jueves. 25.07.2024
Hermione Corfield as Kirsty Macleod in The Road Dance, directed by Richie Adams.
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Jaime Polo | @lovacaine

Los británicos confeccionan películas con la precisión de un reloj suizo sin imperfecciones a simple vista; surge el problema, al que se atienen muchos largometrajes, del conformismo artístico.

“The Road Dance” (2023) aprueba en todos los departamentos, pero no sobresale en ninguno de ellos. Entre sus partes buenas podemos destacar los colores fríos de muchas películas norteñas que van a la perfección con la sensación de tristeza a la que se enfrentan la protagonista y su hermana. Chaquetas, vestidos o camisas marcan detalles esenciales para situarte en el contexto que el film busca.

Los actores y actrices cumplen, cada escena se siente correcta; además, tengo entendido que la película se rodó durante la época del COVID y eso le da mayor dramatismo a las relaciones que viven los personajes, cómo se miran o sonríen se sienten más fuerte sabiendo lo unidos que estaban en el set de rodaje. Sin embargo, donde creo que radica lo mejor de la película es en la música y los paisajes, la genial banda sonora compuesta por Carlos José Álvarez que llena de viveza las imágenes y los sueños de Kirsty en unas islas frente a la costa de Escocia.

El hecho de que la película no sobresalga en ningún aspecto particular puede ser un doble filo. Si bien la precisión técnica y el cumplimiento de las convenciones son importantes, a menudo es la originalidad y la capacidad de sorprender al espectador lo que hace que una película se destaque entre la multitud y, en mi opinión, creo que esta película se queda a medio camino. Ni asombra ni aburre, una historia que ya se ha contado cientos de veces, pero que a pesar de la falta de originalidad está perfectamente narrada.

Ya conocemos bastantes propuestas de películas antibelicistas desde una perspectiva femenina y, por tanto, entendemos y no nos es extraño a la mirada los patrones y las tendencias que “The Road Dance" sufre junto con sus símiles: El poder de la sororidad, la subversión de los roles de género, la búsqueda de la paz como objetivo final, la lucha por la justicia, el impacto emocional de la guerra o la necesidad de cumplir un sueño.

La enseñanza con la que me quedo tras visionar la película no es más que no soñar nuestra vida, sino vivir nuestros sueños.

'The Road Dance': una nueva perspectiva femenina anti-belicista