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miércoles 18/5/22
HISTORIA DE LAS OBRAS PÚBLICAS

Pamplona puerto de mar Navarra y las obras hidráulicas en la época de los borbones

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Los Borbones intentaron realizar también importantes obras hidráulicas. Unas fueron realidad y otras como sueños de verano por su imposibilidad para su realización.

Veamos dos de las grandes obras que se plantearon en Navarra:

  • El canal transoceánico navarro.
  • La traída de aguas a Pamplona y sus fuentes.

EL CANAL TRANSOCEÁNICO NAVARRO. PAMPLONA PUERTO DE MAR

Dentro de los sueños utópicos de la Ilustración española nos encontramos con el proyecto de unir el mar Mediterráneo con el mar Cantábrico, que como veremos era de muy difícil realización por los grandes costes económicos que representaba dicha obra y que no pasó de ser un proyecto sin realización alguna.

Este proyecto es uno de los mejores ejemplos de la mentalidad y aspiraciones de los reformistas del siglo XVIII y que está unido al nuevo concepto de territorio enunciado por las minorías ilustradas.

Tenían por objetivo la búsqueda de la riqueza de las naciones y la felicidad del ser humano, independientemente de las opciones economicistas en que se sustentan.

La estructura tradicional de las Cortes de Navarra suponen un freno, no ya tanto por las medidas promulgadas por los ministros ilustrados, sino por las iniciativas reformistas promovidas por los navarros ilustrados.

En esta época tenía que intentar integrarse Navarra dentro de los grandes ejes comerciales del norte peninsular y así poder desarrollar y articular el territorio navarro. Se trata de responder a una nueva situación con la ordenación territorial, con la potenciación de nuevos ejes económicos, que requieren un gran esfuerzo con la mejora o un nuevo trazado de infraestructuras de comunicación.

Los políticos reformistas navarros presentaron un conjunto de proyectos a las Cortes navarras del año 1780.1781. Pero todos estos proyectos fueron rechazados, incluso la propuesta de trasladar las aduanas que tenía la provincia.

En septiembre del año 1778, la Diputación del reino solicita al Gobierno una petición formal para que se habilitara un puente en Guipúzcoa, con el fin de cambiar el comercio navarro a América. Esta petición fue rechazada aduciendo ya la existencia de aduanas interiores.

Fue F. J. Argaiz en el año 1788-1789 quien habla de un posible canal navegable, que sería gestionado por la Diputación del reino. Así, Argaiz escribe en enero del año 1789 a Ramón Pignatelli para consultarle su opinión sobre el proyecto de del arquitecto Santo Ochabdátegui

Ramón Pignatelli responde a esta carta diciendo lo siguiente:

“La idea es muy propia del celo de VSY y de don Santos Ochandátegui en su dictamen confirma el concepto a que le és debido por su inteligencia y modo de pensar que explica el dictamen. Yo como no conozco el terreno nada puedo decir a V S Y si, no que estoy mui persuadido de que el dicho Ochandátegui se habrá asegurado de quanto propone, y que me parece muy propio del celo de V S Yelevar este pensamiento a los Píes del trono, confiado de que N.ro soberano lo acogerá, y quizá mandará examinar con el cuidado que propone el mismo Arquitecto, para asegurarse el acierto de un Proyecto de Tanta importancia, y que sería tan útil á la Nación. Repitiendo a V S Y mil gracias por la singular confianza de haverme remitido dicho Papel, que es digno de todo aprecio, por las noticias y reflexiones que hace su autor”. Zaragoza, 29 de enero de 1789.

Será el arquitecto vizcaíno Santos Ochandátegui quien propone a la Diputación del reino la salida al mar de Navarra. Las Cortes navarras ya habían considerado dicho proyecto de unir el río Ebro con el río Bidasoa.

Ni la altura de los montes de la provincia, ni la aspereza y rugosidad del terreno en muchos puntos por los que iba a atravesar el proyectado canal transoceánico, fueron suficientes para desanimar a Santos Ochandátegui.

Si miramos la realidad de nuestros ríos en la actualidad que en muchos casos portan muy poco caudal no acabamos de entender tal proyecto. Pero la realidad de nuestros ríos a finales del siglo XVIII era que portaban el triple de agua que en la actualidad.

A ello hay que unir que nuestros ríos no tenían tanto obstáculos que salvar con la creación de numerosos puentes, azudes represas, que hay en la actualidad. Técnicamente era realizable pues para salvar los desniveles existían las esclusas.

