Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna
La actual crisis económica en Alemania, lastrada por el estancamiento y la previsión de un endeudamiento récord para 2026, ha hecho saltar por los aires el mayor mito fundacional de la Unión Europea: la austeridad como ley natural ineludible. Al abrazar hoy el déficit y las ayudas de Estado que ayer prohibía severamente al sur de Europa, Berlín demuestra de forma empírica que la economía nunca ha sido autónoma, sino una herramienta subordinada a la decisión política y a la supervivencia del hegemon.
- El retorno de la ciencia arquitectónica
- Mistificación y mito: las "leyes naturales" al servicio del Hegemon
- La falsedad de las eglas fiscales "objetivas"
- Sraffa y la variable exógena: la política decide el reparto
- De la polis al mercado: Arendt y la victoria del animal laborans
- La Unión Europea como administración del animal laborans
- La eutanasia del rentista (invertida)
- La realidad empírica de la primacía política (2023-2025)
- Ayudas de Estado: la pleonexia alemana
- Conclusión: la Economía como política de los intereses
El retorno de la ciencia arquitectónica
La historia reciente de la Unión Europea se ha narrado a menudo bajo la premisa de que la economía obedece a leyes naturales inmutables -gravedad financiera, equilibrio de mercado, necesidad de austeridad- ante las cuales la política debe rendirse. Sin embargo, la crisis presupuestaria e industrial que atraviesa Alemania entre 2024 y 2025 desmiente radicalmente esta ficción de autonomía. Lo que presenciamos no es un mero ajuste técnico, sino la confirmación de una tesis fundamental: la economía nunca ha dejado de ser una variable dependiente del poder político.
Siguiendo la línea argumental expuesta en "¡Es la política, estúpido!" (RGC, Nuevatribuna.es, 13/12/2025), sostengo que la narrativa económica dominante, que presenta al Mercado como un gestor técnico neutral emancipada de la Polis, es una construcción ideológica. La actual conducta de Berlín -aceptando déficits y ayudas de Estado que ayer prohibía- demuestra que cuando la supervivencia del Hegemon está en juego, la política recupera su función aristotélica de "ciencia arquitectónica": aquella que ordena y legisla sobre todas las demás actividades, incluida la económica, para servir a los fines de la ciudad (en este caso, la nación alemana).
Las supuestas leyes de hierro del Pacto de Estabilidad, presentadas durante la crisis del euro como imperativos morales y técnicos ("no gastarás más de lo que tienes"), se revelan ahora como lo que Joan Robinson y Piero Sraffa siempre advirtieron: justificaciones ex post de una distribución de poder específica. La "economía" no manda; manda quien tiene el poder político para definir qué es “déficit vicioso” y qué es "inversión estratégica".
Mistificación y mito: las "leyes naturales" al servicio del Hegemon
Para entender la doble vara de medir aplicada a Alemania frente a los llamados PIGS, debemos primero desmontar la mistificación de las leyes económicas que han gobernado la UE. Como argumento en "Inflación. Mistificación, mito y realidad" (RGC, Nuevatribuna.es, 04/06/2022), el mainstream económico engaña a la ciudadanía presentando procesos políticos distributivos como fenómenos meteorológicos inevitables.
La falsedad de las eglas fiscales "objetivas"
Durante la crisis de 2008-2015, la inflación y el déficit en el sur de Europa se explicaron mediante falsas leyes de "oferta y demanda" o "exceso de salarios", ocultando que eran mecanismos para extraer rentas del trabajo hacia el capital [1]. Ahora que Alemania necesita violar esas mismas reglas, la mistificación se hace evidente.
El "Freno de la Deuda" (Schuldenbremse) alemán, consagrado en su Constitución, se vendió como una ley casi física de responsabilidad. Sin embargo, tras la sentencia del Tribunal Constitucional de noviembre de 2023 que declaró ilegal la conversión de fondos pandémicos en fondos para el clima, el gobierno alemán no se sometió a la "ley natural" de la austeridad que prescribió a Grecia. En su lugar, ejerció Acción política: declaró una "situación de emergencia" retroactiva para 2023 y buscó nuevas excepciones para 2024 y 2025 bajo la justificación de la guerra en Ucrania y los costes energéticos [2].
