miércoles. 21.02.2024
PP-senado
Pleno del Senado.

El programa del PP para las próximas elecciones generales del 23-J queda reducido a cuatro eslóganes. No necesita mucho más. Son muy eficaces electoralmente.  Son cortos y concisos, transmitiendo un mensaje claro y emotivo. Los eslóganes cuanto más emocionales mejor. Y realmente el PP, en ese apelar al mundo emocional, creo que ha conseguido su objetivo, vistos los resultados de las pasadas elecciones del 28-M. Y de no producirse un cambio, sintiéndolo mucho, es harto complicado que en menos de dos meses se produzca, por lo que es muy factible que el PP vuelva a ganar.

Analizaré algunos de estos eslóganes, reconociendo que las críticas que se pueda hacer a ellos, sirven de muy poco. Los mensajes de estos eslóganes se han incrustado en el sentir de muchos de los votantes del PP. Por ello, es muy problemático enfrentarse a ellos. Insisto, van directos a las emociones, por lo que no puede hacerse nada para contrarrestarlos desde el ámbito de la razón. Como señala Adela Cortina en el artículo La racionalidad rara avis, las gentes, según George Lakoff, no votamos teniendo en cuenta los hechos, como cabría pensar de seres presuntamente racionales, sino que en realidad votamos desde nuestros valores, estrechamente ligados a las emociones. A lo largo de nuestra historia personal nos forjamos un marco de valores y, una vez configurado el esquema, nos resistimos como gato panza arriba a renunciar a él. Esos marcos están presentes en las sinapsis del cerebro, e influyen en nuestras decisiones de forma inconsciente. Por ello, nos importan poco la conducta de los políticos o la situación del país, cuando los hechos no encajan en nuestros marcos, mantenemos los marcos e ignoramos los hechos, y seguimos aferrados a nuestros esquemas.

No obstante, aún reconociendo de entrada mi posible fracaso, trataré de hacer a estos eslóganes una crítica desde el ámbito de la razón.

¡Sánchez o España! Es alucinante en esta España nuestra. Mas, en esta España nuestra cabe todo y si un partido utiliza este eslogan, es porque considera, que tiene rentabilidad electoral. Obviamente en su difusión, cuenta con el apoyo incondicional de numerosos y potentes medios de información. Vamos a ver. ¿Nos estamos volviendo locos? ¿Nos toman por imbéciles? ¡Sánchez o España! Me sugiere algunas preguntas, las mismas que se ha hecho Herminio Trigo en su artículo España en este mismo medio. ¿Es que Sánchez no es español? ¿Habrá nacido en Venezuela, en Mongolia o en Zimbabwe? ¿Está gobernando para defender los intereses de algún país extranjero: Venezuela, Irán, Corea del Norte o Cuba…? ¿Quiénes votan a Sánchez, ya no son españoles, y pueden quitarles el D.N.I.  y se convertirán en, una especie  de vagabundos errantes por el mundo, pidiendo asilo en otro país? Desde las filas del PP predican que solo quienes les voten a ellos son gente de bien. Y en consecuencia, ¿quienes voten a Sánchez se convertirán en peligrosos delincuentes? De verdad, esto es de locura. Mas, la Historia de España tampoco es que se haya caracterizado por su cordura. La antinomia que plantea la derecha extrema y la extrema derecha (España o Sánchez) es una actualización peligrosa de lo que opinaba Franco sobre los demócratas republicanos. El periodista Jay Allen, del Chicago Daily Tribune, entrevistó a Franco el 27 de julio de 1936. "Nosotros luchamos por España. Ellos luchan contra España. Estamos resueltos a seguir adelante a cualquier precio". ¿Tampoco eran españoles y además peligrosos delincuentes, los judíos expulsados por los Reyes Católicos, el morisco Ricote que aparece en el Quijote, erasmistas, ilustrados, liberales, enciclopedistas, afrancesados, masones, krausistas, liberales, marxistas, socialistas, comunistas, anarquistas, republicanos…?

¿Derogar el sanchismo? Qué extraordinaria facilidad tienen la derecha en España para crear nueva terminología política

