viernes 28/1/22
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El agua es un elemento vital para la vida y así ha sido a lo largo de la historia. Los primeros asentamientos humanos estuvieron situados siempre en la cercanía de los ríos, los manantiales y a las fuentes naturales.

Cuando los distintos clanes decidieron compartir el agua de la misma fuente y acordaron convivir en la misma ribera, se forjaron los cimientos de concepto de comunidad, siendo este un paso decisivo para la comunidad humana.

Hace cinco mil años, surgieron los primeros asentamientos humanos, es lo que conocemos como grandes civilizaciones del Mundo Antiguo, que se desarrollaron alrededor de las fuentes fluviales.

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Egipto en torno al río Nilo, Mesopotamia con los ríos Tigris y Éufrates o la India con los ríos Indo y Ganges. Se construyeron tuberías para la distribución del agua y canales para el desagüe en las ciudades.


Agua y emigración en África


Hace cuatro mil quinientos años, las ciudades-Estado sumerias de Lagash y Umma negociaron para dar fin a sus conflictos bélicos por las aguas del río Tigris. Como iremos comprobando a lo largo de la historia, los conflictos en torno al agua es una constante histórica y, aun hoy en día, vemos, como se van agravando porque empieza a escasear el agua como elemento vital para el ser humano.

Hacia el año 2000 a.C., se remontan las primeras estancias para baños, localizadas en la ciudad de Mohenjo-Daro en la India. Entre los años 1700-1400 a.C., se construyeron los baños encontrados en el palacio de Cnosos de la civilización cretense y situada en la Antigua Grecia. También, existen restos de baños en el antiguo Egipto, concretamente el Tell el Amarna.

En la Bactriana asiria puede leerse la siguiente inscripción: “He obligado a los ríos a discurrir por donde yo he querido, es decir, por los lugares donde fueran útiles. Así he convertido en fecundas las tierras estériles regándolas con mis ríos”.

Esta afirmación responde al orgullo que los asirios sienten desde tiempo inmemorial por haber realizado grandes obras en los cauces de los ríos Tigris y Éufrates, canalizando sus aguas desde el siglo IX a. C., a otras latitudes que lo necesitaban, con lo cual desarrollan una agricultura muy floreciente.

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Un factor, que ha promovido la construcción de estos baños, fuentes y otros tipos de elementos para la higiene del cuerpo, ha sido su asociación con las prácticas religiosas, los denominados rituales purificadores, que se practican en religiones como la musulmana y la hindú con las abluciones, el mikvah de la religión hebrea ortodoxa y el bautismo del cristianismo católico que se derivan de la inmersión ritual en el agua.

El agua tiene muchos significados dentro del mundo musulmán. No sólo es el origen de la vida, sino que tiene un sentido purificador para el hombre, ya que le purifica y limpia, tanto al ser exterior como al interior, éste con un sentido eminentemente espiritual.

Los seres humanos han combatido en guerras por las fuentes de agua y utilizada como arma de guerra

Algunas pinturas encontradas en ánforas de la antigua Grecia nos revelan la utilización de unos artefactos similares a duchas. Por su parte, Homero comenta en la Ilíada el uso de tinas para bañarse.

Las termas en su origen eran dependencias de los gimnasios y contaban únicamente con agua fría. A partir del siglo V a. C., se empezaron a convertir en complejas instalaciones, cuyo uso está asociado tanto a rituales, algunas veces con fines medicinales o como actividades atléticas.

Con el tiempo, todas las ciudades helenas disponen de este tipo de equipamientos. En las ciudades griegas de Delfos y Olimpia quedan restos de unos baños públicos del siglo V a. C. Estas instalaciones ofrecían baños de vapor y piscinas mixtas de agua caliente, templada y fría.

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El papel del baño en la concepción islámica es esencialmente el de la limpieza o purificación de la suciedad. Así, el baño y sus rituales constituyen pues una auténtica fiesta social. Se calcula la existencia entre trescientos y seiscientos los baños que llegaron a existir en la Córdoba musulmana del siglo X.

