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martes. 04.10.2022
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Yolanda Díaz en Salvados | Atresmedia
 

Pasada la votación de la Reforma Laboral y su entrevista en La Sexta, Yolanda Díaz se enfrenta al espejo de su futuro.

Cuando la veo en televisión, mi mentalidad infantil me transporta a las historietas del Capitán Trueno con una Sigrid espléndida apareciendo de igual a igual en unas viñetas de hombres. Cómo envidiábamos al Capitán Trueno. En un mundo de mujeres morenas, cuando nuestros horizontes apenas pasaban de la torre de la iglesia del pueblo cercano, Sigrid nos llevaba a su amada Thule en un mundo de fiordos de ensueño.

Al igual que los envidiosos niños, los focos de la actualidad política se dirigen hacia ella. Lejos de mi intención aprovechar estas líneas para lanzar soflamas, consignas o consejos que para mí no tengo. A lo más que me atrevo es a reflexionar en voz alta por si le sirve a la señora Díaz o, algún lector.

Heterodoxa. Distancia de los políticos de la sociedad. No pelear por los puestos. El qué y el cómo antes que el quién. Volver a casa. La política es dura. La realidad supera la ficción. Ambición sí, pero para qué. No filtro. Mala leche. No soy pura. La historia la hacen las gentes. La sociedad protagonista. Corazón.

Son algunas de sus palabras. Mencionó varias veces a su hija. Así que me imagino que la primera tendencia al mirar su futuro sea la de volver a casa. Estaría en su derecho. La “persona humana”, si se me permite esta redundancia, a veces prima por encima de todo.

En la entrevista mencionó varias veces la palabra esperanza. Quizás Yolanda Díaz sea la Sigrid que aúne esfuerzos camino de una nueva Thule

Por otra parte, está “su Historia” y su bagaje en el Gobierno Progresista. Sería una pena perderlo. Con esa experiencia y si ahonda en el “espíritu de CCOO y de UGT” que lleva en los genes tiene media incertidumbre solucionada en el caso de que quiera dar el paso que parece demandarle su espejo. Para la otra mitad en el cuarto párrafo tiene todo un programa de progreso con la sociedad por delante.

Desde la izquierda se jalea muchas veces las miserias de la derecha. Pero no se ven las propias que, a veces, son mayores. Cuando les pones un buen vino y unas gambas de Huelva dejan de ser rojos. Es uno de los tópicos que desde la derecha se utilizan para atacar a la izquierda. Desgraciadamente no les falta razón dada la cantidad de gente que se ha vendido por un plato de lentejas.

Junto a esta miseria, está la de la desunión. Y no muy lejos los personalismos capaces de hundir magníficos proyectos. No sigo. Estos obstáculos se crecen cuando los partidos se miran el ombligo. Y desaparecen cuando la sociedad está encima y de por medio.

Casualmente en estos días se celebran los 500 años de los comuneros, una preciosa historia no bien estudiada. Un profesor mío decía que era la primera revolución burguesa de la Historia más de doscientos años antes que la francesa. Desde el conservadurismo se intenta centrar el foco en los líderes, ahondando en ese vicio tan español de aupar a los héroes individualmente, eso sí, una vez muertos.

Por el contrario, fue una revolución de mucha gente, de muchas ciudades. Comunero es un derivado de común, de la sociedad, en una palabra. Después vinieron las Germanías. El Cádiz de 1812. El Frente Popular, la II República, por citar solo los más conocidos ejemplos de la Historia de un pueblo en busca de igualdad y libertad.

Si Yolanda Díaz quisiera dar el paso, tendrá que ahondar en esa magnífica 'Historia de lucha y sacrificios'. Los Comuneros se organizaron por Juntas. Quizás, una buena idea sería, que la vicepresidenta intente conseguir unas juntas del común donde quepan todas las ideas, todas las personas, todas las propuestas, todas las organizaciones sociales que quieran estar levantándose por encima de sus miserias e individualismo.

En la entrevista mencionó varias veces la palabra esperanza. Quizás Yolanda Díaz se la Sigrid que aúne esfuerzos camino de una nueva Thule.

Yolanda Díaz, la rubia de Thule