Nouvelle Vague (2025), de Richard Linklater. Mirar hacia dentro para filmar
Qué hermoso homenaje dedica un cineasta norteamericano a la Nouvelle Vague, sobre todo a Godard.
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Arturo Prins | @prinsarturo
Qué hermoso homenaje dedica un cineasta norteamericano a la Nouvelle Vague, sobre todo a JLG. Hay películas que reconstruyen una época y otras que intentan algo más difícil: reconstruir un gesto. Nouvelle Vague (2025), de Richard Linklater, pertenece claramente a esta segunda categoría. No ilustra la historia, no la embalsama, no la convierte en souvenir cinéfilo. Mira. Y al mirar, recuerda que el cine, como insistía Jean-Luc Godard, no es una sucesión de imágenes, sino una forma de pensamiento en movimiento.
“A mí me interesa hacer cine, no una película”. JLG
Que sea Linklater (cineasta texano, aparentemente alejado del París de 1959) quien se atreva a filmar el nacimiento de la Nouvelle Vague francesa no es una paradoja, sino una revelación, un interés muy inusual. Porque Nouvelle Vague no es una película francesa hecha por un americano, sino una película libre hecha por alguien que ha entendido que la libertad no es un estilo, sino una ética y el cine como un sacerdocio. Linklater no se limita a homenajear a los nombres consagrados, Jean-Luc Godard, François Truffaut, Claude Chabrol, Éric Rohmer, Agnès Varda, sino que reconstruye el ecosistema invisible que hizo posible la explosión: técnicos, operadores, productores, cuerpos secundarios y decisivos.
"Todo es interesante; es posible hacer una película con nada, Porque en nada se puede mostrar todo." JLG
Entre ellos emerge con claridad el productor Georges de Beauregard, figura fundamental de un cine que se hizo a pesar de todo, y el operador Raoul Coutard, capaz de traducir la velocidad mental de Godard en precisión callejera. Coutard entendió algo esencial: la cámara no debía dominar la realidad, sino deslizarse dentro de ella, mezclarse con el ruido, el azar y el pulso urbano. El cine dejaba de ser un aparato solemne para convertirse en un cuerpo combatiente y móvil.
Linklater comprende que la Nouvelle Vague no fue un movimiento estético, sino una toma de posición radical frente al mundo. Godard lo formuló con ironía profética: “¿Buscan una nueva ola? Pues recibirán un maremoto”. Y eso fue exactamente lo que ocurrió. No solo se rompieron las reglas de producción, sino la noción misma de narración heredada. La libertad de prensa, de producción, de pensamiento, se convirtió en el verdadero tema del cine. Godard filmaba clases magistrales dentro de sus películas. Personajes que leen, citan, discuten. Filosofía, política, literatura y cine conviven sin jerarquías.
El corazón del film es el rodaje de À bout de souffle (Al final de la escapada, 1959), primer largometraje de Godard. Un rodaje sin red: sin guión cerrado, escribiendo cada día en un cuaderno durante 22 jornadas, improvisando diálogos a partir de titulares de periódicos, filmando sin sonido directo, aceptando la incertidumbre como método. Llegar al set sin saber qué se iba a filmar era ya una postura política.
El joven Jean-Paul Belmondo, recién regresado de la guerra de Argelia, encarna una energía cruda que el cine francés no sabía que necesitaba. No interpreta un personaje: camina, fuma, mira, existe, fresco y desfachatado. Jean Seberg, inicialmente desconcertada y resistente, empieza poco a poco a comprender que Godard no busca dirigirla, sino pensar con ella. La famosa escena vendiendo el New York Herald Tribune por los Campos Elíseos, filmada con la cámara escondida en un carrito gracias al ingenio de Godard y Coutard, no es solo una anécdota histórica: es el cine descubriendo que puede existir sin grandes producciones.
“Velázquez pintaba lo que hay entre las cosas. El cine es eso: lo que hay entre tú y yo y luego la pantalla”. JLG
Linklater filma todo este proceso con una ligereza engañosa. Crear cine parece alegre, casi lúdico. Pero esa alegría es profundamente política. De hecho, el mismo Belmondo, prefería filmar así antes que rodar una película de gran presupuesto: “porque allí me aburriría”. El cine como juego serio, como oración antes de la misa.
“Los grandes artistas, los artistas honestos, dicen primero su oración, y después está la misa, con un público más o menos fiel. Los americanos han reglamentado la misa. Lo que les importa de la misa es la colecta: una buena misa es una misa con iglesia llena, que da una gran colecta.”. JLG
Godard no sólo lideró la Nouvelle Vague: fue el primero en abandonarla conscientemente. Tras conquistar el mundo, eligió el aislamiento, la radicalidad y la incomodidad. Se convirtió en un artista de vanguardia solitario, dispuesto a adentrarse en territorios cada vez más difíciles, menos accesibles, incluso hostiles, pero profundamente inspiradores y estimulantes. En los años setenta y principios de los ochenta, junto a Anne-Marie Miéville, exploró el vídeo y la televisión como nuevos campos de batalla. No buscaba espectadores: buscaba conciencia.
