitos enemigos de la cultura física femenina, los cuales vienen afirmando que la práctica femenina de la gimnasia o del deporte “masculiniza” al sexo débil”. A la hora describir a las atletas francesas decía con admiración que “todas ellas, sin excepción alguna, ostentaban auténticos cuerpos de mujer, sin el menor atisbo de nada que no sea francamente femenino; claro está que femenino sin grasa, sin carnes fofas y flácidas; esto es, la auténtica belleza femenina”. Vamos, que no había ninguna émula escapada de un cuadro de Rubens.
Repasaba sus trajes y los caracterizaba de “estéticos, honestos, mucho más honestos que algunos vestidos de moda, y sientan perfectamente a la gracia femenina”.
En cuanto a las pruebas deportivas realizadas, Salvador sostenía que hicieron demostraciones de salto, carreras y lanzamiento, sobresaliendo unos salto de altura de 1,35 metros y una carrera de vallas”.
Desgraciadamente, no consta que hubiese un partido de football.
A pesar del grandiosos espectáculo, el periodista no esperaba que esta iniciativa de la Gimnástica tuviera efecto en nuestro país, pues “vivimos en uno donde todavía se discute el traje con que las mujeres han de bañarse en las playas”.
Su conclusión fue la siguiente: “Ha de hacerse una cruzada por los médicos, y especialmente, por los confesores, si se quiere hacer desaparecer la “ñoñez” clásica de las mujeres españolas” (Heraldo deportivo, 6.10.1921).
Quizás, el problema no radicaba en esa supuesta ñoñez femenina, sino, más bien, en la estrechez mental masculina.
Año 1923: Partido entre inglesas y francesas
En 1923 el fútbol femenino regresó a Barcelona con la disputa de dos partidos internacionales amistosos entre Francia-Inglaterra organizados por el Sindicato de Periodistas en beneficio de las «Casas baratas para periodistas». Mucho más importante que los partidos, lo tendrían los comentarios que inspiraron a quienes en estos momentos dominaban la opinión en el fútbol masculino, fueran periódicos o revistas especializadas. A los tres años de la andanada de Cavia contra el partido jugado entre mujeres francesas e inglesas, le tocó el turno al que protagonizaron los equipos Sportives y Stoke, de la France y de Inglaterra, respectivamente.
La revista La Jornada Deportiva (15.8.1923), en un artículo titulado “El deporte ridiculizado”, juzgaría no el desarrollo del partido, sino el hecho de que las mujeres fueran footballistas: “Sinceramente, entendemos que los periodistas pertenecientes al Sindicato han sufrido una equivocación lamentable al traernos dos equipos de fútbol femenino y celebrar dos partidos a beneficio de su cooperativa de casas baratas.”
Luego añadía “está ya sobradamente discutido que el fútbol no entra, ni mucho menos, en la lista de los deportes que puede practicar la mujer; no puede colocarse al mismo nivel del tennis, la natación, el patinaje, etc. porque es demasiado violento y porque se necesita para practicarse un vigor que la mujer no posee... ni poseerá jamás... probablemente”.
Lo contradictorio de todo ello estaba en su conclusión final: “Con todo, debemos confesar que Ladys y demoiselles jugaron bastante mejor de lo que imaginábamos, especial el centro delantero y el centro medio del equipo inglés. Venció el equipo ingles. Nos abstenemos de detallar minuciosamente el partido por las circunstancias ya dichas” (La Jornada Deportiva, 15.8.1923).
El siguiente comentario sería mucho más descabellado. Lo suscribió Enrique Guardiola, en la revista Stadium. Se titulaba “Girls contra mademoiselles”. Nada más empezar el texto, se culpaba a Barcelona de ser la ciudad “del pecado”, “el haber lanzado a la mujer de lleno al deportivismo y que se dedica a futbolear”, no se sabe bien si en alusión a las Spanish Girl's Club o los partidos entre féminas inglesas y francesas.
Echando mano de un paternalismo muy rancio, sostenía que él no era enemigo de que la mujer se dedicara al deporte y a la educación física, pues no era sospechoso “en materia de deportivismo mujeril”, pero, eso sí, ahí sí que no, en lo tocante al fútbol, “este no se ha hecho para la mujer y que la mujer no se ha hecho para el fútbol. Creemos que ni en Francia ni en la misma Inglaterra ha logrado despertar grandes entusiasmos eso del futbolismo femenino. Y es seguro que aquí, entre nosotros, no cuajará, poco ni mucho, tal afición”.
