domingo. 26.05.2024

Espero que no me tomen por loco. Nunca estuve bien del todo. Fui… ¡raro! Lo reconozco. Hice y dije siempre lo que quise y las más de las veces pequé de inoportuno. Siempre cojeé del anarquismo unamuniano definido en el Prólogo de la Vida de Don Quijote y Sancho. Uno siempre debe decir y hacer lo que cree que debe decir y hacer. Lo de las mentiras piadosas es muy peligroso. Empieza uno así y acaba… en la misa del Gallo. Podría admitir, incluso, que con los años he empeorado.

Tampoco me drogo. Nunca me drogué pese a pertenecer a la generación del 69 (que, en Canarias por razones horarias, y en Francia, por razones históricas, fue la del 68). De eso se encargó la lobotomía ideológica que, en materia de drogas y sexo, me practicaron desde los 9 a los 17 años en un colegio religioso. Del sexo, otro día les contaré.

Beber. Beber sí bebo. Poco, pero bebo. Me gusta el aguardiente siempre que sea gallego, frutal y no rasposo. No me vale cualquiera. Por bueno que sea. Ni aunque sea de Potes… De Albariño, si es posible. Si quieren échenle a eso la culpa. Pero el aguardiente me gusta y me conecta con los dioses celtas. Con Berobreo y Bandua. No les aconsejo el alcohol para relacionarse con las diosas Deva y Navia. Al menos mi experiencia no fue buena.

Ni he vuelto al cristianismo, y por tanto no necesito confesar mis pecados, ni me ha atrapado la necesidad de autocrítica de la Revolución cultural maoísta. Más bien pretendo establecer con Uds. una complicidad que les permita empatizar conmigo. Necesito que me quieran. Aunque consideren que no tengo razón. Pero ya les digo: ¡si son gigantes y no molinos…son gigantes! Eso sí, la retórica gallega, esa del roe que te roe, se va haciendo conmigo.

Me entusiasma la idea de la “ceremonia simbólica de entierro de la justicia”. Ni a mí se me hubiera ocurrido una idea mejor. Ahora bien, en vez de una “ceremonia simbólica” por qué no un entierro de verdad

Al grano, porque si no voy a tener que publicar este artículo por fascículos. Por esa cosa rara que Uds. llaman redes, debe ser porque enredan o se enredan, me llega un mensaje que paso a transcribirles: “Estimados compañeros: ¿hasta cuándo van a abusar de nuestra paciencia? La rebaja de la mayoría para la designación de los miembros del TC y la criminalización de los vocales que no se atengan a los plazos que les marcan los políticos arroja la justicia a los pies de los caballos. Deberíamos hacer algo coordinadamente: concentraciones a las puertas de los juzgados, una ceremonia simbólica de entierro de la justicia, no sé… ¿se os ocurre algo? Ojalá las asociaciones judiciales se coordinen y marquen un calendario de movilizaciones. Ahora es cuando las necesitamos. Más que nunca. Gracias a todos”. Esta “catilinaria” va suscrita por un Juez, cuyo nombre, por razones de privacidad y también por huir de la personalización, no les diré. Pero sí que es un personaje con cierta representatividad en el colectivo judicial.

Sólo hay algo que no comparto del todo. Me entusiasma la idea de la “ceremonia simbólica de entierro de la justicia”. Ni a mí se me hubiera ocurrido una idea mejor. Ahora bien, en vez de una “ceremonia simbólica” por qué no un entierro de verdad, en condiciones, con su muertecito, su cura y su responso… A fin de cuentas, la pobre Justicia, que nunca llegó ni a Justeza, ya quisiéramos, lleva muerta décadas. Hasta sus estertores producen risa entre los que llamamos justiciables, que no son otra cosa que los sujetos pasivos de la maldición gitana. Solo nos enteramos de sus hilillos de vida con esas resoluciones de astracanada que, muy de vez en cuando, se publican en la prensa: los archivos de actuaciones a la Señora Espe, las querellas que nunca se archivan a Podemos y que serán heredadas por los tatara-tatara-tataranietos de García Castellón, los archivos de las querellas y denuncias sobre lo acontecido en las residencias privadas (aquí no ha pasado nada), los titiriteros a la cárcel, los raperos a Bélgica, el sello del PCE suspendido a instancias de Torquemada… Francamente (¡uy perdón, se me ha escapado!), ¿no estaría mejor la Justicia buen muertita y bien enterradita, como Dios manda? Qué le vamos a hacer, habrá que buscar otro empleo.

