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lunes. 03.10.2022
Medulas
Vista general de las Médulas desde el mirador de Orellán.
 

España es un lugar rico de minerales que han sido explotados desde todas las épocas históricas. Las primeras minas de las que tenemos constancia son las de Asturias, en la sierra del Aramo y en las inmediaciones de Benia de Onís. Ambas son minas de cobre. En ellas se han encontrado restos humanos y otros restos orgánicos que han ayudado a datar las fechas de explotación.

Las fechas más lejanas se corresponden con el año 2500 a.C. y las más recientes sobre el 1500 a.C. En la provincia de León encontramos ejemplos similares como las minas la Profunda, Colón y Monte Pajariel, la primera del calcolítico y las otras dos de la Edad del Bronce.

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Bocas de entrada en una mina de cobre en Texeo (Asturias) explotada en época romana. (Wikipedia)


La extracción se realizaba mediante mazas y martillos de piedra junto con picos y punterolas de asta de ciervo. Se sabe que utilizaban antorchas y lámparas de grasa para la iluminación, y utilizaban la técnica del fracturado de la roca mediante cambios de temperatura.

De igual modo, el oro también sería extraído en minúsculas cantidades por los habitantes de Asturias, León y Lugo. El modo de explotación era el bateado de arenas auríferas en los ríos. De esos pequeños bancos de arena saldrán las prospecciones romanas que darán paso a la extracción sistematizada.

En la zona suroeste de España se desarrollará la sociedad Tartésica, en la que destacará la extracción de diversos metales como la plata, el plomo, el cobre... Las principales zonas mineras son Rio Tinto, Aznalcóllar en la provincia de Huelva y Cástulo en la de Jaén.

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Lingotes de plomo procedentes de las minas de Carthago Nova. Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena. (Wikipedia)


Se encontraban pequeñas explotaciones familiares en la zona minera contemporánea de Linares-La Carolina, que generalmente entregaban los metales extraídos a las élites territoriales, los cuales las intercambian por productos manufacturados con los comerciantes fenicios.

Tanto por los textos como la arqueología nos demuestra que los fenicios llegaron a nuestras costas sobre el siglo VIII a.C.

Se trataba de comerciantes que buscaban el intercambio de productos manufacturados a cambio de materias primas como metales o cereales. Los productos fenicios serían pequeños pero de gran valor como joyas, objetos exóticos… que irían a parar a las manos de los jefes de los pueblos o tribus.

Ellos se encargarían de la producción minera y del intercambio. Al igual que los fenicios hicieron los griegos sobre el siglo VI a.C. y los Púnicos más adelante.

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Ubicación de la sierra minera en la Región de Murcia.

En cuanto al material usado en la minería podemos observar una tecnología minera algo más avanzada, usándose herramientas metálicas y protolámparas para la iluminación. La fundación de la ciudad de Quart Hadash, la actual Cartagena por parte del cartaginés Asdrúbal Barca en el año 226 a. C., fue fundamental para el desarrollo de Hispania.

El lugar no solo fue escogido por su emplazamiento geoestratégico militar y comercial, también presentaban grandes campos de cultivos y yacimientos mineros importantes de plomo argentífero y otros minerales.

Los cartagineses desarrollaron el sector minero de Cartagena-La Unión produciéndose una extracción sistemática e industrial, pero sin superar nunca las actuaciones romanas posteriores.

Los romanos llegaron a Hispania para cortar la retaguardia de Aníbal Barca, cuando éste atacaba Roma. Observaron que aquella tierra era muy fértil y que disponía de grandes recursos mineros, algunos ya explotados. Los romanos descubrieron la riqueza de Hispania y ese fue uno de los factores que les hizo que se apropiasen del territorio.

Los romanos heredaron las técnicas mineras básicas de sus predecesores, a las que supieron añadir otras nuevas, logrando un claro desarrollo de la tecnología minera. A la vez, y esto quizás es lo más importante, las expandieron por todo el mundo bajo su control.

Los momentos más florecientes de la minería romana fueron los de la República tardía y el comienzo del Imperio. Los territorios de las nuevas provincias como Asia Menor, Egipto y la península Ibérica, supusieron un incremento de las fuentes minerales de Roma.

