viernes. 12.04.2024
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Yo, que soy una mujer alegre, llevo una semana con el corazón encogido, me pongo a escribir sobre feminismo y tengo que comenzar otra vez hablando de violencia.

Cuando escribo estas líneas estamos en el curso de una semana trágica, en la que han sido asesinadas cuatro mujeres y dos niñas. Es triste, es desoladora esta violencia machista, esta violencia vicaria que no cesa, este terrorismo machista que rompe el cuerpo social. La violencia patriarcal para meternos en cintura, para disciplinarnos, que subyuga y que mata es la expresión más extrema y bárbara de la desigualdad, una desigualdad contra la que levantamos nuestra voz y ponemos nuestro cuerpo las personas feministas.

Y qué difícil es luchar contra ella, cuando desde las tribunas públicas institucionales del Parlamento o el Senado seguimos teniendo que escuchar discursos negacionistas de las violencias machistas, a los representantes políticos de las derechas, que blanquean el machismo asesino. Qué difícil es luchar contra ella, cuando en esta misma semana hemos conocido que la justicia había llegado a un acuerdo con un violador sentenciado –que es un señor rico y famoso– por el que tenía la posibilidad de librarse de la cárcel pagando un millón de euros. Es francamente difícil hablar de igualdad, hablar de derechos, hablar del fin de las violencias cuando hay hechos que desmienten al ESTADO DE DERECHO, y rompen el principio de igualdad, muy difícil. ¿Qué mensaje se lanza a la sociedad cuándo sucede algo así? Que la violabilidad de los cuerpos de las mujeres sigue siendo una cuestión de clase.

Aquí estamos las feministas, aquí seguimos, las de antes, las de entonces, las de ahora, somos las mismas

Aquí estamos las feministas, aquí seguimos, las de antes, las de entonces, las de ahora, somos las mismas. Siempre somos las mismas, seguimos y seguiremos luchado con todas nuestras fuerzas contra todas las violencias que nos atraviesan, porque somos las herederas de una larga lucha por derechos colectivos de igualdad y no vamos a cejar, no vamos a parar de reivindicar justicia social, igualdad, paz, derechos, el fin de las violencias y vidas dignas.  Y… ¿Para qué sirve el feminismo, cabe preguntarse? Entre otras cosas, sirve para seguir adelante, sirve para que podamos relacionarnos con respeto, sirve para pensar en lo colectivo, en lo común, debatiendo de política y acordando entre todas las personas una hoja de ruta para conseguir un mundo más justo, más igualitario, más libre, un mundo que abrigue, un mundo en el que se respete a la madre tierra y a sus hijas, hijos e hijes. Porque sin las aportaciones de las luchas feministas por derechos, de las luchas de todas las personas que se han levantado y se levantan contra el patriarcado capitalista para conseguir derechos, que amplían las fronteras de la democracia, es imposible conseguir un avance social inclusivo necesario, que lleve al horizonte de conseguir vidas que merezcan la pena ser vividas.

El feminismo es la ideología de las cosas de comer, afirma la filósofa Rosi Braidotti, yo añado que además el feminismo abre la posibilidad de la liberación del Ser, porque el cuerpo y la clase se dan la mano para oponer fuerza contra un patriarcado que es jerárquico, privativo, individual, obtuso, egoísta, marginador, basado en el yo, que ha abrazado el capitalismo como herramienta y se retroalimentan para exprimir el cuerpo social y sacar rentabilidad hasta de la última brizna de vida que hay en el planeta.

8M2024: un sonoro y sororo #SeAacabó

Hace unos pocos días, celebramos el 8M en las calles. Las feministas entonamos un sonoro y sororo #SeAcabó, en un grito antirracista, pacifista y anticapitalista contra los genocidios y los privilegios del patriarcado, porque estamos hartas…tenemos un hartón de siglos… 

El #SeAcabó de María Jiménez se ha convertido en este 2024 en todo un grito de guerra de las feministas que no se resignan

El #SeAcabó de María Jiménez se ha convertido en este 2024 en todo un grito de guerra de las feministas que no se resignan. Ese verso que se inicia con un “porque yo me lo propuse y sufrí” atraviesa todas las luchas por Ser, por vivir en paz, por desarrollarnos libremente y sin tutores, por las exigencias continuas de igualdad en todos los ámbitos de la vida, por levantar nuestra voz contra los acosos sexuales, laborales y las violencias de todo tipo que sufrimos las mujeres por el hecho de serlo y también las personas trans y las personas lgtbiq+ por el hecho de serlo; porque salirse de las normas que dicta el patriarcado tiene un coste, el patriarcado discrimina, violenta, explota, mata.

Hoy, ese verso lo abrazamos como nuestro, totalmente nuestro: ese clamoroso #SeAcabó es históricamente nuestro.

Y tenemos que dar las gracias, como feministas, a un grupo de chicas mágicas, que nos hicieron soñar a todas, que llevaron la alegría de todo un país a lo más alto del deporte mundial. Un grupo de mujeres que se unieron como una piña −sin fisuras− para defender a una de las suyas. Las mujeres de la selección española de fútbol se calzaron las botas, con los cordones muy bien atados, para patear el balón hasta la Luna gritando #SeAcabó, marcando un golazo al patriarcado patrio más rancio. Entre todas dejaron bien claro que ese beso que tenía identidad de posesión, que era un “esta es mía” repugnante, no era consentido. Lanzaron un mensaje.

El #SeAcabó de las mujeres del fútbol femenino simboliza el hartazgo evolutivo de las mujeres españolas.

