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viernes. 19.08.2022

Como hoy las ciencias, de la información, adelantan que es una barbaridad, no estoy seguro de lo que he leído, aunque si de que lo he leído: la Excma. Sra. Dña. Isabel Diaz Ayuso (IDA para los enemigos), parece haberse rebelado contra el plan energético del gobierno de España. Las primeras noticias daban la impresión de que Madrid se iba a convertir, una vez más, en el epicentro de la rebelión contra la opresión de la norma. No pasará, parecía decir al BOE. Porque, además de llevar el tema a los tribunales, cosa que no deja de ser civilizado, ha avisado que no piensa acatar el Real Decreto sobre medidas de sostenibilidad económica recientemente aprobado por el Gobierno de España.

Y un escalofrío de emoción ha recorrido mi cuerpo, pero, sobre todo, mi alma (¡He descubierto que tengo alma!). Resulta que la presidenta de la Comunidad de Madrid, el primer poder del estado en el territorio, se parece pasar la ley por donde no parece casto decir dónde. Pues si ella hace eso con la ley, pensé, es que Madrid se va a convertir en el reino de la libertad y si ya no tenemos un caudillo para avisarnos de los peligros del libertinaje, esto va a ser jauja.

Se acabó con cumplir el código de la circulación, por ejemplo, cosa que tendrá la ventaja de no tener que conducir por la derecha. Se terminó con la esclavitud de la norma y, por supuesto, con pagar impuestos. Y, si no iba a haber normas, ¿Para qué hacían falta personas que impusieran normas? Y, sin esas personas, ¿Para que servía el estado? Efectivamente, para nada. El comunismo, en su etapa final, estaba a punto de implantarse en el centro de España y el gobierno de la nación no iba a tener más remedio que hacer lo que hizo el venezolano (mucho antes de Maduro, no se asusten) con la tribu yanomami. Promulgar una ley que los protegiera. Sentirme parte de una especie protegida también era emocionante.

Todo el mundo sabe que los yanomami son un conjunto de tribus asentadas entre Brasil y Venezuela, cuyas costumbres, mantenidas desde lo que llamamos prehistoria, incluyen entre ellas la igualdad entre sus miembros (lo de las miembras es otro cantar) que no reconocen ninguna autoridad por encima de los demás.

Diaz Ayuso sabe lo que hace y, en el caso de que algo no lo sepa, se lo dicen. Su objetivo, ya se sabe, es liderar el anti sanchismo y no está dispuesta a dejar pasar ninguna ocasión

Aunque eso supusiera que Diaz Ayuso perdiera sus privilegios de jefa de nuestra tribu, y a tenor de las encuestas parece que es la forma más plausible de que sea así, la verdad es que mola. Un territorio sin ataduras a la libertad de las personas parece el campo de cultivo más propicio a la creación humana, y no solo a la propiamente genética, que también, si no a la intelectual, cultural, artística y espiritual. La prueba está en los ya citados yanomami.

Pero, en estas me encontraba yo especulando con los beneficios de todo ello, cuando he caído en la cuenta de en qué medio se ha expresado nuestra posible expresidenta. No había sido en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid, si no en Twitter, ese cauce en el que cualquiera, repito, cualquiera, puede decir lo que le pete sin mayores esfuerzos que los necesarios para un eructo y sin necesidad de gastar ni lo más mínimo de sus neuronas, en el caso de que esté habituado a hacerlo.

Pero Diaz Ayuso sabe lo que hace y, en el caso de que algo no lo sepa, se lo dicen. Su objetivo, ya se sabe, es liderar el anti sanchismo y no está dispuesta a dejar pasar ninguna ocasión de oponerse a cualquier cosa que proponga el gobierno de Sánchez. Ya sea un plan de lucha contra una pandemia o una norma europea para ahorrar energía. Y, todo, en defensa de la libertad individual. Frente a la opresión, libertad y frente a la norma, desobediencia. Pero desobediencia, aunque sea redundante, insumisa, ilimitada. Cerril.

Esa falta de matices puede enmascarar una crítica razonable a los defectos que puede tener una norma a la hora de discriminar, o no hacerlo, los distintos espacios de trabajo donde se debe aplicar, las diferentes zonas territoriales o las competencias legales para tomar determinadas medidas. Pero a Diaz Ayuso le debe importar menos ahorrar energía que ahorrarnos a los españoles un gobierno con Pedro Sánchez de presidente.

Y, a eso, parece dedicar su vida.

Desobediencia cerril