Esto confirma que las reglas fiscales no son límites naturales (como la saciedad de las necesidades en la Oikonomía aristotélica), sino herramientas de la Crematística (acumulación sin límites) que se activan o desactivan políticamente según convenga a la acumulación de capital, por ejemplo, el del centro europeo.
Sraffa y la variable exógena: la política decide el reparto
Piero Sraffa demostró matemáticamente en Producción de mercancías por medio de mercancías que el sistema económico es un sistema "abierto". Su fórmula fundamental para la distribución del excedente es:
r = R(1 - w)
Donde r es la tasa de beneficio, R la rentabilidad máxima del sistema, y w la parte del salario (o rentas sociales).
Lo que Sraffa nos enseña es que no existe una solución técnica para determinar r y w. Estas variables se fijan desde fuera del sistema económico, mediante una variable exógena: la lucha de clases y la decisión política.
- En la crisis de los PIGS: La política alemana impuso un w bajo en el sur (recortes, devaluación interna) para sostener el r de los bancos acreedores del norte. Se dijo que era "economía necesaria", pero fue una decisión política de reparto.
- En la crisis alemana actual: Ante el riesgo de que su propia industria pierda competitividad (R baje), Alemania utiliza su peso político en la UE para subsidiar masivamente sus empresas (subiendo artificialmente su R o protegiendo su r) a través de déficits que no permiten a otros.
La Comisión Europea, actuando como brazo político, decidió en noviembre de 2025 no abrir un Procedimiento de Déficit Excesivo contra Alemania a pesar de proyectar un déficit del 3,2% (superior al límite), aceptando "estimaciones de ingresos" optimistas y cláusulas de escape que jamás aceptó a Italia o España. Aquí la variable exógena (la clemencia política) determina el resultado económico.
De la polis al mercado: Arendt y la victoria del animal laborans
La gestión de la crisis europea puede leerse a través de la lente de Hannah Arendt y su distinción entre Labor (subsistencia biológica), Trabajo (fabricación de mundo) y Acción (libertad política entre iguales).
La Unión Europea como administración del animal laborans
Arendt advirtió que la modernidad, tanto liberal como marxista, invirtió la jerarquía clásica, elevando la Labor (producción y consumo) por encima de la Acción política. La UE se ha construido como una burocracia tecnocrática (el arendtiano “gobierno de nadie") diseñada para gestionar las necesidades del Animal Laborans (mercado único, precios, consumo) mientras anula la Acción política de su ciudadanía, y en lo que nos ocupa, la de las sociedades de los estados miembros periféricos [3].
El ordoliberalismo alemán fue la culminación de este proceso: intentar encerrar la economía en una jaula de reglas automáticas para que la "democracia irracional" no pudiera tocarla. Sin embargo, la crisis actual revela la hipocresía de este diseño. Alemania se reservó para sí misma la capacidad de Acción (soberanía política, decisión de excepción, política), mientras reducía a sus socios al estatus de meros administradores de la escasez (Labor).
Cuando el ministro de Finanzas Christian Lindner defiende el freno de la deuda como un imperativo moral para el gasto social (Schuldenbremse), pero aprueba un fondo especial (Sondervermögen) de 100.000 millones para defensa fuera de los libros contables, está ejerciendo la distinción aristotélica corrupta [4]:
- Gasto Social: Tratado bajo la lógica de la escasez y la necesidad (pervirtiendo la Oikonomía aristotélica).
- Gasto Militar/Industrial: Tratado bajo la lógica del poder y la seguridad soberana (Acción política pura, liberada de restricciones contables).
La eutanasia del rentista (invertida)
Keynes, leído junto a Johannsen, abogaba por la intervención política para provocar la "eutanasia del rentista" y forzar al ahorro a convertirse en inversión productiva, evitando que el dinero se estancara en la especulación, colapsando el ciclo económico.
Alemania ha operado una inversión perversa de esta lógica. Durante años, protegió al rentista alemán (ahorrador) imponiendo austeridad deflacionaria al resto. Ahora que la industria alemana (el capital productivo nacional) está amenazada por los precios de la energía y la competencia china, la política alemana interviene con fuerza "keynesiana" (subsidios, fondos especiales) para salvar a su capital, pero sigue negando esa misma herramienta política a nivel europeo. Es la política salvando a la economía nacional de sus propias contradicciones, tal como predijo Keynes, pero aplicada selectiva y pervertidamente.