Las fuentes antiguas relatan las grandes riquezas mineras de Hispania. Los historiadores Mela y Plinio afirman que los minerales más abundantes son el hierro, el plomo, el cobre, la plata y el oro. Estrabón hace alusión a la riqueza de plata, estaño y oro blanco, mezclado con plata, contenido en los territorios del noroeste de Hispania.

Se creía que hasta la llegada de los romanos, los pueblos indígenas fabricaban sus piezas de orfebrería con oro aluvial, lavando las arenas de los ríos. Sin embargo, esta técnica de la arrugia (1) es de origen prerromano.

Palabras como arrugia, palaga, palacurna, balux tienen que ser explicadas por Plinio, lo que indica que no las conocían y que no tenían traducción al latín. Estas técnicas mineras son de origen prerromano.

Los romanos no inventaron la técnica, la perfeccionaron y la utilizaron de forma mucho más intensa. Roma conoció la importancia económica del Noroeste después de la terminación de las guerras cántabras cuando, según Dión Casio, siguiendo el consejo de Mecenas, se hizo el inventario general de la riqueza del Imperio y principalmente de las minas.

Durante los dos primeros siglos de la conquista, las minas estatales fueron explotadas primero por los gobernadores y más tarde por los publicani (2), con una mano de obra principalmente esclava.

A lo largo del siglo I d. C., las minas, casi en su totalidad, pertenecían al emperador y eran explotadas por particulares que las tenían en régimen de arrendamiento. Los mineros comenzaron a ser en mayor número hombres libres y no esclavos en el siglo II d. C., asociándose en collegia (3) , mientras que los arrendatarios se unen como socii. Todos ellos se encontraban bajo la primera autoridad del distrito minero, que era el procurator metallorum (4).

Conocemos la producción de hierro en el yacimiento de Oruña, en las faldas del monte Moncayo, donde se observa gran actividad metalúrgica desde inicios del siglo IV a. C. hasta los años de la conquista romana.

Durante el siglo III d. C., las minas hasta entonces más conocidas dejaron de serlo y algunas como las que hemos hablado del Moncayo, desaparecen. En el transcurso del siglo IV d. C., Hispania continuaba su producción, importante todavía para la economía romana, pero ya no a los niveles anteriormente alcanzados.

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Fuente: grupoEmbolicart.

Bilbilis fue también un foco importante de trabajo del metal de hierro, según constatan en sus escritos tanto Marcia como Plinio. Tito Livio citas minas de hierro y de plata al norte del río Ebro y al sur de los montes Pirineos.

Estrabón cuenta que al quemar unos montes los pastores con el objetivo de obtener mejores pastos, brotaron ríos de plata. Diodoro puntualiza que el hecho anterior ocurrió en los Pirineos, y que de ahí les viene el nombre.

Marcial en sus crónicas menciona el oro de Bilbilis. Se conoce la existencia de minas de plata en Albarracín y Calcena, trabajadas de la antigüedad, así como explotaciones de plomo argentífero en Bielsa y Benasque, que facilitaron metal a Huesca, y hay otras minas de carbón lignito en Mequinenza.

En las proximidades de la antigua ciudad romana de Segóbriga se han hallado importantes vestigios arqueológicos, que evidencian la presencia de una importante actividad minera durante la época romana. Destaca en esta zona la explotación de un mineral muy solicitado en este tiempo para fines constructivos como es el caso del lapis especularis (5), que era un tipo de yeso cristalizado.

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Fragmento de "Lapis Specularis" - Mina La Condenada, Osa de la Vega, Cuenca, España. (Wikipedia)

Debido a la naturaleza de su composición, es fácilmente exfoliable y es posible obtener lascas de tamaño considerable, llegando algunas de ellas hasta los dos metros. La industria minera del lapis especularis alcanzó su mayor apogeo entre los siglos I y II d. C. y en el caso de Hispania, este elemento mineral destacó por su gran calidad y excepcionales cualidades.

Su comercialización reportó grandes beneficios económicos, así como una prosperidad en aquellas zonas en las que era explotada y servirá para afianzar la romanización. Para la ciudad de Segóbriga significa un desarrollo importante, tanto económico como urbanístico, cuyos mayores beneficiarios fueron las elites de esta ciudad.

EL RELATO DE PLINIO DE LA MINERÍA ROMANA EN HISPANIA

Plinio en su Historia Natural nos habla de datos muy precisos relativos a minas situadas en la Bética, como que la llamada mina Samariense fue arrendada en 200.000 denarios.

