lunes. 26.02.2024

Hay gente pá tó. Mucha más que cuando lo enunció Rafael el Gallo hace un siglo. Sobre todo, en política, ese universo en el que conviven personas con una ocupación temporal que les permite, y obliga, a vivir del presupuesto del estado y otras que se ocupan de comentar lo que hacen esas personas.

En un estado de derecho, los primeros, los beneficiarios de los presupuestos del estado, llegan a ese estatus mediante el cumplimiento de diversos procedimientos reglados por diversas leyes. De esa forma, y siempre que se cumplan dichas normas, el Diccionario de la Real Academia Española los definiría como "legales, reglamentarios, lícitos u oficiales", o sea “legítimos”, que es el término que utiliza el citado DRAE para resumir todo eso.

Pero, como hay gente pá tó, en España hay quien está convencida de la ilegitimidad de muchas de las personas que ocupan varias, e importantísimas, instituciones del Estado.

Como hay gente pá tó, en España hay quien está convencida de la ilegitimidad de muchas de las personas que ocupan varias, e importantísimas, instituciones del Estado

El tema no es nuevo y ya Menéndez Pelayo, en su famosa “Historia de los heterodoxos españoles”, identificaba lo no católico, o sea lo que no pensaba él, como no español. La calidad histórica y literaria de sus 4.000 páginas compensa el fondo de la atroz idea que defiende. Pero, no es el caso de la ilegitimización que, en la actualidad, se está haciendo, no a diestro y siniestro, sino solamente a siniestro en la política española. Ahora se hace de manera burda.

Para empezar, porque además está en el origen de todas las demás ilegitimidades, está el presidente del Gobierno y, con él, naturalmente, la totalidad del Gobierno, o sea, el poder ejecutivo de nuestro país. Todo comienza en 2018 cuando al PSOE no se le ocurre otra cosa más que presentar en el Congreso de los Diputados una moción de censura a Mariano Rajoy por un asunto de corrupción del partido que presidía, el Partido Popular. Pero no un asunto de corrupción de los que salen muy a menudo en la prensa, sino de los sentenciados como tales por los tribunales. Imagínense como debía ser aquello para que un tribunal, español, condenara a un partido, el Popular, por corrupción. Y, el tema, acabó con Pedro Sánchez de okupa de la Moncloa.­

Un tribunal, español, condenara a un partido, el Popular, por corrupción. Y, el tema, acabó con Pedro Sánchez de okupa de la Moncloa

Pero, su ilegitimidad, llevaba asociada varias otras. Las de los diputados/as “populistas, separatistas y amigos de los terroristas” que le votaron. Al parecer, la Ley Electoral, o debería haber privado a esos diputados/as del derecho de voto en el Congreso, o a sus votantes del mismo derecho en las elecciones que les eligieron, o lo que era ilegítima era la misma Ley Electoral. Cualquiera de esas posibilidades convertía en ilegítimo el Congreso de los Diputados, o sea, el poder legislativo, por haber convertido a Rajoy en un bolso de señora y a Pedro Sánchez en un okupa, no solo de la Moncloa, sino también del Phantom oficial.

Y, a partir de ahí, todo lo que tocaba Sánchez, como un anti rey Midas, lo convertía en ilegítimo. Por supuesto, el CIS, que para distinguirlo de los anteriores, legítimos, se empezó a llamar "el CIS de Tezanos". Por supuesto, aquellas instituciones que ofrecieran datos no desfavorables al Gobierno, como el INE o la AIREF. Hasta la AEMET empezó a ser sospechosa en sus pronósticos climáticos. Y, por supuesto, el fiscal general del Estado, declarado no idóneo por ocho idóneos miembros del Consejo General del Poder Judicial. Ya es el segundo fiscal general que sigue el mismo camino de ilegitimidad, aunque la anterior no llegara a ostentar el marchamo jurídico que ha conseguido ahora García Ortiz. 

Y, entre tanta polvareda, perdimos a doña Magdalena como presidenta del Consejo de Estado. Aquí, ha sido el Tribunal Supremo, en el uso de sus competencias, quien la ha declarado ilegítima para presidir tan alta institución. Como, hay que volver a repetir, hay gente pá tó y, además, esa sentencia se ha producido en, parece, sincronización con la del fiscal general, hay quien asimila esta ilegitimación a las demás.

No se salva de la quema, porque está “colonizado” por la izquierda y, ya se sabe, que eso es insoportable en un sector como ese, no sea que haga lawfare del malo

El Tribunal Constitucional, es decir, la cúspide del poder judicial, no se salva de la quema, porque está “colonizado” por la izquierda y, ya se sabe, que eso es insoportable en un sector como ese, no sea que haga lawfare del malo

Camino de la ilegitimidad va el jefe del Estado como se le ocurra cumplir con sus funciones sancionando la Ley de Amnistía que aprueben las Cortes Generales. De momento, ya le insultan en las algaradas que organiza ese partido que gobierna con el PP en varias Comunidades Autónomas. La propia democracia española, si es capaz de engendrar tal cantidad de ilegitimidades, debería hacérselo mirar. Esperemos que no se le ocurra a nadie poner remedio violento a tanto desatino.

El tema trasciende nuestras fronteras. Las instituciones europeas, demasiado condescendientes con tal estado de cosas en España, no parece que vayan por el buen camino. Y, es que, el maligno no descansa.

Pero no todo está perdido. Contamos con instituciones legítimas, y mucho. Por ejemplo, el Consejo General del Poder Judicial. Su legitimidad viene dada por su antigüedad, medida en casi cuatro trienios, y que no requiere ser renovado, precisamente, para no perder la virginidad de su licitud. Porque, de renovarse, podría, necesariamente, contaminarse por la ilegitimidad del parlamento. Y, hasta ahí podríamos llegar.

El Partido Popular ha vuelto a llamar a la primera fila de la política a personajes famosos caracterizados por su verbo agresivo

Y, sobre todo, el Partido Popular, ese partido fundado por ministros de Franco y que ha dejado el poder dos veces por motivos tan curiosos como meter a España en una guerra y por ser condenados por corrupción. Y sus socios de VOX, esos que quieren resolver tanta ilegitimidad prohibiendo partidos políticos, disolviendo comunidades autónomas y derogando muchas cosas más que el simple “sanchismo” que quería derogar el PP cuando solo habían perdido dos investiduras de Pedro Sánchez. Ahora, parece que han pasado a mayores.

¿Recuerdan aquella película de Robert Aldrich titulada "Doce del patíbulo"?. En ella, el ejército norteamericano sacaba de la cárcel a una docena de hombres y les preparaba para una misión consistente en matar a todos los oficiales alemanes que se iban a reunir en una fiesta. No sé por qué, la he recordado ahora que el Partido Popular ha vuelto a llamar a la primera fila de la política a personajes famosos caracterizados por su verbo agresivo. Claro que, si se trata de echar a Pedro Sánchez de España metido en un maletero, no van a ir a la Escuela Diplomática a buscar mano de obra, sino a las puertas de alguna discoteca.

Está visto, hay mucho hijo ilegítimo en España. Aunque gozan de los mismos derechos que los otros.

Historia de los ilegítimos españoles