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jueves 19/5/22
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En este periodo histórico se acometieron numerosas e importantes obras hidráulicas sobre todo en la región levantina y en el valle del Ebro. Esta época se caracteriza por la utilización de los ríos como vías de comunicación superando a la concepción del regadío como forma de progreso.

OBRAS DESTACADAS EN EL VALLE DEL RÍO EBRO

Se plantearon en la cuenca del río Ebro obras hidráulicas muy importantes para incrementar la superficie de riego, aunque la mayor parte no se concluyeron. Buscan esta obras superar la dependencia de los regadíos respecto a los caudales fluviales, acometiéndose actuaciones de carácter más general que las puntuales de otras épocas.

Se construyó la presa de Arguis en la provincia de Huesca que pretendía aportar agua a la capital provincial para riego y abastecimiento humano. Lo primero que los oscenses expusieron al rey Felipe IV fue que se hicieran obras para derivar agua del río Gállego.

Este proyecto fue estimado como factible por los ingenieros reales, pero fracasó por la escasez de medios económicos, así como la oposición que la ciudad de Zaragoza ponía al proyecto, pues pensaba que se quedaría sin agua.

Por eso se realizó la presa de Arguis como sustitutivo del proyecto del río Gállego ya que la ciudad de Zaragoza no se veía afectada por esta obra. Anteriormente, ya existían dos acequias de origen árabe que llevaban agua a la ciudad desde este río. También se realizó la presa de Cascante en Navarra.

Las asociaciones de regantes de la cuenca del río Ebro tenían un carácter asambleario y eran las asambleas el órgano superior encargado de la adopción de los acuerdo de ámbito general.

Sus funciones afectan a la estructuración del término en partidas, según el criterio de antigüedad de los regantes o por la importancia de los mismos en la estructura de poder de la asociación.

Se estipula que los cultivos deben ser regados y la prioridad entre ellos. Como sujeto jurídico, las asociaciones son propietarias de la infraestructura hidráulica menor y disponen por concesión del agua y de las grandes obras de ingeniería hidráulica que superar sus propios medios. Su financiación se consiguió a través de un sistema fiscal interno que actúa por varios procedimientos.

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El primer impuesto es la alfarda [1] o impuesto pagado por el regante en concepto de aprovechamiento que hace de las aguas. El segundo impuesto es el procedente de los rendimientos que obtienen de los bienes propiedad de la asociación. Se recurrió también el endeudamiento a través de la concertación de censos hipotecarios y empréstitos.

A la cabeza de la estructura de poder de la asociación hay que citar a la comunidad de herederos que forman las asambleas del término, con potestad de voz y voto en las juntas y con posibilidad de ejercer los oficios gestores de la comunidad.

A los herederos se les exige una serie de condiciones como son edad, compatibilidad, propiedad de tierras… Los gestores reales son los oficiales elegidos por votación en los siglos XVI y XVII. Los procuradores están a la cabeza del sistema administrativo y son los que establecen el orden de riego y se responsabilizan de que el estado de las infraestructuras hidráulicas se óptimo.

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El contador gestiona el patrimonio de la sociedad y fiscaliza a los arrendatarios de ese patrimonio, para cobrar los impuestos y para inspeccionar la infraestructura hidráulica están los bolseros y los visitadores.

Los epicentros fundamentales de la cuenca del Ebro, en los siglos XVI y XVII, vuelven a coincidir con las zonas tradicionales. El regadío de la comarca de Zaragoza ocupa un lugar destacado, aunque el crecimiento de estas zonas regadas queda supeditado a la construcción del canal Imperial, que no llegó a realizarse.

f20 copiaFuente de los Incrédulos

El regadío de las cuencas de los ríos Cinca y Segre también fue importante. Menos importantes fueron los regadíos de los ríos Martín, Guadalope y Aguas Vivas, así como los del curso alto del río Jalón y del Arga. Debemos destacar también la comarca de las Cinco Villas, Lodosa y Logroño y los riegos del monte Moncayo con su prolongación a través de los ríos Queiles y Huecha hasta las ciudades de Tarazona y Tudela.

Las asociaciones de regantes intentaron frenar los procesos de apropiación de las tierras de regadío por parte de los grandes propietarios. Formadas por pequeños y medianos campesinos, ya sean cultivadores directos o indirectos, burgueses, profesionales o comerciantes, que se unieron para defender sus intereses.