¿Derogar el sanchismo? Qué extraordinaria facilidad tienen la derecha en España para crear nueva terminología política, que luego es utilizada y estudiada en las universidades más importantes del mundo. Primero fue: el felipismo; luego el zapaterismo; y la última gran aportación a la sociología política ha sido el sanchismo.  He repasado algunos manuales de ciencia política y no he encontrado ninguno en el que aparezca sanchismo. He mirado el Diccionario de la Lengua Española de la RAE y no aparece. Pero lo más llamativo no es la acuñación del término si no la atribución al mismo de todos los males y peligros que, según la derecha y sus terminales mediáticas, está padeciendo la esencia de su España que corre peligro de extinguirse, si Pedro Sánchez sigue gobernando después de las elecciones del próximo 23 de julio. Alguien no acostumbrado a leer los medios de derechas españoles, podría creer en principio que sanchismo esta relacionado con Sancho Panza. En el tiempo presente, Don Quijote le advertiría: amigo Sánchez, te guarde Dios, porque quieren derogar el sanchismo. No obstante, yo quiero refrescar la memoria a algunos españoles un tanto despistados y malintencionados y decirles qué es para mí el sanchismo. O mejor dicho, ¿qué supondría derogar el sanchismo? Eliminar toda una serie de decisiones políticas del Gobierno de coalición: los Ertes que salvaron a muchas empresas;  la subida del salario mínimo interprofesional a 1.080 euros; la ley Rider; la reforma laboral que recupera derechos y protege a los trabajadores; la ley de vivienda con un control de los alquileres; la revalorización de las pensiones  en relación al IPC; el impuesto a las grandes fortunas; la bajada del IVA en productos femeninos; la equiparación de permisos de maternidad y paternidad; la ley de eutanasia; la excepción ibérica para abaratar la tarifa eléctrica; la atenuación del conflicto catalán; la gran inversión en la transición ecológica; los impuestos a las entidades financieras y energéticas; la ley de Memoria Democrática, la ley trans; la ley del sólo sí es sí; el pacto de Estado contra la violencia de género; la ingente cantidad de fondos europeos…Todo esto ejecutado durante una pandemia y una guerra en el continente europeo. Señor Feijóo: ¿Todo esto va a derogar? ¿O sólo una parte? ¿Tendremos los españoles derecho a saber cuáles son sus intenciones? No quiero acabar mi reflexión sobre el sanchismo, sin recordar la labor encomiable  a tres mujeres, ministras del sanchismo; Nadia Calviño, Teresa Ribera y Yolanda Díaz. Hagan un pequeño esfuerzo y las comparen con unas posibles ministras: Cuca Gamarra, Cayetana Álvarez de Toledo y Rocío Monasterio.

Prosigamos con los eslóganes: ¡Que te vote Txapote! ¡Eta está viva! Y rentan electoralmente, ya que una parte muy importante  del pueblo español  los interiorizan. Para contrarrestar estos dos últimos eslóganes, nada mejor que recurrir a las palabras de Rodríguez Zapatero en una entrevista en la COPE realizada por Carlos Herrera. Este le preguntaba si considera que Pedro Sánchez ha hecho bien apoyándose en partidos como Eh Bildu o Esquerra Republicana, a los que se ha referido como un formaciones “filoterroristas e independentistas”. Zapatero ha interrumpido a Herrera asegurando que los partidos a los que se refería “cumplen todos los requisitos democráticos”. Y ha explicado el posible peligro que supone no saber diferenciar entre crítica política y los principios democráticos: “Creo que en algún momento la crítica política a un gobierno o las no ganas de que haya un presidente del Gobierno como Pedro Sánchez no nos puede llevar a poner en cuestión los principios democráticos y constitucionales. Tenemos una constitución que ampara a todos aquellos que cumplan la legalidad en el derecho a la participación política”. Durante la entrevista, el exlíder socialista ha asegurado que "ETA fue derrotada bajo un Gobierno del partido socialista” y ha querido recordar que era él el presidente del Gobierno en ese momento. Y dijo con énfasis: “Bajo mi gobierno se terminó ETA, se entregó ETA, se rindió ETA. Lo digo y lo afirmo. Y lo sé”, respondía de manera contundente a la pregunta de Herrera. El político ha asegurado en COPE que probablemente sea la persona “que más datos tenga, que más información atesore y que más conozca”  de  la actividad de dicho grupo terrorista. “En la historia va a constar así. No pasó con el gobierno de Aznar, ni con el de Felipe González o Rajoy. Lo reivindico, sí, y me siento extraordinariamente orgulloso”, explicó. “No hay nada por lo que se pueda sentir más orgulloso un presidente del Gobierno que saber que no va a haber más víctimas, más bombas, pistolas y extorsiones” y ha querido recalcar que todo ello se hizo “a cambio de nada”. Ha utilizado ZP la palabra, “lealtad”. Y el es un claro ejemplo de lealtad a un gobierno de su partido. Deberían tomar nota algunos de los barones y algún expresidente.

