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jueves. 29.09.2022
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El viaje al centro de la derecha hispana comienza en tiempos de Viriato. Por entonces, lo más europeísta era el imperio romano y hacia allí se encaminaron los tres traidores que asesinaron gratuitamente al líder ibérico porque el procónsul romano quiso ahorrarse la recompensa pronunciando una frase famosa. Desde entonces, y hasta ahora, cada líder conservador ha podido decir siempre que sus intenciones eran moderadas y equidistantes entre posiciones radicales de uno y otro extremo. Hasta Franco, cuando hacía el saludo romano, debía sentirse un centrista de pro.

Por eso, no es de extrañar que los últimos líderes de la derecha española fueran, o viajeros habituales al centro, como Aznar, o repudiaran la ultraderecha como Casado. De Rajoy, como buen gallego, no llegó nunca a saberse si iba o venía pero, moderado, sí que era. De hecho, nunca fue conocido como un hombre de acción.

Ahora ha llegado otro político gallego, como Franco, y moderado, como Rajoy, al liderazgo de la derecha española. Al contrario que Casado, Núñez Feijóo es un “winner”, cualidad que le valió para ganar el casting exprés que organizaron en el Partido Popular para sustituir al denunciante del hermano de Diaz Ayuso. Doña Isabel, que optaba al puesto, también era una ganadora, aunque su victoria era muy reciente y no tan repetida como las de Núñez Feijóo.

Pero, lo que no tiene Diaz Ayuso, y la ha penalizado, es la vitola de moderado que tiene don Alberto. Y, eso, una mochila de moderado, es lo que hace falta para recorrer el sempiterno camino al centro de nuestra derecha. Porque, el tono, el talante o como se le quiera llamar, es fundamental en política. Hay que caer bien.

Cuando Maquiavelo recomendaba al príncipe que eligiera que le temieran antes de que le quisieran, las elecciones, ni estaban, ni se las esperaba y los Medici y los Pazzi se disputaban el poder en Florencia con espadas y no con urnas. Pero ahora, no. Puede haber puñaladas por la espalda, como siempre, pero la nobleza de las espadas hace tiempo que se perdió.

Núñez Feijóo se afeita todos los días y se pone corbata. Bueno, esto último debe ser por llevar la contraria al gobierno

Casado, no hizo nada que no esté haciendo Núñez Feijóo, salvo denunciar a compañeros de partido. Casado se oponía a toda iniciativa del gobierno, incluso a alguna que, previamente, había propuesto él mismo. Como hace ahora Núñez Feijóo. Casado era capaz de incumplir la Constitución Española con tal de no acordar nada con el gobierno. Como hace ahora Núñez Feijóo. Casado era capaz de poner un cordón sanitario al PSOE antes que ponérselo a VOX. Como hace ahora Núñez Feijóo. Porque, Casado, no hacía ascos a que su partido concordara gobiernos regionales con VOX. Como hace ahora Núñez Feijóo. Y Casado recordaba a Sánchez constantemente lo de los populistas, separatistas y amigos de los terroristas. Como hace ahora Núñez Feijóo.

Pero, la verdad, sea dicha, con moderación. Es lo mismo, pero no es igual que como lo hacía Casado. Hasta en la imagen se diferencian. Núñez Feijóo se afeita todos los días y se pone corbata. Bueno, esto último debe ser por llevar la contraria al gobierno (por cierto, menuda chorrada esto de la corbata diferenciadora entre izquierdas y derechas).

Por consiguiente, si el PP está subiendo en las encuestas y no hay más diferencia que lo de afeitarse, algo debe tener la moderación cuando la bendicen las encuestas. Posiblemente, sea algo que los tibios, esos que la Biblia hacía dignos de ser vomitados de la boca del Señor, agradecen, porque, por eso son tibios. Y son suficientes para subir los datos en los sondeos.

El líder del PP tiene dosis moderadas de insolvencia y mala fe, inevitable la primera por su reciente incorporación a la política nacional y necesaria la segunda para desarrollar el oficio al que se dedica

No pasa lo mismo con los convencidos “a priori”. A esos, los que suelen gritar en los mítines “dales caña”, les va más la marcha y se pueden decepcionar si su líder se ablanda. Ya se sabe que, quien se afloja le afligen y quien se aflige, le aflojan (Torrijos dixit). Por ello, Núñez Feijóo debería cuidarse de la sección hooligan de su partido y, más, si esa facción puede engrosar con un cierto éxodo de militantes de VOX que estén haciendo su particular entrismo disfrazado de viaje al centro.

Ante la reiterada duda que manifestó el presidente Sánchez en el pasado cara a cara que sostuvo en el Senado con Núñez Feijóo, creo tener la respuesta. Imagino que el actual líder del PP tiene dosis moderadas de insolvencia y mala fe, inevitable la primera por su reciente incorporación a la política nacional y necesaria la segunda para desarrollar el oficio al que se dedica.

En su moderación, además, Núñez Feijóo no emplea descalificaciones al adversario para insultar, según dice, si no para describir. Como diría el presidente, no por mala fe, solo por insolvencia a la hora de diferenciar una y otra cosa.

Porque, no siempre se quiere ofender con una determinada expresión. Lamento emplear lenguaje malsonante en estas páginas, pero el rigor histórico me obliga a ello. Una vez, en el Senado, el senador Juan Barranco interpeló al entonces ministro Mariano Rajoy quien, al acabar de despachar su respuesta, no le dio tiempo a apagar su micrófono. Por eso, se le oyó decir: "A tomar por culo". Cualquiera podría decir que se trataba de algo ofensivo pero, a lo mejor, a Rajoy eso no le parecía mal.

La moderación de Núñez Feijóo