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jueves 19/5/22
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Foto de archivo EFE

Este último viernes la agencia internacional de prensa Reuters dedicaba a España uno de sus titulares más llamativos.

Pero no hacía referencia al éxito de nuestro país en la lucha contra la pandemia, con la incidencia más baja y la vacunación más extendida de nuestro entorno. Tampoco se refería a la llegada de fondos europeos millonarios, gracias al cumplimiento de los hitos comprometidos.

El titular de Reuters decía que “La extrema derecha gana su primera cuota de poder en España desde Franco”.

Justo el día anterior, la rueda de prensa posterior a la cumbre del Partido Popular Europeo, protagonizada por su presidente Donald Tusk, también reservó titulares llamativos para España.

Pero no estaban dedicados a la iniciativa española para rebajar los precios de la energía, ni la disposición extraordinaria de nuestra sociedad para acoger refugiados de Ucrania.

Las declaraciones del presidente europeo del PP acerca de España expresaban “sorpresa”, “tristeza” y “decepción” por la “capitulación” del PP de Feijoo ante el franquismo en Castilla y León.

Los dos primeros hechos del Feijoo líder de la derecha española son perfectamente definitorios: legitimar las corruptelas de Ayuso y devolver poder al franquismo

Feijoo ha devuelto poder en España al franquismo, casi cincuenta años después de la muerte del dictador. Y haciéndolo, no solo nos ha avergonzado ante toda Europa. También ha puesto en peligro nuestra convivencia en paz y en democracia.

Vox y sus corifeos intentan presentar a la extrema derecha como algo nuevo, rupturista, atrevido, incluso moderno. Y puede que se lo parezca así a una parte de la población más joven.

La realidad, sin embargo, es bien distinta. Nada hay más antiguo y carca en España que la extrema derecha. El régimen de extrema derecha sumió a nuestro país durante casi cuarenta años, entre 1939 y 1975, en el agujero negro del atraso, el aislamiento y la falta de libertades.

Y ese es el régimen que añoran los socios que Feijoo ha situado en el gobierno de Castilla y León. Lo repiten una y otra vez en el Congreso de los Diputados cuando acusan a Pedro Sánchez de “presidir el peor gobierno desde la guerra civil”.

Durante el último gobierno de la extrema derecha en España, nuestras madres necesitaban la autorización de sus padres o maridos para trabajar o abrir una cuenta bancaria.

Las palizas que recibían las mujeres se consideraban “violencia doméstica” o “violencia intrafamiliar”, como ahora han pactado PP y Vox. No se consideraban delitos, y sus perpetradores quedaban impunes.

El régimen franquista recelaba de Europa, como ahora siguen haciendo los socios del PP. Los españoles que querían acceder a las corrientes progresistas de pensamiento y de cultura tenían que cruzar los Pirineos y escapar así de la censura doméstica.

Con los franquistas en el poder, a los homosexuales en España se les aplicaba la ley de vagos y maleantes. El pin parental de los socios de Feijoo responde al mismo principio.

España era una “y no cincuenta y una” para los franquistas, como ahora para sus herederos de Vox. Su obsesión fue siempre la de asfixiar cualquier identidad que no fuera la suya propia.

No. La extrema derecha de Vox no representa nada nuevo en España. Lo que Feijoo nos ha devuelto al poder es lo más viejo, retrógrado y lamentable de nuestra historia.

Es, además, una amenaza seria para nuestra convivencia en paz y en democracia.

El nuevo mandatario popular podía haber elegido referentes interesantes en Europa, dentro de su órbita ideológica.

La alemana Merkel llegó a hacer dimitir a un presidente regional de su propio partido para frustrar un pacto con la extrema derecha. Feijoo ha bendecido el pacto firmado por Mañueco con el franquismo.

Un político se define por su hechos, ante todo. Y los dos primeros hechos del Feijoo líder de la derecha española son perfectamente definitorios: legitimar las corruptelas de Ayuso y devolver poder al franquismo.

Los españoles estarán tomando buena nota.

Los andaluces ya saben qué puede depararles el futuro si PP y Vox suman mayoría tras las próximas elecciones: un retroceso de cincuenta años en la historia.

Feijóo devuelve poder al franquismo