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lunes. 27.06.2022

La bondad es definida por el DRAE, en su segunda acepción, como una natural inclinación a hacer el bien. La cuestión es que “el bien” es un concepto relativo. Más preciso sería decir que la bondad es la capacidad para sentir compasión, es decir padecer con el otro. En otras palabras, sentir como propio el padecimiento de los demás y esforzarse en remediarlo.

En los últimos años, diversos autores están proponiendo la necesidad del estudio neurocientífico de los efectos y cualidades más positivas del ser humano, como la bondad. Los valores de una sociedad, como la actual de consumo y de éxito social, no parece que sean suficientes para hacer felices a las personas, las cuales no encuentran un significado auténtico en los logros personales y en los bienes materiales, aunque conlleven satisfacción temporal, sino más bien lo encuentran en otros campos como la familia, los amigos y en su intimidad, especialmente al final de la vida. Se están redescubriendo pues, el importante papel que cumplen en la vida de la gente aspectos como la esperanza, la espiritualidad y la pertenencia a un grupo social en su comunidad entre otras cosas. La autoconfianza y la autonomía personal se han convertido en valores centrales en la mayoría de las sociedades industrializadas. El fuerte énfasis en el logro, la acumulación de bienes y la independencia, han llevado a un mayor desapego, soledad, vacío e insatisfacción. Los lazos familiares, la pertenencia a la comunidad y el vínculo social han sufrido un enorme declive en la actualidad. La conciencia de no estar solo proporciona significado, sentido de pertenencia y esperanza. Las virtudes son las características centrales del carácter valoradas por filósofos morales y pensadores religiosos. El análisis de éstas en distintas sociedades, culturas y épocas históricas ha dado lugar a un consenso, que considera fundamentales las de sabiduría, coraje, humanidad, justicia, templanza y trascendencia. Se trata de valores universales; para considerar que un individuo las posee deben estar por encima de un cierto valor. Las fortalezas son los aspectos psicológicos que definen las virtudes, aquellas formas distinguibles en las que se manifiesta una virtud. Se proponen por este autor 6 virtudes y sus correspondientes fortalezas:

Platón dijo: “buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro”

1- Sabiduría y conocimiento, dentro de las que se incluyen creatividad, curiosidad, mentalidad abierta, amor por el conocimiento y perspectiva.

2- Coraje, que comprende valentía, perseverancia, vitalidad y autenticidad.

3- Humanidad, en las que figuran amabilidad, inteligencia social y amor.

4- Justicia, a la que pertenecen la capacidad de trabajar en equipo, equidad y liderazgo.

5-T emplanza: Autorregulación, prudencia, perdón y modestia.

6- Trascendencia: Apreciación de la belleza y la excelencia, gratitud, esperanza, humor y espiritualidad.

Unas palabras sobre El sentido del humor como fortaleza, es la capacidad para reconocer de forma desenfadada y alegre lo incongruente, para ver la adversidad de una manera más positiva y para provocar la risa en los demás o experimentarla uno mismo. Diversos estudios parecen indicar que el sentido del humor tiene numerosos efectos positivos. El sentido del humor está relacionado con el buen estado de ánimo y amortigua los efectos del estrés ya que permite interpretar positivamente las situaciones amenazantes. La gente con sentido del humor se ríe más, y eso está asociado a cambios saludables en el sistema muscular, en el aparato cardiovascular, en los sistemas endocrinos e inmunológicos y también a nivel neuronal. Tener buen sentido del humor favorece las relaciones interpersonales y proporciona un mayor apoyo social que funciona como amortiguador del estrés.

Podemos preguntarnos si hay un área cerebral de la bondad. Un grupo de científicos de la Universidad de Oxford y del University College de Londres identificaron un área del cerebro que parece estar relacionada con la bondad. El equipo de investigación trabajó con un grupo de voluntarios. Se les pidió que averiguaran qué símbolos eran provechosos para sí mismos y cuáles lo eran para otras personas. Mientras los voluntarios realizaban esa labor, sus cerebros eran monitoreados a través de resonancias magnéticas funcionales. El experimento inducía a que los sujetos estudiados sopesaran y valoraran la forma como los símbolos podían ayudar a otras personas. Siempre debían determinar si cada símbolo solo les servía a ellos o era también útil para otros. Cuando cada voluntario descubría la forma en que el símbolo ayudaba a los demás se activaba solamente un área del cerebro. Esta zona se llama “córtex del cíngulo anterior”. Por supuesto, la bondad no es solo un asunto de funcionamiento cerebral. Recordemos que ese maravilloso órgano tiene una plasticidad enorme y son las experiencias y los comportamientos los que van configurando su funcionamiento.

El neuropsicólogo Richard Davidson realizó una curiosa investigación en la Universidad de Wisconsin. Lo hizo después de realizar un viaje a la India. Allí conoció al Dalai Lama, quien le hizo una pregunta que marcó a Davidson en su futuro de investigador: “Admiro vuestro trabajo, pero considero que estáis muy centrados en el estrés, la ansiedad y la depresión ¿no se ha planteado usted enfocar sus estudios neurocientíficos en la amabilidad, la ternura o la compasión?”. Davidson realizó diversos estudios alrededor de esa pregunta. Puso este investigador en evidencia que algunas estructuras del cerebro pueden cambiar en tan solo dos horas. Una mente en calma produce un bienestar global. Y para llegar a una mente en calma se necesitan apenas un par de horas de meditación. Esto fue medido científicamente en su laboratorio. Así mismo, encontró que los circuitos neuronales de la empatía no son los mismos que los de la compasión. Para llegar hasta la compasión, otra forma de bondad se debe pasar por el camino de la sensibilidad, la simpatía y la empatía. En el nivel superior estaría la compasión. Es un ir más allá en la capacidad de percibir, sentir y comprender el sufrimiento del otro. Supone una llamada a la acción frente al sufrimiento de los demás. Davidson descubrió, así mismo, que la amabilidad y la ternura incrementan el bienestar en diferentes áreas de la vida. En un estudio realizado con niños y adolescentes, se evidenciaron varios cambios cerebrales cuando se les enseñó a ser más compasivos y tiernos. Todos mostraron mejores resultados académicos y mejoraron su salud. La capacidad para ser compasivos se puede entrenar. La bondad es el resultado de un profundo trabajo interior.

Sobre la espiritualidad me interesa recalcar que autores de diferentes orientaciones académicas, como Jung, Frankl, Maslow o Assagioli han recalcado en sus textos que en el bienestar del ser humano influyen, por un lado, la individuación o desarrollo máximo de la propia personalidad, y por otro el ajuste de esa individualidad con algún proceso espiritual trascendente, hasta el punto de que en cierto sentido una persona no encuentra la identidad hasta que no se compromete o entrega a algo más allá de él mismo. Hay que decir aquí, que el altruismo se considera el mecanismo psicológico más elaborado y adaptativo del ser humano ante su angustia vital.

Por último, compartir esta reflexión de Platón: “buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro”.

Psicología de la bondad: virtudes y fortalezas