domingo. 21.04.2024
Foto de archivo

La gratitud, -del latín gratitūdo, es un “sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera», según la Real Academia Española de la Lengua-, tema del libro que tengo el honor -el don, el regalo- de presentar, nos dice Ángel Saavedra Ramírez de Baquedano, duque de Rivas (1791-1865), en su célebre obra Don Álvaro o La fuerza del sino (1835), que “la obligación mayor es para el hombre bien nacido”. La expresión en cuestión tiene una dimensión fundamentalmente moral, elogiando el ser agradecido y a la vez exhortando implícitamente a la virtud de la gratitud, y penalizando implícitamente como grave falta la ingratitud, pues si es de bien nacidos ser agradecidos, no serlo es propio de mal nacidos. La gratitud, por de pronto, pues, se nos aparece como teniendo carácter obligatorio. Sería cosa obligada el ser agradecido. Ciertamente, la gratitud puede ser entendida como una obligación moral, pero no extrínseca o heterónoma, sino propiamente intrínseca, autónoma.

Se puede forzar a decir “gracias” ante un favor o detalle con el que uno ha sido beneficiado -como cuando instamos a un hijo a mostrase agradecido al ser regalado con una golosina en alguna de nuestras visitas de cumplido-, pero una cosa es expresar un agradecimiento formal -no necesariamente falso-, y otra es expresar una auténtica gratitud, la que nace de la conciencia y del corazón, la gratitud, podríamos decir, cordial en conciencia. Al igual que no se puede forzar a amar, no se puede forzar el ser agradecido, no más allá, como decía, de expresar una fórmula de cortesía ajena a la autenticidad cordial. 

La expresión en cuestión tiene una dimensión fundamentalmente moral, elogiando el ser agradecido y a la vez exhortando implícitamente a la virtud de la gratitud

La gratitud auténtica tiene que ver con la clara conciencia de haber sido beneficiado por otro con un don, bien en sentido absoluto, bien en cuanto a su magnitud, y el sentirse impelido a responder de determinada manera a tal beneficio. La gratitud es, pues, virtud de reconocimiento, valoración y justa respuesta. Ya Santo Tomás de Aquino afirmaba que la gratitud se compone de tres grados: reconocimiento, agradecimiento y retribución. 

Existen numerosos estudios e investigaciones científicas que coinciden en sus conclusiones: ser agradecido mejora la salud. Se ha comprobado que las personas que practican la gratitud tienen beneficios consistentes. Estos beneficios van desde la resistencia emocional y la mejora de la salud física, hasta las ventajas profesionales y una mayor empatía. ¿No te lo crees? Sigue leyendo.

Expresar gratitud cambia literalmente la estructura molecular de nuestro cerebro, y es que mantiene la materia gris en funcionamiento, nos convierte en personas más saludables y felices. El Centro de Investigación de Conciencia de la Atención Integral de la UCLA, realizó un estudio concreto en esta materia y definió que cuando nos sentimos felices, nuestro sistema nervioso central se va modificando. Por tanto, practicar la gratitud genera felicidad en nosotros.

Al igual que no se puede forzar a amar, no se puede forzar el ser agradecido, no más allá de expresar una fórmula de cortesía ajena a la autenticidad cordial

Otro estudio muy conocido es este campo realizado por Robert A. Emmons en la Universidad de California en Davis y su colega Mike McCullough en la Universidad de Miami, reveló que las personas que habían estado practicando la gratitud tenían menos problemas de salud y rendían un promedio de 1,5 horas más. En un trabajo posterior, el mismo Emmons, con una configuración similar al anterior, los participantes que completaron ejercicios de gratitud cada día ofrecieron a otras personas más apoyo emocional en su vida que los de otros grupos.

En otro estudio sobre la gratitud, que se llevó a cabo con adultos con trastornos neuromusculares congénitos, reveló que los participantes que expresaron gratitud se sentían más frescos y renovados cada día al despertar. También se sentían más conectados con otros que los del grupo que no expresaba gratitud.