Después, Guardiola se precipitaba por la resbaladiza pendiente de un machismo sin destormar, confundiendo berenjenas con puerros, es decir, mezclando lo que “para nosotros, los meridionales, mucho más que para los hombres del norte, la mujer es gracia, es suavidad, es dulzura, es terneza”. Claro, claro, pero “¡por Dios que no se marichee! Nosotros le tenemos horror al marimacho”.
Porque para este cronista, el fútbol entre mujeres era una fábrica de marimachos. Lo que significaba que la mujer antes de jugar al football era sencillamente mujer, y, luego, por ósmosis, se transformaba en virago del latín vir, viril, y ya puestos, vigorosa, heroica y guerra. Pero a lo que se ve una vez de terminar de dar patadas al esférico, no volvía a ser mujer”, sino aprendiz de marimacho o de virago. Y es a esta grotesca metamorfosis a la que según Guardiola estaba condenada la mujer que se dedicaba a imitar al macho:“Y es indudable que el fútbol femenino tiende a la formación más completo, perfecto, acabado y espeluznante tipo del marimacho, cuando la que lo practica toma a pechos ser un buen defensa, un gran medio o un delantero de peligro. Y cuando no hay tal empeño en la aficionada, entonces surge algo más terrible aún que el marimacho: entonces surge la mujer en ridículo, Y es que el fútbol, juego exento en absoluto de gracia, de flexibilidad femenil, o se juega bien o no se juega: para el público, claro está”. Para sentenciar de forma definitiva: “El futbol es un deporte al que sin exagerar podríamos calificar de esencialmente antifemenino”. Aún no había llegado el tiempo en aceptar que si el fútbol lo practicaba una mujer lo lógico era que denominara femenino. Y, si lo practican machos, pues, machista, ¿no?
Al igual que Cavia, y preocupado por el futuro, este analista deportivo llamado Guardiola aseguraba que “en España, por fortuna, aún no han surgido las aficiones futboleras, y es de esperar que, en vista del poco éxito alcanzado por las visitantes franco británicas, tales aficiones, no aparecerán nunca. Cultive nuestra mujer el deporte; practique mucho la gimnasia; dé esbeltez a su cuerpo, gracias a sus movimientos y desenvoltura a su marcha. Haga cuanto pueda hacer una Girl o una Mademoiselle, y aún más si se atreve. Pero, ¡por dios!, que no se meta a futbolear que no pretenda escuchar a los Alcántara y a los Cros, que lo único que logrará con ellos será auto expulsar sus tradicionales encantos”.
Terminaba su filípica diciendo “Esperemos que los partidos jugados recientemente, y de los cuales damos algunas notas gráficas, harto elocuentes, servirán de antídoto a los deseos de nuestras deportistas, si es que por acaso habían sentido la tentación de fútbol de la cual les libre el señor. Amén”.
En 1925, La revista Gran Vida en un artículo titulado “Los deportes y el feminismo” abundará en el mismo discurso bostezante que el resto de sus congéneres masculinos. En él avisará que las mujeres deberían resistirse a la vorágine de la práctica del deporte. Pues “el hombre es la cabeza, pero la mujer es el corazón de la humanidad; el es el criterio, ella el sentimiento; el la fuerza, ella la gracia el adorno y el consuelo”. Sobre todo, el florero, digo el adorno.
Concluía que “la mujer debe privarse de aquellos deportes donde la estética esté oscurecida por la fuerza”. En esta ocasión, la crónica se hacía eco de “la primera visita del equipo feminista de París, Fémina Sport Club a la capital de la Gran Bretaña, done Jugaron el en campo llamado Herne Hill contra un once inglés de mujeres el Dick Kerr de Preston, de Lancashire.
Aseguraba que era la primera vez que “el fútbol femenino toma carácter internacional no obstante tratarse de un de deporte que consideramos poco adecuado para el bello sexo, nos nos resistimos a mojar la péñola en la tinta de la amarga censura, porque las jugadoras sin una “mala carga”, sacrificándolo todo a la pura estética del luego, las bella y bien formadas footballwomen constituyeron el encanto de todos los que acudieron al espectáculo considerándolo como exhibición de las hermosuras y gracias de girls y demoiselles”.