El problema ya no sólo era técnico sino sobre todo económico, pues el coste de dicha obra era faraónico lo que de hecho lo hacía inviable desde todos los puntos de vista que queramos, pero demuestra el interés de los ilustrados españoles por la mejora del país y colocarlo al nivel del resto de los países europeos, pues ya en esa época España representaban un evidente retraso respecto a ellos.

El proyecto del canal transoceánico consistía básicamente en unir Tortosa en la desembocadura del río Ebro con el mar Cantábrico por la costa de Laredo o por Deva, en la provincia de Guipúzcoa. En consecuencia, Pamplona tendría un puerto que uniría la capital navarra tanto con el mar Mediterráneo como con el mar Cantábrico.

El primer parte del canal transoceánico consistía en subir por el río Ebro hasta cerca de Tudela en el Bocal que es el lugar que parte el canal Imperial de Aragón.

La parte de Navarra presenta varios tramos:

  • El primer tramo partía desde el Bocal, pasaba por Tudela, Arguedas, Valtierra, Cadreita y llegaba a Milagro donde cruzaría el río Aragón a la altura de este último pueblo.
  • El segundo tramo, continuaba por Marcilla, Peralta, Falces, Miranda, Berbinzana, Larraga, Mendigorría y Puente la Reina, este recorrido lo hacía a través del río Arga para salir por Belascoain a Echauri.

En Ibero seguía las aguas del río Araquil para tomar la dirección de Asiain e Izurdiaga para alcanzarlas Dos Hermanas en las cercanías de Irurzun.

Allí seguía el río Larráun para pasar por Latasa y Urrizar para llegar a Lecumberri.

  • El tercer tramo partía de Lecumberri y atravesaba la vertiente hacia el valle de Araiz por medio de un túnel, evitando así los elevados costes y considerables problemas que planteaba hacer esclusas y para ello seguiría utilizando las aguas del río Larráun para llegar hasta Tolosa ya en Guipúzcoa.
  • El cuarto tramo sería a partir de la ciudad de Tolosa seguir el cauce del río Oria para desembocar en el mar Cantábrico.

La Diputación del Reino se tomó muy en serio el proyecto, pero tuvo la dificultad de su alto coste y le fue imposible encontrar financiación, por lo que nunca se llevó a efecto. La longitud del proyectado trazado del canal transoceánico en Navarra, fue calculado por Santos Ochandátegui en algo más de treinta leguas.

La Diputación del reino estaba ilusionada con dicho proyecto por lo que suponía para la estructuración territorial de Navarra y la posibilidad de desarrollo económico y en consecuencia para el comercio navarro.

Como hemos visto, solicitó un informe al jesuita e ilustrado aragonés Ramón de Pignatelli, que fue el ilustre impulsor del canal Imperial de Aragón, e incluso llegó a elevar el proyecto marítimo hasta el Rey. Pero como estamos viendo nunca se realizó y quedó en papel mojado.

El sueño navegable de Ochándategui quedó definitivamente en dique seco con la llegada del ferrocarril, que favoreció el transporte de viajeros y mercancías con una mayor rapidez y con un menor coste económico.

Sin embargo, dentro de los proyectos utópicos del siglo XIX destinados a la navegación puede señalarse el nuevo proyecto del ingeniero francés, Felipe de Conrad del año 1833, que denominó Canal Imperial Marítimo.

El canal comenzaba en el puerto de San Sebastián, seguía por el río Urumea y entraba en el valle de Oria, remontándolo. Alcanza así la divisoria entre las vertientes cantábrica y mediterránea, desde donde descendía hasta llegar al río Ebro cerca de Milagro, aguas arriba de Castejón, por el valle del río Arga.

El doctor malo, refleja este proyecto en su libro del año 1850 y añade la posibilidad de enlazar esta obra con el canal de Castilla a través de canalizaciones que atraviesan Navarra Álava, La Rioja y Burgos.

Otro proyecto de similares características fue el encargado por la Sociedad Bascongada de Amigos del País, que encomendó a Manuel de Echanove en el año 1786 levantar el plan del canal de comunicación entre los mares Cantábrico y Mediterráneo a través de los ríos Ebro, Zadorra y Deva, desembocando en los puertos de Deva y Tortosa.

El vitoriano Manuel de Echanove midió los ríos Zadorra y Deva y todas las alturas y montes que había que salvar para hacer un canal navegable. También se encargó de la nivelación desde el puerto de Salinas al mar Cantábrico, por un lado y al Ebro, por otro.

Igualmente realizó un plan topográfico de todo ellos. Manuel de Echánove se había preparado en el estudio del gran arquitecto del neoclasicismo Ventura Rodríguez.

