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sábado. 04.02.2023

Tal como se comentó en la primera parte de este artículo, se conocen como patrones de conducta la serie de pautas de comportamiento que siguen los individuos que viven en sociedad. Los patrones de comportamiento, a veces llamados patrones psicológicos, se aprenden a medida que se convive con familiares y la persona se va desarrollando en la sociedad, pudiéndose repetir estas pautas en diferentes generaciones familiares, por lo que muchas personas las perciben como algo innato. Los patrones de conducta en psicología son una serie de reacciones y/ o formas de pensar que tiene una persona de momentos determinados, es decir, se trata de una conducta adquirida a partir de la experiencia.

  1. Patrones de conducta que frecuentemente se repiten
  2. Relación de los patrones de conducta y la salud

Patrones de conducta que frecuentemente se repiten

Existen varios ejemplos de patrones de comportamiento, pero estos se hacen de forma tan habitual y de forma automática, por lo que muchas veces pasan desapercibidos y se asocian a un rasgo propio del individuo. Entre los ejemplos de patrones de conducta se pueden mencionar:

1. Repetir el mismo tipo de pareja

Muchas personas se quejan de que tienden a “atraer” a cierto tipo de persona aunque no sean de su agrado. Un ejemplo de esto son las mujeres que constantemente tienen relaciones disfuncionales y violentas, a pesar de expresar que no se sienten a gusto con esas actitudes, terminan relacionándose con personas violentas o agresivas. Este patrón se debe a las heridas emocionales que la persona sufrió en la infancia, como la injusticia, rechazo, humillación, abandono o traición por parte de los padres. La persona termina repitiendo el trauma y escogiendo de forma inconsciente a la persona, pues es lo que aprendió y normalizó.

La persona termina repitiendo el trauma y escogiendo de forma inconsciente a la persona, pues es lo que aprendió y normalizó

2. Tomar ciertas actitudes para llamar la atención

Si bien muchas personas se centran en actividades para destacar y lograr la aprobación de los demás, no siempre es con este fin, sino lo que se quiere hacer es llamar la atención de quienes rodean al individuo. Ejemplos de estos son las personas que buscan ser el divertido del grupo de forma forzada para llamar la atención y sentirse con derecho a recibir afecto, los actos de rebeldía que solo tienen como función la crítica pero sin aportar soluciones.

3. La búsqueda de la aprobación

El reconocimiento es algo que se busca desde que los individuos son niños, y se necesita con más insistencia cuando se tiene alguna inseguridad. Las personas con reconocimiento se suelen asociar con liderazgo y éxitos, por lo que es común que las personas tengan como patrón de comportamiento la búsqueda de reconocimiento. Un ejemplo de esto es la búsqueda de ser el mejor en alguna actividad, como los deportes.

4. Aislamiento

Muchas personas cuando se sienten en un ambiente hostil o incomodo, se aíslan para sentirse más cómodos y evitar el dolor. Es común que las personas que tienen como patrón el aislarse ante situaciones que le puedan causar estrés piensen que sucederá algo que la hará sentir mal, como los chismes o la burla.

5. Búsqueda de símbolos

Desde la antigüedad las personas han recurrido a la creación de los símbolos para sentirse seguros y libres de temor. Además, ofrecen identidad a los individuos, lo que también influye en el comportamiento de las personas. Un ejemplo de esto son los símbolos de un país, que generan un sentimiento por el país, la música rock, que ejerció como símbolo de rebeldía para muchos jóvenes, o los símbolos religiosos.

Desde la antigüedad las personas han recurrido a la creación de los símbolos para sentirse seguros y libres de temor

6. Mecanismos de defensa

Los mecanismos de defensa son unos patrones de conducta que utiliza la mente de forma inconsciente ante situaciones de angustia o muy desagradables. El cerebro detecta estas situaciones como una amenaza, y recurre a estos mecanismos para mantener el equilibrio emocional, por lo que las personas no son totalmente consientes de ellos, siendo similares a los patrones de acción fija.