Para “concentraciones” no estoy. Ni siquiera para el Bovril. Viendo quienes integran el grupo de “los Nueve de Marqués de la Ensenada” más me inclinaría por “disoluciones”. De las sectas a las que se adscriben (la APM, el Opus…). Más me inclinaría por espacios abiertos en que corra el aire. Donde no huela a sotana rancia.

¿Quiénes osan rebajar la mayoría para elegir los Magistrados del TC? Cualquiera sabe que es mejor que no se puedan elegir, que no se pueda sustituir a los cargos caducos y sigan los mismos

¿Quiénes osan rebajar la mayoría para elegir los Magistrados del TC? Cualquiera sabe que es mejor que no se puedan elegir, que no se pueda sustituir a los cargos caducos y sigan los mismos. Más si son los “nuestros”. Quién ha dicho que es más democrática una mayoría simple que una mayoría cualificada. El mismísimo TC dijo que la mayoría exigible es una cuestión de legalidad ordinaria cuya fijación corresponde libremente al legislador. Quién afirma que sea más democrático mantener una mayoría cualificada que impide la renovación de los cargos y el normal funcionamiento del Estado que una mayoría simple, que desatasca una situación que se prolonga ya por cuatro años. Ahora bien, si me aprietan, lo suyo de verdad no serían los cuatro años que marca la Constitución ni los ocho hasta los que han conseguido estirar el chicle. Lo suyo es que estos valiosos señores, a los que nadie conoce y con unos méritos más que dudosos, pudieran quedarse ahí el tiempo que les plazca. Para qué cambiar. Más vale lo malo conocido. O mejor, ya puestos, toda la vida. O incluso, cargos vitalicios y hereditarios. Que los hijos de los Nueve pudieran suceder a sus padres a su muerte. Ojo que hay antecedentes de cargos judiciales vitalicios y hereditarios. Eso sí en el Siglo de Oro.

Pero, por encima de todo, hay que evitar el lanzamiento de estos okupas, de estos precarios que se quedaron sin título hace años y ahí siguen. A los treinta, usucapión. Porque no son unos perroflautas cualquieras. Son unos señores como nosotros y aquí debería haber un poquito más de igualdad, según para quienes. Y sobre todo, de respeto.

Y eso de criminalizarles por no cumplir unos plazos que, no marcan los políticos sino la Constitución, me parece igual de feo. Qué importa que el Tribunal Supremo creara la “prevaricación por omisión” para castigar a los alcaldes que se negaban a convocar Plenos municipales para discutir las mociones de censura, qué importa que el delito de sedición se defina por la “alteración del orden constitucional”… Esos delitos están ideados para alcaldes rojos y del PNV y para los indepes catalanes. ¡Hala a por ellos, Llarena!

Pero como nada de estos vamos a arreglar ni Uds. ni yo, permítanme que acabe estas líneas cantándoles el estribillo de una canción/plegaria pelín amarga. No se rían. No me lloren. Everybody.

“¡Oh Señor por qué no me consigues un puestecito en el CGPJ!
Todos mis amigos conducen Porsches,
Debo enmendarme y estar a su altura.
Sin la ayuda de mis amigos,
Toda mi vida he trabajado duramente. 
Entonces Señor ¿por 
qué no me consigues un puestecito en el CGPJ?”

(Janis Joplin, “Mercedes Benz”, tuneada por un servidor de Uds.).

¡Oh Señor, por qué no me consigues un puestecito en el CGPJ!