"Intento hacer cine de manera que mis películas puedan ser escuchadas por los ciegos, y vistas por los sordos." JLG
Godard fue un artista total, probablemente uno de los más importantes de Francia después de Marcel Duchamp. Su obra no se apoya en el exceso de medios, sino en la carencia convertida en lenguaje. Rompe la lógica narrativa clásica y construye efectos visuales y emocionales desde el montaje. No demuestra poder: lo fabrica. Hoy, muchos cineastas imitan sus hallazgos sin asumir su riesgo.
“Para mí, el montaje consiste en mantener en mis manos el presente, el pasado y el futuro”. JLG
Tuve la fortuna de conocer a Godard en su casa de Rolle, Suiza, frente al lago Lemán, el 13 de septiembre de 2020, donde rodé un mediometraje en su honor, No tengo nada que decir (2024) https://youtu.be/ccoX-W6lBSY. Dos años después, ese mismo día, decidió morir mediante suicidio asistido. Dirigió incluso su final. En su casa rosa, que era una sala de cine, producía sus últimas obras: Adieu au langage, Le Livre d’image. Películas incomprendidas solo por quienes han renunciado a la memoria. Godard utilizó la metáfora del barco low cost en su Film socialista (2010) rodado en el Costa Concordia, que se hundió en las costas de la Toscana, cuyo capitán huye antes que sus pasajeros como imagen de una Europa moralmente hundida. Dos años antes del naufragio real, Godard ya había remado simbólicamente por ese Mediterráneo en ruinas. El cine, para él, no era predicción: era diagnóstico.
Nouvelle Vague dialoga con todo esto sin subrayarlo. No convierte a Godard en monumento, sino en problema vivo. Aparece su humor seco, su erudición inagotable, su capacidad para transformar cada película en una clase magistral de filosofía, política y metafísica cinematográfica.
“¿Por qué no filmar a gente leyendo un buen libro?”. JLG
Hoy, cuando el cine se ha vuelto serial, higiénico y sometido a una homogenización constante y sonante en streaming, la lección resulta incómoda. ¿Quién se atreve ahora a discutir de verdad? ¿A montar contra la narración? ¿A pensar el cine como forma de conocimiento? Hoy abundan directores virtuosos de la imagen, Sorrentino, Cuarón, González Iñárritu, pero escasea el riesgo interior. El cine se parece cada vez más a un anuncio, cada vez más decorativo, más correcto, más vacío; como él recordaba: "Las únicas películas que la gente acepta, incluso si no les gusta, son las publicitarias, que además llevan mensajes en mayúsculas y subrayado. Entonces se podría decir que una imagen ya no es una imagen, ya que no hay en ella ni misterio, ni angustia, ni deseo, ni nada.” La imagen, desprovista de misterio, se vuelve mercancía.
"El cine ahora trabaja como una fulana para un chulo, al que mantiene una bailarina: la publicidad." JLG
“El problema es que se ha privilegiado hasta tal punto el espectáculo, que se ha impuesto el pensamiento del espectáculo, y no ya el pensamiento del pensamiento.”. JLG
Godard fue comunista, maoísta, hereje. No fue fácil ni complaciente. No abrió la puerta a Agnès Varda, pero ella le filmó cuando era joven como actor junto a su futura mujer Anna Karina. Robó dinero para montar películas. Robó ideas para transformarlas. Admiró a Rossellini, Chaplin, Bergman, no para copiarlos, sino para dialogar con ellos. El entendió que la creación no es un proceso industrial. No siempre hay un guión de 120 páginas. A veces hay silencios, pausas, dos horas de rodaje y el resto del día para pensar. Godard filmaba como una esponja: periódicos, coches, adoquines, frases utilizadas en sus películas del cotilleo de sus actores. Todo podía convertirse en cine. Todo podía ser pensamiento.
“Para hacer cine, basta con filmar gente libre”. JLG
Al preguntarle un periodista a Jean-Luc si tenía los derechos de las imágenes de su amiga Agnes Vardá cuando utilizó fragmentos de su película, en una suya, contestastó: el artista no tiene derechos, tiene deberes. Por mucho que su humor no fuera fácil de seguir, de que en sus películas reina un cierto desencanto, un dolor existencial en el que lo remueve todo para crear una nueva efervescencia, sé lo que nos viene a recordar a los artistas, porque no vayamos a darles más vueltas, el pintor o el cineasta es aquel que está al cuidado de la imagen, su guardián y encargado. Y pocos somos conscientes de este encargo, de su responsabilidad.
“Cuando no hay ideas, se habla de técnica.” JLG
Nouvelle Vague no es una película nostálgica, es una llamada de atención. Nos recuerda que el cine nació para pensar, no para anestesiar. "La Nouvelle Vage era fuerte, porque se discutían las cosas, y no puedes hacer cine sin discutir. ¿Qué aportamos? pues aportamos el amor al cine, que antes no existía" JLG. Y que romper las reglas no era una pose, sino una necesidad vital. Y quizá ahí resida su mayor logro: obligarnos a mirar hacia adentro y preguntarnos, como Godard, si todavía somos capaces de filmar entre las cosas, en ese espacio invisible donde el cine, cuando es verdadero, sigue siendo una revolución. Podríamos aprender algo de su obra, intentar redescubrir que el cine no es solo una sucesión de imágenes bellas. Es mirar, no descansar sino alterar y, como nos marcó claramente, romper las reglas y buscar la revolución que nos ha dado a todos los cineastas que hemos comprendido su cine.
“Os gusta mucho el cine, pero al cine no le gustáis mucho”. JLG
Arturo Prins, Enero 2026