La línea del Zadorra-Salinas-Deva para realizar el canal navegable que mejorara las comunicaciones de la Rioja y Navarra con los puertos del Norte no era el único proyecto. 

Ya desde el año 1751 las Juntas Generales de Guipúzcoa, nombra comisionados para examinar cómo hacer navegables los ríos guipuzcoanos y estudiar la posibilidad de unir el Cantábrico con el mar Mediterráneo, aprovechando la favorable circunstancia que para que este objeto concurre en la vertiente septentrional de la sierra de Aitzgorri.

El arquitecto Joaquín Ignacio Zunzunegui encontró la posibilidad de unir ambos mares en el año 1807, utilizando la cercanía del camino real que pasaba por el túnel de San Adrián, en las cercanías de Aitzgorri.

Zunzunegui describe el origen del arroyo Otzaurte, que nacía precisamente en la divisoria de aguas, apuntó a este como el único que presenta la naturaleza para que pueda construirse un canal que comunique ambos mares.

EL ACUEDUCTO DE NOAIN

Al acercarnos a Pamplona por la autopista a Zaragoza enseguida nos aparece el imponente acueducto de Noáin a nuestra vista. Es importante conocer el contenido de esta obra que fue representativa en su época.

Pamplona siempre ha tenido fama de tener un excelente suministro de agua de boca. Este proyecto se remonta a finales del siglo XVIII, que es cuando se produce la primera traída de aguas desde los manantiales que existen en la sierra del Perdón.

Hasta entonces, la capital navarra había contado con pozos de agua para abastecer a la población. Pero el crecimiento demográfico, unido a los problemas de sequía estival e insalubridad animó a los dirigentes locales a plantear un nuevo sistema de abastecimiento hídrico.

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Éste consistió en la captación del agua de los manantiales de Subiza, Esparza y Arlegui situados en la sierra del Perdón, y la conducción de la misma hasta el casco urbano. En total representan 16,5 kilómetros que recorrían los términos de Subiza, Beriáin, Potasas, Imárcoain, Tajonar. Zolina Mendillori, Badostáin y Pamplona.

El principal obstáculo para traer el agua a Pamplona era salvar el desnivel existente entre el valle de Elorz y las sierras del Perdón y de Tajonar. El ingeniero francés, Francisco Gency, a quien se debe la idea de captar las aguas de la sierra del Perdón propone un sistema de tuberías inclinadas para conducir e agua desde Subiza a Pamplona, pero los responsables navarros acabaron encargando el proyecto definitivo al célebre arquitecto madrileño Ventura Rodríguez.

Ventura Rodríguez era en aquellos momentos el arquitecto de la corte y representaba el movimiento neoclásico. Estuvo en Pamplona y de su estancia quedan dos obras importantes: por un lado la fachada neoclásica de la catedral gótica de Pamplona y la segunda es la traída de aguas a Pamplona y la construcción del acueducto de Noáin como principal obra.

Ventura Rodríguez propone la construcción de un acueducto con una longitud de 1.240 metros que permitiera salvar el desnivel en Noáin al estilo romano y continuar luego, mediante túneles y otros acueductos más pequeños hasta Pamplona. Este proyecto se presentó en el año 1782 y la dirección del mismo corrió a cargo del arquitecto Santos Ángel Ochandátegui.

El veintinueve de junio del año 1790, salió agua por primera vez de los caños del depósito de Pamplona. El proyecto de traída de aguas culminó en el año 1801, con la instalación de varias fuentes diseñadas por el escultor Luis Paret, que tenía un gran prestigio en aquellos tiempos.

Todavía se conservan las de la Plaza del Consejo, la de Recoletos y la de la calle Descalzos. También está en el parque de la Taconera la escultura conocida como la Mariblanca, que antaño coronaba la fuente de la Plaza del Castillo.

Según Pascual, las obras de la traída de aguas costaron unos cinco millones de reales de vellón que supusieron un gasto enorme. Esta obra de ingeniería es un auténtico lujo para una ciudad como Pamplona, que gracias a los manantiales de la sierra del Perdón disfrutaba ya a principios del siglo XIX de abundancia de aguas potables de exquisita calidad, además de surtir a varios establecimientos y cuatro abrevaderos perpetuos.

La construcción más emblemática de la traída de aguas de Subiza es sin duda el acueducto de Noáin. Este constaba inicialmente de 97 arcos de ochos metros de diámetro, peraltados sobre pilares de sección rectangular.