Ellos, en los siglos XVI y XVII, demandaron tierras regadas, potenciaron el desarrollo de la agricultura secular, la productividad y los precios de las tierras de regadío, e intentaron multiplicar las extensiones de riego y se embarcaron en costosos proyectos de nuevas infraestructuras.

EL CANAL IMPERIAL DE ARAGÓN

La historia concesional del canal Imperial de Aragón se remonta al año 1125, cuando el rey Alfonso I el Batallador concede al término de Alagón, dos yugadas de tierra “in regativo”. Otra documentación que es previa está fechada en los años 1138 y 1140 que nos marca la existencia de dos acequias “Furón Mayor” y “Riego Sageta”.

El documento más antiguo nos habla de una acequia que conduce agua a Zaragoza, y esta datada en el año 1184. En dicho documento, el rey Alfonso I otorga a la Orden del Temple la conservación de la acequia de Celtén. Pedro IV el Ceremonioso, en el siglo XIV, otorga a la ciudad de Zaragoza el privilegio de poder hacer acequias en los ríos Ebro y Jalón.

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En los siglos XV y XVI, los Jurados de Zaragoza creen necesarios la realización de una canal. Solicitan a las Cortes celebradas en Monzón en el año 1510, la autorización de Fernando el Católico para derivar una acequia de riego y navegación del río Ebro. El emperador Carlos I lo confirma en el año 1528 y declara la voluntad para que se realice dicha obra.

Durante el reinado de Carlos I se acomete la construcción de la acequia Imperial, que es financiada por la Corona.

El Consejo zaragozano, a solicitud de Carlos I, encarga a Juan Montañés, Juan de Sariñena y Gil Morlanes el estudio de una presa de derivación de la acequia. El proyecto seleccionado es de Gil Morlanes, que fija su inicio en la presa de la villa de Fontellas “El Bocal”, en el reino de Navarra.

Se aprueba en el año 1529, y el proyecto da comienzo rápidamente. Para que ésta avanzara con celeridad se solicita al rey que pida al Papa Clemente VII “que se dispense y que solamente se guarden los domingos y fiestas principales y que en los otros días se pueda trabajar en la acequia sin pecado”.

La antigua presa para desviar las aguas del río Ebro se había construido de sillería según el proyecto de Gil de Morlanes. La casa de compuertas, también llamado Palacio Carlos V, fue construido junto a la presa y en una zona próxima, hoy llamada “El Bocal del Rey”, donde se levantan edificios para viviendas, depósitos de materiales y otros usos.

f18 copiaRamón Pignatelli

La acequia se iniciaba con un tramo de sillería de unas cien varas de longitud y continuaba por terrenos difíciles. Los trabajos más importantes fueron el sifón para el paso del río Jalón y el corte de la colina de Alagón, que era todo de roca.

Entre los años 1530 y 1540. Se realizaron cerca de sesenta kilómetros entre el Bocal del Rey en Navarra situado a ocho kilómetros aguas debajo de Tudela hasta Garrapinillos. A las dificultades técnicas de esta obra se unieron la oposición de los grandes terratenientes de la zona, en la que destacaron el duque de Villahermosa y Gaspar de Reus.

Se habían construido, en el año 1540, la presa, la casa de compuertas, la acequia hasta el río Jalón y un sifón a orillas de este río, pensado para pasar el canal por debajo de su cauce. La anchura del río Ebro en Fontellas obliga a la construcción de una presa de 338 metros de anchura y 3,5 metros de altura con una anchura de coronación que oscila entre los diez a doce metros.

Es una presa de gravedad [2] cuyo cuerpo se hizo de hormigón de cal con sillares en la parte superior. Sobre los estribos laterales se construyeron los edificios colaterales y se prepara la derivación hacia la acequia.

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La acequia Imperial se utiliza durante cuarenta años para regar las secas tierras que la circundan. Las constantes roturas y filtraciones que se producen a lo largo de su recorrido, hace que se inutilice esta obra.

Los problemas de conservación y gestión de la acequia se producen durante dos siglos. En junio del año 1551, el rey Felipe II reclama a la ciudad de Zaragoza un préstamo de 19.500 ducados “...Para la prosecución de la abra de nuestra acequia Imperial… ayuda que otras veces tan cumplidamente y con tanta satisfacción nos habéis dado”.

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Felipe II quiso continuar la obra de la acequia Imperial. Trajo para ello de Italia al ingeniero Juan Francisco Sitoni y le encargó de todos los asuntos de la acequia a su virrey, el Duque de Alburquerque. Felipe IV encomendó a Domingo Usenda y Manfield en el año 1654 un estudio de lo realizado y de su posible continuación.

