jueves. 18.07.2024
Ayuso_elecciones

“Perder solo es cambiar. Y la naturaleza universal disfruta con el cambio”
Meditaciones, Marco Aurelio


La publicación de mis comentarios críticos con el devenir de la izquierda en Madrid de los últimos meses me libra de todo oportunismo. De entrada, parece imprescindible proponer el que se abra un debate en el seno de la izquierda madrileña para enmendar tanto error sistemáticamente cometido en sus candidaturas y sus mensajes a veces indescifrables. Solo asumiendo y corrigiendo los errores se puede afrontar el futuro. Aunque la autodenominada izquierda de la izquierda parece que necesita algo más que eso y se concreta en su propia refundación por cuarta vez desde 1977. Por tanto, analizar y corregir en su conjunto los elementos de tanto desbarajuste es urgente, tanto en los meses próximos como en la inmediatez política de la campaña de las próximas elecciones generales. Dado que esta convocatoria es también, en parte, la causa de ello.

En todo caso ese debate, con más amplitud, ha quedado pospuesto a cortísimo plazo. Estamos ya ante una convocatoria de elecciones que son una segunda vuelta de los comicios plebiscitarios a los que la derecha ha sometido al país, transformando en eso unas elecciones locales y autonómicas. Comicios en los que se ha hablado de todo menos de los problemas concretos de la gestión de esas instituciones.

De manera que vamos a afrontar otro proceso electoral completamente vinculado a los resultados del primero. Con la característica de que, ya sin tapujos y a cara descubierta, se van a planear la disyuntiva de qué tipo de gobierno queremos los españoles y esta vez sin los trampantojos de los slogans de libertad, la democracia, el comunismo y el fascismo enzarzados a garrotazos de la manipulación político-mediática.

Ha hecho bien pues el presidente del gobierno en darnos a la ciudadanía esta oportunidad y permitir afrontar la batalla entre un gobierno progresista y otro conservador con alianzas ultraderechistas. Porque, en efecto, eso representan los dos modelos muy diferentes de gestión de los asuntos públicos, frente al manido del “todos son iguales” de la manipulación reaccionaria de las conciencias sociales.

Pero para afrontar esta batalla en segunda vuelta se deben de tener en cuenta datos de la realidad en los territorios donde más se ha sufrido el impacto de las mayorías absolutas del Partido Popular como es Madrid. Parte de ellos necesitan de una reflexión compleja, porque sin duda reflejan las causas profundas que, de no analizarse correctamente, no podrán confrontarse estos comicios con opciones de recuperar el enorme caladero de votos perdidos en la comunidad madrileña.

El bloque de la derecha en la comunidad de Madrid no solo no ha obtenido ni un solo voto más sobre los comicios de 4 de mayo de 2021 sino que también los ha perdido

Hay datos que desmontan no pocos titulares de la realidad publicada. El primero y fundamental afecta al descalabro de la izquierda, cuyo único origen directo hay que situarlo en la abstención de su supuesto electorado. Es un hecho material relevante cuyo origen necesita interpretaciones. Pero es lo que hay. Porque el bloque de la derecha en la comunidad de Madrid no solo no ha obtenido ni un solo voto más sobre los comicios de 4 de mayo de 2021 sino que también los ha perdido. En gran cuantía. ¿Entones cuál es el motivo de sus resultados en número de diputados? Vayamos con ello.

Los electores convocados a las urnas en 2023 fueron 5.909.861. Suman 88.683 más que en 2021 (5.821.178). Sin embargo el bloque de la derecha sufrió un retroceso sobre los comicios anteriores. Recibió 1.884.595 votos en 2023 frente a los 2.080.000 obtenidos el año 2021. Y ello no solo por la debacle de C's (de 129.000 en 2021 y 52.394 en 2023); sino que Isabel Díaz-Ayuso obtuvo 1.586.985 sufragios en estos comicios cuando en 2021 recibió 1.620.213.

Más sonora, ocultada sin embargo por los analistas de postín, es la bajada de VOX, que de 330.660 votos recibidos el 2021 se resitúa en 245.215 en 2023. Nada menos que 85.445 votos de diferencia desaparecidos que no han ido a parar al PP, mayor aún que el desmonte de C's, e incluso próximo al de PODEMOS. Toda una buena noticia que exige análisis específico. En resumen, ninguno de los tres partidos del bloque de la derecha obtiene ni siquiera ganancia de los 88.683 electores nuevos y pierde apoyos anteriores. Tampoco ha habido transferencias de voto significativas dentro de ese bloque a favor del PP.

Veamos el compartimento de los electores de izquierda, que merecen su propia radiografía. El PSOE cuyo candidato prometió superar los perores resultados de la historia obtenidos por Ángel Gabilondo en 2021 (610.190) obtuvo en 2023, 609.718, ¿alguien está al aparato? Mas Madrid, cuya candidatura no puede considerarse como desconocida, ni no identificable su política de oposición, obtiene 615.171 sobre los 614.660. Una ganancia a todas luces insignificante para las expectativas generadas. Y PODEMOS, el antiguo asalto a los cielos con porrazo terrenal, pasa de 261.010 a 158.831. Casi los mismos votos por cierto de los perdidos por VOX, lo que es de considerar. Un silencio imprescindible sería de agradecer, especialmente a uno.