Plinio es el autor romano que más valiosa información nos proporciona sobre el sistema de laboreo y rendimiento de las minas de Gallaecia y Asturia, territorio de los astures, que llegaba desde el Cantábrico hasta el Duero y desde Galicia hasta el río Esla.

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Capazo de esparto usado en las labores de la minería romana. Museo Arq. de Cartagena.

Para facilitar la extracción del mineral se empleaba una corriente de agua. Parece ser que este procedimiento de extraer oro era indígena y se empleó también en el sur de Hispania.

La zona de pizarras auríferas, que los romanos trabajaron por este procedimiento comprende las actuales provincias de Asturias, Lugo, León, Orense y Zamora, además de la región de Trás-os-Montes, en Portugal.

Se calcula que en el transcurso del tiempo trabajaron unas 500 toneladas de roca aurífera con una riqueza en oro de 8 grs. por tonelada. Del norte de Hispania extrajeron los romanos unos 20 millones de toneladas de oro.

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Sendero de las minas romanas de Pino del oro en Zamora.


Plinio distingue tres técnicas mineras en uso en su tiempo:

  • El lavado de las arenas.
  • La explotación de los filones mediante pozos y galerías.
  • La ruina montium para la que se utiliza la fuerza del agua en un terreno previamente horadado.

La técnica de la ruina montium (6) o arrugia fue la más utilizada y es la que se practicó en las Médulas. Es la que explicamos en otro lugar refiriéndonos al caso concreto de la mina berciana.

Pero las otras dos técnicas, criba de arenas fluviales y excavación de pozos, también se utilizaron en esta zona del norte Hispania. El oro obtenido por el método de la arrugia no se funde, pues ya es oro, se encuentran en masas, como en los pozos, que pesan más de diez libras.

Se calcula que Asturias, Galicia y Lusitania suministran por este procedimiento 20.000 libras de oro al año. La producción de Asturias es la más abundante. No hay parte alguna de la Tierra donde se dé esta fertilidad durante tantos siglos.

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Útiles y herramientas mineras procedentes de las minas de Carthago Nova. Museo Arqueológico Municipal de Cartagena. (Wikipedia)

Según Plinio en la época del emperador Vespasiano, las minas del Bierzo se encontraban en pena actividad, pero no hace ninguna referencia a como era su administración. El interés de Roma por estas minas queda demostrado por la creación de la procuratela (7) de Asturia y Galicia. Las minas de oro y plata eran propiedad del Emperador y dependían del fisco.

Eran controladas por el procurador de la provincia o por un procurador especial. La procuratio ducenaria de Asturia y Galicia fue creada en tiempos del emperador Vespasiano.

Por otra parte, en las cercanías de las minas de oro del Bierzo y la Maragatería se encontraba la administración de minas de la zona, los representantes de la administración económica regional y, significativamente, un destacamento militar de la legio VII Gemina asentada en la actual ciudad de León y que, durante bastantes años, se convirtió en la única legión romana destinada en Hispania, lo cual demuestra la importancia estratégica de las minas de oro para el Imperio.

La gran actividad de las minas del Noroeste comienza hacia mediados del siglo I d. C. y dura todo el siglo II. A final de la dinastía de los Severos, ya en el siglo III d. C., las minas de Hispania, en general, dejan de ser explotadas, incluyendo las del Noroeste.

Las razones no se saben con seguridad y pueden ser por el agotamiento de la producción, la falta de mano de obra o la crisis económica general en que está sumido el Imperio Romano en esa época.

A medida que se iban conquistando territorios se iban iniciando las obras de extracción del mineral. Cuando Roma conquista toda la península Ibérica, empieza una etapa de establecimiento del control fiscal y la administración de los recursos que presentaba el territorio por parte del fisco.

Los intereses romanos eran totalmente económicos. Los primeros minerales extraídos fueron utilizados para la acuñación de denarios con los que pagar a las legiones que estaban interviniendo en un sin fin de conflictos y que eran de plata.

Con la llegada de Augusto, el oro se convierte aun más necesario para la acuñación de la nueva moneda, el aurus. Si Roma no hubiera tenido el acceso a todos estos minerales no hubiera podido desarrollar todas las estrategias expansionistas.