La realidad empírica de la primacía política (2023-2025)
Los datos de la coyuntura actual validan la tesis de que las "leyes" económicas se doblan ante la voluntad política del más fuerte.
El Doble Estándar del Déficit
Según las proyecciones de la Comisión Europea para 2025, el déficit de Alemania (3,1% o 3,2%) violaría el Pacto de Estabilidad. Sin embargo, no hay sanciones.
- Francia e Italia: Sometidos a Procedimiento de Déficit Excesivo (PDE) con exigencias de ajuste estructural.
- Alemania: Exonerada mediante la aceptación de "factores relevantes" y una contabilidad creativa que permite considerar el exceso como "temporal".
Esta asimetría no se explica por la economía (un déficit es un déficit), sino por la jerarquía política [5]. Como señala Sraffa, la distribución de cargas es arbitraria y depende del poder de negociación. Alemania tiene el poder de definir las reglas del juego mientras juega, confirmando que el mercado no es un árbitro neutral, sino un terreno de juego inclinado políticamente. Políticamente. ¡Es la política, estúpido!
Ayudas de Estado: la pleonexia alemana
Aristóteles definía la pleonexia como el deseo patológico de tener siempre más, propio de la crematística desenfrenada que destruye la koinonía (comunidad). La política de Ayudas de Estado de Alemania es un ejemplo de libro de pleonexia nacionalista.
Aprovechando la suspensión temporal de reglas (una decisión política), Alemania acaparó casi la mitad de todas las ayudas de estado aprobadas por la UE durante la crisis energética, a pesar de representar solo una cuarta parte del PIB [6].
- Resultado: Las empresas alemanas recibieron inyecciones masivas de liquidez pública para capear el temporal, mientras sus competidores del sur, atados por deudas y sin margen fiscal, no pudieron igualar el apoyo.
- Lectura Política: Esto no es "libre mercado". Es una intervención política masiva que altera la competencia en favor del capital nacional alemán. Demuestra que el liberalismo económico es una fachada que se abandona en cuanto deja de servir a la acumulación de poder del hegemon.
Argumento que remacha que es la política, y no la economía, quien tiene mando sobre plaza.
Conclusión: la Economía como política de los intereses
El recorrido por la crisis alemana a través de los textos de Nueva Tribuna y la evidencia empírica nos lleva a una conclusión ineludible. La supuesta autonomía de la economía, defendida por los economistas ortodoxos y los políticos neoliberales, es una gran mentira -una "mistificación"- diseñada para desmovilizar a la ciudadanía y ocultar la naturaleza política de la distribución de la riqueza.
Alemania ha demostrado, mediante su giro de 180 grados (de la austeridad punitiva al gasto deficitario expansivo), que las restricciones económicas son siempre opcionales para quien ostenta el poder político.
- Aristóteles tenía razón: La política es la ciencia arquitectónica. Alemania usa su primacía política para rediseñar la arquitectura fiscal de la UE a su medida.
- Sraffa tenía razón: No hay ley técnica que dicte quién debe pagar la crisis; es una lucha por el excedente. Alemania usa las reglas fiscales para maximizar su apropiación (r) del excedente europeo (R) exportando su coste social (w).
- Arendt tenía razón: Al reducir el debate europeo a cuestiones técnicas de "deuda" y "reglas", se ha intentado suprimir la Acción política. Pero la política ha vuelto por la puerta de atrás, en forma de nacionalismo económico y estado de excepción.
Como afirmo, y disculpen la contundencia, en "¡Es la política, estúpido!": "Si la economía fuera verdaderamente autónoma... los grandes capitales no gastarían fortunas incalculables en financiar campañas electorales y hacer lobby".
La crisis alemana es la prueba definitiva de que en la Unión Europea el problema nunca fue contable, sino de poder. Mientras la ciudadanía en general, y los países periféricos en particular, sigan aceptando la "teología" de las leyes económicas naturales, seguirán perdiendo la batalla por la distribución.
