miércoles. 21.02.2024
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“La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira” (Jean-François Revel 1988)


El autor de esta sentencia se preguntaba en su obra “El conocimiento inútil” si la comunicación es lo contrario de la información. La respuesta después de 35 años es obvia. Hay que concluir que sí y que sus previsiones sobre el papel de los intelectuales en el devenir de ese conflicto resultan hoy, desgraciadamente, proféticas. Nos hace falta la demoscopia para interpretar la realidad momentánea, pero desde hace dos siglos la misión histórica de los progresistas de izquierda es cambiarla. Y la foto fija de un estado de opinión manipulada por la comunicación político-mediática es la mayor cronificación de las derrotas posibles a la lucha permanente por el progreso de la libertad individual y la autonomía del pensamiento.

En estos días tenemos una excelente muestra del conflicto creciente entre información y comunicación

En estos días tenemos una excelente muestra del conflicto creciente entre información y comunicación. La conclusión genérica de que la derecha ha arrasado electoralmente a las izquierdas residenciándola en la pérdida de poder territorial del PSOE es todo un alarde comunicativo que pretendía sepultar cualquier opción de posible victoria de la izquierda en las elecciones convocadas con emergencia a partir de los malos resultados del 28 de mayo. Y todo ello sin ni siquiera un mero análisis de los efectos reales sobre el electorado de dichos resultados, a partir de un necesario análisis de los datos obtenidos, en términos de realidades sociopolíticas de los españoles

Porque con la tabla en la mano de los resultados finales (no demoscópicos) de las elecciones municipales que afectan a todo el territorio nacional, las magnitudes de lo sucedido en realidad son menos evidentes de cara a futuros electorales inmediatos. Sin duda el bloque de electorado de la derecha en España está hoy bien definido en dos opciones de ámbito nacional (se excluyen las de ámbito nacionalista sustentado en PNV y Junts per Catalunya), que han incrementado en más de un millón sus votantes en todo el territorio español pasando de 7.957.098 sufragios en 2019 a 8.965.590 el 28-M  de 2023. Es de destacar el crecimiento de VOX en toda España, excepto en Madrid donde pierde, por cierto, 85.4450 votos con respecto a las anteriores elecciones en la Comunidad, habiendo el propio PP perdido igualmente 33.228 votos en estos comicios. En todo caso esos resultados son producto de la concentración de voto en solo dos opciones de derecha tras el hundimiento de C's.

Pero la comunicación (que no información) de esos resultados, en escaños y posibles formaciones de mayorías de gobierno, ha creado la imagen de derrota sin paliativos de la izquierda, residenciando en el PSOE la pérdida de poder territorial y endosándole directamente el fracaso político que ello genera. Sin duda la distancia neta entre el PP (7.054.887 electores) que acumuló en estas elecciones los restos mortales de C's y los 6.291,812 obtenidos por el PSOE (que perdió 403.741 desde 2019) arrojan un saldo de 763.075 votos a favor del PP en toda España. Una cifra, sin duda relevante.

Pero se sabe también que ese dato comunicativo es engañoso. Puesto que esa diferencia se incrementa solo tomando los datos de Madrid donde la diferencia de votos entre ambos partidos es de más de 977.267 votos nada menos, siendo este territorio donde más se ha intensificado durante cuatro años la pulsión de confrontación política contra el gobierno y su presidente, protagonizada estratégicamente por la presidenta Isabel Díaz Ayuso. De manera que con la “información” de la realidad política en la mano, necesariamente el PSOE ha tenido que incrementar sus votos en otros territorios, al menos en cuantía superior a más de 210.000 votos para compensar la pérdida neta madrileña.

La debacle de Podemos y el enorme fraccionamiento electoral de la izquierda es la causa directa del avenimiento al poder de la derecha-ultraderecha

¿Dónde reside pues la pérdida de poder de territorio del PSOE? Los datos lo reflejan con claridad siguiendo la misma tabla de resultados de los grupos minoritarios de izquierda cuya ubicación real es justo esa y no en otro espacio hipotético. No menos de 18 coaliciones locales o candidaturas minoritarias presentadas en 2019 han desaparecido de las papeletas este 2023. Por ello no podemos determinar con exactitud cuanto representó el voto con respecto a las coaliciones y opciones de este tipo presentadas en las urnas en esta ocasión. Pero es constatable que, al igual que en el caso del hundimiento de Ciudadanos, la debacle de PODEMOS y el enorme fraccionamiento electoral de ese segmento de la izquierda española es la causa directa del avenimiento al poder de la derecha-ultraderecha española.