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LA PROSPECCIÓN

La prospección es el método de búsqueda de un mineral en el territorio. Los romanos poseían amplios conocimientos geológicos y científicos que les facilitaban una búsqueda empírica de metales y diferentes tipos de roca, pero a su vez continuaban utilizando las técnicas más simples y los saberes populares.

Los romanos buscaron oro en el territorio astur-cántabro pero no partían de cero en la búsqueda, porque los habitantes del lugar ya explotaban pequeños yacimientos, seguramente encontrados de forma causal. Esto hizo que algunas explotaciones pre-romanas fueran explotadas de nuevo por los colonizadores romanos.

Sin embargo, los romanos continuaron realizando prospecciones para localizar nuevos yacimientos. Su principal técnica era el bateo de arenas auríferas en las zonas denominadas Aurum fluminum ramentis.

Son zonas que presentan pequeñas partículas de oro que fueron arrancadas por el agua del río. El mismo río las arrastra por su curso, erosionándolas y depositándolas en las arenas fluviales.

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Las Médulas en León.

 

Esas arenas son bateadas y de ellas podemos sacar las micropartículas denominadas segullum. Con el hallazgo de restos en las terrazas fluviales, comienzan a ascender por el cauce del río realizando diversos bateados hasta alcanzar el origen, la posición del oro.

Esta posición se denomina Aurum canalicum debido a que el oro se encuentra en la roca y para su extracción deben realizarse galerías, pozos o canales a cielo abierto. Otro tipo de prospección más específica y que ayuda a delimitar el yacimiento aurífero es el Aurum Talatum.

Los Aurum Arrugiae son yacimientos de aluviones secundarios consolidados para los que es necesario el uso hidráulico para la extracción del oro.

Los metales que encontramos en los sectores del suroeste como el cobre, hierro, plomo, zinc… eran detectados por los afloramientos de óxidos e hidróxidos metálicos al exterior, que indicaban la posición del filón.

En los casos en los que no eran visibles en la superficie, la prospección era guiada por los colores de los manantiales, siendo sus aguas de tonos rojizos y amarillentos agrias y grasientas. Para localizar la posición del filón se realizaban pozos y galerías de un metro de diámetro que luego se ampliaban para una explotación sistemática.

El estudio de la cantidad de metal en los minerales, por ausencia de técnicas químicas, se hacía por su color, textura y forma. Pero para tener un resultado más exacto, se extraían minerales para los hornos de bondad. En el caso de la plata estos hornos eran imprescindibles para encontrar la plata.

LA EXTRACCIÓN Y EL ARRANQUE

Las herramientas para arranque del mineral evolucionaron desde los utensilios de asta, madera y piedra neolíticos hasta las herramientas metálicas romanas de cobre, bronce pero sobre todo hierro.

Las principales herramientas utilizadas fueron las cuñas tanto de madera como metálicas, picos, martillos y punterolas con mangos de madera al igual que rastrillos y palas. Para la fracturación de rocas muy duras, también estaba generalizado el uso de fuego y agua que rompía la piedra.

En los lugares donde se está trabajando, por lo general, la luz solar no llega a incidir lo suficiente para iluminar la zona de trabajo o directamente no llegaba. Por eso, los mineros se vieron obligados a iluminar su espacio de trabajo creando luz artificial.

Los elementos de iluminación más comunes fueron las lucernas, una lámparas realizadas en arcilla cuyo combustible era aceite. Las lucernas no solo serían para la iluminación, también marcaban el tiempo de trabajo por su combustión. Son colocadas en pequeños huecos excavados en la roca que se denominan lucernarios.

También está documentado el uso de teas, antorchas y otros tipos de candiles. No se ha constatado la existencia de un tipo especial de lucernas mineras. Los modelos variaban según el productor. Lo que si conocemos es que ciertos alfareros se especializaron en la producción de lucernas.

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Lucerna romana decorada con dos Gladiadores provocator luchando. (Wikipedia)


Otro factor de vital importancia bajo tierra es poder soportar todo el peso que se encuentra sobre la galería. Dependiendo del tipo de roca será necesario o no la instalación de entibados de madera para la sujeción de grandes bloques o partes inestables.

Los distintos tipos de madera que eran utilizados dependían de las especies arbóreas del lugar, predominando el roble. Se situaban cada tres o cuatro metros. Se conoce su uso porque se observan los restos de humo en la pared. El castaño en el noroeste y la encina y alcornoque en el sur.