Solo recuperando la primacía de la Política (la decisión democrática sobre los fines) sobre la Economía (la gestión de los medios) se podrá revertir la "arquitectura de la impunidad" que hoy rige en Europa, o en Madrid (RGC, Nuevatribuna.es, 07/12/2025)[7].
[1] ¿Está ya todo dicho sobre el inicio de la crisis de la deuda privada y la deuda pública de los años 2008 a 2011 en España, Grecia, Italia, Portugal, Irlanda, y también Alemania, Francia...? ¿De verdad mandan los mercados sobre los políticos o más bien lo cierto es que los políticos de derechas usan a los mercados para imponer sus objetivos?
(YouTube) “La crisis según una libre interpretación de la teoría económica de Piero Sraffa” (30/11/2011), existe versión en inglés
Filminas en PDF
«En cada país se encontró la forma de engrasar la máquina. En algunos, enmascarando las cuentas con la aquiescencia de Goldman Sachs, en otros, a través de la exportación intra-comunitaria, en terceros, con la burbuja inmobiliaria, o con bajadas de impuestos a inversiones propias y extranjeras… En fin, diversas formas con un fondo común: la descapitalización de la sociedad. ¿Cómo? Pues por ejemplo… A Alemania, entre otros países, esta situación le iba de perlas: ganaba dinero exportando intra-europa y los beneficios los volvía a reinvertir en los mismos mercados, por ejemplo, a través de préstamos que concedía a la banca española, la cual, a su vez, financiaba el consumo de las familias, necesario para mantener la maquina económica española (¡y la alemana!) en marcha… Más crédito, más consumo, más beneficios, más ingresos por impuestos indirectos, más, más, más… tanto que ZP dijo “bajar impuestos es de izquierdas” (El País,l 16/05/2003)».
[2] Conviene precisar el marco jurídico y político para evitar simplificaciones. El 15 de noviembre de 2023, el Tribunal Constitucional Federal de Alemania declaró inconstitucional la reasignación de 60.000 millones de euros no utilizados del fondo pandémico (art. 115.2 GG) al Fondo para el Clima y la Transformación (KTF). La objeción no fue “gastar en clima”, sino trasladar créditos autorizados bajo una emergencia concreta (COVID-19) a otro ejercicio y finalidad, vulnerando el principio de anualidad presupuestaria y la arquitectura del Schuldenbremse (freno de la deuda).
El gobierno federal no ignoró esa disciplina, sino que activó el mecanismo previsto en la propia Ley Fundamental: el Bundestag puede declarar, por mayoría, una “situación de emergencia” que escape al control del Estado, lo que permite suspender temporalmente el freno de la deuda para el ejercicio correspondiente, con plan de amortización posterior. Eso fue lo que se hizo para 2023. Técnicamente, por tanto, no hubo ruptura con la regla, sino utilización de su cláusula constitucional de excepción. Ello muestra que las restricciones económicas no operan como leyes naturales: cuando se busca una salida, es la decisión política -mediante la interpretación y activación de las reglas- la que determina el margen efectivo de la economía.
[3] En La condición humana, Hannah Arendt distingue entre Labor (actividad cíclica ligada a la necesidad biológica), propia del animal laborans; Trabajo (obra fabricadora de un mundo relativamente durable), correspondiente al homo faber; y Acción (acción política entre iguales), que constituye el ámbito de la libertad. Tanto el animal laborans como el homo faber permanecen estructuralmente vinculados al oikos aristotélico -el espacio doméstico de la necesidad y la instrumentalidad descrito por Aristóteles-, mientras que la polis es el lugar de la acción y la palabra. La tesis arendtiana sostiene que la modernidad ha expandido la lógica del oikos (economía, producción, administración) hasta colonizar todo el espacio público, desplazando la primacía de la Acción política de la ciudadanía (la decisión sobre los fines por parte de la polis) por la gestión tecnocrática de los procesos vitales (Labor), que, no obstante -y aquí radica la contradicción del discurso neoliberal-, también es una decisión política.
