miércoles. 19.06.2024
EL GOLPE DE PRIMO DE RIVERA

El 13 de septiembre de 1923 el Rey Alfonso XIII se convirtió en perjuro

Se conoce como historia contrafactual el ejercicio de imaginar escenarios alternativos que respondan a la pregunta ¿qué hubiera pasado si...? ¿Hubiera llegado la II República si Alfonso XIII se hubiera opuesto al golpe militar de Miguel Primo de Rivera?
Alfons XIII i Primo de Rivera-wikimedia
Alfonso XIII y Primo de Rivera.

La izquierda en la Transición tuvo que hacer muchas claudicaciones frente a las fuerzas del franquismo, como las reflejadas en el lugar privilegiado del ejército, de la iglesia y de la monarquía en la Constitución del 78. Ese mito de una Transición modélica es una falacia. Se hizo lo que se pudo hacer. La izquierda por prudencia hubo de asumir que la democracia se inició ex novo en España con la Constitución de 1978, y no con la II República; y aceptar sin réplica que el caos de esta fue el origen de la guerra civil.

La izquierda española miedosa, acomplejada, carente de autoestima, como desconocedora de nuestra propia historia, no ha sabido o querido construir un relato, cuando no escasean sus aportaciones: la Revolución de 1808-1814, el Sexenio Democrático (1868-1874) y la II República en 1931, momento este en que la izquierda burguesa y los socialistas guiados por los principios de justicia, libertad e igualdad, trataron de solucionar viejos problemas enquistados en España para modernizarla y democratizarla. Como el territorial, el social, el educativo, el religioso, el agrario y el militar. Problemas que no los trajo la II República, según Azaña en La Velada de Benicarló: “En su corta vida, la República no ha inventado ni suscitado las fuerzas que la destrozan. Durante años, ingentes realidades españolas estaban como sofocadas o retenidas. En todo caso, se aparentaba desconocerlas. La República, al romper una ficción, las ha sacado a la luz”. La derecha en cambio no ha tenido complejo en construir su relato recurriendo a nuestra historia: Viriato, Pelayo, Reyes Católicos, Descubrimiento de América, Pavía, Lepanto, Guerra de la Independencia, Cánovas del Castillo, Franco y Juan Carlos I. Todo ello aderezado con la patria, la bandera, la religión católica, la familia, y la unidad de destino en lo universal…

Aunque tarde, el gobierno de Pedro Sánchez trató de reparar esa deuda con la II República, momento de instauración de nuestra democracia, a través de dos iniciativas. La primera, con una exposición inaugurada el 17 de diciembre de 2020 por Felipe VI en la Biblioteca Nacional organizada por Acción Cultural Española (AC/E) y la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, Azaña Intelectual y estadista. A los 80 años de su fallecimiento. En ella se proporciona una imagen completa del hombre que además de ministro, jefe del Gobierno y presidente de la República, fue un intelectual de prestigio.

La segunda, fue la presentación por parte del PSOE de una Proposición no de Ley en la Comisión Constitucional para conmemorar el 90 Aniversario de la Constitución de 1931 en el año 2021 con una serie de actos. Veamos la exposición de motivos. Tal constitución supuso un avance de progreso que no se había alcanzado hasta entonces en nuestra historia. Es el antecedente inmediato de nuestro texto constitucional ya que, gran parte de lo regulado en ella aparece en la Constitución de 1978. Fue la primera de nuestra historia que avanzó en la descentralización del poder, al reconocer la autonomía política de las regiones (Estado regional), superando por primera vez el Estado unitario, que había sido la forma de Estado en todas las constituciones del siglo XIX. Fue la primera plenamente democrática, al reconocer la soberanía popular, lo que se tradujo en el reconocimiento del sufragio universal pleno, posibilitando así por primera vez el derecho al voto de las mujeres. Además, estableció una amplia tabla de derechos fundamentales, no solo los políticos y civiles clásicos, sino también los económicos y sociales. Y, sobre todo, fue la primera en establecer un sistema de garantías de los derechos fundamentales, hasta entonces inédito: un Tribunal de Garantías Constitucionales, el antecedente de nuestro actual Tribunal Constitucional. La primera que recogió la laicidad del Estado, al proclamar que «el Estado no tiene religión oficial», único antecedente histórico de nuestro actual Estado aconfesional. Otra de sus características -el sistema parlamentario de Gobierno y el acento en la economía social- fueron posteriormente recogidas en la Constitución de 1978. En definitiva, nuestra actual democracia retomó, medio siglo después, el régimen democrático, descentralizado, laico y de libertades y justicia social que inauguró la Constitución de 1931. Frente a revisionismos históricos infundados, nuestra democracia debe reaccionar y reivindicar una Constitución que fue un ejemplo para su época y la base sobre la que se edificó nuestra Constitución de 1978.

