martes. 23.04.2024
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Sergio Leone no llegó a conocer el Madrid del Partido Popular. Por eso, cuando tuvo que hacer una película sobre una saga de gente chunga la tituló "Erase una vez en América".

Si lo hubiera sabido, hubiera escrito una historia apasionante. Pero así, se perdió a una presidenta de la Comunidad de Madrid que, por ser de familia bien y urbana, de hecho, estaba casada con un miembro de la nobleza, no reconocía el sonido del croar de los batracios. Al menos, eso dijo cuando le salieron rana un par de vicepresidentes y algunos directores generales que terminarían procesados y, alguno condenado a penas de prisión. Cosa de nada porque, la verdad es que hubo más directores generales que no estaban implicados en los hechos que constituyeron un par de casos de esos que la policía califica con nombres como Púnica o Gürtel. Conviene aclarar esto para explicar que no todos los políticos terminan procesados por motivos delictivos. Incluso en el Partido Popular.

Pero algunos, sí. Alguno de esos algunos llegó a ser, incluso, presidente sustituyendo a la anterior. Y, debido a cosas de esas que están mal vistas en el Código Penal, ese presidente acabó en la cárcel. Antes de esa residencia forzosa, llegó a relacionarse con gente de Delaware (que es como Andorra, pero en USA) quienes le alquilaron un piso en Marbella.

La omertá que reinaba en ese grupo se puso de manifiesto cuando se cargaron, incluso, a su máximo dirigente por tratar de denunciar uno de los casos en los que participó el hermano de la hermana

Su sucesora, del mismo partido, no llegó a alcanzar los niveles de desvergüenza del anteriormente citado. Se limitó a sustraer unas cremas en una tienda. No fue, eso, lo malo. Peor es que la pillaran y, dado que debió ocurrir en un momento de cierta sensibilidad, empezó a ser investigada, de donde se dedujo que, además de las cremas, se había hecho con un título universitario con méritos no mucho mayores de los que había tenido para obtener las citadas cremas. El caso es que cesó antes de que acabara su mandato.

Para acabar el mismo, el mandato, y por aplicación de las leyes de igualdad, a esa presidenta le sucedió un presidente. Se trataba de uno de los consejeros que tuvo que ocupar el cargo vacante por cese en el negocio. Este señor no tuvo problemas de tipo legal. Simplemente, en cuanto acabó su mandato, pidió la baja en el Partido Popular y se pasó a Ciudadanos. O sea, como cuando se cambia de banda.

Y llegamos a una nueva presidenta. Esta, lo que ha tenido han sido problemas familiares: su madre, su padre, su hermano y su pareja, han alcanzado cierta notoriedad en las páginas de sucesos de los medios de comunicación. Mientras, ella, clamaba contra tirios, troyanos y, sobre todo, contra Pedro Sánchez, por someterla al penoso trabajo de dar explicaciones por asuntos de contratos, subvenciones o comisiones diversas que afectaban a sus próximos. El principal argumento que usaba para su defensa, aparte de la manía que le tenía el tal Sánchez, se lo suministraron algunos medios diciendo que estaba abducida por su jefe de gabinete, aunque, la verdad es que los familiares que salían a la luz eran de quien eran.

En este último episodio, la omertá que reinaba en ese grupo se puso de manifiesto cuando se cargaron, incluso, a su máximo dirigente por tratar de denunciar uno de los casos en los que participó el hermano de la hermana.

El problema es que, si vas con un guion como este a un director de cine y, además, le dices que todos esos presidentes y presidentas han sido elegidos democráticamente por los madrileños, te lo rechaza por considerar que es muy poco realista.

De ahí, que Sergio Leone rodara otra película en la que la realidad no superase a la ficción.

Erase una vez en Madrid