domingo. 21.04.2024
catalunya elecciones

El golpe ha sido brutal. Venimos de un periodo convulso que hemos vivido a lo largo de los últimos años. Tiempos en los que el mundo y el país nos hemos embarcado en una larga pandemia, acompañada de desastres personales y económicos de todo tipo.

Y tras la pandemia vino una guerra en la que nos hemos metido de hoz y coz a causa de nuestra pertenencia a la OTAN y a una Unión Europea alineada con intereses geopolíticos venidos de más allá del Atlántico.

Durante estos años, el miedo a lo que se nos viene encima, la incertidumbre sobre nuestras posibilidades reales de supervivencia, la desconfianza en la política y en su capacidad de poner orden en el mundo, se han apoderado de las personas, de las familias y los grupos en los que nos organizamos.

Quienes han ganado las elecciones han sido los azules casi pardos, toda una premonición de lo que puede terminar pasando en las Generales

Pese a todo ello, nadie esperaba un desastre tan aparatoso en el que numerosos ayuntamientos y bastantes comunidades autónomas caerían en manos de la coalición de ultraderecha. Porque no nos engañemos, quienes han ganado las elecciones han sido los azules casi pardos. Toda una premonición de lo que puede terminar pasando en las próximas elecciones generales.

Vamos a escuchar todo tipo de análisis a lo largo de los próximos días. Es muy propio de humanos intentar culpabilizar al otro, al diferente, al extranjero, al discrepante. Es humanamente comprensible y sirve para que algunos se atrincheren en un poder efímero y decadente, justo antes de traspasar la puerta giratoria hacia nuevos destinos políticos, o empresariales, dejando en la nave naufragada a cuantos no anduvieron listos para subirse a los botes.

En los próximos días los analistas certificarán el final de algunos proyectos políticos, el declive, el ascenso, o la futura desaparición de otros. Bien pudiera ser que, en el seno de la izquierda, no pocos se dediquen a encabezar la caza de brujas y los cruces de navajas. Y, sin embargo, sería lo peor que podrían hacer.

El Presidente del gobierno, no sé si atenazado por el pánico, envalentonado por su exitosa experiencia anterior en el interior del partido, en un ataque de ira, o contando con el asesoramiento de sus consejeros y augures políticos, ha decidido convocar elecciones generales para una fecha tan intempestiva como la segunda quincena de julio.

Puede tener su lógica, si pensamos en los meses de agonía que nos esperaban, en los que cada élite de poder, en todas y cada una de las fuerzas perdedoras, intentaría culpar de la debacle al resto de las fuerzas, a unos cuantos grandes empresarios, a algún que otro medio de comunicación y hasta a algunos compañeros de viaje. Algo muy propio de la izquierda cainita que nos habita.

La izquierda tiene la responsabilidad de tomar conciencia de que algo está haciendo mal para que nos caiga encima la que nos está cayendo

Pase lo que pase dentro de dos meses la izquierda tiene la responsabilidad de tomar conciencia de que algo está haciendo mal para que nos caiga encima la que nos está cayendo. Me gusta recordar siempre cuando llegan estas derrotas, la anécdota que tan bien cuenta el maestro de sindicalistas, José Luis López Bulla, recordando a otro sindicalista y comunista italiano de la última postguerra mundial: Giuseppe di Vittorio.

Di Vittorio, de orígenes anarcosindicalistas, llegó a ser Secretario General de la poderosa central sindical italiana CGIL, después de pasar por las Brigadas Internacionales durante la Guerra de España y por las cárceles fascistas de Mussolini, de donde fue liberado por los partisanos.

En cierta ocasión le invitaron sus compañeros a visitar la fábrica de la FIAT, donde el sindicato había perdido recientemente las elecciones sindicales. En el encuentro los sindicalistas de la CGIL le explicaron las maniobras de Gianni Agnelli, el todopoderoso empresario de la industria del automóvil, aristócrata y bien relacionado con las fuerzas de la derecha, hasta el punto de que llegó a ser designado senador vitalicio.

También le contaron cómo otros sindicatos se habían entregado en manos de la empresa, habían comprado voluntades y votos, habían roto cualquier posibilidad de unidad, habían perseguido a los sindicalistas de la CGIL. Giuseppe los escuchó pacientemente.

Al final tomó la palabra para reconocer las dificultades del momento. Las torticeras actuaciones del patrón Agnelli, las traiciones, las  compras y ventas de votos, el tráfico de voluntades. En definitiva la maldad intrínseca del capitalismo y los capitalistas. Bien podría ser que la responsabilidad en la derrota correspondiese en un 95 por ciento a estas circunstancias.

Nada podemos hacer con respecto a ese 95 por ciento, vino a decir Di Vittorio, pero hay un 5 por ciento que responde a nuestra propia responsabilidad, a nuestros propios errores y es ese 5 por ciento sobre el que podemos actuar, el que podemos y debemos cambiar.

Sacados de su zona de confort, de los lugares comunes, los sindicalistas de la CGIL en la FIAT (madre de  la SEAT española), pusieron manos  la obra, pensaron en sus errores, comenzaron la difícil tarea de corregirlos y volvieron a ganar las elecciones sindicales en la empresa.

Algo así debería de hacer la izquierda española, porque más allá de las tácticas electoralistas de Sánchez, que pueden tener mayor o menor éxito, se impone pensar en un futuro de la izquierda en un momento de crisis profunda en el país y en el planeta.

Una crisis climática que amenaza nuestra supervivencia como especie, una crisis geopolítica que afecta a los polos de poder en el planeta, una crisis económica que devora calidad de nuestras vidas y de los empleos disponibles, una crisis política que pone en riesgo a las propias instituciones democráticas.

Gane o pierda la izquierda en su conjunto las próximas e inmediatas elecciones, si nadie piensa y actúa sobre ese 5 por ciento de responsabilidad de cada cual en el desastre que ha comenzado, la derrota está servida en el medio y largo plazo. Nosotros mismos.

Lecciones para nuevas elecciones