Nuestra actual democracia retomó, medio siglo después, el régimen democrático, descentralizado, laico y de libertades y justicia social que inauguró la Constitución de 1931

La Comisión Constitucional aprobó la Proposición no de Ley el 22 de diciembre de 2020 con 17 votos a favor, 5 en contra de Vox y 10 abstenciones de PP y Cs. En Esquerra Republicana (ERC), la diputada Pilar Vallugera señaló que no se opondría, pero recalcó que de 1931 lo único que conmemorará su partido es la celebración de una República catalana que tratarán de recuperar. Tanto el PP como Vox y Cs adujeron que no es más que una «exaltación nostálgica de la República», según la diputada del PP, María Jesús Moro, y que es un debate «muy cansino», según el diputado de Cs, Miguel Gutiérrez. El portavoz de Vox, José María Sánchez acusó sin ambages a la República de ser la causa de la guerra civil. Negó la validez del triunfo de las candidaturas republicanas en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que supuso el fin de la Monarquía; y denunció el fraude electoral en el triunfo del Frente Popular. Y en julio de 2021, D. Ignacio Camuñas Solís pronunció estas palabras bajo la atenta y pusilánime mirada de un Pablo Casado que guardó silencio. “Si hubo una Guerra Civil es porque ustedes lo hicieron muy mal en el Gobierno de la República y porque la República fue un fracaso que nos llevó al enfrentamiento entre españoles”, acotó. Arguyó que lo que ocurrió el 18 de julio de 1936 no fue un golpe de Estado, por lo que lo conveniente sería “olvidar en ese sentido el pasado”. ¡Qué contundencia! 

REVISIONISMO HISTÓRICO

Desde el ámbito historiográfico, que podríamos calificar de neofranquista o revisionismo histórico, al servicio incondicional de la línea política defendida por las derechas españolas, se ha tratado de denigrar a la II República, calificada como un auténtico caos y responsable del desencadenamiento de la Guerra civil.  Merece la pena profundizar en esta nueva historiografía revisionista o filofranquista. Para ello recurriré al artículo El giro ideológico en la historia contemporánea española: “Tanto o más culpables fueron las izquierdas” de Ricardo Robledo de la Universidad de Salamanca y Universitat Pompeu Fabra, que forma parte de la publicación, El pasado en construcción Revisionismos históricos en la historiografía contemporánea, Carlos Forcadell, Ignacio Peiró, Mercede Yusta (eds). (Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2015). La idea inicial y buena parte de los textos de esta publicación surgen del coloquio celebrado en Jaca en 2012, “Batallas por la historia”.

Las palabras de Ricardo Robledo reflejan y denuncian la pujanza de nuevas posturas historiográficas, que parecían ya olvidadas. Nos dice:

En menos de una década se ha debilitado seriamente el consenso que existía en la historiografía académica de la Segunda República española. Obviamente no había unanimidades, pero el oficio de historiador se atenía a las normas que configuran la profesión: exploración y crítica de fuentes, hipótesis de partida, contrastación, etc. Estaban claras las fronteras entre el revisionismo filofranquista, liderado por P. Moa y adláteres, y lo que se investigaba o se explicaba en la mayoría de departamentos universitarios. Los viejos planteamientos de historiadores como Carlos Seco estaban bastante sepultados en el desván del pasado franquista. En pocos años, sin embargo, se ha quitado el polvo a estos recuerdos que se han reciclado de diversa forma”.

Uno de los autores más representativos de esta corriente revisionista o filofranquista y, por ello, denigratoria de la II República es Roberto Villa que junto Manuel Álvarez Tardío en febrero de 2019 publicaron un libro, cuyo título es suficientemente explícito de cuáles son sus objetivos, 1936. Fraude y Violencia en las elecciones del Frente Popular. 

