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jueves. 29.09.2022
Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo en Moncloa

¿Acaso vuelve la política sería? ¿Consigue predominar la visión institucional y el primado del interés general sobre las escaramuzas partidistas? ¿Pueden reeditarse unos pactos como los de La Moncloa en que las distintas fuerzas políticas fijen posiciones conjuntas para hacer frente a una situación endiablada? ¿Habrá recapacitado la clase política sacudida por los desafíos que debemos afrontar a corto plazo? ¿Qué circunstancia habría obrado ese milagro tras una polarización aparentemente impasible frente a cualquier contingencia? 

Alberto Núñez Feijóo ha respaldado por primera vez a su presidente del gobierno, puesto que lo es de todos los ciudadanos. Resulta llamativo, pues no lo había hecho ni siquiera cuando se ponían sobre la mesa medidas propuestas poco antes por él mismo, tal como sucedió con las relativas al ahorro energético, porque una fuerza viva de su partido se permitió discrepar y llevarle la contraria no parece muy aconsejable dado su tirón popular. ¿Cuál entonces el hecho insólito que le mueve a secundar un compromiso adquirido por Pedro Sánchez?

El jefe de la oposición se ha permitido recordarle al presidente su solemne compromiso con la OTAN, porque además fue hecho en Madrid y ante nada menos que Biden, como si esta última circunstancia confiriese adicionalmente un carácter sagrado al evento y lo convirtiera en una suerte de juramento ante la divinidad. Feijóo se muestra firme partidario de doblar el PIB en gastos defensivos. Por supuesto que lo hace para enfatizar una nueva e inevitable tensión en la coalición gubernamental, sin apreciar positivamente que semejante dialéctica puede ser un fiel reflejo de la sociedad española en su conjunto.

La cuestión es que hasta el momento el único programa de gobierno presentado por Feijóo es desmontar cuanto haga Sánchez y sus aliados. Ni siquiera se molesta en argumentar por qué sería conveniente contra-legislar. Le basta con decir sin más que lo ha hecho el peor gobierno de la historia. Sin embargo, parece que pueden darse algunas excepciones y que nunca se le ocurriría faltar a esta promesa solemne relacionada con un incremento tan sustancial del gasto militar.

La pregunta del millón es cómo Feijóo podría mantener ese nivel de sobregasto [gasto militar] rebajando los impuestos

Es cierto que otros países van en la misma dirección y que Alemania ha llegado a modificar su constitución para permitir esa elevación presupuestaria teniendo un gobierno tricolor donde coinciden verdes con liberales. La pregunta del millón es cómo Feijóo podría mantener ese nivel de sobregasto rebajando los impuestos. Esto lo repite hasta la saciedad como si fuera una panacea universal. ¿Cómo luchar contra la inflación? Rebajando los impuestos. Falta saber quién, puesto que muchos no pueden pagar ninguno y difícilmente notarían los efectos benéficos de tan fantástica rebaja.

Nunca se molesta en aclarar cómo cabe mantener el sistema sanitario y educativo con un menguado presupuesto, dados los problemas estructurales que se padecen por sucesivos recortes y una política tendente a privatizarlo todo. ¿Cómo se pagarían las pensiones al no haber suficientes cotizaciones? ¿Qué pasaría con las prestaciones de carácter social y la vivienda publica? Esto queda en suspenso como una incógnita que no merece la pena despejar. 

Respiremos más tranquilos. Rebajando sustancialmente los impuestos Feijóo se compromete a doblar el gasto militar y nos invadirán con más dificultad. Lo malo es que con ello no se paliaran las desigualdades extremas ni otros problemas de similar entidad. Ciertas empresas mejorarán sus cuentas de resultados y hasta se generarán unos cuantos empleos que ni siquiera serán estables. El paro juvenil seguirá teniendo unas tasas insoportables y el salario mínimo seguirá sin permitir llegar a fin de mes. Habrá gente que no pueda caldear su habitáculo cuando lo tenga y los más desfavorecidos tendrán muy difícil acceso a un ascensor social que lleva tiempo estancado. 

Resulta natural que Yolanda Díaz enfatice un aspecto y el sector socialista ponga su acento en otras facetas, porque por eso responden a dos fuerzas políticas diferentes

Avivar las lógicas discrepancias existentes entre los dos partidos del actual gobierno en realidad no requiere de ningún apoyo externo. Resulta natural que Yolanda Díaz enfatice un aspecto y el sector socialista ponga su acento en otras facetas, porque por eso responden a dos fuerzas políticas diferentes. Bueno, en realidad a muchas más, teniendo en cuenta que se podría abrir algún espacio nuevo liderado por la vicepresidenta segunda. 

En otros países las coaliciones gubernamentales pueden llegar a ser muy complejas y esto es algo que puede servir para enriquecer las acciones de gobierno, al tener que acercar posturas en principio distantes. Alemania tiene su tripartito. Entre nosotros no se ha dado esa cultura que requiere de un dialogo y mutuas concesiones constantes. De todas maneras, el partido popular está recuperándose de su propia división interna, porque Abascal no surge de la nada y militó donde lo hizo. Eso sin contar la eterna disensión entre conservadores y liberales. 

Una diversidad que puede ser enriquecedora es considerada como una flaqueza inasumible. Por eso no se admiten pareceres discordantes entre los diputados de una determinada lista electoral, quienes en algunas ocasiones tienen que votar a regañadientes para no significarse y quedar estigmatizados. La obediencia, que no la lealtad, cuenta mucho para figurar en las listas y aún más para repetir en ellas. Lo llamativo es que a veces en el ínterin cambia la cúpula de los partidos y ni siquiera reconocen los compromisos adquiridos por sus predecesores. Otra cosa es que Biden hubiera sido testigo de tal o cual acuerdo, como aquel suscrito por Casado para renovar el Consejo del Poder Judicial. 

Pero nunca es tarde si la dicha es buena. Feijóo ha respaldado por primera vez al inquilino de La Moncloa y podría hacerlo en sede parlamentaria, pese a que lo hiciera para denunciar las tensiones de la coalición gubernamental. Así podría ser si se sancionaran los contenidos de las leyes y no quedaran estos relegados a un segundo plano por cansinas estrategias electoralistas. Con su pan se lo coman, siempre que no perjudiquen sistemáticamente a la mayoría de sus conciudadanos. Menudos patriotas de pacotilla serían quienes anteponen sus propios intereses al bien común que aspiran a gestionar.

Los presupuestos generales de Feijóo desde su inaudito respaldo a Sánchez