Se habló por primera vez de la navegación del río Ebro en las Cortes Generales de Aragón celebradas entre los 1677 y 1678. Felipe V ordenó a sus ingenieros Bernardo Luna y Sebastían Rodolfi, en el año 1738, realizar unos reconocimientos y estudios de la acequia con la finalidad de riegos y navegación. Las conclusiones de este estudio, quedan reflejados en los planes del año 1738, que dieron como posible la navegación desde El Bocal del Rey hasta pasado el pueblo de La Zaida.

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A pesar de estos estudios y reconocimientos pasaron treinta años sin realizar ninguna obra, hasta que en el año 1768, los Badin padre e hijo se comprometieron a realizar los proyectos de los ingenieros Bellacase y Brieu.

Se pide ayuda a unos banqueros holandeses, los cuales enviaron al ingeniero Krayenhoff que junto al ingeniero francés Gil y el español Sánchez Boort, propusieron la construcción de una nueva presa aguas arriba d Tudela, lo que añadía dificultades a una empresa ya amenazada de quiebra Condom, su socio capitalista, denuncia estos hechos al Consejo de Castilla, solicitando una actuación rápida.

La compañía de Badin inicio, en el año 1770, las obras de restauración de la acequia Imperial, pero su probada inoperancia, junto al manifiesto despilfarro del presupuesto precipita la resolución del Consejo de Castilla, por lo que se ordena fulminantemente la paralización de las reformas emprendidas.

Se produce una gran avenida del río Ebro en el año 1722 que rompió la presa y se dejó de regar.

En la segunda mitad del siglo XVIII, en pleno desarrollo de las ideas y proyectos de la Ilustración, se retoma y amplia la obra, con planteamientos más ambiciosos. Reinando Felipe V en el año 1745 y Carlos III en el año 1766 se redactan nuevos e infructuosos proyectos de recuperación de la presa.

El proyecto de hacer el canal navegable explica sus grandes dimensiones y es lo que encarece mucho su realización.

El utópico plan de la Ilustración que tenía como objetivo la construcción de Canales en España siguiendo el modelo de Francia e Inglaterra. Utópico porque no se tenía en cuenta el coste real ni las dificultades orográficas que se dan en el país, que hacen que dichas obras sean imposibles de realizar.

f15 copiaEsclusas de Valdegurriana

El canal Imperial salva los meandros y azudes del tramo medio del río Ebro, haciendo este trozo navegable. Así se plantea que el río Ebro se comunique con el océano Atlántico por medio del río Zadorra y en río Deva en Guipúzcoa o por Laredo en Santander y con el río Duero por medio del canal de Castilla.

f14 copiaLa vieja idea aragonesa estudiada en las Cortes de Aragón a finales del siglo XVII y que era apoyada por la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, de conseguir una salida al mar que permitiera exportar directamente sus productos agrícolas.

Desde mitad del siglo XVIII se produjo una fuerte expansión económica en Cataluña, con una elevación de los precios agrícolas y además se produjo la liberalización del comercio de América.

A todos estos factores se unió el importante peso político que Aragón tenía en las Cortes, como ejemplo sirva el papel del conde de Aranda. De este proyecto solo se realizó una parte que es la voy a explicar ahora.

El conde de Aranda reconoció en el año 1757 en nombre del gobierno, el antiguo cauce del canal Imperial y ordenó sacar planos con el fin de continuar las obras que habían sido iniciadas en tiempos del rey Carlos I. Esos planos y estudios quedaron archivados en la secretaria de Estado hasta que en el año 1768 se constituyó “La Compañía del canal de Aragón”.

El Consejo de Castilla designa en el año 1772, a Ramón de Pignatelli [3] como Protector del canal Imperial y a Ramón Herranat como director de obra.

Por real Cédula, del veintiocho de febrero del año 1768. Se apruebe “El proyecto de la acequia Imperial” presentada por el francés Juan Agustín Badin y su hijo Luis Miguel, que concedía a esta empresa la percepción de las rentas de la acequia durante cuarenta años, transcurridos, todos los derechos pasan a la Corona.

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El capital inicial se consiguió por medio de Badin y compañía, mediante la emisión de obligaciones al 6% en Holanda, pero en el año 1775, el Estado, siendo ya responsable directo de la empresa, renegoció la deuda y entre los años 1779 y 1782, fue disuelta ya que esta compañía concesionaria negoció en Holanda tres créditos de 52 millones de reales de vellón que aumentaron la deuda anterior y fueron la base financiera del proyecto.