En total son 12 mecanismos de defensa: compensación, expiación, fantasía, formación reactiva, identificación, aislamiento, negación, proyección y regresión.

Relación de los patrones de conducta y la salud

Los problemas de salud, que se asocian a los distintos tipos de conducta, también muestran importantes diferencias en las personas: la incidencia de enfermedad cardiaca, migraña y alergias es mayor entre personas de tipo A (Ver tipos de patrones en artículo anterior) que entre personas que no les caracteriza este patrón de comportamiento. Las mujeres tipo A presentan cinco veces más enfermedad cardiaca y padecen cuatro veces más de migraña, que las mujeres que les distingue otro tipo de personalidad, y los hombres tipo A sufren tres veces más de alergias respecto a los hombres sin estos rasgos; en una muestra con predominancia de adultos jóvenes (entre los 21 y 40 años) y solteros. 

Dos características que distinguen a las personas tipo A, de las personas sin este tipo de conducta, son: su mayor exposición a conflictos intrafamiliares y sus estados persistentes de tristeza, temores y/o fatiga. En síntesis, los resultados estadísticos confirman que la personalidad tipo A no sólo está implicada en la enfermedad cardiaca, sino que también está implicada en otros trastornos psicosomáticos como la migraña y las alergias; sin embargo, los mismos resultados indican que, por la fuerza de la relación que guardan esa característica y esas condiciones, la personalidad tipo A no es suficiente para originarlos. 

Las mujeres tipo A presentan cinco veces más enfermedad cardiaca y padecen cuatro veces más de migraña

Bajo estas circunstancias, y dada la falta de una explicación oficial sobre el origen de trastornos psicosomáticos, es posible hacer un ejercicio explicativo que no sólo ubique el papel que desempeña el patrón de comportamiento en su causa, sino también, haciendo acopio de una diversidad de resultados positivos de investigación en torno a este grupo genérico de trastornos, el de otros factores igualmente contenidos en dicho fenómeno. La emoción es una respuesta del individuo a cambios en el entorno social que implican alteraciones a su vida, por ser favorables o desfavorables; respuesta que se constituye en un proceso operativo encaminado a preparar al organismo para la adaptación o el ajuste. 

Por un lado, los cambios en el entorno social se encuentran señalados en una variedad de expresiones, tales como: desafíos, oportunidades, exigencias o apremios, limitaciones u obstáculos, causas psicosociales de estrés, estresores o estímulos emocionales. 

Por otro lado, en el individuo que responde se despliegan cambios, tanto psicológicos como biológicos, los que, de un modo muy grueso sucederían así: Inicialmente, una actividad cognitiva realiza la interpretación del estímulo emocional, para luego dar paso a la vivencia subjetiva del sentimiento, cuyo contenido está en correspondencia con la interpretación que se efectúa. Simultáneamente un conjunto de sistemas orgánicos entra en actividad; a la acción cognitiva que realiza la interpretación del estímulo emocional, le subyace la actividad de diversas estructuras de la corteza cerebral, que permiten la concreción del proceso intelectivo, mientras a la vivencia del sentimiento, la de estructuras límbicas y diencefálicas, que filtran las señales y, al integrarse a la anterior, dan lugar a la elección de su contenido. Estas desencadenan actividad endocrina, la cual incluye la secreción de adrenalina y noradrenalina por parte de la médula suprarrenal, estos productos glandulares constituyen los neurotransmisores que median los impulsos del sistema nerviosos autónomo, el cual, a través de la acción simpática, provoca la activación de los sistemas cardiovascular, respiratorio, gastrointestinal, musculoesquelético, genitourinario y la piel. 