Otro libro, este ya en solitario, de Roberto Villa, 1917. El Estado catalán y el soviet español, publicado en 2021, que le sirvió para proyectar sobre el pasado el espejo deformante del Procés.

Y de agosto de 2023 otro libro también en solitario de Roberto Villa 1923. El golpe de Estado que cambió la Historia de España, escrito con motivo del Centenario del golpe militar de Miguel Primo de Rivera. ¡Qué capacidad para escribir libros de historia tiene este profesor titular de Historia Política en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid!. Ni que decir tiene que sus libros son publicados por editoriales de postín, como Espasa, son ampliamente divulgados en entrevistas en los medios de las derechas, como también se exponen en lugares destacados en los stands del Corte Inglés. Se lamenta con razón Jordi Amat que '1923. El golpe de Estado que cambió la Historia de España', vaya a ser el libro de referencia del centenario y que esta es la prueba más evidente de una claudicación intelectual y que no tiene la manera de controlar la nostalgia por la rigurosa autoridad que ejercía el añorado Santos Julia.

Para hacernos una idea de la solidez científica del libro sobre '1923. El golpe de Estado que cambió la Historia de España', reproduzco un fragmento de una entrevista que le hizo Fernando Palmero en El Mundo el 13-9-2023. Es para disfrutar. Ahí va:

Pregunta.- La tesis más provocadora del libro, corrígeme si me equivoco, es que Alfonso XIII no fue ejecutor del régimen liberal.

R.- No conspiró, no ejecutó, no alentó ni siquiera el golpe de 1923, como se ha afirmado erróneamente. Tampoco entregó realmente el poder a los militares porque estos lo habían conquistado en un golpe exitoso. Cuando el Rey llegó a Madrid el 14 de septiembre, fue recibido por un gobierno que sólo quería devolverle los poderes para permitirle habilitar una solución constitucional. No obstante, quienes mandaban en Madrid eran los líderes del Directorio Militar. De modo que, cuando el Rey intentó encaminar la situación hacia una solución constitucional, no pudo abrir consultas y nombrar a un verdadero presidente del Consejo de Ministros, que podría haberlo sido Primo de Rivera, sino que fue el Directorio Militar el que le impuso su voluntad. La única cuestión que puede discutirse acerca del Rey entonces es por qué no decidió abandonar España en esa situación. Podría haberse expatriado sin tener contacto con los sublevados. Eso, sin embargo, hubiera supuesto asumir la republicanización del movimiento militar, una dictadura permanente y hacer imposible el restablecimiento posterior del régimen constitucional sin una ruptura revolucionaria.

Creo que las palabras de Roberto Villa definen perfectamente su solvencia investigadora, que contradice toda la tradición acumulada de investigación histórica desde hace muchos años. Ya haré más adelante mi valoración sobre este acontecimiento, que inauguró la dictadura. Como señala el profesor e historiador Carmelo Romero -este sí que es un historiador de verdad- en su reciente libro 'Las elecciones que acabaron con la monarquía. El 12 de abril de 1931':

El Rey al aceptar, tolerar o apoyar el golpe militar y la Dictadura de Miguel Primo de Rivera, faltó al juramento que para acceder al trono había prestado ante las Cortes el día que cumplía 16 años, 17 de mayo de 1902: 'Juro por Dios, sobre los Santos Evangelios, guardar la Constitución y las leyes. Si así lo hiciere, Dios me lo premie y si no, me lo demande”.

En definitiva, el 13 de septiembre de 1923, el Rey, Alfonso XIII, al no “guardar la Constitución y las leyes”, se convirtió en perjuro.    

EL GOLPE MILITAR DE PRIMO DE RIVERA

Ahora daré mi visión y sus secuelas nocivas sobre este lamentable golpe militar de Miguel Primo de Rivera.

Se conoce como historia contrafactual el ejercicio de imaginar escenarios alternativos que respondan a la pregunta ¿qué hubiera pasado si...? ¿Hubiera llegado la II República si Alfonso XIII se hubiera opuesto al golpe militar de Miguel Primo de Rivera? ¿Qué hubiera sucedido si una parte del ejército español en julio de 1936 hubiera respetado la Constitución de 1931? Es lo que voy hacer a continuación, un ejercicio de historia contrafactual, que me lo ha sugerido la lectura del libro de Santos Juliá 'Hoy no es ayer. Ensayos sobre la España del siglo XX'.