Las obras superaron rápidamente el coste previsto y para acabarlas fueron necesarias dos nuevas emisiones de vales reales al 4% por importe de 99 millones de reales de vellón.

El conde de Floridablanca le envía una carta a Ramón Pignatelli, el veintitrés de enero del año 1780, donde le muestra todo su apoyo y dice:

“Si la Junta se olvidase de la consideración que debe V.S. -caso que me parece imposible- lo haría yo un recuerdo tan vivo que jamás volvería a padecer semejante extravió… no hay motivo para que yo nombro sugeto que pase a reconocer las obras y la forma con que se distribuyen los caudales, pues me basta que V.S. las tenga en cuidado y protección para que éste seguro de que todo se executará como conviene al servicio del Rey y del Estado”.

f12 copiaGrabado del siglo XIX del Caracol o Las Murallas de Grisén

El canónigo Ramón Pignatelli recibe de Carlos III, en recompensa a sus excepcionales servicios en el canal Imperial, una merced digna a los mismos, consisten en “2.000 ducados de pensión sobre la Mitra de Tarragona” y “el collar del Toysson” la más alta distinción de la monarquía española.

Con este resurgimiento económico se trata de crear una vía navegable de transporte para la producción agraria aragonesa y de comunicación entre las zonas riberas que lo circundan, así como ampliar la superficie de tierras regadas, aspecto este importante en la época, cuando la agricultura era el principal factor de desarrollo del país.

Esta ampliación del canal Imperial hay que enmarcarla en el plan de la Ilustración de crear una amplia red de canales navegables que enlace la España interior con las zonas costeras. Modelos a seguir son el canal del Languedoc en Francia y el canal que une las ciudades de Manchester y Liverpool en Inglaterra.

El canal Imperial tiene su primer cauce construido en la llamada presa de Carlos V en el año 1530, que es la toma del agua del río Ebro. Posteriormente, es ampliado con la llegada de Pignatelli en el año 1790. Consta de la denominada Casa de las compuertas, por cuyas bocas se trasvasa el agua del río al canal. En sus orillas se encuentra el llamado Palacio de Carlos V, que actualmente se encuentra muy reformado y consta de una posada y de una iglesia que se encuentra ya desaparecida.

Se puede observar en el Bocal del rey todavía los caminos de sirga desde lo que los bueyes arrastraban las embarcaciones mediante cables, cuando no hay aire suficiente para la navegación a vela. Junto al soto de Bellver se levantó un magnífico puente de piedra caliza.

Surge un puente acueducto en el cruce del río Jalón, que se conocen como las murallas de Grisén o también el Caracol como se ven en el grabado anterior, que fue realizado a finales del siglo XVIII. Se inauguran los puertos fluviales de Miraflores y de Casablanca, ya en la ciudad de Zaragoza en el año 1876.

f11 copiaCanal Imperial de Aragón en el Bocal, vacio

Ramón Pignatelli mandó construir en el barrio de Casablanca de Zaragoza, la fuente de los Incrédulos, que está dedicada a los que dudaban de que las aguas llegaran a la ciudad. Esta zona albergaba una almenara, varios batanes y molinos, una posada y una capilla ya todos ellos desaparecidos.

A lo largo de su recorrido por Zaragoza, hay un antiguo embarcadero y un antiguo molino, que actualmente se ha convertido en una central hidroeléctrica.

El coste absoluto fue mucho mayor debido sobre todo a que los créditos apenas fueron amortizados y pasaron a formar parte de la Deuda Pública del Estado. Los intereses eran pagados por el Tesoro y seguían ascendiendo a casi seis millones de reales de vellón.

A partir del año 1790, las obras y el dinero quedaron prácticamente finalizados. Desde el año 1794, los fondos para obras y mantenimiento fueron aportados por la Hacienda Real por unos seis millones de vellón y por Aragón, La contribución del reino de Aragón fue aumentando a las arcas de la Hacienda Real pasando de seis millones de real anual a siete millones. Este suplemento fue llamado la contribución del millón.

La financiación del mismo fue posible gracias, fundamentalmente a cuatro personas, el conde de Aranda, Ramón Pignatelli, Juan Bautista Condom y el conde de Floridablanca, sobre todo estos dos últimos.