El voto de bloque de izquierda baja de 1.485.860 en 2021 a 1.382.720 en 2023, sin obtener siquiera ganancia de nuevos electores y sufriendo principalmente la abstención de ellos en estos comicios

En resumen, el voto de bloque de izquierda baja de 1.485.860 en 2021 a 1.382.720 en 2023, sin obtener siquiera ganancia de nuevos electores y sufriendo principalmente la abstención de ellos en estos comicios. A modo de constatación, la abstención en el distrito de Chamartín fue del 22% (la menor de toda la ciudad), homogénea con la de todos los del norte de Madrid y los del sur se situaron en una media superior al 40%, fenómeno que se repite en los municipios del área metropolitana. Son datos que dan una imagen fiel del comportamiento político abstencionista.

El resultado de la diferencia entre los dos bloques, aun sin ganancia alguna por cada parte, es de 501.439 sufragios sobre los 606.299 de 2021. Se reduce en 104.860 votos nada menos como para ir presumiendo de arrasar en esta ocasión. Ello supone en todo caso el 10% de la ciudadanía llamada a las urnas. No se comprende de donde procede la sorpresa de algunos analistas. Si en 2021 obtuvieron ya un saldo a favor de 604.299 y los datos de campañas de cada parte arrojaban pocas esperanzas para una modificación sustancial de aquellos resultados, siguen sin explicarse las sorpresas mediáticas al respecto. O es que solo deseaban una oportunidad para ello.

El quid de la cuestión se encuentra pues en el número de abstencionistas en general que se han producido en las elecciones madrileñas; que han pasado de 1.135.000 a 1.458.392 con un incremento de 323.39 electores. Que es un porcentaje enorme de análisis político imprescindible. De ellos solo una parte menor son atribuibles al bloque de derecha y la mayoría lo son a la izquierda. Otro dato relevante es que casi se han duplicado los votos nulos y en blanco (19.186 en 2021 y 34.922 el 2023 en blanco, además de 22.214 nulos en 2021 y 32.310 en estos comicios). Es decir que han votado válidamente 3.384.237 electores frente a 3.644.577. Estos datos por sí mismos indican un agotamiento político de la ciudadanía que unas elecciones a tan corto plazo no deben obviar.

Es esa enorme abstención, en solo dos años, la que ha provocado las reasignaciones de diputados derivados de ella a los partidos mayoritarios, además de las debacles de Ciudadanos y Podemos, que son la causa directa y fundamentada de las mayorías absolutas parlamentarias y locales del Partido Popular. Porque sin los votos abducidos a favor de las listas que han superado el 5% del corte establecido para tener representación, ni en la Comunidad de Madrid ni en el Ayuntamiento, el PP podría disponer de esas mayorías absolutas. Tampoco los perdedores más directos podrían achacar a los votantes lo que es solo su propio, exclusivo y estrepitoso fracaso.

No se puede sostener en serio que Madrid es de derechas, cuando el porcentaje de diferencia entre uno y otro bloque se sitúa solo en el 10% sobre el total de los electores

En todo caso, no se puede sostener en serio que Madrid es de derechas, cuando el porcentaje de diferencia entre uno y otro bloque se sitúa solo en el 10% sobre el total de los electores. Habrá que analizar también los comportamientos derecha-izquierda en otros territorios que presumían de progresismo hasta hace bien poco, para ver cómo se reparten equitativamente los sambenitos de la izquierda en España. Las cavernas ideológicas están bastante más repartidas de lo que parece.

Es capital, por tanto, el próximo 23–J partir de estos datos de la realidad y asumir fracasos imposibles de ocultar como propios, no endosándoselos sin más al sufrido electorado de izquierda en Madrid. Hay que dejar de inmediato el insultar también a los votantes de la derecha que han dejado de confiar en las candidaturas de izquierda. Entre otras cosas porque siguen siendo tan demócratas como antes; solo que no les convencen en absoluto ciertas políticas de defensa radical de minorías, que no les son asumibles, y que no se contemplen las sensibilidades de grandes mayorías de las que ellos se sienten parte. Porque se gana con el pueblo y no sin él.

Parece palmario que los enfoques radicales de la izquierda de la izquierda en Madrid no han merecido crédito de sus potenciales electores y que la opción socialdemócrata del PSOE no ha construido un suficiente relato diferenciado y una imagen electoral que permitiera absorber parte de esa desafección. Hay muchas posibles y complejas causas para determinar eso. Pero meterse en ciertas junglas y meandros tribales no suele ofrecer fáciles salidas y menos ahora. Ni pueden en serio proponerse soluciones a 15 años cuando las urgencias son de UCI.

De manera que, siguiendo las meditaciones de Marco Aurelio, perder es cambiar. Soy de los que creen que el 23-J hay partido. Se gana por la mínima, también. Pero necesitamos cambios estructurales para competir y un relato socialdemócrata reconocible que sea un referente claro para la ciudadanía madrileña el 23-J. Porque es innoble pretender que los electores de izquierda asuman más frustraciones. El 23 de julio solo debe ser el comienzo de un cambio para evitar que sea el fin de otra esperanza progresista en España. La siguiente cita es en las urnas. Solo, dentro de 53 días. A por ellos.

¿En serio Madrid es de derechas?