Como imagen del partido, ofrecía el “simpático beso con que se saludaron las respectivas capitanas Mlle. Carmen Pomies, Francia, y Miss Florie Reddford, Inglaterra), tenido como un símbolo de la nobleza con que habían de enfrentarse ambos equipos en la serie de nueve partidos que se contrataron”.
Últimos coletazos
A pesar de que no cuajó el fútbol femenino en estas témporas, eso no significa que, de vez en cuando, no se jugaran partidos protagonizados por equipos femeninos en territorio español.
Uno de ellos tuvo lugar en Atocha, en San Sebastián. El periódico nacionalista La Voz de Navarra en 1925 aseguraba que “hoy ha tenido lugar en el campo de Atocha la primera exhibición de futbol femenino entre equipos femeninos Bruxelles Fémina y Atlante Bruxells Club, ambos belgas”.
Según la descripción del cronista, “ha presenciado el encuentro público numerosísimo, predominando el bello sexo. Contra lo que se esperaba el partido ha resultado una cosa seria, pues el fútbol desarrollado por las damas contendientes ha sido buenísimo. El match, interesantísimo, ha sido muy celebrado por la concurrencia y elogiado por los inteligentes.
Han vencido las chicas del Bruxelles que dominando más a sus contrarias les han introducido dos veces el balón, logrando estas el tanto del honor. El miércoles próximo volverán a enfrentarse” (La Voz de Navarra, 20.10.1925).
No fue el único periódico navarro que dio cuenta de este partido. Diario de Navarra también habló de él. Y lo hizo de un modo despectivo: “Dos equipos de muchachas belgas andan jugando por ahí y uno de esos días jugarán por aquí, dando un rotundo mentís a la feminidad y delicadeza de la mujer” (Diario de Navarra, 2.10.1925).
Afirmaba que estaba a favor de la emancipación femenina y blablablá, pero de “eso a que se dedique a pegarse patadas, con toda la brusquedad y a ratos brutalidad que requiere este juego, nos parece tan poco femenino como poco masculino se nos ha antojado siempre que haya individuos que se dediquen a imitar mujeres o a Edmond de Bries”, un famoso transformista de la época. Luego, concluiría: “La tenista, la raquetista, la equilibrista serán siempre femenina, pero la futbolista y la boxeadora serán en todo momento, incluso cuando las presenten en sociedad: fulanita, lateral centro del Cogollo Club-, unas perfectas marimachos” (22.10.1925).
De vez en cuando, la prensa anunciaba algún partido entre mujeres organizado como espectáculo. De esta naturaleza, fue el que ofrecieron en el campo de Chamartín las artistas de Romea contra las del Metropolitano, “en lucha para un campeonato de caridad, a beneficio del Montepío de Actores”. Artistas que, obviamente, no tenían ni idea del football, ni de nada de lo que tuviera relación con él. Pero eran actrices conocidas y famosas. Y era un acto benéfico.
La revista Crónica hizo del evento un reportaje extenso de tres páginas, cubierto básicamente con fotografías de las jugadoras. El reportaje venía firmado por F. Ramos de Castro y prevenía al público asistente de que lo que iban a ver no era fútbol, sino “a unas bellísimas nenas, atrabiliarias, revolucionarias. Hasta con el deporte, han creado un fútbol para su uso particular. Un fútbol pletórico de fauts, of side, y entradas al portero que en este caso es portera y se llama miss Dolly. Ágiles corzas brincando por la hierba, en tensión las piernas lindísimas que trenzan actitudes de danza griega al aire, palpitante el seno nervioso bajo el jersey y ajustado y borrachos de juventud”.
Para terminar una opinión de los falangistas de Arriba España, fechada en 1951, con un elocuente titular. En el artículo, se reconocía que “no es frecuente que las mujeres practiquen el fútbol, pero no se desconoce que ha habido partidos internaciones entre equipos femeninos de Inglaterra y Francia”.
Luego, venía una enumeración histórica de países donde había habido esos partidos femeninos. Lamentablemente, el cronista se olvidaría del primer partido que hubo en España protagonizado por las Spanis Girl's Club.
Obviamente, las Spanish Girl's Club de Barcelona de 1914 habían pasado completamente al olvido.