Condom era un importante comerciante madrileño que traficó con América y que fue socio capitalista de Badin y tesorero del canal durante su construcción. Hizo posible el proyecto compensando y regularizando las frecuentes dificultades de tesorería de las obras, aportando personalmente grandes cantidades de dinero.

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Su gestión fue posible por el apoyo del conde de Floridablanca, que fue uno de los principales reformadores ilustrado y el más importante impulsor y realizador de la política de canales y obras públicas del reinado de Carlos III.

El conde de Floridablanca fue en Madrid el apoyo político y económico de Ramón Pignatelli y Condom, concediendo a este último a lo largo de diversos años, recompensas por sus muchos servicios, y algunos privilegios de exportación de productos a América.

Zaragoza sufrió fuertemente las consecuencias de la guerra de la Independencia 1808-1814. Las instalaciones del canal Imperial resultaron muy deterioradas por los combates que se produjeron en la ciudad por parte de las tropas francesas. Posteriormente, fueron reconstruidas muy lentamente a lo largo del siglo XIX.

La traída de agua a Zaragoza con el canal Imperial de Aragón y la reforma del canal de Tauste, tuvieron como consecuencia principal una reforma agraria, llevada a cabo por Pignatelli en medio de múltiples dificultades.

Para comprender su importancia es necesario tener en cuenta que en la comarca los principales medios de producción eran la tierra, el agua y el ganado, que se encontraban en manos de una oligarquía compuesta por la nobleza terrateniente y la Iglesia en la zona rural, y por la burguesía y la Iglesia en el regadío de Zaragoza. La reforma agraria llevada en la zona benefició de forma principal a las clases populares, campesinos, pequeños propietarios y arrendatarios de la zona rural y jornaleros de Zaragoza. Según cálculos efectuados, las tierras puestas en regadío en el entorno de la capital aragonesa desde el año 1781 eran casi un 250%.

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Las tierras comunales fueron sorteadas y repartidas entre los vecinos, hecho que tuvo gran importancia en Zaragoza, en donde había muchos jornaleros sin tierra. En las propiedades privadas se procuró que sus propietarios las regaran, cosa que no siempre se consiguió. En ningún momento se planteó redistribuir la propiedad de la tierra. En la época ilustrada muy pocos se atrevían a plantear abiertamente la posibilidad de redistribuir la tierra.

El descubrimiento en la zona de ricas vetas de arcilla en el año 1826, necesaria para revestir la obra y proseguir el cauce, permitió reiniciar los trabajos, los cuales siguieron de forma intermitente a lo largo del siglo XIX.

El canal nunca llegó a su destino, no obstante, la idea de navegar por el río Ebro no desapareció y ha pervivido hasta nuestros días. Se crea en el año 1873, la Junta del canal Imperial, con sede en Zaragoza, que velará por su funcionamiento.

El canal imperial pierde mucha de su importancia como medio de transporte por el surgimiento del ferrocarril. Actualmente tiene una longitud de 103 km, llegando hasta Fuentes de Ebro. Riega un total de 26.824 ha. y abastece de agua a más de veintitrés pueblos y a la ciudad de Zaragoza.

La Confederación Hidrográfica del Ebro, en el año 1985, se hace cargo del Canal Imperial y en el año 1986 se constituye la Comunidad General de Usuarios del canal Imperial.

f8 copiaCanal Imperial de Aragón a su paso por Zaragoza

CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DEL CANAL IMPERIAL DE ARAGÓN

Las consecuencias económicas fueron menores de las previstas, ya que las tierras de regadío siguieron cultivándose en año y vez y no se produjo una intensificación importante de los cultivos.

Mayores fueron los efectos ya que el riego revalorizó las tierras hasta entonces en secano e incultas, elevó en Zaragoza los salarios agrícolas, en virtud de que muchos jornaleros agrícolas dispusieron ya de tierras para cultivar y modificó los precios de arrendamientos de las tierras en toda la zona regada.

El canal cobraba por el riego una contribución en especies, sobre todo de trigo. Desde Pignatelli, en vez de vender el trigo en el mercado local al mayor precio posible como entonces hacían todos los que manejaban grandes rentas agrícolas en especies, caso de la iglesia, nobleza y comerciantes de grano.

El agua se dividió para seis usos: navegación, riegos, abastecimientos de poblaciones, abastecimiento de ferrocarriles, fuerza motriz y usos industriales

El canal lo dedicó a hacer préstamos a los labradores para la sementera en excelentes condiciones económicas. Esto palió en parte la falta de crédito agrícola y aumentó los beneficios sociales de la extensión del regadío.