Los antiguos egipcios se sorprendían porque las crecidas tenían lugar en plena estación seca, ya que los ribereños no conocían las fuentes del río, puesto que fueron descubiertas en el siglo XIX por los europeos.

Desde primeros de junio hasta septiembre, el río Nilo crece y desciende hacia el mar de una manera mansa y con una poderosa crecida que inunda todas las tierras de su orilla. Se inicia la retirada de las aguas en septiembre y queda el limo negro y finísimo que fertiliza los campos de cultivo y hace que se logren magnificas cosechas.

Los antiguos egipcios de castas bajas concebían la subida del mar en el río, creyendo que el Nilo era solamente un brazo del mar Mediterráneo. Sin embargo, los letrados seguían sus crecidas mediante las primeras escalas implantadas en su lecho, los famosos nilómetros.

Las balsas, aljibes y pozos son verdaderos monumentos a la capacidad de adaptación del ser humano al agua. Son construcciones realizadas para almacenar el agua de lluvia. Se hacían en los lugares que sólo contaban con esa posibilidad de abastecimiento o en aquellos en los que el agua era tan dura y salitrosa que no podían emplearse para el abastecimiento humano o de los animales. Magníficos aljibes los encontramos en la bimilenaria ciudad romana de Bilbilis, la actual Calatayud.

f4 copiaQanats

Los qanats usaron, en el siglo VIII a. C., unos canales subterráneos artificiales que transportaban el agua a grandes distancias, siendo inventados por los habitantes de Urartu, en la actual Turquía, para difundirse luego a Persia, Egipto, India, Grecia, en el Magreb o en las propias islas Canarias.

Los árabes tuvieron una gran experiencia en la técnica de los qanats, que aprendieron en Persia, Mesopotamia y Siria. Los qanats son unas conducciones de agua desde un depósito situado en el subsuelo hasta el lugar que se necesita.

Su construcción era horizontal o con una ligera inclinación o pendiente, y puede reducirse a una sola conducción o complicarse. Cuando la técnica se desarrolla crea una red de conducción convirtiéndose en auténticos laberintos bajo el suelo.

Las dimensiones de la galería son de un metro de ancho por metro ochenta de alto, por lo que los hombres pueden circular por ellos. Son como acueductos subterráneos revestidos de ladrillos en su interior, especialmente en las zonas donde la roca puede resquebrajarse. Cada cincuenta metros se practican salidas al exterior, que funcionan como respiraderos.

Los qanats se difundieron en Al Andalus con la dinastía Omeya, a partir del siglo VIII. Todavía se conservan los de Madrid, que traían el agua desde las fuentes del río Guadarrama. Destacan también los de Crevillente en Alicante con una longitud de 1.500 metros y diecinueve pozos de aireación.

Son famosas las redes de qanats de Madrid. Mayrit es Madrid, significa en árabe canal de agua. Madrid es fundada por el emir Mohammed I en el año 871, y a lo largo de la historia se le ha conocido como la ciudad construida sobre las aguas y esto es debido a que la leyenda dice que bajo su suelo hay muchas corrientes de agua.

F5 copiaLos qanats por dentro

Se trata de los qanats con una red de galerías de siete a diez kilómetros de longitud y con pozos de aireación con la superficie que a veces sobrepasan los cincuenta metros de profundidad.

Toda esta red de agua subterránea hizo que en el Madrid medieval estuviera rodeado de huertas, que enriquecieron a la ciudad, hasta que Felipe II la eligió como capital de sus reinos Madrid en el año 1561. La red de qanats abasteció Madrid de agua hasta el año 1860.

Atenas en Grecia, Pompeya en Italia y Cuzco en Perú ya tenían elaborados sistemas de traída y desagüe de aguas. Estas comunidades agrícolas surgieron donde existía agua para cultivar sus plantas, lloviera abundante o existieran ríos.

