<---Taboola---> <---Taboola---> #TEMP
sábado. 20.08.2022
Foto: Twitter @Yolanda_Diaz_

Navegar a ciegas no siempre es el resultado de haber perdido el rumbo. A veces ese moverse en aguas procelosas o entre riscos amenazantes no es falta de pericia del piloto, es simple y llanamente que andamos por tierras inexploradas, por aguas nunca surcadas. Lo que desde luego ocurre cuando navegamos a ciegas es que nos hallamos en una situación arriesgada, pero de riesgo asumible. Yolanda y su Sumar deberían contar con ello, pues una cierta Itaca espera. En la profunda poesía de la Odisea, en la inquietante peripecia del capitán Marlow del Corazón de las Tinieblas, pero también en las aventuras de Huckleberry Finn, encontramos ese moverse aparentemente torpe y desorientado que acaba tocando el puerto del reconocimiento de la heroicidad griega, la náusea y la angustia vital de la brutalidad colonial o el encuentro con la alegría de la libertad.

Estas tres historias de la literatura, y otras muchas, describen a las claras que la navegación a ciegas no siempre es un rolar tonto y sinsentido, antes bien es la antesala de descubrimientos valiosos. Y en ellas veo un cierto paralelismo con lo que le ocurre a las fuerzas políticas de progreso, Sumar entre ellas, que andan trastabilladas aparentando desnorte, un buen abrigo espera aquí o allá. El mar Egeo de la Odisea o el rio Congo de Conrad son los escenarios de lo desconocido geográfico-emocional que emparentan con lo desconocido a lo que se enfrentan los movimientos de emancipación en tiempos revueltos, que lo están y mucho. Mercados inasibles y estructuras de poder enmascaradas trasmiten a quienes se ven sometidos a sus dictados las mismas inseguridades, los mismos riesgos que sufrieron Huckleberry o Ulises. A veces se necesita un mástil al que amarrarse para no perder la confianza.

Algunos elegimos bogar con rumbo errático antes que amilanarnos en una isla segura, pero recóndita. Si es necesario habrá que amarrarse al mástil para no sucumbir a las calumnias que están por llegar

Los movimientos de progreso y la contestación a la despiadada organización del mundo tardocapitalista se ven en la obligación de surcar aguas oscuras, llenas de peligros que asaltan una y otra vez los esfuerzos por dirigir la nave hacia una estabilidad suficiente para reparar daños y releer mapas de navegación mejor inspirados. La izquierda en general muestra síntomas de despiste que son aprovechados por los monstruos marinos de las plumas envenenadas para confundir a los ocupantes de las naves de la inconformidad. Pero parece que es un despiste necesario para avanzar hacia aguas pacíficas en las que no haya que remar a contracorriente, como ocurre en la neblinosa actualidad en la que el duro bregar se ve acentuado por la amenaza de una costa preñada de arrecifes puestos allí por decisiones judiciales tendenciosas, multiplicada su letalidad por las danas mediáticas, y todo ello nublado por el efecto galerna que el alboroto de las fuerzas conservadoras levantan ante cualquier regateo venido desde la izquierda. Para ellos, ETA siempre será un ciclón de fuerza 5 capaz de hacer zozobrar cualquier maniobra de acercamiento o reconocimiento. 

De modo que si; los movimientos de la izquierda, y sus diferentes identidades verde, arcoíris, antirracista, promujer, etc. han de moverse en un mundo adverso, como las aguas turbulentas que acosan a los héroes de la literatura clásica, que además son agitadas por los delegados de las furias que nunca faltan en los relatos que nos enseñaron a vivir y a revelarnos ante lo injusto, por desconocido que pueda resultar.

Los mercados son cada día más complejos e indescifrables como demuestra el batiburrillo de relaciones empresariales cruzadas que impiden de facto establecer un bloqueo eficaz sobre el petróleo (la triste respuesta de occidente a la brutalidad rusa), o la alquimia compuesta de favores y represalias que ejercen multinacionales del transporte como Uber, o de la venta como Amazón. Pero aún lo son más sus métodos de penetración para poner a servicio propio aquello que, por acto jurídico, queda fuera de su control, básicamente sus relaciones con los detentadores oficiales del poder. La reacción del alcalde Almeida es un autentica manifestación de cómo se organizan esas relacionesel trabajador muerto no es nuestro, no es un funcionario municipal. Le ha faltado decir es el mercado amigo. Lo que hace Almeida es encubrir la inmoralidad del mundo que defiende y se sitúa en idéntica posición que esos empresarios de la construcción o de la recogida de fruta que ante el accidente de algún trabajador optan por dejarlo tirado a las puertas de algún hospital. La cara de Almeida y su alma se parecen.  

La izquierda navega a ciegas, cierto, pero no lo es menos que las aguas en las que se mueve son pestilentes como las que se vierten sin control en las costas de los litorales que apuestan por desregular para asegurar la especulación. Aguas pantanosas en las que el lodo impide ver el elevado número de ranas que contiene. Aguas revueltas movidas por la ambición. 

Acosados por una realidad maldita, algunos elegimos bogar con rumbo errático antes que amilanarnos en una isla segura, pero recóndita. Si es necesario habrá que amarrarse al mástil para no sucumbir a las calumnias ni a las descalificaciones que están por llegar. 

Navegar a ciegas. Yolanda necesita un mástil