La acción agrícola del canal suscitó una gran oposición entre una parte de la oligarquía dominante, especialmente la iglesia y un sector de la nobleza que se consideraron afectados sus intereses por esta política social del canal.

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Lo que mayor oposición suscitó fue el reparto de diezmos, tributos en especie sobre la cosecha que percibía fundamentalmente la iglesia y de los cuales el rey y en su nombre el Canal que era del Patrimonio Real, debía percibir una parte, la que le correspondía a lo que las tierras producían de más al pasar de baldíos o secanos de regadío.

Sin solucionar estos problemas, el Canal no podía reformar la contribución por el riego y conseguir la autonomía económica.

Al afectar a casi todas las tierras y ser uno de los tributos más importantes que pagaba el agricultor, si el Canal lo englobaba en la contribución por el riego usando el privilegio real, tenía en su mano rebajar la presión tributaria del agricultor y hacer posible el éxito de la empresa.

Ramón Pignatelli plantea constantemente un reformismo agrario que beneficia a los campesinos y a la empresa frente a la nobleza y la iglesia.

Sin embargo, fue la empresa del canal quien acabó pagando los diezmos para así descargar a los agricultores de esta obligación. Este hecho es de gran importancia social y económicamente le supuso ingresar mucho menos dinero del previsto.

El Canal había heredado de la antigua Acequia Imperial una jurisdicción privilegiada tendiendo a su mando un juez privativo, asistido por un juez subdelegado para Navarra con el fin de respetar los Fueros de Navarra. Las sentencias de este tribunal eran recurribles directamente ante la más alta magistratura del Estado, el Consejo de Castilla.

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La otra finalidad que tenía el canal, que era la navegación fue poco utilizado, puesto que su cauce no se alargó de Zaragoza. Se intentó en el siglo XIX, construir esclusas en la ciudad para comunicarlos con el río Ebro, pero esto nunca llegó a producirse.

La existencia de una aduana entre Navarra y Aragón dificultó el tráfico interregional de mercancías. El movimiento mercantil alcanzó un buen volumen en los últimos años del siglo XVIII pero se paralizó muchísimo durante la guerra de la Independencia. Con la inauguración del ferrocarril a mediados del siglo XIX, hundió las posibilidades de navegación mercantil para siempre.

Entre los años 1835 y 1873, el canal experimentó una serie de cambios profundos en su estructura y funcionamiento, que darían lugar a la actual institución:

  • Se reformó la contribución por riego.
  • Se crearon los sindicatos de regantes del canal.
  • Se hizo la Junta Administrativa del canal Imperial.
  • Se fijó el régimen jurídico general de las aguas.
  • Se delimitó su marco de actuación.
  • Se devolvió el canal de Tauste a las antiguas villas que lo poseían.

Con el Antiguo Régimen, el canon por el riego tenía las siguientes características:

  • Se pagaba en especies.
  • Era proporcional a la cosecha entre un 9,9% y el 19,35% de ésta.
  • Ese diferencial era en función del cultivo y de la situación jurídica de las tierras.
  • Engloba los diezmos, ya que el canal, con una finalidad social muy clara, tenía asumido su pago en aquellas tierras que con anterioridad al riego lo venían pagando. Éste era el sistema general, pero además había zonas fiscalmente marginadas, en donde el sistema era diferente. En la zona del río Jalón algunos pueblos compraban al canal un suplemento de agua pagando a tanto alzada en especie, y los términos regantes del río Huerva, en Zaragoza, lo compraban con dinero.

El sistema de cobro y el mosaico tributario fueron sustituidos por un nuevo sistema, que con algunas modificaciones mínimas sigue hoy vigente y que frente al anterior, presentaba y presenta las siguientes características:

  • Se paga en dinero.
  • Es proporcional al agua consumida y a la duración de suministro.
  • Es idéntico para todas las tierras.

El nuevo sistema implicaba la venta constante en el mercado de una parte de la cosecha y un uso generalizado del dinero, así como, la desaparición de los privilegios tributarios.

f5 copiaGravaba el agua y su uso, no lo que esta producía, lo que en principio era un incentivo a la producción, y sobre todo desvinculaba al Canal del labrador. El pago por el agua era independiente de cual y cuánta fuese la cosecha, que quedaba sometida a las fuerzas del mercado.

La fuerza motriz generada por el agua del Canal, permitió plantear los primeros proyectos de industrialización de Zaragoza. Es la base de las industrias de transformación agrícola que se desarrollaron en la ciudad durante la época isabelina.