Roma, Atenas, Cuzco abastecen a su población y a sus dominios con suficiente cantidad de este elemento como lo hace hoy cualquier ciudad del mundo industrializado.

Esas ciudades se expandieron gracias al poder político que adquirieron, tuvieron que traerla de los lugares más remotos y con métodos de ingeniería sofisticados para conservarlos en embalses y acueductos.

Uno de los grandes genios de la antigüedad fue Filón de Bizancio en el siglo II a. C., a cuyo ingenio se deben máquinas tan divertidas como la fuente autómata con forma de caballo o incluso un mecanismo automático para abrir puertas. Hacia el año 62 d. C., Herón de Alejandría inventó un automatismo que era un dispensador automático de vino controlado por un flotador.

Los ingenieros musulmanes mantuvieron el gusto por los autómatas, destacando los Al Jazari, cuyos manuscritos dedicados a los autómatas es probablemente el mejor en este ámbito de la historia de la técnica.

En Constantinopla, el gusto por las fuentes, por los juegos de agua y las termas se perpetúa. Se perfecciona en el mundo árabe y persa, penetrando posteriormente en Europa en la época barroca, a partir del siglo XVIII y sobre todo en el siglo XIX, con el redescubrimiento del cuerpo y el culto de la higiene que se da en todo el mundo occidental.

La técnica de los sifones invertidos es dominada, hacia el año 144 a. C., gracias al empleo de conducciones de plomo, metal abundante en Hispania del que fue traído para realizar tales canalizaciones.

El mayor ejemplo de acueductos que ha perdurado hasta nuestros días, son los acueductos romanos. El historiador francés Pierre Grimal denomina a Roma como “la ciudad del agua”, ya que once acueductos la abastecían, a la finalización del Imperio.

Se calcula que el agua disponible transportada por habitante, alcanzaba en Roma aproximadamente los 1.000 litros/día, en la época de Trajano (98-117 d. C.), sin tener en cuenta las grandes pérdidas del sistema de acueductos. Aquí en España se conservan magníficos acueductos como el de Segovia, Mérida o Tarragona.

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La civilización romana, que dominó todas las facetas del agua, no parece que tuviese un empeño especial en las máquinas hidráulicas, dedicando su mejor técnica a las conducciones para abastecimiento de las ciudades.

Las serrerías mecánicas ya fueron descritas en la Edad Media por Villard de Honnecourt. Las sierras hidráulicas evolucionaron muy poco hasta su paulatina desaparición o inactividad, puesto que aparte de la calidad del acero de la hoja, su mayor innovación consistió en sustituir el sistema de levas inicial por el de la biela o manivela.

Los musulmanes llegados a España en el año 711, utilizaron la infraestructura hidráulica romana que encuentran e introducen mejoras en las técnicas de construcción de presas y nuevos artificios de elevación hidráulica, mostrando que su principal preocupación es la irrigación y la captación de agua, como base de una economía floreciente sustentada, principalmente en el policultivo.

Quedan restos en el río Guadalquivir a su paso por Córdoba de una de las mayores presas construidas por los hispano-musulmanes. Aguas abajo del antiguo puente romano, con una longitud de 400 metros en forma de zigzag, apenas se vislumbran hoy sus restos sobre la superficie.

Junto a la presa hay tres edificaciones con cuatro molinos cada uno y también una enorme rueda elevadora, llamada Albofalia, que sube el agua desde el río Guadalquivir por un acueducto hasta los alcázares califales.

En el río Turia a su paso por Valencia podemos encontrar hasta ocho presas que desvían la corriente fluvial hasta un gran canal para el aprovechamiento de la ciudad. De sólidos cimientos, han resistido los desbordamientos del río Turia a lo largo de diez siglos.

Los coreanos hacían mediciones de lluvias seguidas y sistemáticas desde el año 1441 y continúan haciéndolas hasta nuestros días, con la finalidad de controlar y saber perfectamente los ciclos de lluvias.