Pero lo que sí podemos cuantificar son las principales magnitudes de su proyección en el voto nacional, solo con sumar la división existente entre esas formaciones hasta la fecha: Podemos, Más Madrid, Compromís, diferentes alianzas con IU o Equo y un largo etc. (excluyendo también las candidaturas nacionalistas de izquierda). Suman en total más de 2,4 millones de votos. La pérdida territorial del PSOE no deviene pues de su reducción neta de votos (aunque también), sino muy principalmente de algunas de esas relevantes minorías que no alcanzaron el porcentaje de corte del 5% para poder tener representación en el poder local. Y los datos de la realidad no pueden esconderse tras subterfugios comunicativos de distracción al electorado.

Sea como fuere, la comunicación mediática habla de “arrase de la derecha” contra viento y marea, cuando la información sobre la realidad política de los españoles es de virtual empate entre los dos grandes bloques del electorado, si hablamos de la ciudadanía que vota y no de las correcciones del sistema para formar mayorías de gobierno. Se está peleando por poco más de un diferencial neto de 200.000 votos. Apenas el poco más de 0,5% del electorado llamado a las urnas. Todo está por perder o ganar. ¿Se puede o no se puede?

Por otra parte, el pretender que una elección local tenga traslación directa sobre unas elecciones generales es a su vez una previsión desmentida por nuestra historia democrática desde 1977. La manifestación de tendencias cruzadas entre la campaña del “antisanchismo”, articulada por la derecha, confundiendo y tergiversando esas tendencias en unas elecciones locales, pueden producir tantos errores a los sociólogos demoscópicos y analistas político-mediáticos, de parte interesada, como los que se le producen al Sr. Tezanos del CIS, a la hora de extrapolar políticamente sus trabajos de campo.

La comunicación mediática habla de “arrase de la derecha” contra viento y marea, cuando la información sobre la realidad política de los españoles es de virtual empate entre los dos grandes bloques del electorado

De manera que la izquierda tiene dos opciones el 23-J si quiere tener opciones de gobierno. La primera es que es esencial el apoyo al PSOE por todos los que se sientan socialdemócratas o progresistas como la opción mayoritaria que puede garantizar las posibilidades de victoria en las próximas elecciones. Porque la sola pretensión comunicativa de que otra opción de alianzas de izquierda pueda “presidir” el país es en sí misma reproducción permanente de un fracaso anunciado. El “sorpasso” ya lleva cuatro veces y cuatro décadas intentándolo sin conseguirlo. Y sería deseable dejar de utilizar sambenitos comunicativos que distraen al toro o le dan vuelo. A ver si de tanto querer sumar, la competencia sectaria entre los concurrentes de la izquierda da otra resta.

Otra premisa para evitar eso sería el dejar de posicionarse comunicativamente en espacios siderales o metafísicos. Como el de “la izquierda de la izquierda” que conduce a una posición extrema cuasi extraparlamentaria irreal. Todas las opciones de izquierda en la historia han deseado el poder y han querido gobernar, sobran pues los adjetivos posicionales de que solo ayudan al bloque de derecha. Entre otras cosas porque los que no han conseguido nunca el poder, o lo han desperdiciado, ya no tienen espacio virtual alguno. Han desaparecido ¿Ponemos nombres o no podemos?

La segunda, es que la buena noticia de la suma coligada de las minorías de izquierdas pueda consolidarse en un proyecto creíble y reconocible, que supere sus endémicas pandemias políticas como ya diagnosticaba V.I. Lenin hace un siglo; cuando en su famoso trabajo sobre “El izquierdismo como enfermedad infantil en el comunismo” relataba: “Sin embargo, la falta de experiencia de los jóvenes dirigentes comunistas provocaba que siguieran una política en ocasiones sectaria y ultraizquierdista, alejada de la clase trabajadora y de las tradiciones bolcheviques que decían defender”. Buen aviso histórico a los que aún se consideran solo a sí mismos como los principales “activos”, incluso personales, de la izquierda eterna.

Por tanto. Será bueno dejar de ejercitarse y mucho con las tablas de sumar y restar unos; además de obviar y desechar los debates gerontocráticos de otros, anunciándonos, como ha hecho Don Juan Luis Cebrián, el paraíso penitencial de la oposición; para ser lo que él, que no es, considera que debemos ser los socialdemócratas, que sí somos.

Tal vez por todo ello, lo más urgente para la izquierda en general sea el declinar la tabla de multiplicar y olvidar tanta suma y resta. Y cada uno en su campo, porque a cada parte le quedan tareas importantes para convencer y puentes que reconstruir en su seno. Y todo eso debe efectuarse con credibilidad, relato de lo propio, información veraz y lenguaje natural. La comunicación político-mediática de agit-prop resta el relato a la izquierda y la información creíble lo multiplica. Dejen de pensar en un elefante y acaben con los mensajes impostados de mala publicidad. Creced y multiplicaos fue un mandato divino. Porque la cosa sí que está, en efecto, para milagros. Pero se puede. Vaya si se puede. A por ellos.

La izquierda y la tabla de multiplicar. ¿Se puede o no se puede?