El individuo posee características psicológicas y biológicas que lo hacen más o menos eficaz para lidiar con las tensiones

Todo esto lleva a que el individuo se vea impulsado a efectuar las manipulaciones correspondientes para asumir control sobre la situación del entorno que lo tensiona o a realizar los cambios en sí mismo que sean requeridos para amoldarse a ella; y la activación mental y biológica que configuró la respuesta del individuo cesa. En lo dicho, hay dos puntos a resaltar: la emoción es esencialmente un evento psicobiológico de carácter reactivo, lo cual significa no sólo que aparece en la interacción del individuo con el medio físico y social, sino también que es del imitada en su inicio y terminación (de ahí que no ocurre sin razón ni es un estado permanente) y, además, es un mecanismo que opera con la finalidad de proteger la integridad psicofísica del individuo. Sin embargo, existen factores, relativos tanto al entorno como al individuo, que pueden afectar el curso de la reacción emocional, alterando precisamente su carácter reactivo y transformándola en un estado permanente que conduce a la desadaptación o al desajuste. 

Los cambios en el entorno pueden suponer una tensión circunstancial o continua, esperada o indeseable, factible de dominio e incontrolable para y por parte del individuo, con una alta capacidad para afectar la respuesta emocional (como por ejemplo la guerra o como el desempleo). El individuo también posee características psicológicas y biológicas que lo hacen más o menos eficaz para lidiar con las tensiones a las que se ve expuesto, lo cual depende, por una parte, de su personalidad (que abarca su tipo de conducta o patrón de comportamiento y sus capacidades para adaptarse a los cambios del entorno, manejar y expresar sentimientos y emociones, interpretar correctamente limitaciones y oportunidades, y establecer lazos interpersonales provechosos), así como de sus experiencias (respecto a las formas de valorar las situaciones y los mecanismos de afrontamiento); y por otra parte, también depende de su vulnerabilidad orgánica y de la fuerza y patrón de respuesta fisiológica que le sea propio. De ahí que si en estos ámbitos hay factores cuya influencia obstruya que el individuo se ajuste o adapte a la situación del entorno que lo tensiona, la activación mental y biológica que configura la respuesta del individuo persistirá y es al agotar la resistencia del organismo que ocurre el daño corporal. 

La mayoría de enfermedades pueden verse influenciadas positiva o negativamente por el estado mental

Ahora bien, si la producción del daño físico, que ocurre en el trastorno psicosomático, tiene factores sociales, psicológicos y biológicos como componentes necesarios, es sólo su concatenación lo que configura el hecho único necesario y suficiente, para originarlo; resulta obvio, entonces, que su explicación integral debe hacerse en estos términos. Esta propuesta de explicación armoniza con la convicción, que en la actualidad está tomando cada vez más auge, de que son las interacciones de un grupo de variables (físicas, psicológicas y sociales) las que producen el fenómeno que se conoce como "enfermarse", y de que la idea de que la enfermedad se debe sólo a la influencia de agentes externos o internos es obsoleta o errónea. 

En un plano más disciplinar, la medicina conductual y la psicología de la salud, dos campos de reciente desarrollo, que comparten la idea de que la salud, la vulnerabilidad a la enfermedad y la reacción a la misma, están influenciadas por la combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales, han demostrado que la mayoría de enfermedades (desde el resfriado común hasta el cáncer y las enfermedades cardiacas) pueden verse influenciadas positiva o negativamente por el estado mental, el estilo de vida y las relaciones sociales de una persona; y hacen hincapié en que la investigación encaminada a descubrir los mecanismos que yacen tras estos factores, puede indicar nuevas maneras de prevenir y tratar las enfermedades. Lo anterior sugiere que el control de los trastornos psicosomáticos requiere de la integración de campos de las ciencias biomédicas y conductuales, para el abordaje del trastorno físico y de los elementos psicológicos involucrados en su desarrollo. 

Por último, compartir esta reflexión de Epicuro de Samos: “Una conducta desordenada se parece a un torrente invernal de corta duración”.

Repercusiones emocionales y de salud de los patrones de conducta