Otra investigación, llevada a cabo por un grupo de científicos chinos, que valoró la cantidad de agradecimiento que la gente muestra en su vida cotidiana, encontró que los niveles más altos de gratitud se asociaban a un mejor sueño, y también con escalas más bajas de ansiedad y depresión.

Un estudio reveló que las personas que habían estado practicando la gratitud tenían menos problemas de salud y rendían un promedio de 1,5 horas más

Otro estudio realizado en la Universidad George Mason, con veteranos de la guerra de Vietnam, descubrió que las personas que experimentaban mayores niveles de gratitud también tenían menores niveles de estrés postraumático y mejora de la resiliencia.

Sabiendo que el estrés afecta al ser humano y repercute en su salud y bienestar, provocando hipertensión arterial y aumentando la morbilidad cardiovascular y la enfermedad coronaria, es importante conocer nuestras reacciones ante el estrés y averiguar si existen factores que pueden desempeñar funciones clave para amortiguar el estrés. Como hemos visto investigaciones anteriores han indicado que la gratitud y el equilibrio afectivo juegan un papel clave en la amortiguación del estrés. Sin embargo, hasta la fecha hay investigaciones limitadas sobre el impacto de la gratitud y el equilibrio afectivo en la recuperación cardiovascular del estrés psicológico agudo, y si el equilibrio afectivo modera la relación entre la gratitud y las reacciones cardiovasculares al estrés psicológico agudo. 

La gratitud y el equilibrio afectivo juegan un papel clave en la amortiguación del estrés

En el artículo "Gratitud, equilibrio afectivo y amortiguación del estrés: un examen de la curva de crecimiento de las respuestas cardiovasculares a una tarea de estrés de laboratorio", publicado en el Journal of Psychophysiology , Brian Leavy, Brenda H. O'Connell y Deirdre O'Shea proponen que, aunque investigaciones anteriores sugieren que la gratitud y el equilibrio afectivo juegan un papel clave en la amortiguación del estrés, hasta la fecha se sabe poco sobre el impacto de estas variables en la recuperación cardiovascular del estrés psicológico agudo. Ese fue el enfoque del estudio de los investigadores de las Universidades de Maynooth y Limerick en Irlanda, quienes también buscaron averiguar si el equilibrio afectivo modera la relación entre la gratitud y las reacciones cardiovasculares al estrés psicológico agudo.

La investigación llevada a cabo en la Universidad Irlandesa de Maynooth involucró a 68 estudiantes de pregrado (24 hombres y 44 mujeres), con edades entre 18 y 57 años. Este estudio utilizó un diseño experimental dentro de los sujetos con tareas de laboratorio en las que se indujo estrés a los participantes y luego se midió la reactividad cardiovascular y la recuperación en respuesta a esto. También se encontró que el equilibrio afectivo amplifica los efectos del estado de gratitud. La imagen es de dominio público.

Los resultados del  estudio mostraron que el estado de gratitud predijo respuestas de presión arterial sistólica más bajas durante el período de prueba de estrés

Los resultados mostraron que el estado de gratitud predijo respuestas de presión arterial sistólica más bajas durante el período de prueba de estrés, lo que significa que el estado de gratitud tiene un efecto único de amortiguación del estrés tanto en las reacciones como en la recuperación del estrés psicológico agudo. También se encontró que el equilibrio afectivo amplifica los efectos del estado de gratitud.

Estos hallazgos tienen utilidad clínica ya que existen varias intervenciones de gratitud de bajo costo que pueden contribuir al bienestar. Por ejemplo, investigaciones anteriores han demostrado que los pacientes cardíacos que usan diarios de gratitud tienen mejores resultados cardiovasculares que aquellos que no lo hacen. Combinado con los resultados de este estudio y trabajos previos, la gratitud puede constituir un punto de intervención útil para la mejora de nuestra salud cardiovascular.

Por último, compartir esta reflexión de Carl Gustav Jung: “Uno recuerda con aprecio a sus maestros brillantes, pero con gratitud a aquellos que tocaron nuestros sentimientos”.

El agradecimiento mejora la salud