lunes. 04.03.2024

En la primera escena de Annie Hall aparece Woody Allen enunciando un par de paradojas, la de Groucho Marx de renunciar a entrar en un club que le aceptara a él como socio, y la contradictoria queja de su pensión donde servían unos pasteles muy malos, pero con raciones muy pequeñas.

Si la volviera a rodar, con seguridad añadiría la paradoja del candidato, o candidata, del PSOE a la alcaldía de Madrid en las próximas elecciones municipales. Y eso debido a la importancia mundial que tiene el tema.

Resulta que el PSOE tiene establecido como método estatutario para cubrir este tipo de puestos, el de la celebración de elecciones primarias entre sus militantes. A ellas, se puede presentar cualquiera que se postule y presente un número mínimo de avales de militantes. Después, la militancia elegirá, de entre los presentados, aquel, o aquella, que le parezca mejor. Todo ello muy democrático. En el caso actual, el periodo de admisión de candidatos todavía no se ha abierto. Y, hay que recordar, que el actual secretario general del PSOE, lo es porque ganó las correspondientes primarias ofreciendo un periodo de democracia interna, sin parangón anterior, en el que predominaría la soberanía de la militancia para casos como este.

Pues bien, a pesar de esto, parece que estamos viviendo una zozobra insoportable esperando que los poderes socialistas señalen el candidato (más bien parece que se trata de una candidata) más idóneo como si eso fuera a sustituir el asunto de la soberanía colectiva. ¿Es una paradoja o se trata, exclusivamente, de algo mediático sin ninguna trascendencia entre la militancia? En realidad, tenemos tiempo de verlo pero, mientras tanto, podemos especular sobre el tema.

Estamos viviendo una zozobra insoportable esperando que los poderes socialistas señalen el candidato a la alcaldía de Madrid, aunque más bien parece que se trata de una candidata

Se podría pensar en una secuela del pasado, cuando, a base de paracaidismo, se nominaban candidatos sin pasar por el fielato de unas primarias. Pero, hay que recordar que el último ejemplo, Pepu Hernández, fue un híbrido de paracaidista y vencedor, de manera apabullante, de unas primarias. Y, eso, que se presentaba contra un histórico del socialismo madrileño como Manuel de la Rocha que, además, ya contaba con experiencia municipal por haber sido alcalde de Fuenlabrada.

Quizás por ello, y viendo cómo se las gasta el aparato cuando se pone a trabajar a pleno rendimiento, el designado por la superioridad parece salir de boxes con una ventaja aparentemente insuperable. Bien es verdad que hay ejemplos en contrario, como lo atestiguan los casos de Josep Borrell o el mismo Pedro Sánchez, ganadores de primarias contra el aparato, pero lo normal es lo de Pepu y no lo de Josep o Pedro.

Hay quien se puede preguntar por qué el mando propone a alguien, pero es sencillo de responder: porque puede. No se trata solo de utilizar el famoso aforismo de “autoridad que no abusa, pierde prestigio”, no. Es que cualquiera puede proponer un candidato incluso el mando. 

Quizás, el mando pueda pensar en el riesgo de unas primarias para buscar un candidato que presentar al exterior ya que los criterios de los miembros de un partido político no tienen por qué coincidir con los de la mayoría de un electorado. Y, a las pruebas hay que remitirse. Por ello, conviene indiciarlas con alguien proveniente de un estudio científico.

El nombramiento de alguien propuesto por Ferraz (o, como parece ser en este caso, por Buen Suceso, sede del PSM) parece dar el pistoletazo de salida de las primarias socialistas

Aunque no creo que sea el caso de que el mando, con el uso de un potente algoritmo, pueda interpretar los gustos de la militancia y presentar un candidato, o mejor candidata, que colme los deseos de la mayoría o, aún, de la totalidad, de los afiliados, aún con el riesgo ya señalado de su posible discordancia con la mayoría del electorado y, luego, pasa lo que pasa.

Pero más pertinente me parece el analizar por qué la militancia está esperando (si es que de verdad lo está haciendo) que el mando nombre a alguien. Y se me ocurren algunas posibilidades. La primera, y más plausible, es que sea por la tradición. Así como la vendimia anuncia el otoño y la lotería, la próxima llegada de la navidad, el nombramiento de alguien propuesto por Ferraz (o, como parece ser en este caso, por Buen Suceso, sede del PSM) parece dar el pistoletazo de salida de unas primarias socialistas.

No creo que sea el caso de que el mando, con el uso de un potente algoritmo, pueda interpretar los gustos de la militancia y presentar un candidato, o mejor candidata, que colme los deseos de la mayoría

Porque esto, además, explica otra cosa: la de que parte de la militancia juegue a la contra. Tradición por tradición, el Partido Socialista de Madrid, con cualquier nombre que se le haya conocido anteriormente, no ha sido nunca algo que se pueda conocer como una balsa de aceite y, si lo ha sido, han flotado siempre sobre ella fracciones descontentasdispuestas a manifestarse en cualquier ocasión propicia. Por ello, un paracaidista, o similar, es esperado con entusiasmo para, precisamente, oponerse a ello.

Y, de ahí, puede venir el periodo de incertidumbre creado por la retención del nombre por parte del mando. Al contrario de, cuando en el oeste, se trataba de desenfundar lo más rápidamente posible, aquí es como en la barra del bar, donde hay que ser el más lento a la hora de sacar la cartera para pagar. Por ello, parece que unos, el mando, y otros, la fracción de militancia descontenta, están guardándose las cartas hasta que las enseñe el otro. Veremos.

Pero, como he apuntado más arriba, a lo mejor todo esto no es más que puro morbo alimentado por los medios (en realidad solo por algunos, no exageremos) para rellenar huecos en la sección de local. Lo que no sé, porque no suelo jugar, es si el tema ha llegado a las casas de apuestas o las quinielas sobre candidatos se quedan solo en el nivel de porra entre amigos.

La paradoja de la candidata socialista