viernes. 19.04.2024

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Llevamos días oyendo a la oposición a Diaz Ayuso criticar la vivienda en la que mora, o habita, la presidenta de la Comunidad de Madrid. No me extrañaría que la cochina envidia sea una de las razones para esa crítica dado que vivir en un dúplex de casi 200 m2 en el centro de Madrid no está al alcance de cualquiera. Y, mucho menos, si, además, tiene una plaza de garaje con Maserati y todo.

Conocí a un marxista que hacía una interpretación tosca de la lucha de clases como motor de la historia. Según él, el verdadero motor de la historia era la puta envidia (con perdón). Sea así, o no, la exhibición de la riqueza de los otros es algo que motiva mucho a los demás. Ya se sabe que el césped del jardín del vecino siempre está más verde que el propio. Y no te digo nada cuando no se tiene jardín.

Hasta ahora, su residencia no nos costaba nada, aparte de lo que ya nos había costado en forma de comisiones de contratos públicos para la compra de mascarillas

Pues bien, Diaz Ayuso, sabedora de que la mejor defensa es un buen ataque, parece haber culpado de su situación habitacional a la propia Asamblea de Madrid que no la dota de una residencia oficial a la que se cree merecedora como presidenta de su Comunidad. Justifica su queja en que todo cargo público de su mismo, o parecido, rango tiene una residencia acorde con su nivel y posición mientras, ella, no. Además de esa razón, objetiva, añade otra subjetiva y es que, ella, no posee ninguna vivienda, por lo que tiene que vivir de prestado.

Y yo, me pregunto, ¿a quién se le habrá ocurrido abrir ese melón criticando donde vive Isabel Diaz Ayuso?

Hasta ahora, su residencia no nos costaba nada, aparte de lo que ya nos había costado en forma de comisiones de contratos públicos para la compra de mascarillas. Pero, desde ahora, y si cuaja esa petición a la Asamblea de Madrid en forma de Ley, vamos a tener que pagar con nuestros impuestos autonómicos esa nueva residencia. Porque, la anterior, repito, ya estaba pagada, pero la próxima, hay que pagarla.

Miedo da pensar en el coste de una residencia digna de una presidenta, en una zona adecuada, con espacios para las medidas de seguridad suficientes y con los servicios correspondientes de todo tipo que, además, hay que pagar cada mes.

Y, todo, por hablar más de la cuenta. ¿A quién se le ocurre criticar donde vivía Diaz Ayuso? La oposición podría haberse limitado a criticar el que si la presidenta de la Comunidad de Madrid no podía convencer a sus más cercanos de que hay que pagar impuestos, debía ser incapaz de hacerlo al resto de las madrileños. Por ejemplo. O de mentir, simplemente. Pero no. Tenían que hablar de su vivienda sin caer en la cuenta de que, en realidad, ella sufre la misma falta de vivienda que muchos madrileños y tiene que depender de alguien que la acoja en su domicilio. Y, ahora, vamos a tener que proporcionarle, entre todos los madrileños, una vivienda digna de una presidenta

Otra vez, conviene pensar un poco más antes de hablar.

¡Por hablar!