El 13 de septiembre de 1923 se llevó a cabo un golpe militar, no era el primero, ni sería lamentablemente el último en nuestra historia, por parte del general Miguel Primo de Rivera, que realizó el siguiente Manifiesto.

“Al país y al Ejército: Españoles: Ha llegado para nosotros el momento más temido que esperado (porque hubiéramos querido vivir siempre en la legalidad y que ella rigiera sin interrupción la vida española) de recoger las ansias, de atender el clamoroso requerimiento de cuantos amando la Patria no ven para ella otra salvación que libertarla de los profesionales de la política... Este movimiento es de hombres: el que no sienta la masculinidad completamente caracterizada, que espere en un rincón, sin perturbar los días buenos que para la patria preparamos. Españoles: ¡Viva España y viva el Rey!”.

En cuanto a las causas según el propio dictador, estaban la conflictividad social, los problemas de Marruecos tras el desastre de Annual y el Informe Picasso, que podía salpicar al Rey; las aspiraciones autonómicas de Cataluña; una regeneración política, etc.

La responsabilidad del golpe militar que acabó con la Constitución de 1876 que, si no fue directo artífice, nada hizo para evitarlo, fue de Alfonso XIII. El rey recibió al dictador con toda cordialidad y pocos meses después presumió de él ante el rey de Italia como de «mi Mussolini», con lo que acabó de identificarse la monarquía con la dictadura.

Por supuesto, la connivencia del rey con el ejército venía de mucho tiempo atrás, al menos desde que obligó a un Parlamento a aceptar en 1906 la “ley de jurisdicciones”, con la que los militares respondieron a las protestas por la insubordinación de la guarnición de Barcelona y por su ataque a periódicos satíricos y catalanistas.

El golpe de estado de 1923 trastocó el desarrollo de la política española en aspectos fundamentales. Ante todo, dejó sin respuesta al dilema acerca de las posibilidades de desarrollo democrático de la monarquía constitucional. Raymond Carr lo plantearía con una célebre imagen: Primo de Rivera actuó asegurando que remataba un cuerpo enfermo cuando en realidad estaba estrangulando a un recién nacido; su golpe de Estado triunfó porque asestó el golpe al sistema parlamentario en el momento en que se operaba la transición de la oligarquía a la democracia.

Manuel Azaña, testigo de los hechos, habría compartido la opinión de Carr: el golpe no fue la acción quirúrgica destinada a sajar el cáncer de la vieja política, sino la prueba definitiva de la voluntad de la Corona de liquidar las Cortes precisamente en el momento que iban a hacerse intérpretes de la opinión pública.

Antes de permitir el funcionamiento con plena libertad del Parlamento prefirieron destruirlo. Por supuesto, lo recién nacido no era el régimen constitucional dotado de un Parlamento, viejo ya de casi 50 años, sino el inicio de su evolución hacia un parlamentarismo democrático, inevitable –como estaba ocurriendo en el Reino Unido, pero allí la monarquía era prestigiosa e impregnada del sentido de modernización política–.

El golpe de Primo de Rivera es uno de los momentos más catastróficos de nuestra historia contemporánea

Por ello, el haber liquidado de un plumazo esos 50 años de tradición liberal y parlamentaria, con todas sus deficiencias, el golpe de Primo de Rivera es uno de los momentos más catastróficos de nuestra historia contemporánea. Pues en lugar de esa evolución orgánica hacia la democracia, el golpe de estado legitimó el recurso a la violencia y a las armas para alcanza el poder y cambiar de hecho un régimen político.

La Monarquía podría haber dado ese paso hacia la democratización, por su papel en la política española, y no le hubieran faltado apoyos, mas prefirió elegir otro camino, que al final iba a suponer su caída. Por ende, la Corona y el ejército, a la vez que liquidaron la monarquía constitucional de 1876, pavimentaron el camino hacia la República.

La Historia de España habría podido transcurrir por otros derroteros. Y que no fuera así, hay culpables. Todo conocedor de nuestra historia debería saber que una de las mayores dificultades para la modernización de España ha sido el intervencionismo constante del ejército en la política.

El 13 de septiembre de 1923 el Rey Alfonso XIII se convirtió en perjuro