sábado. 20.07.2024

La decadencia de la democracia

Por Mario Regidor | ¿Podemos decir en la actualidad que la democracia se encuentra en declive? Numerosos acontecimientos simultáneos parecen dar una respuesta afirmativa a esta pregunta. Veamos:

  • Numerosos atentados terroristas derivados directamente del islamismo radical llevan sucediéndose por espacio de varios años en el corazón de Europa (Londres, París, Madrid, etc).
  • Asistimos con bastante respeto, cuando no un cierto miedo incluso, al devenir de las elecciones estadounidenses que se celebrarán a principios del mes de noviembre del presente año y donde el candidato republicano virtual, Donald Trump, que parece sacado de una serie de animación, tipo Los Simpson o similar vomita odio hacia el que es diferente y hacia el extranjero. En esencia, y es triste decirlo, tiene muchas posibilidades de convertirse en el próximo presidente de los Estados Unidos, con todo lo que ello conlleva.
  • La proliferación de movimientos de extrema derecha. No es un fenómeno nuevo. No debemos olvidarnos de que en el año 2002, en Francia, pasaron a la segunda vuelta de sus elecciones presidenciales el candidato derechista, Jacques Chirac y el candidato del Frente Nacional, Jean Marie Le Pen, quedando fuera el candidato socialista, Lionel Jospin. Lamentablemente, parece que en las próximas elecciones esta situación podría repetirse. Todo ello, sin olvidar lo sucedido en Austria donde un ecologista y un extremista de derechas se acaban de disputar la jefatura de estado y, sólo el voto por correo, dio la victoria al candidato verde.
  • Las políticas neoliberales aplicadas al arbitrio de Alemania, como líder de la Unión Europea que han arrollado la necesidad de redistribución de la riqueza, todavía más necesaria, si cabe, en épocas de crisis como la actual.
  • Podríamos indicar más factores pero, aunque muchos puedan opinar lo contrario, la principal causa que me hace pensar que, efectivamente, estamos asistiendo a una lenta decadencia de lo que conocemos, con sus fallos e imperfecciones, como democracia, es la práctica indefinición, cada vez más acusada entre políticas conservadoras o de derechas y políticas socialdemócratas o de izquierdas.

Me voy a explicar, más allá de las cuestiones sociales donde sí se ve una clara diferenciación entre los diferentes partidos políticos de un país en función de su orientación ideológica, como se pudo ver en España con la legalización del matrimonio homosexual por parte del gobierno socialista de Zapatero y el consiguiente recurso ante el Tribunal Constitucional, por parte del Partido Popular. No obstante, hay otras materias donde no se observa esa diferenciación necesaria. Me refiero a las políticas de marcado carácter económico.

De un tiempo a esta parte, observamos que entre los partidos de izquierda que han llegado a gobernar en numerosos países europeos: Francia, Italia, Grecia, Alemania… no hay diferencias sensibles entre políticas económicas. Quizá, los casos más sangrantes sean los del caso francés, en el que ahora se está discutiendo una reforma laboral, muy similar en contenidos y filosofía a la que aprobó el PP en nuestro país, la gran coalición en Alemania entre cristiano-demócratas y social-demócratas que ha logrado difuminar en el panorama electoral a la izquierda en Alemania. No obstante, el caso más sonado es el griego. Tsipras, líder de Siriza logró hacer desaparecer, prácticamente, al PASOK griego que había dominado el ala izquierda política durante más de 40 años, con la promesa de tener en cuenta la voluntad popular y hacer políticas alejadas de las prescripciones europeas con el fin de salir de la crisis económica que asolaba Grecia. Parecía que podrían lograr su objetivo cuando se planteó la necesidad de hacer un referéndum para hacer partícipe a la ciudadanía griega de la posibilidad de acometer los recortes sociales solicitados por la troika. El referéndum se celebró, logró el NO a los recortes y, sorpresivamente, Tsipras sucumbió ante la Unión Europea. convirtiendo el resultado del referéndum en agua de borrajase y liderando desde entonces los recortes en su país.

Soy consciente de que España al igual que otros 27 países formamos parte de un gran club que es la Unión Europea y debemos aceptar las normas que, comúnmente, acordamos para nuestra integración en dicha organización pero eso no quita que, los partidos de izquierdas deban diferenciarse y hacer políticas que reviertan los recortes sociales que han salpicado numerosos países por doquier en aras de la estabilidad económica y donde, normalmente, pagamos siempre los mismos: clase media, media baja y baja.

Lo hemos dicho en algunos artículos previos. La política está dominada por la economía, quizá no a niveles locales, pero sí en ámbitos territoriales más elevados. Debe ser justo al contrario, la economía debe estar al servicio de la política, con los controles adecuados pero tendente siempre a una redistribución de la riqueza y a ir paliando, progresivamente, las diferencias sociales que, aunque ya existentes, se han ido agravando con la crisis económica.

Decimos esto porque corremos un serio riesgo de que, si no diferenciamos las diferentes opciones partidistas por el criterio ideológico que, cada uno de los partidos políticos imprime a sus programas, la diferenciación será, prácticamente, nula y, en el mejor de los casos, fomentaremos la abstención de la ciudadanía y, en el peor, fomentaremos la aparición de opciones políticas radicales, bien a la derecha o bien a la izquierda, que lograrán atraer cada vez a más y más personas deseosas de romper el círculo vicioso. Una vez más, la economía vuelve a jugar un papel clave y, créanme, nos jugamos mucho en ello.

La decadencia de la democracia
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