Para poder anunciar las crecidas utilizan jinetes que vigilan las crecidas y comunican ésta aguas abajo y así se evitan catástrofes. En el año 1574, son los chinos quienes implantaron el sistema de jinetes en el río Amarillo.

Los chinos ya conocían el ciclo del agua en el año 500 a. C. Kautila que era ministro de la dinastía hindú de los Maurya entre los años 382 y 184 a. C. obligaba a medir la lluvia en un cubo colocado delante de los almacenes agrícolas.

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El lago Titicaca es para los pueblos incas el centro del mundo original. Tláloc es el Dios de la lluvia en el México azteca, simbolizado por una rana o un sapo, es la divinidad de los campesinos. De hecho, el agua es el factor esencial en la estabilidad y en la organización de los pueblos precolombinos de México.

Durante el siglo XVI, muchos canteros se especializaron en la ejecución de obras hidráulicas. La construcción de las fuentes con sus conducciones, así como su limpieza y mantenimiento, se encomendaba a los fontaneros y era un asunto de vital importancia para los concejos, villas y ciudades.

El francés Perrault efectuó, en el año 1687, por primera vez en el mundo el balance hidrológico de una cuenca situada en el curso superior del río Sena y el británico Edmond Halley estimó la evaporación del Mediterráneo, comparando esta evaluación con los aportes de los ríos que allí desembocan.

Hacia el año 1730, en América del Sur la venida de la lluvia era considerada un fenómeno divino para Bartolomeo Arzánz, cronista de Potosí, la ciudad más grande el mundo en el siglo XVII.

Desde el siglo XVI, el mercurio contamina constantemente los ríos y las aguas del Alto Perú sobre todo alrededor de la ciudad de Potosí. Con la introducción de este elemento químico en la metalurgia de la plata, en 1572, se inició la expansión de Potosí.

Construida a una altitud de 4.000 metros es una ciudad aislada en la zona central de los Andes, llegando a contar con más de 150.000 habitantes entre los años 1610 y 1650, teniendo una población parecida a la de París en esa época.

Tiene decenas de molinos y fábricas instaladas en el curso de la Ribera de Vera Cruz, donde trituran el mineral de plata, a comienzos del siglo XVII, para amalgamarse con el mercurio.

Actualmente, los antiguos y nuevos escoriales de mineral de plata son laminados por los arroyos de las tierras del Pilcomayo, mientras que la contaminación provocada por el mercurio se ha agudizado aguas debajo de los yacimientos de oro, en los ríos que descienden hacia el Amazonas boliviano, peruano y brasileño.

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La moda del termalismo sólo tuvo éxito verdaderamente en el siglo XVIII y sobre todo en el siglo XIX, con el descubrimiento del cuerpo y el culto a la higiene del hombre, de gran importancia en ese momento.

Durante la revolución industrial, de los siglos XIX y XX, la demanda de agua creció enormemente. Se construyen grandes proyectos de ingeniería con la finalidad de protegerse de las inundaciones, salvar las aguas potables, proveyéndose de centrales hidroeléctricas y canales para el regadío.

Gracias a la mejora de los desagües en el mundo industrializado, se controlan enfermedades tales como el cólera y las fiebres tifoideas, que son endémicas hasta entonces.

En el siglo XIX, es la naciente burguesía agraria la que necesita, en aras de la libertad de comercio, incorporar el control hídrico que tradicionalmente ha estado en manos de la nobleza. Ésta puede disponer de agua sin necesidad de la fórmula de propiedad privada burguesa, como hoy puede hacerlo un organismo gubernamental.

f10 copiaHasta mediados del siglo XIX, los sistemas de traída y distribución del agua son muy similares en todos los lugares. Se sirven de los manantiales existentes y de la traída a las fuentes públicas para el uso de la población urbana.

La extracción del agua de pozos se hace mediante bombas, contribuyendo al aprovisionamiento. El problema principal de los pozos es la imposibilidad de controlar la filtración de aguas negras procedentes de las cloacas, haciendo que muchas de ellas sean inservibles y en otros casos focos de enfermedades, fundamentalmente en épocas calurosas.