[4] La postura del ministro de Finanzas alemán, Christian Lindner (FDP), respecto a la política fiscal ha generado,por lo bajo, extrañeza por el aparente contraste entre la rigurosidad presupuestaria y la financiación de la defensa:
Defensa del freno de la deuda (Schuldenbremse): Lindner ha defendido firmemente la vuelta al freno de la deuda constitucional a partir de 2023, limitando el déficit al 0,35% del PIB. Ha argumentado que la sostenibilidad fiscal y la reducción de deuda son necesarias para la estabilidad económica y la responsabilidad intergeneracional.
Fondo especial de defensa (Sondervermögen): A pesar de su ortodoxia fiscal, Lindner apoyó la creación de un fondo especial de 100.000 millones de euros para la modernización del ejército alemán (Bundeswehr). Este fondo se financia mediante deuda, pero se estableció fuera del presupuesto federal ordinario para eludir el freno de la deuda, a menudo descrito como una maniobra "fuera de los libros contables" o "presupuesto en la sombra".
Justificación: Lindner defendió este fondo como una necesidad estratégica ("puente") para cumplir con los objetivos de gasto de la OTAN tras la invasión rusa de Ucrania, asegurando que es constitucionalmente seguro al estar anclado en la Ley Fundamental.
Contraste con el gasto social: Esta estrategia ha sido criticada porque, mientras el fondo de defensa se ha blindado, el presupuesto ordinario —que cubre partidas sociales y otras inversiones— ha enfrentado severas restricciones, lo que ha generado intensos debates en la coalición de gobierno.
En resumen, Lindner aplica una política de "austeridad selectiva" donde el freno de la deuda rige el gasto social y cotidiano, mientras que se han utilizado mecanismos excepcionales para financiar la defensa.
[5] La apertura de un Procedimiento de Déficit Excesivo (PDE) no es automática; requiere una evaluación integral (art. 126 TFUE). Francia e Italia han sido sometidas a PDE en el nuevo ciclo por combinar déficits superiores al 3 % con deuda elevada y trayectorias fiscales que, según la Comisión, no aseguraban corrección suficiente en el horizonte de referencia.
En el caso alemán, la Comisión ha considerado que el desvío proyectado es limitado y transitorio, en parte vinculado a circunstancias excepcionales previamente reconocidas (incluida la activación nacional de cláusulas de emergencia tras la sentencia del Tribunal Constitucional Federal de Alemania), y que la senda plurianual presentada cumple los parámetros de ajuste exigidos.
Cabe decir, sin embargo, que desde el punto de vista jurídico-formal, no se trata de una “exoneración” ni de una suspensión del Pacto, sino de la aplicación del margen interpretativo que el propio marco prevé. Pero desde la economía política, en cambio, es legítimo discutir si la elasticidad en la interpretación de los “factores relevantes” opera de manera simétrica entre Estados con distinta posición estructural de poder en la unión monetaria.
[6] Durante la crisis energética (2022–2023), la Comisión Europea activó un Marco Temporal de Crisis y Transición que flexibilizó las normas sobre ayudas de Estado. En ese contexto, Alemania concentró una proporción muy elevada del total de ayudas autorizadas (en torno a la mitad en determinados momentos), pese a representar aproximadamente una cuarta parte del PIB de la UE. No se trató de una asignación centralizada ni de un “reparto” decidido en Bruselas, sino del efecto combinado de dos factores: (i) una decisión política europea de suspender o flexibilizar reglas comunes y (ii) la distinta capacidad fiscal nacional para financiar y notificar ayudas. La asimetría resultante no desmiente el marco jurídico, pero sí pone de relieve que las reglas económicas no operan en el vacío: cuando se amplía el margen normativo, son las decisiones políticas -y la posición estructural en términos de poder de cada Estado: el sraffiano factor exógeno- las que determinan el alcance efectivo de la acción económica.
[7] Este es el qué (devolver a la ciudadanía la capacidad de Acción política), el cómo no es nada evidente, sobre todo si no acertamos con el porqué de esa pérdida. “No estamos ante una fuerza mística. Podemos trazar la línea causal directa [de esa pérdida] desde la desregulación financiera de los 80, pasando por la austeridad de los 2010, hasta el auge del populismo actual. Analizar y acertar con el "porqué" es el primer paso para recuperar la agencia”. Efecto Iguazú, RGC, Nuevatribuna.es, 19/02/2026.




