sábado. 20.04.2024
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De la factoría del gabinete de Núñez Feijóo, en su último debate con el presidente Sánchez en el Senado, hemos conocido una brillante formulación: el programa máximo del Partido Popular consiste en derogar el sanchismo. Se trata de una de esas frases que suelen hacer fortuna en los medios de comunicación. Una modesta prueba de ello es este artículo.

Derogar el sanchismo sintetiza la idea básica de la política popular durante este tiempo, que no es otra cosa que acabar con Pedro Sánchez y el sanchismo. Es decir, poner fin a un periodo que se inicia con un voto de censura al anterior líder del PP, nada menos que por corrupción, continúa con unas elecciones en las que se mantuvo la situación y se prolonga a través de la consolidación de un acuerdo entre grupos parlamentarios de izquierda y nacionalistas. Pero, sobre todo, se trata de un periodo durante el que no ha gobernado la derecha en España. Y, eso, duele.

Aunque hay quien pueda pensar que sanchismo ha significado una buena gestión durante la pandemia, ERTES, incremento del salario mínimo, aseguramiento de las pensiones, reforma laboral, obtención de fondos europeos o singularidad energética ibérica, otros piensan que, no es eso, no es eso. Mientras todas esas cosas ocurran gracias a populistas, independentistas y amigos de los terroristas, hay que acabar con ello.

Derogar el sanchismo sintetiza la idea básica de la política popular durante este tiempo, que no es otra cosa que acabar con Pedro Sánchez y el sanchismo

Pero eso de la simple derogación tiene un problema y es que puede saber a poco en las filas populares. Sobre todo si miran el ejemplo del otro polo, el de su otra presidenta, Díaz Ayuso, esa que hace poco prescribía el ¡Matarlos! refiriéndose al tratamiento que había que aplicar a sus opositores. Eso si es contundencia y no lo de la derogación. Porque lo que de verdad quiere el antisanchista medio es matar a Sánchez y no derogarlo. Eso que ha dicho Núñez Feijóo, y que suena tan novedoso, en realidad, puede ser considerado como una prueba de la flojedad de remos del personaje. Ese al que hubo que ir a buscarlo, como el mismo alardea de ello, porque no se atrevió en su día a participar en unas primarias en su partido.

Y, claro, eso se junta con su enésima petición de elecciones anticipadas. ¿Qué es eso de ir mendigando unas elecciones? Díaz Ayuso, cuando quiere unas, las convoca. Eso es un signo de poder, cualidad que la derecha valora como algo en sí mismo, por encima de su capacidad transformadora. Díaz Ayuso tiene el poder y lo ejerce hasta ganarse la fama de mujer, no ya de hierro, sino de acero al manganeso. Si Stalin no hubiera sido tan comunista, Diaz Ayuso podría haber heredado su alias. Ese sí que mataba bien.

Es muy posible que Núñez Feijóo se esté jugando la presidencia, no ya del gobierno de España, sino de su propio partido

Porque Núñez Feijóo ha tenido poder, y absoluto, en el pasado y, así como en los anuncios de fondos financieros hay que decir eso de que “rentabilidades pasadas no suponen rentabilidades futuras”, el hecho de que haya sido presidente de Galicia no tiene que presuponer el que lo vaya a ser de España ni, muchísimo menos, por mayoría absoluta. El Partido Popular puede desear tener una mayoría absoluta, como lo pueden desear hasta los de Ciudadanos (Albert Rivera lo pensó en su momento), pero eso no significa que, si alguna vez Núñez Feijóo llegara a ser presidente de España, no tendría que soportar el abrazo del oso, con perdón, de Santiago Abascal. Sin embargo, Díaz Ayuso tiene poder en tiempo presente y aspira a tenerlo más en el futuro, incluso sin VOX a quien no quiere eliminar, como a Sánchez, sino, simplemente, asimilarlo. Por tanto, da la impresión de que, mientras Núñez Feijóo representa el pasado, Díaz Ayuso simboliza el futuro. 

Así que, si Díaz Ayuso es más contundente en el antisanchismo, representa mejor el poder, lo ejerce con autoridad y, encima, es mujer, Núñez Feijóo debería hacérselo ver. Supongamos que, en las próximas elecciones autonómicas, Diaz Ayuso repite, y no digamos si mejora, su apabullante último triunfo en Madrid. Y supongamos también que Núñez Feijóo, en las siguientes elecciones generales, no logra derogar el sanchismo como ha prometido. Entonces, es muy posible que Núñez Feijóo se esté jugando la presidencia, no ya del gobierno de España, sino de su propio partido. Y, eso, en el caso de que llegue a esas elecciones generales.

Así que, nada, Díaz Ayuso for President (lo bonito del inglés es que la igualdad de género viene de fábrica).

Derogar el ‘sanchismo’ puede saber a poco