Philippe Perot califica al siglo XIX como la centuria de la suciedad triunfante, pero también de la limpieza conquistante. Son dos paisajes que se superponen, como lo hacen los distintos estratos de la sociedad en función de sus respectivas rentas.

Se producen siete pandemias mundiales a lo largo del siglo XIX y XX, que causaron la muerte de varios centenares de miles de personas. Destaca la virosis, la hepatitis, así como el cólera, enfermedad ésta de las manos sucias y del agua contaminada. Junto a estas enfermedades, hay que agregar la disentería de origen parasitario bacteriano y viral con consecuencias gravísimas para los recién nacidos.

La ausencia total de aseo personal, unido a las malas condiciones de la vivienda, generalmente con poco espacio y mal ventiladas junto a la mala calidad del agua provocan la existencia de una fuerte mortalidad en este tiempo.

El agua produce una gran transformación en la vida cotidiana contemporánea, en aspectos tan fundamentales como la higiene íntima y los hábitos saludables, provocando una importante disminución de la mortalidad por su acción preventiva.

El agua continúa siendo un lujo, incluso durante las primeras décadas del siglo XX, en muchas partes del llamado mundo desarrollado. La falta de agua favorece la miseria y el recelo hacia un elemento tan esencial para el cumplimiento de los preceptos higiénicos y de la salud.

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La aceleración industrial de los últimos decenios, el crecimiento imparable de la población y el espectacular desarrollo de las actividades urbanas, no tiene su crecimiento equiparable en los servicios.

El agua cuyo consumo a domicilio, es considerada como vital para las nuevas prácticas culturales relacionadas con la salud pública y privada es reclamada por el pensamiento higienista como base fundamental del desarrollo.

Durante siglos, como hemos visto anteriormente, los seres humanos han combatido en guerras por las fuentes de agua y utilizada como arma de guerra. El presidente chino Chiang Kai Shek destruyó, en el año 1938, los diques de contención del río Amarillo como parte de un ataque a la armada japonesa, como resultado de esto, más de un millón de personas fallecieron.

Durante la II Guerra Mundial, las presas hidroeléctricas se consideran como puntos estratégicos y son bombardeados de forma continua. En la guerra del Vietnam, más de tres millones de personas mueren ahogadas o por inanición, como consecuencia de la destrucción de cientos de diques.

La Guerra del Golfo, del año 1991, dio como resultado una destrucción casi total de las infraestructuras hidráulicas, interrumpiendo el suministro de agua a los civiles de todo el país, al ser consideradas objetivos estratégicos por los militares norteamericanos.

El conflicto de Kosovo, en el año 1999, provocó la contaminación de numerosas fuentes de agua por parte de las fuerzas serbias, lo que provocó en los albaneses kosovares numerosos problemas de salud.

A lo largo de la historia, la contaminación causada por el hombre ha sido esencialmente la química. Hoy en día, se agregan importantes contaminaciones orgánicas y térmicas. Estas últimas, localizadas sobre todo más abajo de las centrales nucleares.

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El derecho romano ha considerado el agua como un bien común, por lo tanto, los ríos de flujo continúo y sus orillas permanecen fuera del comercio. En el sistema feudal, el poder político-militar siempre estuvo limitado por las comunidades rurales que consideran el agua como un bien común cuya renovación incesante impide la apropiación señorial en Francia.

El poder real francés, por el Edicto de los Molinos del año 1566, declara que el agua forma parte del dominio de la Corona, incluyendo los ríos y los afluentes, salvo los derechos de pesca, molino, barcazas y otros usos que los particulares pueden tener por título de posesión.

Actualmente, casi todos los países se rigen por leyes específicas, pero estamos asistiendo a un intento de privatización, como origen de un gran negocio, en detrimento del agua como bien público.

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Historia de las obras públicas del agua