domingo. 26.05.2024

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En las anteriores elecciones autonómicas catalanas del 14 de febrero de 2021 voté por Salvador Illa, por la lista que proponía el Partit del Socialistes de Catalunya, PSC-PSOE. Y ahora he decidido votar de nuevo su candidatura el 12 de mayo, con la voluntad de contribuir a que Illa pueda dirigir, presidir, la Generalitat de Catalunya en la actual coyuntura. Entonces lo expliqué. Desde entonces mucho ha llovido y mi decisión de hoy no es consecuencia directa de la de ayer, aunque enlace con aquella y apunte a una decisión similar en las próximas elecciones europeas. Y quiero explicar el porqué.

Con la aparición del proyecto de “SUMAR”, anunciado y designado por Pablo Iglesias aunque pronto por suerte le desbordó, parecía abrirse un nuevo capítulo en nuestra historia política. Era un proyecto ilusionante, esperanzador, que pretendía, con razón, llenar el vacío de un espacio que lo estaba a pesar de estar lleno de múltiples propuestas, desde Izquierda Unida y los restos del primer Podemos en toda España, hasta una suma de propuestas autonómicas de evidente interés (Comúns, Compromís, Más Madrid, …), pero que, si no iba más allá de estos sumandos, sólo podía pretender llenar las páginas de nuestras ilusiones perdidas a la vez que estimular los corporativismos locales. Y parecía que con “SUMAR” se podían superar los problemas heredados, al menos a ello apuntaban las proclamas iniciales.

Un Gobierno con capacidad y voluntad de incidir en la política del gobierno del Estado desde una perspectiva progresista, federal y solidaria

El proyecto me interesó, mucho. Me apunté a lo que me dejaron, participé en dos grupos de trabajo, “trabajo decente” y “justicia”, que entendí como intentos de empezar a orientar espacios de necesaria, y posible, implicación política de la ciudadanía. El proyecto me parecía, y me sigue pareciendo, absolutamente necesario, porque ni uno ni todos los pequeños grupos de la progresía organizada pueden cubrir la necesidad de un proyecto político que llene un espacio muy vacío aún. Era, parecía, un proyecto “de lucha y de gobierno”, que suscitaba amplias esperanzas, asumiendo también las limitaciones de la política de verdad para incidir con eficacia en la correlación de fuerzas (políticas, económicas, mediáticas, culturales, …). Era, y podría ser aún, un proyecto ambicioso, difícil, porque se trataba no sólo de sumar pequeños y diversos grupos sino de integrarlos en una amplia propuesta unitaria para orientar y dirigir eficazmente este muy amplio espacio, huérfano aún y necesitado de un proyecto integrador, aunque para ello lo esencial era (y sigue siendo) organizar un impulso político unitario que desbordara las diversas y pequeñas estructuras implicadas para integrar en un único colectivo a los diversos sumandos y a las muchas personas (entre la que me cuento) y colectivos interesados más en la iniciativa que en sus antecedentes. 

Pero no ha sido posible y la política exige respuestas día a día, no puede proponernos la espera, aunque sí la esperanza. Hice la pregunta y a día de hoy, en puertas de las elecciones a la Generalitat de Catalunya, la respuesta es de hecho NO! No han sido capaces, ni en Catalunya ni en los otros ámbitos de nuestra España plurinacional, de una iniciativa coherente para que este proyecto no estalle en suma de corporativismos locales, para que no se quede en una simple coalición de grupitos, que pueden contribuir ocasionalmente al gobierno del Estado (y bienvenido sea), pero capaces a la vez de decisiones tan irresponsables como la de bloquear los presupuestos de la Generalitat de Catalunya e intentarlo en los de Barcelona. Habría, hay, que trabajar para que no se quede en una coalición de posible dispersión en cada convocatoria, en lugar de trabajar conscientemente para convertirse en un proyecto unitario, de impulso y síntesis de las particularidades e intereses locales integrados solidariamente en un proyecto común.

Un Gobierno que sea capaz de traducir positivamente para Cataluña las políticas de progreso del Gobierno de España

Una de las cuestiones clave es a mi entender lo que planteamos en el documento que hemos firmado un grupo de personas procedentes de los espacios de la izquierda transformadora y alternativa, y que parte del convencimiento de que en Catalunya para abordar con eficacia los problemas del momento es esencial el desarrollo progresista de la política española y que, para ello, las elecciones autonómicas deben plantearse desde una propuesta catalana conscientemente integrada en una propuesta progresista de ámbito estatal, asumida a partir de la larga experiencia de solidaridad, de combate común ya en la lucha antifranquista por las libertades, de evidentes resultados en la compleja construcción de nuestra democracia en todos los ámbitos de España, inmersa ahora en la abierta y necesariamente conjunta etapa de “regeneración democrática”. Así lo apuntamos en ese documento al señalar qué tipo de Gobierno queremos para Catalunya: 

“Un Gobierno que asuma conscientemente su carácter de institución del Estado. Un Gobierno con capacidad y voluntad de incidir en la política del gobierno del Estado desde una perspectiva progresista, federal y solidaria, que sea capaz de traducir positivamente para Cataluña las políticas de progreso del Gobierno de España”.

En este necesario marco político e institucional hay que abordar “las cosas del comer, las cosas del vivir”.

Y tomar decisiones para este próximo 12 de mayo en el que mucho nos jugamos, en el que mucho es posible.

Hoy, tras los avances que hemos ido sumando día a día en la última etapa, no es útil una propuesta que sea “la más progresista” sobre el papel, sino la que tenga o estimule fuerzas de progreso efectivas o movilizables para hacerla realidad. Y para ello hay que ganar un Gobierno que no sea necesariamente el más “divertido”, como señala acertadamente Quim González. Sí, la política no es en general “divertida”, aunque a veces resulte grotesca, pero siempre es de mucho y necesario interés, y a veces apasionante.

Hoy, en la izquierda social y política catalana, considero que el PSC-PSOE es el único capaz de integrar esta política necesaria en su proyecto. Y de responder con una adecuada iniciativa tras el próximo 12 de mayo, traduciendo sus resultados en política de progreso. 

Por ello votaré PSC, la candidatura que encabeza Salvador Illa, como el voto más útil para tal objetivo.

Porqué votaré al PSC, a Salvador Illa, el 12-M