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jueves. 02.02.2023
Foto de archivo
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Airear previsiones, dibujar escenarios y hacer apuestas es uno de los entretenimientos de todo comienzo de año. Es una actividad venial que no hace mal ninguno. Si el apostante acierta en sus predicciones no se cobra ningún precio, le basta la satisfacción de poder largarnos a todos un enfático, ya os lo dije. Si nada se cumple, el precio es el mismo, tan solo hay que guardar silencio. Como otras actividades oraculares, pronosticar es un juego ligero y poco fiable, la verdad es que yo recomiendo la lectura de los intestinos de un ave, la disposición de las hojas de té en un emplasto, o el visionado de dibujos de los posos del café. 

Como fuente informativa no veo la diferencia. En cambio como ejercicio intelectual por entender por anticipado lo que ha de venir, recomiendo seguir alguna de las fuentes prognoscitivas reconocidas más al gusto de cada cual. Hay de todo, acaba de hacerse público el vaticinio del IMF sobre el comportamiento económico global (no muy halagüeño por cierto). Pero hay otras, unas más optimistas, otras menos.

Las sigo por reto intelectual, pero no me atrevo a lanzarlas, tengo cierta predisposición a cagarla, de modo que aunque nadie fuera a reprochármelo, prefiero inhibirme y ser sensato modulando las ganas de invocar el futuro inmediato realizando ninguna clase de apuesta. Si hay que hacerlo, y creo que merece la pena implicarse en la visión del porvenir, encuentro que el modelo para el diagnóstico que utiliza Yolanda Díaz parece más adecuado. Déjeme que le de dos datos, le decía miércoles si miércoles también a Egea en sede parlamentaria para corregir, matizar o simplemente orientar las opiniones locas que el exsecretario general del PP sacaba sin ton ni son. Digamos que utilizaba una especie de metodología pragmática basada en la poda de ficciones superfluas, extravagantes o simplemente falsas, y la iluminación de realidades a cuya sombra uno puede colegir que puede suceder algo con mayor probabilidad. Siguiendo el puntilloso modelo Yolanda quiero aportar dos datos a la previsión general de lo que nos espera de manera inminente. 

Hay un cierto consenso en que al neoliberalismo se le ha pasado el arroz, su tiempo ha finalizado. Sus recetas y sus estrategias han fracasado

Digamos que hay un cierto consenso en que al neoliberalismo se le ha pasado el arroz, su tiempo ha finalizado. Sus recetas y sus estrategias han fracasado y han llevado al mundo a una situación de estrés para la que no hay más solución que dar marcha atrás, volver a las prácticas keynesianas, regular actividades, intervenir en los mercados y proyectar la acción del estado en dos direcciones, protagonismo inversor ampliando la base de recursos gravando las riquezas exuberantes por un lado, y promoción del tipo de actividad sintonizada no a los mercados financieros sino a las necesidades sociales. En esto hay consenso, excepción hecha de algunos irreductibles como el gobernador del BdE o el presidente de la CEOE. Ni la academia económica, ni los think tank de ningún tipo se oponen a este cambio de tendencia. Podría decirse que esta es la partitura general para alborozo del pensamiento progresista. Pero cuidado (siento provocar la bajona), aquí van dos datos que deberían minimizar la algazara de vernos libres de los defensores de la libertad de los mercados.

1.- Que éstos son legión y han sabido organizar su caciquil modo de intervenir en los hechos sociales de un modo difícil de desenquistar. De Bolsonaro a Ayuso, de Trump a Shunak, pasando por muchos otros que todos tenéis in mente, son los más aguerridos defensores del neoliberalismo y aún colean, son los corredores agonísticos de la última milla, aquellos que pueden correr hasta morir en el intento porque van en volandas de una motivación fanática. A veces dopados con inyecciones de euritis. Algunos de ellos, Orban, Modi, Putin, Erdogan… adquieren fisonomía de autócratas para contrarrestar el impulso de la historia que reclama sentido de la decencia y humanidad. Y porque no quieren verse como Liz Truss, arrasados por el escrutinio de ninguna institución a la par. Como digo, primer dato, estos siniestros personajes son peligrosos de narices, capaces de arrastrar a sus comunidades o al mundo entero al caos en su lenta extinción. Cuanto más poderosos, como los faraones, más esclavos y escribas les acompañarán a su morada eterna. 

Estos siniestros personajes son peligrosos de narices, capaces de arrastrar a sus comunidades o al mundo entero al caos en su lenta extinción

2.- El escenario de proclividad para la reconducción civilizatoria que sostiene la ilusión por el cambio progresista que campa por Europa, América del norte y del sur y se atisba en amplias zonas de Africa, lamentablemente es muy endeble. Está en construcción, requiere cuidados y mimos propios del neonato. Algunos contratiempos pueden frenar su despliegue, por ejemplo si levantas las alarmas frente a la corrupción, en escasos meses los lobistas volverán a tomar la iniciativa y a reconducir cualquier proceso de cambio. Si cedes a la tentación de apoyarte en la iniciativa privada para generar según qué prestaciones, en poco tiempo tendrás a gentes de PwC o por el estilo, fijando los objetivos de la sanidad, la ciencia o la educación. Este es el segundo dato. O la gente que lo necesita toma las riendas del cambio, o éste desaparecerá tan pronto el mercado encuentre una nueva forma de encubrirse. 

Dos datos que confío permitan combatir las mentiras y falsaciones sobre las que el liberalismo trata de recuperar campo de acción en primer lugar, pero sobre todo ayuden a enmarcar el discurso que la izquierda debe promover para anclar en él su estrategia política de cambio. Dos datos que no revelan el futuro inmediato, tan sólo advierten de su discurrir.

Dos datos relevantes para lo que está por venir