Venimos de muy lejos

Y es que venimos de muy lejos. Este #SeAcabó es hijo de todos los #SeAcabó que nos atraviesan en luchas colectivas persiguiendo la igualdad y la libertad personal −corporal, de pensamiento− fuera de las tutelas de los varones.

Es el #SeAcabó de las cigarreras, que en una huelga en Sevilla llegaron a tirar al pilón al preboste de una fábrica de tabaco. Y como señalaba Emilia Pardo Bazán en La España moderna en 1890, “hoy en España menudean los motines de cigarreras y el cargo de jefe en las fábricas de Sevilla y Madrid no puede ser ejercido por quien carezca de gran serenidad, aplomo y energía”; es el #SeAcabó de las faeneras de Málaga, que protagonizaron una larga y costosa huelga en 1919, cuando protestaban por las subidas de los precios de los alimentos debidos al impacto de la Primera Guerra Mundial y que sumía en la pobreza a la clase trabajadora; es el #SeAcabó de las sufragistas que lucharon por el derecho al voto y por los derechos políticos, así como de las jóvenes mujeres de la República española que en los años 30 del siglo pasado se empeñaron en estudiar, en trabajar, en ser mujeres libres; es el #SeAcabó de las de las Sinsombrero y de las maestras de la República, que cambiaron tanto la esencia y la identidad de la escuela en sentido igualitario y feminista, que los curas de la época y los señoritos no lo soportaron…, y es cierto que las masacraron, pero su semilla y su hermosa huella quedó escrita en la memoria de la historia. Hoy estudiamos su significado y aprendemos de ellas; es el #SeAcabó de todas las mujeres que nunca se rindieron y que lucharon contra una dictadura, que las quería encerradas en casa; es el #SeAcabó de todas aquellas que se organizaron en redes de mujeres de presos para asistir a las familias y mantener cohesionada la resistencia contra el franquismo; es el #SeAcabó de las mujeres de la Huelgona de 1962, sin su fuerza, su determinación, su capacidad de organización y de lucha, esa huelga se hubiera escrito como una derrota en las páginas de nuestra historia, en lugar de como el éxito de torcerle el brazo al franquismo por primera vez desde el fin de la guerra de España; es el #SeAcabó de las militantes clandestinas del Movimiento Democrático de Mujeres, que llevaron ideas de emancipación e igualdad a los barrios de todas las ciudades de España desde mediados de los 60;  es el #SeAcabó de las 11 de Basauri, esas mujeres de clase obrera acusadas de delito de aborto en 1976, que se enfrentaron a todo un aparato judicial y represivo patriarcal, rancio y muy español, en este país católico, que ha maltratado y maltrata tanto a las mujeres; es el #SeAcabó de aquellas mujeres que proclamaron a voz en cuello en las calles de España ese Yo también soy adúltera, que definió un noviembre de 1976 y que continuó y tumbó ya en  1978 –tras una larga lucha en las calles– esa Ley de adulterio pensada para enjaular a las mujeres; es el #SeAcabó de las mujeres del textil de Posadas, de Induico, de Ike, de Inditex, de tantas y tantas mujeres dignas y combativas del textil, que se han plantado y se plantan, huelga tras huelga, para seguir exigiendo derechos; es el #SeAcabó de las espartanas de CocaCola en lucha, que se enfrentaron al monstruo de las burbujas con determinación, inteligencia e imaginación, dando oxígeno a una lucha justa contra una empresa global arrasadora; es el #SeAcabó de las que fuimos a la huelga un 8 de marzo de 2018 para protestar contra las triples cargas; es el #SeAcabó de las jornaleras de la fresa en Huelva; es el #SeAcabó de las camareras de piso y de las trabajadoras domésticas que han exigido y conseguido que el Gobierno de España ratifique el convenio 189 de la OIT; es el #SeAcabó de las mujeres y de las personas trans y lgtbi de la cultura y el cine, que luchan contra los acosos y las violencias, que luchan por SER; es el #SeAcabó de las trabajadoras del sector de la educación infantil de 0 a 3 años, que hoy mantienen un pulso por sus derechos. Es, en definitiva, el #SeAcabó de todas nosotras, personas que levantamos nuestra voz para terminar con este sistema que nos subyuga.

Y también es un #SeAcabó que mira al futuro.

Y para eso necesitamos reunirnos. Necesitamos SUMAR. Sumar todo lo posible, darnos la mano, abrazarnos.

La poeta María Sánchez señala en su Cuaderno de campo que “Vivir en grupo facilita el avistamiento y la detección de los depredadores”. Vivir en grupo, formar parte de algo grande, colectivo, comunal, sororo, transformador, exigente, reclamante de justicia, justicia social e igualdad, derechos, algo revolucionario y conocernos, saber quiénes somos…

El feminismo nos obliga a hacernos preguntas: ¿por qué nosotras somos así?, ¿por qué cuidamos y no nos cuidan?, ¿por qué nos quieren recluidas, obedientes, calladas, presas, sentadas en la mesa de la cocina o de adorno en las fiestas?, ¿por qué quieren sacar tanto jugo a nuestros cuerpos, a nuestra fuerza para dar la vida, a nuestras manos, a nuestra fuerza de trabajo, a nuestras caras, voces, pechos, pies, caderas, rodillas y glúteos?, ¿por nos quieren aniquilar con el silencio?, ¿por qué nos persiguen, nos acosan, nos pegan, nos violan, nos matan?

Para avistar, oponer, frenar y vencer a los depredadores hay que unirse, ir en grupo, acuerparse. Ahora más que nunca. Las feministas lo sabemos muy bien. Feminismo o barbarie.

Carmen Barrios Corredera, escritora y fotoperiodista.

Por todos los #SeAcabó, que nos atraviesan: ¡Viva el feminismo!