Se trata de una construcción de estilo neoclásico que se daba en aquellos momentos en el país y del que Ventura Rodríguez era su máximo exponente. Para el arquitecto inglés Street, que era un clásico tratadista en gótico español, el acueducto de Noáin es digno de figurar entre los más hermosos de Europa.

El acueducto de Noáin estuvo en funcionamiento a pleno rendimiento desde el año 1790, hasta finales del siglo XIX. Se inauguró una nueva traída de aguas del manantial de Arteta en el año 1895, y en el año 1973, concluyeron las obras del embalse de Eugui, que completan hoy el abastecimiento de la ciudad.

Hacía ya tiempo que el acueducto de Noáin había perdido su función original. Sin embargo, su impresionante silueta ha perdurado como un símbolo del espíritu ilustrado que animó a los emprendedores munícipes del siglo XVIII y también como un testimonio del buen hacer de este arquitecto genial.

A pesar de las diversas agresiones y mutilaciones que ha sufrido el acueducto permanece en pie desafiando el tiempo. Se derribo uno de los pilares en el año 1858, para hacer de dos arcos de ocho metros uno de dieciocho, que permitiera el paso del tren.

En torno al año 1940, el desgaste producido por las avenidas del río Elorz, que pasa por debajo, provocó la caída de cuatro de los 96 arcos que quedaban después de las obras del ferrocarril.

Más recientemente el acueducto se ha visto perjudicado también por las canteras de la sierra de Alaiz, cuyas vibraciones afectan a la estructura y sobre todo por la autopista que provoca la desaparición de dos arcos laterales.

Aunque el intenso desarrollo urbano de la zona sigue afectando negativamente al acueducto, éste mantiene una buena salud gracias a las actuaciones que desde el Gobierno de Navarra se han ido efectuando.

LAS FUENTES DE AGUA DE PAMPLONA

En el año 1788, vino a Pamplona el gran pintor madrileño Luis Paret y Alcázar, el cual por encargo del Ayuntamiento de Pamplona, dibujó los bocetos para las siguientes fuentes monumentales de la capital navarra.

FUENTE DE LA BENEFICIENCIA O DE LA ABUNDANCIA

Fue la más hermosa de todas y se instaló en el centro de la Plaza del Castillo hasta el año 1910, en que fue demolida, colocándose en su lugar un quiosco de madera para la música, que desde el año 1900 estaba en un lateral de la plaza, frente al café Iruña.

Esta fuente estaba coronada por la estatua de la beneficencia, que fue llamada la “Mari-Blanca”. La estatua fue desmontada y colocada en el año 1912 en la plaza de San Francisco, hasta que en el año 1927 fue trasladada a los jardines de la Taconera, donde hoy continúa.

LA FUENTE DE NEPTUNO NIÑO

Se proyectó para ser colocada en la Taconera, pero se instaló en la plaza del Consejo en cuyo centro continúa.

FUENTE DE SANTA CECILIA

Se colocó en la antigua Plaza de Zugarrondo frente a la basílica de Santa Cecilia y junto a la fuente vieja del mismo nombre, hasta que en el año 1854 se suprimió esta última. La fuente de Santa Cecilia fue trasladada en el año 1913 a su actual emplazamiento en la calle Navarreria.

Es la fuente que en San Fermín suelen usar tanto los norteamericanos como los australianos que asisten a las fiestas para tirarse de ellas sobre la multitud en un mal uso de este monumento.

FUENTE DE LA PLAZA DE RECOLETAS

Proyectada para la plaza de la Fruta siendo hoy la plaza consistorial, aunque se construyó en el ángulo sudoeste de la plaza de las Recoletas. Fue trasladada al centro de la plaza en el año 1844, donde continúa con aire de monumento funerario.

FUENTE PARA LA PLAZA DEL CONSEJO

Llegó a ser construida, por lo menos en su parte superior. Esta fuente existe hoy en el jardín del palacio de los condes de Guendulain que hoy se ha convertido en hotel.

OTRAS FUENTES PÚBLICAS

Llegó a existir hasta dieciséis fuentes en el siglo XIX. Entre ellas destacaremos las de la plaza San José, San Francisco y San Nicolás, las de las calles de Cuesta del Palacio, San Ignacio, Tecenderías, Ciudadela, San Agustín, Compañía y la Merced.

Las había también con su correspondiente abrevadero en la calle Santo Domingo, Santo Andía, Tejería, portal de Francia y la inolvidable asca de caballería en la plaza del Vínculo.

Pamplona puerto de mar Navarra y las obras hidráulicas en la época de los borbones