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sábado. 10.12.2022
feijoo

En momentos anteriores al de la actual legislatura se acuñó el término "gobierno parlamentario". Venía a significar un concepto opuesto al de la hegemonía del poder ejecutivo, o del partido que lo sostiene, sobre el poder legislativo, hecho muy común cuando el poder se ejerce por mayoría absoluta de un solo partido. El ejemplo más reciente es el de Reino Unido cuyo partido mayoritario, el Conservador, ha sustituido a la Cámara de los Comunes en el nombramiento de los dos últimos primeros ministros, sin cubrir las mínimas formas de que sea el Parlamento quien lo haga.

Llamándole "gobierno parlamentario", haciéndolo de cualquier otra forma o no llamándolo nada, en un sistema de democracia representativa, como el nuestro, el poder ejecutivo, el Gobierno, depende del poder legislativo, el Congreso de los Diputados, que es quien tiene que investir al presidente de ese Gobierno y quien puede censurarle o darle la confianza.

Decir que el gobierno de Sánchez depende de sus "socios" en el parlamento es más que una obviedad

Ese Congreso, está formado por 350 personas, todas ellas, elegidas con las mismas reglas y que gozan, también todas ellas, de la misma legitimidad, tanto los "herederos de ETA" como los de Franco o los de Tejero. Por esto, y por lo dicho en el anterior párrafo, decir que el gobierno de Sánchez depende de sus "socios" en el parlamento es más que una obviedad. Técnicamente hablando, constituye una gilipollez que sus emisores la quieren convertir en una maldad. Pues claro que el gobierno de España depende del Congreso. Es lo democrático. Depende de los votos de casi todos los grupos parlamentarios, con excepción del PP, de VOX y de algún otro grupo minúsculo. De Ciudadanos ya no depende nada en el Congreso.

El problema no es de quien depende Sánchez que, como digo, se sabe perfectamente. El problema es saber de quién depende Núñez Feijóo. Se sabe de quien dice que no quiere depender, que es de VOX, aunque, de tanto tragarse el sapo, parece que le gusta. Ya se lo ha comido condimentado a lo murciano, madrileño o castellano-leonés. Pero no se sabe de quien, realmente, depende, aunque hay diversas teorías todas ellas señalando influencias extraparlamentarias.

Dejando aparte el hecho, repitámoslo una vez más, de que el Gobierno está respaldado por la mayoría del Congreso, si hacemos un concurso de legitimidades, ¿por qué son más legítimos los medios de comunicación que jalean a Núñez Feijóo que cualquier diputado de Bildu legalmente elegido? ¿Por qué los grandes grupos empresariales son más patriotas que los diputados de Podemos? ¿Por qué los jueces conservadores que mantienen, esos sí que ilegítimamente desde hace cuatro años, su control en el poder judicial, tienen que hacer prevalecer su criterio sobre el de los diputados de ERC? Y, entre otros influyentes, ¿qué pinta Díaz Ayuso, que ni está ni se la espera en el Congreso, sustituyendo a los diputados del PP en la formación del criterio de Núñez Feijóo sobre el tema del Consejo General del Poder Judicial. Porque, no lo olvidemos, ese tema corresponde resolverlo a las Cortes Generales, y no a la Presidenta de Madrid.

En definitiva, ¿por qué tienen que ser más legítimas las influencias extraparlamentarias, y ocultas, de Núñez Feijóo que las parlamentarias, y transparentes, de Sánchez? Porque no lo son. Por eso Núñez Feijóo las oculta vergonzantemente.

Y, esa ocultación, debería ser sospechosa. Porque, lo que le piden a Sánchez es conocido. Ya sea una rebaja en las penas para el delito de sedición, unas transferencias al Gobierno Vasco o una Ley Trans. Pero, lo que le piden a Núñez Feijóo los "suyos", no lo sabemos. Y, eso, repito, es sospechoso ya que, si fuera confesable, lo explicitarían. Y no lo hacen.

Mas allá de decir que lo que quieren es echar a Sánchez del gobierno, no sabemos más. ¿De verdad alguien se cree que Díaz Ayuso está como loca por hacer que Núñez Feijóo se traslade a vivir a la Moncloa cuando ella misma tiene tales problemas de vivienda que tuvo que vivir de gorra en un apartamento de Sarasola durante el confinamiento? ¿Podemos creernos el fervor patriótico de los grandes empresarios cuya multinacionalidad es conocida? ¿Son benéficas las intenciones de tanta información distorsionada cuando apuntan siempre en la misma dirección desestabilizadora?

Con tan malas influencias como las que parece tener Núñez Feijóo, lo más esperanzador es que, como sabemos, suelen equivocarse en muchos de los datos que le dan. A lo mejor también se equivocan en todas esas encuestas triunfales que le dedican.

Y, ya saben, ojo con Núñez Feijóo porque, le pidan lo que le pidan a Sánchez, más vale malo conocido que bueno por desconocer.

Núñez Feijóo, un tipo poco de fiar