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miércoles. 06.07.2022
 

El reciente caso de la reforma laboral ha incorporado a la historia del parlamentarismo español dos nuevos casos de transfuguismo que añadir a la ya larga lista anterior.

El primer caso es, podríamos decir, de reglamento. Es ese en el que dos diputados de UPN, seducidos por el Partido Popular (Ah!, el discreto encanto de la derecha) quieren colaborar con el golpecito de estado urdido desde Génova y engañan a todo el mundo, votando en sentido contrario al compromiso de su propio grupo político. Todo un clásico del género.

Porqué, ¿Que es el transfuguismo?. Se conoce como transfuguismo al hecho de cambiarse de chaqueta, políticamente hablando, pero con alguna matización. Así como cambiar de opinión es de sabios, cambiar el voto comprometido es de tránsfugas. Esto tiene particular importancia en sitios como España donde se presenta uno, o una, a unas elecciones en listas cerradas. Esto significa que si usted tiene una idea distinta a la de su grupo político, tiene dos opciones: o no se presenta en esa lista o se guarda su idea. La razón de que eso deba ser así es el respeto debido a la ciudadanía ya que, como la lista es cerrada, los votantes de ese partido votan las ideas del mismo, no dichas ideas menos la que usted tiene, por lo cual esa ciudadanía le atribuye a usted las ideas de su grupo. Por eso, cuando alguna vez no vota usted  lo mismo que sus compañeros de lista, no solo les está traicionando a ellos, si no que está engañando al electorado.

Así como cambiar de opinión es de sabios, cambiar el voto comprometido es de tránsfugas. Esto tiene particular importancia en sitios como España donde se presenta uno, o una, a unas elecciones en listas cerradas.

¿Como se produce el transfuguismo?. Expliquémoslo con la física más elemental. Se conoce como diferencia de potencial el trabajo por unidad de carga ejercido por el campo eléctrico sobre una partícula cargada para moverla entre dos posiciones determinadas. Esto sería una forma de explicar cómo se mueve a un diputado cargado con su derecho a voto de una posición a otra. Es decir, esa atracción, precisa de un trabajo previo sobre la "unidad de carga" para hacer que la misma inicie ese desplazamiento. Y, además, que el trabajo necesario está relacionado con la carga, de tal modo que, a mayor carga, hace falta más trabajo.

 Eso es lo que se suele pensar cuando hay un caso de transfuguismo, es decir que se ha ejercido un trabajo, generalmente de engrase, sobre un diputado con derecho a voto para que arrime ese voto a una posición distinta de la que tiene su propio grupo político. El fenómeno tiene sus propias leyes, como las de la física, pero, dada su extensión, no es el caso de explicarlas en un trabajo como este, de simple divulgación. Basta con recordar algunos ejemplos anteriores.

¿Cuáles son los casos históricos más conocidos?. En principio, el transfuguismo, como la corrupción, no tiene color. Las ha habido de derechas, de izquierdas y de centro, como se puede comprobar citando, simplemente, algunas fechas y lugares donde se han producido anteriormente: 1987 en la Xunta de Galicia, 1989 en la Comunidad de Madrid, 1991 en Ayuntamiento de Benidorm, 1993 en el Gobierno de Aragón, 1999 en Ceuta, 2003 en la Comunidad de Madrid, 2019 en el Ayuntamiento de Cartagena o 2021 en la Asamblea Regional de Murcia.

El lector más estudioso puede complementar la información acudiendo a Google, la cuna del saber y comprobar que las hay para todos los gustos. Pero, en esa galería de tránsfugas ilustres quiero incorporar la figura de Ramón Tamames Gómez que, injustamente, no suele aparecer en las tradicionales listas de tránsfugas. Este señor, en 1989, se pasó desde su puesto de cabeza de lista de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Madrid a la lista del CDS cuando este partido ganó el voto de censura al gobierno municipal de Juan Barranco sustituyéndole por un gobierno de centro-derecha. Cualquiera podría recordar que eran tiempos de transfuguismos cruzados ya que dos concejales del CDS se habían previamente pasado al otro lado, pero los casos de los centristas Javier Soto Carmona y Manuel Martínez Parrondo no cuajaron debido a cualquiera sabe qué.

El segundo caso que nos ha deparado esa última votación en el Congreso de los Diputados es un ejemplo de transfuguismo por error. Es ese en el que se produce un cambio de voto sobre el previsto, pero se justifica por una equivocación en el momento de emitirlo. Cuando el voto es presencial resulta francamente difícil justificar que diciendo “Si” se quiere decir “No”, o viceversa. Pero cuando se emite telemáticamente es mucho más fácil. Entre el “Si” y el “No” solo hay una distancia muy pequeña en una pantalla táctil, distancia que el dedo puede no recorrer acertadamente. La ventaja para el emisor es que ese error digital, del dedo, puede justificarse por un error digital, del sistema. Es como echarle la culpa al empedrado. Y, en todo caso, con unos cuantos golpes de pecho, o unas voces más altas que otras, puede disimularse un transfuguismo. ¿Cuántos tránsfugas vergonzantes han podido disimular su traición con una torpeza?.

Y, hablando de los resultados de esa votación de la reforma laboral, no quisiera dejar de felicitar al PNV y a ERC por el resultado. No he visto las caras de sus representantes en el Congreso al final de la votación pero, estoy seguro, de que eran de alivio.

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Teoría y práctica del transfuguismo