En el año 1853, gracias a la concesión de diez años de un salto de agua del Canal Imperial, se constituía la Sociedad Maquinista Aragonesa, primera empresa zaragozana y española de fundición y no por casualidad poco tiempo después se daba la primera reglamentación del aprovechamiento del agua del Canal para usos industriales.

El agua se dividió para seis usos: navegación, riegos, abastecimientos de poblaciones, abastecimiento de ferrocarriles, fuerza motriz y usos industriales. Las distintas concesiones de agua se hacían por tiempo fijo. El pago era proporcional al agua consumida, había de hacerse en moneda metálica por anticipado en el primer caso y por trimestres adelantados el segundo.

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El Canal ponía fin a sus responsabilidades suministrando agua y el suscriptor de la concesión era el que debía hacer frente a cualquier otro pago, incluidas las alfardillas [4] o gastos de conservación de la acequia en el caso de que fuera para riego.

El precio fijado para el agua de riego fue muy inferior al del agua destinada a otros usos, a pesar de ello constituyó el capítulo de ingresos más importantes para la empresa durante años.

Los últimos cien años de su vida también han sido pródigos en acontecimientos. El nuevo siglo trajo un aumento de las necesidades de agua en virtud de tres hechos: el despegue demográfico de Zaragoza, su despegue industrial y el paso a una agricultura más intensiva. La respuesta del Canal ha sido la regularización de los caudales estivales, dragado del cauce y revestimiento de éste.

A lo largo del canal es habitual encontrar fochas [5] y otras aves. No podemos olvidarnos de las conocidas almejas del canal. Una de ellas la margariti auricularia ha sido declarada especie en extinción. Se trata de un bivalvo perlífero de agua dulce y de gran tamaño, hasta veinte centímetros de longitud que está considerado geológicamente como el más antiguo de los unionides o mejillones de agua dulce.

EL CANAL DE TAUSTE

El rey Teobaldo I de Navarra otorga una concesión a las villas de Cabanillas y Fustiñana y a la Orden del Temple para sacar agua del río Ebro mediante la construcción de una presa y la excavación de una acequia.

La envergadura de esta obra fue notable, puesto que las dificultades topográficas eran menores que en el canal Imperial y el coste de la obra recayó enteramente sobre los vecinos y regantes, contando con ayudas oficiales.

Los usuarios tuvieron que cargar con una enorme cantidad de censales sobre sus tierras de secano a cambio de los gastos de hacerlas de regadío, con la lógica esperanza de que el fruto obtenido compensara con creces el esfuerzo invertido.

El interés por el riego de las aguas del río Ebro ha sido una constante histórica en las riberas navarras y aragonesas. Siempre se ha intentado derivar las aguas del río Ebro con suficiente cota para poder regar los campos de las villas, lo que ha dado lugar a luchas y litigios por los términos y las aguas, que con frecuencia han provocado incidentes entre las distintas villas, como sucedió, en el año 1337, con muertos y fuertes destrozos en los pueblos riberos.

f3 copiaLas Trabas en Tauste

D. Carlos, Príncipe de Viana, otorga una concesión, en el año 1444, a la villa aragonesa de Tauste para que saqué aguas del río Ebro mediante una acequia que atravesase las tierras navarras.

A pesar de esta concesión dichas obras resultaron imposibles de realizar, y así en el año 1498, la misma villa desistiendo de su idea inicial ante la oposición de las villas navarras de Fustiñana y Cabanillas, solicitan al rey Fernando el Católico licencia para traer agua del río Aragón.

Son las villas navarras de Cabanillas y Fustiñana las que solicitan y consiguen en el año 1499. De los reyes Juan de Albret y Catalina I, la confirmación de su derecho. Se inician las obras en el año 1504, del que será uno de los primeros canales de Europa, denominada Acequia del Ebro.

La villa de Tauste no cambia su empeño y en el año 1524, consigue del rey Carlos I igual permiso que el que disfrutan las villas navarras de Cabanillas y Fustiñana.

Las villas de Cabanillas, Fustiñana y Tauste concluyen en la conveniencia, en el año 1552, de unir esfuerzos y suscriben “La escritura de la Concordia”, por la que Tauste se compromete a reforzar el azud, ensanchar y mejorar el cauce de su acequia a la vez que le proponían que alargara su longitud.

