miércoles. 22.05.2024
centro salud madrid

Los médicos de Atención Primaria (AP) soportan un gran peso asistencial que por más que haya quedado en evidencia durante la pandemia, se trata de un problema atávico que afecta a este castigado sector de la medicina pública por un injusto déficit de recursos.

Los orígenes Medicina Familiar y Comunitaria se encuentran en los tiempos heroicos de la medicina rural, que hasta finales de la década de los noventa aún se veía forzada a ejercer su profesión con una precariedad anacrónica que, en puertas del siglo XXI, chocaba con los derechos humanos de cualquier trabajador. Como ejemplo, consideremos que eran muchos los pueblos cuyos médicos titulares trabajaban 24 horas al día todos los días del año y se desplazaban en sus propios vehículos para hacer las visitas domiciliarias sin percibir un complemento en sus nóminas por poner sus vehículos a disposición de la sanidad pública.

A partir de la segunda mitad del siglo XX la creación de ambulatorios y servicios de urgencias en las ciudades y en los pueblos grandes permitió a los médicos de cabecera trabajar ocho horas diarias y tener un descanso los fines de semana, pero aun no llegó ese lujo a los pueblos pequeños hasta bien entrado el último cuarto del siglo XX.  

El punto de inflexión se produjo cuando en noviembre de 1978 se fundó la Comisión Nacional de Medicina Familiar y Comunitaria (tras la celebración de la Conferencia Internacional sobre Atención Primaria en Alma-Ata) y a partir de 1979 comenzaron a formarse en los hospitales y centros de salud con docencia los primeros médicos residentes en la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria. 

La atención primaria trabaja en precario y está infradotada e infrautilizada

Sin embargo, a día de hoy, poco se ha evolucionado en lo básico cuando, incomprensiblemente, la Atención Primaria trabaja en precario y está infradotada e infrautilizada. Son muchos los profesionales que se sienten quemados y explotados por la precariedad que pone en evidencia la endeblez por falta de recursos de la AP.  

¿Tan malos gestores son los responsables de la salud pública que siguen sin apostar por una inversión en Atención Primaria que permita a los profesionales de este primer nivel asistencial (la AP es la primera puerta que atraviesan los ciudadanos para entrar en contacto con la salud pública) resolver muchos procesos que, por lo general, acaban acudiendo a la atención especializada y hospitalaria —a veces por iniciativa del paciente— saturándola y generando un coste desproporcionado para unas patologías que se podrían resolver en un centro de salud bien dotado?

Muchos MIR no quieren especializarse en Medicina Familiar y Comunitaria

Hace pocos días se han adjudicado las plazas MIR de 2022, y este año ha sucedido un hecho insólito al quedar 218 de estas plazas —de las 8.188 ofertadas por el ministerio— sin asignar, con  el agravante añadido de que excepto 18, todas las demás son plazas de médicos residentes de Medicina Familiar y Comunitaria. 

Si bien esta situación es en parte atribuible al nuevo sistema de elección telemática de plazas puesto en práctica este año, la principal culpa de que 200 plazas de médicos de familia hayan quedado vacantes, es consecuencia de las reivindicaciones de los médicos de AP que trabajan con precariedad de recursos en los centros de salud: sobrecarga asistencial, plantillas insuficientes, masificación de consultas, escasos minutos para atender a cada paciente, una, dos (o más) semanas de plazo para que un paciente sea atendido por su médico de familia según que centros y CCAA, aumento de las agresiones sufridas por los sanitarios, desprestigio social, bajos salarios… Un sinfín de inconvenientes responsables de que cada año sea menos apetecible pedir una plaza de AP a los médicos que aprueban el MIR. 

Según datos del Foro de Atención Primaria, faltaría en la actualidad 5.000 médicos de familia y 1.300 pediatras para que en España hubiera una atención primaria de calidad, sin embargo, la triste realidad es que casi ningún MIR quiere ser médico de familia, una especialidad que ha sido relegada a los restos cuando no se ha alcanzado una puntuación alta.  

En unas declaraciones a la Cadena SER, Alex Mayer, vicepresidente de la Asociación MIR España, opina que la condición de médico de familia ha perdido valor porque a estos profesionales les es difícil la investigación y la docencia; no se dispone de tiempo para practicar una medicina de calidad, de seguimiento y de prevención; el médico actúa demasiadas veces como un administrativo que hace informes, recetas y partes, inconvenientes que confieren a la medicina de familia un punto de desprestigio y hace que no se la contemple como una especialidad, cuando lo es tanto como cualquier otra. 

Con carácter urgente, es necesario otorgar dignidad a la AP, tanto en beneficio de pacientes como de profesionales. El único modo de conseguirlo sería alcanzar unas ratios de recursos humanos homologables a las de los países de nuestro entorno. Sin embargo, la realidad se impone y la falta de médicos de familia aumenta alarmantemente. Algunos aventuran que en 2030 la atención primaria podrá entrar en un crac siendo que en los próximos cinco años se jubilará un treinta por ciento de los profesionales de esta especialidad y no hay intención de relevo por parte de los MIR. 

Si ser médico de familia deja de ser una meta deseable, la crisis de la AP será cada vez mas difícil de resolver, y esto no sería culpa de los médicos sino de la incapacidad de los políticos para dotar al primer eslabón de la sanidad pública de unos presupuestos dignos. El Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos considera que las 200 plazas que han quedado sin cubrir son muestra de una «gravedad extrema que agravará considerablemente la ya maltrecha situación de Atención Primaria».

Para finalizar, sería bueno considerar el dato ofrecido el pasado mes de mayo por Amnistía Internacional al denunciar que ninguna comunidad autónoma española alcanzaba el 25% de inversión sanitaria que la Organización Mundial de la Salud recomienda para la atención primaria a fin de hacer posibles unos servicios «sólidos que garanticen el derecho a la salud».

Habrá que ponerse las pilas, y deberán hacerlo los políticos aumentando los presupuestos, y los usuarios animándoles a que lo hagan a fuerza de reivindicar lo que en justicia nos pertenece a todos.

¿Está en peligro de extinción la atención primaria?