jueves. 18.04.2024
ayuso comunidad

Al oír sus declaraciones hay quien podrá pensar que habla con un simpático desparpajo, propio de alguien próximo que dice verdades como puños. Pero no faltan quienes quedan conmocionados ante una desfachatez que logra superarse a sí misma. En cualquier caso no deja indiferente. Es un discurso que cautiva sin paliativos a sus adeptos y deja perplejos a cuantos reparan en las tesis que mantiene.

Según recuerda Wittgenstein en su ‘Tractatus’, un hipotético dios omnipotente podría hacer o decir cuanto se le antojara, salvo lo que fuese contrario al principio de contradicción, pues nada podría ser verdadero y falso simultáneamente, existir o no al mismo tiempo. Ni siquiera quien contaría con el don de la ubicuidad podría permitirse tal proeza. Pero Ayuso expande su Libertad más allá de los confines que constriñen a la propia divinidad y se permite afirmar lo que acaba de negar.

Gracias a sus desvelos, a su juicio, Madrid es un lugar donde se vive divinamente y, al ser la mejor de las ciudades posibles que uno pueda imaginar, en ella no tienen cabida cosas como la pobreza, porque semejante fealdad podría molestar a la gente guapa y con el riñón bien cubierto, que no quiere olfatear hediondos indigentes mientras hace compras por sus atildados barrios. Luego no hace falta leer el reciente y preocupante informe de Cáritas, donde se constata un inquietante auge del número de personas necesitadas.

Una vez aclarado que resulta metafísicamente imposible la existencia de cualquier atisbo de pobreza en Madrid, porque su Presidenta no puede consentir tal cosa, se viene a reconocer su posibilidad, para explicar que, de haberla, sería culpa del gobierno central y sus políticas progres que amalgaman anatemas como el comunismo, la sensibilidad feminista u otras barbaridades por el estilo. Es más. En realidad les interesa generar bolsas de pobreza para luego instrumentalizarlas y blandirlas contra sus antagonistas políticos.

Esto último es lo que Ayuso predica como algo impresentable, para hacerlo a renglón seguido sin que le tiemble un músculo facial, aunque su mirada sí revele una ira temible. Más vale no contrariarle como van sabiendo sus correligionarios. Acaba de jubilar a su padrino político que un minuto antes pretendía expulsarla del partido. Feijóo debería saber cómo se las gasta quien no tardará en sucederle al frente del PP, porque tiene poca paciencia para las tonterías y no aguanta imposición alguna. Cómo podría hacerlo quien es más libre que dios, por decirlo castizamente.

Ha logrado sepultar por ahora la controvertida comisión del hermano. Con este asunto ha vuelto a utilizar su fantástico poderío de mantener cosas contradictorias pretendiendo que casen y sean coherentes. ¿Cómo cabe presumir que aquellas mascarillas llegaron en el peor momento y salvaron muchas vidas, anotándose un tanto político e incluso humanitario, cuando el heroico mediador no te había dicho que tal proeza era obra suya, pese a ser un familiar muy próximo con el que te llevas estupendamente?

Ayuso es capaz de darle a todo la vuelta para que lo juzguemos del revés

Ayuso es capaz de darle a todo la vuelta para que lo juzguemos del revés. Casado intentó denunciar una presunta irregularidad y se convirtió en un apestado. De un día para el otro, quienes le jaleaban servilmente le han dado la espalda. Iglesias también fue abatido en una contienda electoral. A las huestes de Rivera les despachó en cuanto se vio con fuerza para no necesitar su apoyo. Desde luego un discurso donde cabe todo y no rehúye la incoherencia. Combatir la propaganda con argumentos es un duelo desigual.

No es raro que la leyenda de Ayuso vaya creciendo y se bromee con la ficción de que quizá pudiese acabar con el propio Putin. Comoquiera que sea ha superado con mucho las lecciones impartidas por Trump y tiene mucho futuro por delante. Por desgracia, las desigualdades enfatizadas por la pandemia y las turbulencias provocadas por un clima bélico son terreno abonado para este tipo de discurso sin escrúpulos, que niega cuanto le incomode y transfiere al adversario ideológico las funestas consecuencias de una gestión controvertida.

El desparpajo y la desfachatez de Ayuso