Este compromiso supone a la zona aragonesa un gran esfuerzo al tener que financiar la transformación en regadío a través de préstamos colectivos “a censo” sobre una base de renta del secano aragonés. Sus problemas no radican solamente en la financiación de la construcción sino luego en su mantenimiento y conservación.

f2 copiaTaula. Canal de Tauste

De esta forma surge a mitad del siglo XVI, la acequia o canal de Tauste, denominado así por el protagonismo que dicha villa tuvo en su construcción.

La situación del canal fue degradándose hasta tal punto que en el año 1775, el Ayuntamiento de Tauste solicita la intercesión de Ramón Pignatelli para que este canal tenga el mismo trato que el canal Imperial de Aragón y se situé bajo al Real Protección. Quedó así incorporado a la Corona agregándolo al Canal Imperial y sujeta a la normativa de éste.

El canal queda prácticamente inservible en el año 1780. Por ello, interviene Carlos III y comisiona a Ramón Pignatelli para que resuelva la situación. Inmediatamente se procede a su reparación y a las mejoras necesarias. Prácticamente en un año es puesto nuevamente en servicio.

Ramón Pignatelli se encarga de ampliar la capacidad de transporte del canal y de mejorar su trazado así como aumentar en primer lugar la zona de regadío que pasa de 10.000 cahizadas que son unas 4.770 ha. a 14.000 cahizadas que son unas 6.678 ha.

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Una vez regularizado su funcionamiento, se solicita a la reina Isabel II, en junio del año 1948, presidiendo el gobierno el general Ramón María Narváez, siendo ministro de Fomento, Juan Bravo Murillo, que se les devuelva el Canal, cosa que se accede. Por Real Orden del año 1849, se aprueba el reglamento del sindicato de Riegos de la Acequia de Tauste.

El canal de Tauste toma sus aguas del río Ebro, en el término de Fontellas en Navarra, por encima de la toma del canal Imperial. Discurre su trazado paralelo a su margen izquierda y tiene una longitud de 44 km. Su capacidad es de 12,5 m3/seg.

La superficie regada por dicho canal es de unas 9.000 ha repartidas en un 30% en Navarra y el 70% restante en Aragón. Su producción está orientada a los cultivos herbáceos extensivos (alfalfa, maíz, cereales...) complementado con cultivos hortícolas como el tomate, la alcachofa, la cebolla, el pimiento etc.


[1] En el derecho aragonés, contribución que se pagaba por disfrutar de las aguas de riego de algún término. Se designaba también con el nombre de alfardón. El pago de alfarda y alfardilla da derecho a regar tanto con aguas vivas, el agua sobrante que puede ser utilizada por cualquier regante, sin estar sujeto a vez o ador, como las aguas muertas, aquellas para cuya utilización hay que pedir turno de modo que nadie pueda interferir el riego.
[2] Es una presa de gran tamaño fabricada con mampostería, hormigón o piedra. Están diseñadas para contener grandes volúmenes de agua. Mediante el uso de estos materiales, el peso de la presa por sí sola es capaz de resistir la presión horizontal del agua empujando contra ella. Las presas de gravedad están diseñadas de modo que cada sección de la presa sea estable e independiente de cualquier otra sección de la presa.
[3] Ramón Pignatelli (1734-1793) vivió de joven en Náploes y Roma. Estudió Cánones en Zaragoza donde se doctoró. Desde el año 1753 era canónigo y no hubo empresa modernizadora en Aragón en la que no estuviera metido. Reformó y modernizó la Real Casa de la Misericordia, promovió la construcción de la plaza de toros “El Coso de la Misericordia” y desde entonces está al servicio de la beneficencia zaragozana. Fue el principal impulsor de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, que llegaría a ser modélica entre las españolas. Fue Rector de la Universidad de Zaragoza a lo largo de cinco años y poco faltó para que su capacidad de gestión le llevase a la Secretaria de Estado en competencia con el conde de Floridablanca. Tenía las ideas muy claras, se trataba de favorecer a los agricultores productores frente a las clases ociosas y privilegiadas, aportando agua a una tierra fértil pero seca y con una canalización de fuste suficiente como para permitir, además la comunicación mercantil con el mar Cantábrico y con el mar Mediterráneo”.
[4] Cantidad corta que se pagaademás de la alfardapor la limpieza de las acequias menoreshijuelas de las principales.
[5] Ave zancuda de unos 50 cm de largo, con el plumaje negro, el pico grueso y una placa córnea blanca en la frente; es nadadora, poco voladora y habita en aguas poco profundas, pantanos y albuferas.

Las obras públicas en el reinado de los Austrias (I)