viernes. 12.07.2024

¡Más madera, es por el bien de España!

El enfrentamiento cainita ha tomado unas dimensiones autodestructivas que tienen poco parangón con lo que pudiera ser un debate que se compadezca con el formato,  en el ámbito de las ideas, de una democracia interna razonable

¡Más madera, es la guerra! La expresión es de Groucho Marx en la deliciosa película ´Los hermanos Marx en el oeste´ y puede aplicarse con facilidad a la crisis que sufre el PSOE. Hoy parece que los responsables del tren ordenan a los fogoneros del convoy que echen con ahínco y fervor toda la madera posible en las calderas, y la única solución es destruir el ferrocarril desmontando los vagones para alimentar al tren que poco a poco va desapareciendo. ¿Y los pasajeros, asustados e inmersos en una gran ceremonia de la confusión, verdaderamente importan?

El enfrentamiento cainita ha tomado unas dimensiones autodestructivas que tienen poco parangón con lo que pudiera ser un debate que se compadezca con el formato,  en el ámbito de las ideas, de una democracia interna razonable. Porque ¿cuál es la  causa sustantiva de la división que propicia la lucha orgánica? No deja de asombrar una descomposición discursiva por parte de los contendientes que hace intuir que lo realmente importante son los epifenómenos subyacentes elevados a categoría. Pocas veces en el centenario partido la lucha por el poder ha sido tan descarnada, mediática y, singularmente, tan ajena al espacio ideológico del socialismo y a los intereses de las mayorías sociales.

Los líderes territoriales con poder institucional en un constante desafío y cuestionando la cúpula federal del PSOE es un espectáculo que agudiza su gravedad si nos atenemos a los elementos escuetos de la polémica, puesto que no hay  una esgrima dialéctica  donde entre en juego una determinada política o modelos  económicos y sociales o incluso de organización, ni tampoco en la forma de relacionarse el socialismo con la sociedad sino la defenestración del secretario general si apuesta por otra opción que no sea facilitar la investidura del candidato de la derecha y la exigencia de una merma de la participación tanto de las bases del partido como de la ciudadanía.

Todas esta lucha se está viendo jaleada por la unanimidad de la opinión publicada, las minorías influyentes y los poderes fácticos  a favor de los que mantienen en el seno del PSOE la tesis de propiciar un gobierno del PP por el bien de España. Lo cual resulta antitético, incluso en el plano semántico, para la posición y función del socialismo en la sociedad, y ello por varios elementos objetivos y nada abstractos. En primer lugar, llama la atención como la responsabilidad del candidato de la derecha en conseguir una mayoría parlamentaria para ser investido, que es su fundamental obligación y lo que le legitimaría para presidir el poder ejecutivo, sea transferida por un grupo de dirigentes socialista a la cúpula de su propio partido en sintonía con la estrategia de los conservadores. Y esto bajo el argumento de que hay que anteponer los intereses de España a los intereses del partido, ¿es que los intereses del partido no son coincidentes con los intereses de España para que haya que priorizar los unos sobre los otros? ¿Es que los intereses de las mayorías sociales y las clases populares no son los intereses de España y sí los intereses que defiende la derecha?

Por otra parte, ¿cómo se pretende recuperar la confianza de la ciudadanía mostrando las vísceras de una lucha fratricida tan ajena a las inquietudes de esa mayoría que sufre el drama de la pobreza, el paro, los salarios de hambre, la precariedad, la falta de futuro, víctimas de los poderes económicos y estamentales? El PSOE sufre hoy el mismo dilema de Ulises cuando Eolo le regaló un odre que contenía todos los vientos menos el que podía conducirle a Ítaca. Y cuando los objetivos son erráticos y la lucha por espacios de poder e influencia es lo único que está en juego desde trincheras particulares y mesiánicas, la tormenta no tienen nunca fin. Sea quienes sean los que ganen el pulso después vendrán otros desafíos cruentos hasta que no quede ningún poder que conquistar ni ningún decoro que defender.

¡Más madera, es por el bien de España!