El repaso a Carlos Herrera ha sido descomunal. Toda una lección de democracia. Y con esa actitud prepotente del ínclito periodista, al día siguiente calificó las palabras de ZP, como un mitin, que estuvo desatado, lanzado a defender la causa de Sánchez, pero que hacerlo va ser contraproducente, ya que propiciara que voten menos al PSOE. Es decir, este el nivel de esta periodista, al servicio de la derecha, por la que está ampliamente recompensado, que decir la verdad que “Eta no existe” puede perjudicarle electoralmente; y mantener la mentira, “Eta está viva” es rentable electoralmente. Que nivel  de degradación ha alcanzado nuestra política, del que en gran parte son responsables periodistas como el citado. Quizá llamarle periodista sea muy benevolente. El periodismo tendría que ser un oficio impregnado de ética. Como señaló el gran periodista Ryszard Kapuscinski: “Las malas personas no pueden ser buenos periodistas”. 

Me han impresionado las palabras en una reciente entrevista del catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, José Luis Villacañas:

En la derecha veo hipocresía, fanatismo y frialdad, aunque podría resumirse en una: vivir en la falsedad, una voluntad de construir una fantasmagoría, un imaginario. En la izquierda veo un estar atado al propio discurso, como una vía sin cambio de agujas, aunque sepa que ya no conecta más que con minorías ancladas en la militancia absoluta pero muy fragmentada. Obviamente la derecha ha sabido construir una especie de delirio compartido. La izquierda, no. El delirio tiene como finalidad negar la realidad, pero respecto de algo muy central e importante y con una proyección de afecto compacta. La izquierda ahora tiene realidades y gestiones, o militancias absolutas, pero no ofrece nada respecto de ese algo central e importante”.  

Creo que acierta plenamente. Muchos votantes del PP,  han interiorizado que “España está en peligro”, como consecuencia del gobierno de Sánchez junto con Unidas Podemos, independentistas y Bildu. Lo de menos es que tal hecho sea falso, es  una especie de fantasmagoría, lo que realmente importa es que la creen totalmente. Y esta circunstancia de “España está en peligro” apela directamente al mundo emocional, ya que para ellos la unidad de España es intocable, que puede sea una secuela del franquismo. Por ello, a todos estos venderles gestión, buenos resultados económicos, e incluso haber dulcificado el problema catalán, no van a cambiar su voto, que se hunde en lo más profundo de su mundo emocional.

Por ello, el dilema para la izquierda es complicado. Sigue diciéndonos Villacañas:

Tenemos que preguntarnos cuál es la lógica de ese delirio. Y nadie lo hace. Y mi impresión es que el PSOE vive esquizoide entre la verdad de su sentido de Estado, las verdades de su gestión, y la participación en el imaginario de la España de la derecha. La consecuencia es que, cuando este imaginario se impone en su rutilante y deslumbrante autonomía frente a la carencia de idea real de España por la izquierda, los votantes moderados del PSOE se inclinan a votar al PP”.

Además en tiempos de incertidumbre, se quieren certezas. Y en este sentido las derechas las tienen. Una España. ¿Cuál es el proyecto de España en el PSOE? Estado autonómico, federal, confederal, nación de naciones…

Me parece muy interesante al respecto la reflexión de Lluís Orríols en su libro, Democracia de trincheras. Por qué votamos a quienes votamos. La competición política puede entenderse como la lucha entre partidos para abrir las grietas en los muros de los partidos contrarios. Lo ideal en un partido es conseguir que en la agenda pública se ubique un tema que genere consenso entre los suyos, pero que sea fuertemente divisivo para los votantes del partido rival. Así, los simpatizantes cierran filas con el partido propio y a la vez fomentan dudas o ambivalencias entre los votantes opositores. Son los “temas cuña”. Las cuñas son instrumentos usados para cortar leña. Se busca una grieta, y se pega con fuerza en ella. La derecha lo sabe y la usa, al conocer esa grieta en el PSOE: el tema territorial. La derecha es muy hábil y conoce perfectamente una grieta del PSOE: el nacionalismo español. La identidad nacional genera un gran consenso en el PP, pero divide profundamente al votante socialista. No es muy difícil encontrar que muchos votantes socialistas entren en dudas cuando la cuestión nacional se pone en primer plano. Si el PSOE es sensible a las demandas de los nacionalismos periféricos, ello puede colisionar entre la lealtad partidista y la intensa identidad nacional de muchos votantes socialistas. El desencanto producido por la negociación entre el gobierno de ZP y la Generalitat para aprobar el nuevo estatuto abrió una profunda grieta, por la que huyeron a raudales muchos votantes socialistas nacionalistas españoles. Primero, se fueron al PP y UPyD, y posteriormente a Ciudadanos. Y no sería descabellado pensar que las concesiones del gobierno de Sánchez a los independentistas periféricos este provocando el mismo fenómeno.

Algunas advertencias sobre el posible triunfo del PP el 23-J