Se generalizó el uso de entibados pétreos por su resistencia y durabilidad, pero contando con inconvenientes como su rigidez, al contrario que la madera que se adapta al espacio y a movimientos de fuerzas.

Esta medida de seguridad impedía uno de los principales accidentes mineros que era el derrumbe o hundimiento de la galería al igual que la caída de los bloques de piedra.

Este trabajo también estaba expuesto a otros riesgos como la inundación, atmósferas irrespirables o problemas pulmonares por contacto con el polvo. Para subsanar el problema de las inundaciones idearon diversos sistemas de drenaje. El más simple era la construcción de galerías de desagüe.

Otros elementos mucho más técnicos fueron las norias con cubos, y los tornillos de Arquímedes, ambos movidos por fuerza humana puestos de forma consecutiva a lo largo de una galería de plano vertical o inclinado para poder sacar el agua al exterior. Por último, se conoce el uso de bombas de doble efecto que expulsaban el agua a presión.

Los medios de ventilación que disponían eran muy básicos. Conocemos que en diversas minas, como las de lapis specularis, se excavaban pozos cuadrangulares para la aireación y la visibilidad.

MINERÍA A CIELO ABIERTO

Mientras que la minería subterránea, por lo general solo puede explotar yacimientos de la roca en posición primaria, la minería a cielo abierto puede explotar tantos filones en roca de posición primaria como aluviones auríferos compactados.

Por eso, estas técnicas son mayormente usadas en el sector noroestes de la Hispania romana en la extracción del oro, aunque eso no quita de que podamos encontrar extracción de filones de otros minerales a cielo abierto.

La extracción de filones a cielo abierto se convierte en un modelo más rentable, ya que no presenta problemas de iluminación o desagüe. También proporciona más facilidad de control de la mano de obra. Este modelo de explotación será muy utilizado en las explotaciones del sur.

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Mina de sal en Cardona (Barcelona)


MINERÍA DE LA SAL

Nos encontramos ante un modelo de explotación mixto que podríamos tachar de cantera en vez de mina ya que el trabajo para la extracción de las rocas de sal, es totalmente similar al realizado en una cantera, en grandes bloques.


NOTAS

(1) Arrugia: Excavación subterránea que hacían los antiguos mineros españoles para producir el hundimiento de las tierras de aluvión que, sometidas después al lavado, daban el oro.
(2) Los publicani obtenían, mediante arrendamiento, alguna delegación jurisdiccional del estado para efectuar la recaudación de tributos con los ingresos regulares. Esta práctica de gestión del Aerarium incluía los ámbitos del ager publicus, la administración provincial, afectaba el comercio y por ende toda la economía en la Antigua Roma.
(3) Era el nombre de una institución romana con un papel importante en el derecho romano. Tenía el carácter de una asociación privada y estaba regido por su propio estatuto donde se establecían sus órganos y finalidad, los criterios de admisión de los asociados y otros asuntos propios.
(4) Quienes ostentaban un cargo, normalmente relacionado con la administración financiera. A partir de quienes como el procurator Augusti tenían jurisdicción sobre aspectos privados fue evolucionando hacia un poder cada vez mayor comparable al del gobernador.
(5) El lapis specularis, conocido como espejuelo en la actualidad, es un tipo de piedra de yeso selenítica especular traslúcido. Fue un mineral muy valorado en la Antigua Roma, explotándose para la fabricación, a modo de cristal, de ventanas fundamentalmente durante los siglos I y II d. C. en la provincia de Hispania.

(6) Era un sistema de minería usado en la Roma Antigua. Se basa en la fuerza del agua para derrumbar extensiones amplias de montaña y fue descrito por el historiador Plinio el Viejo. Mediante este sistema los mineros excavaban extensos canales desde zonas de abastecimiento natural de agua o presas artificiales. Dichos canales se convertían en túneles al llegar a la colina que quería desintegrarse, y abriendo el paso al agua, la fuerza hidráulica reventaba grandes sectores de tierra y roca, de cuyo lavado posterior en arroyos se obtenía el oro.
(7) Se llama procurator o procurador entre las magistraturas romanas a quienes ostentaban un cargo, normalmente relacionado con la administración financiera. A partir de quienes como el procurator Augusti tenían jurisdicción sobre aspectos privados fue evolucionando hacia un poder cada vez mayor comparable al del gobernador.

Agua y minería en la Hispania romana (I)